domingo, 3 de noviembre de 2013

CRÍTICA DE: "THOR: EL MUNDO OSCURO"


En espectáculo entretenido y solvente
THOR: EL MUNDO OSCURO êêê
DIRECTOR: ALAN TAYLOR.
INTÉRPRETES: CHRIS HENSWORTH, TOM HIDDLESTON, NATALIE PORTMAN, ANTHONY HOPKINS, CHRISTOPHER ECCLESTON, IDRIS ELBA.
GÉNERO: FANTÁSTICO / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 112 MINUTOS.   

Cinco guionistas se han necesitado para dar forma al libreto de la segunda entrega de esta saga que protagoniza el mítico Thor, el superhéroe de la Marvel al que da oxígeno Chris Hensworth y que mucho me temo tendrá difícil jugar en la misma liga que El caballero oscuro. Desde hace tiempo existe una inicua e inocua polémica en la que se discute si realmente fue Jack Kirby y no Stan Lee quien creó en 1962 el personaje de cómic inspirándose en el dios del trueno de la mitología nórdica y germánica, parece más plausible que fuera el primero dada su pasión por la mitología. No lo sé, el caso es que sus historias, mezcla de mitología, fantasía y ciencia ficción, tuvieron una buena aceptación entre los lectores, algo que no siempre está ocurriendo en sus adaptaciones a la pantalla grande.   



      Thor (2011), de Kenneth Branagh, no fue una gran película aunque sí un artefacto kitch aceptable que en determinados momentos oscilaba entre la diversión ligera y la horterada fashion. Branagh, por diferencias creativas, entregó el timón del proyecto a Alan Taylor, un director que el grueso de su carrera lo ha desarrollado en el mundo de las series televisivas: En THOR: EL MUNDO OSCURO nos encontramos a Thor (Chris Hensworth) que lucha por establecer el orden en todo el cosmos, los Nueve Reinos, pero también en la Tierra, amenazada por un enemigo arcaico pero implacable, Malekith (Christopher Ecclestone), líder de los Elfos Oscuros de Svartalfheim, y que está dispuesto a hundir a todo el universo en la oscuridad con la inestimable ayuda de Algrim El Fuerte (Adewale Akinnuoye-Agbaje) y de una materia destructora denominada Éter. Enemigos a quienes ni siquiera Odín (Anthony Hopkins) puede hacer frente, por lo que Thor se verá forzado a formar una alianza con su hermanastro Loki (Tom Hiddleston) y al mismo tiempo, contar con la ayuda de su amada, Jane Foster (Natalie Portman), de modo que Thor lo sacrificará todo para salvar al mundo.


        Director de capítulos de series tan decisivas como Los Soprano, Broadwalk Empire o Juego de Tronos, Alan Taylor intenta dar un mayor brillo y altura a un personaje apreciado por generaciones enteras de comiqueros, lo hace siendo consciente de que la primera entrega no obtuvo una gran aceptación crítica y de público, aunque a este cronista le pareció, como inicio, un ejercicio estimable. De nuevo, no estamos ante una película redonda, pero THOR: EL MUNDO OSCURO cumple con creces con el objetivo de espectáculo de evasión para el disfrute de un amplio segmento popular, para lo que resulta apropiado el formato estereoscópico que amplifica las múltiples escenas de acción, centradas más en la misteriosa Asgard que en la Tierra. Resulta al menos curiosa toda esa mezcla de parafernalia medieval con artilugios futuristas y naves voladoras, imaginería que se muestra altamente eficaz, pues se han mejorado mucho los efectos especiales para dar forma a un guión más elaborado, más dinámico.


         Lo mejor de esta segunda entrega lo encontramos, una vez más, en el carisma del ciclotímico e imprevisible Loki, que en esta ocasión conforma un dúo explosivo con Thor, su personalidad arrolladora y el toque esquizo que le aporta Tom Hiddleston, supera con creces la presencia de su aliado, para él son los diálogos más ingeniosos y también el soporte dramático de una relación que vivirá momentos de tensión y divertida complicidad.     


       Sabemos que, con exquisitas excepciones, las películas de superhéroes suelen ser en exceso formularias dentro de un estricto manual de estilo, Alan Taylor parece especialmente empeñado en elaborar una musculosa puesta en escena para un film que abre con un prólogo de aires tolkianos que nos muestra una batalla entre los ejércitos algardianos y élficos, en la que están hábilmente rodados los movimientos de masas. Cierto que Chris Hensworth es cada día mejor actor (sólo hay que verle en la excelente Rush), y al que no se le puede negar un gran magnetismo físico, gestual y una espléndida sonrisa, desplegando un abanico de registros que van desde la socarronería al sentimentalismo, de la impulsividad al dramatismo (atención al funeral de la madre de Thor que da pie a una exquisita pieza de de la banda sonora compuesta por Brian Tyler). Natalie Portman, con algo más de presencia, sigue siendo un personaje apenas relevante en la función, y se le nota incomoda en cualquiera de los estados de ánimo que demanda la trama. Otro de los aciertos de esta entrega es que profundiza más en los aspectos rutinarios de la vida de Asgard, lo que contrasta con los cambios de escenarios de un Londres industrial.  


      Se hace preciso subrayar que el diseño de producción raya a un nivel considerable, con unas naves imponentes y unos aparatos tecnológicos que contrastan con la puridad de la iconografía de la mitología nórdica. THOR: EL MUNDO OSCURO se convierte así en un espectáculo ágil, entretenido, más oscura y violenta que la primera entrega y algo menos impersonal, y en la que se ha cuidado mucho su larguísimo, emotivo y épico clímax final.

viernes, 1 de noviembre de 2013

"LA VIDA DE ADÈLE", LA PELÍCULA DEL MOMENTO


   
     Una vez superado el trance de Gravity, una de las películas de las que más se habla es sin duda La vida de Adèle, Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, el film, que adapta libremente la novela gráfica “El azul es un color cálido”, de Julie Maroh, nos narra los avatares de Adèle (Adèle Exarchopoulos), una quinceañera que parece tener muy claro su orientación sexual y que, como todas sus amigas, debe salir con chicos. La cosa cambiará cuando una noche conoce y se enamora de Emma (Léa Seydoux), una joven con el pelo azul que hace que sus sentimientos y su identidad se vuelvan confusos, pues su atracción por una mujer, que comienza a descubrirle el deseo y el camino de la madurez, someterá a Adèle a una serie de juicios y prejuicios por parte de familiares y amigos.


        Para este cronista, estamos ante la mejor película sobre el deseo y el amor que se ha rodado hasta la fecha. El director tunecino Abdellatif Kechiche, afincado en Francia (país donde verdaderamente saben apreciar la dimensión en el cine del amor y el erotismo) necesita casi tres horas de metraje para sumergirnos en el despertar sentimental y sexual de una adolescente como jamás habíamos visto, un amor tan veraz, sentido, transparente, humano y libre que es imposible que el espectador no se sienta conmocionado. La vida de Adèle es una magistral película que nos presenta dos interpretaciones de altura: una Adéle Exarchopoulos articulando las incertidumbres, los miedos, las emociones y los dilemas propios de su temprana edad, hasta que descubre que es lesbiana y que a partir de entonces será desde esa mirada como se afirme en el mundo; y una Léa Seydoux que todo eso lo tiene claro desde hace tiempo, más madura, y que se eleva como el complemento mágico para ese volcán que es Adèle.



         El lesbianismo ya había sido tratado otras veces en el cine, pero nunca con una explicitud sexual, sensibilidad y credibilidad tan pura como verdadera. Kechiche nos hace navegar por esos periodos de la primera adolescencia que tanto marcan a las personas: el desconcierto, el encuentro con el amor y el sexo, la traición, los sueños, el desamor y los interrogantes que abre tu vida futura. Un film intimista y desgarrador en donde, el viaje que iniciamos con Adèle a lo largo de una década, contiene el latido de la vida en su plenitud, siempre luchando entre lo que su entorno social y familiar le aconseja, y su desbordante pasión. La diremos adiós en su vida adulta, con la demoledora sensación de ya sólo le acompaña la esencia de aquellos años para combatir la asfixiante soledad. Un peliculón.

domingo, 27 de octubre de 2013

CRÍTICA DE: "INSIDIOUS: CAPÍTULO 2"


Secuela resultona aunque innecesaria
INSIDIOUS: CAPÍTULO 2 êê
DIRECTOR: JAMES WAN.
INTÉRPRETES: PATRICK WILSON, ROSE BYRNE, BARBARA HERSHEY, LIN SHAYE, TI SIMPKINS, LEIGH WHANNELL.
GÉNERO: TERROR / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 105 MINUTOS.   

    A diferencia de otros seguidores de James Wan (que recientemente nos ha presentado la magistral Expediente Warren: The Conjuring), este cronista no creía necesaria una secuela de la exitosa Insidious (2011) y me decantaba por dejar algunos secretos e interrogantes al albur de la imaginación del espectador. En realidad, cada vez me gusta menos el cine excesivamente masticado y repleto de subrayados. Pero el director malayo criado en Australia sabe hacer cine, y cualquier cosa surgida de su efervescente imaginación debe ser visionada por el aficionado. Lo cierto es que la película recaudó 40 millones de dólares en su primer fin de semana de exhibición en Estados Unidos, un dato que nos puede dar una idea del enorme gancho que tiene este cineasta aun en tiempos muy malos para la lírica.


      El film comienza con un intrigante flash back que nos muestra cómo fue la niñez de Josh (Patrick Wilson) y su encuentro con la médium Elyse (Lyn Shaye). Trasladados al presente y enlazando con el final de la primera entrega, los Lambert han abandonado su residencia para vivir una temporada en la casa familiar de la madre de Josh, Lorraine (Barbara Hershey), un enorme caserón de estilo victoriano. En un primer momento, todo parece discurrir en armonía, aunque pronto de que aquello que les acosaba y torturaba en su vivienda también les ha seguido hasta aquí. Algunas señales así lo indican: aparatos que se conectan solos, un piano que hace sonar una melodía sin que nadie toque sus teclas, y el cada vez más extraño comportamiento de Josh. No sólo eso, a su madre y a su esposa Renai (Rose Byrne) se les aparece una novia fantasmagórica con muy malas pulgas. Suficiente para que la familia quede convencida de que hay que pedir ayuda.


        Con un guión firmado por Leigh Whannell y el propio Wan, INSIDIOUS: CAPÍTULO 2, en la línea obsesiva del director por los entes, poltergeist, fantasmagorías y casas encantadas, no aporta elementos novedosos e incide en la misma cosmovisión de la película original convirtiéndose en una prolongación de aquella tan fácil de ver como prescindible. Insisto, Insidious no pedía a gritos una secuela porque sus enigmas no reclamaban unas vueltas de tuerca que a la postre resultan irrelevantes. Aun así, nos regala una primera media hora rodada de forma elegante, en donde Wan demuestra su pericia en la dirección de actores, planificación y control del suspense, aunque muchos trucos y sustos resulten ya muy trillados.

         Lo peor es que queda una hora desconcertante y confusa a modo de tótum revolútum en donde vemos deshilacharse las costuras de lo que no es más que un pastiche multi y autoreferencial que desbarata la sutil sugestión de los primeros compases, asistiendo a una sucesión de sustos y golpes de de sonido que nos alertan sobre la presencia de los entes demoníacos, y aunque existe una cierta coherencia en el modo de enlazar las dos entregas, la cohesión  no impide que algunos momentos parezcan impostados y otros rocen la comicidad.
      
  La verdad es que no se ha puesto demasiado interés en los diálogos y los personajes se nos aparecen más planos que en el anterior film. Todos sabemos que a estas alturas es muy difícil ser mínimamente original en el cine de terror, y de lo que se trata realmente es de reelaborar fórmulas y estilos que en esta continuación va más por el camino de la acumulación y la reiteración que por el de la calidad  y la peculiaridad. Estaremos de acuerdo en que Wan consigue plasmar momentos verdaderamente perturbadores (el impactante hallazgo en la casa abandonada del anciano Parker), que sabe crear una ambientación tan bella como intrigante y que juega siempre con presupuestos muy ajustados (5 millones para una película que ha recaudado ya más de 120 en todo el mundo), razones poderosas por las que este crítico le pide más, sin que se acomode en el abuso de clichés en un terreno que tiene excesivamente trillado.


      En definitiva, INSIDIOUS: CAPÍTULO 2 es una película menor en la filmografía de este director que rodada con el piloto automático no se muestra demasiado pulcra con los pequeños y sugerentes detalles, un artefacto apenas resultón y poco consistente, que nos regala un clímax final tan previsible como los sustos que jalonan todo el metraje.

sábado, 19 de octubre de 2013

CRÍTICA DE: "PRISIONEROS" (Denis Villeneuve, 2013)


Los renglones torcidos de Dios
PRISIONEROS  ★★★★
DIRECTOR: DENIS VILLENEUVE.
INTÉRPRETES: JAKE GYLLENHAAL, HUGH JACKMAN, PAUL DANO, TERRENCE HOWARD, MARÍA BELLO, VIOLA DAVIS, MELISSA LEO.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 146 MINUTOS.   
  
   
    El director canadiense Denis Villeneuve (Gentilly, 1967) no es un desconocido en esto del cine, debutó en 1996 con Cosmos, película episódica sobre un grupo de personas que condimentan sus vidas con pinceladas filosóficas. Yo le descubrí con Maelström (2000), interesante drama sobre una mujer que atropella con su coche a un hombre y al fugarse entra en una etapa de caos y depresión. Recuerdo también su magnífico corto titulado Next Floor (2008), original y tremebunda fábula sobre la sociedad clasista. Fue con Polytechnique (2009) que supe advertir que me encontraba ante un cineasta muy bien dotado, un film que narraba cómo la vida de unos estudiantes da un vuelco cuando en 1989 un hombre entra en la Escuela Politécnica de Montreal con la idea de llevar a cabo una carnicería. La confirmación absoluta llegó con Incendies (2010), un thriller demoledor que debería haber ganado el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa y que estaba basada en la obra teatral de Wajdi Mouawad.


      Prisioneros, que es para este cronista la mejor película de Villeneuve hasta la fecha, nos narra una de las peores pesadillas que pueden vivir unos padres: Keller Dover (Hugh Jackman) y su esposa Grace (María Bello) se disponen a celebrar en la casa de sus amigos y vecinos Franklin y Nancy Birch (Terrence Howard y Viola Davis) el Día de Acción de Gracias. Les espera una opípara cena acompañados de sus hijos. En un momento dado, las pequeñas hijas de Keller y Franklin piden permiso a sus padres para ir un momento a la casa familiar de los Dover con la intención de buscar un juguete, estos aceptan con la condición de que les acompañe el hijo mayor de Keller, Dylan (Ralph Dover). Pasado un tiempo, caen en la cuenta de que las niñas han desaparecido y Dylan no las acompañó.

  
 La búsqueda por el barrio no arroja ningún resultado, por lo que deciden poner el hecho en conocimiento de la policía y el caso le es asignado al joven detective Loki (Jake Gyllenhaal), un tipo solitario del que no sabemos nada y que centra sus pesquisas en la localización de una furgoneta que estaba aparcada en el barrio cuando las niñas desaparecieron. Cuando finalmente es encontrada la furgoneta, su conductor, un joven retrasado llamado Alex Jones (Paul Dano), intenta huir, pero es detenido e interrogado en la comisaría. Tras el interrogatorio y ante la falta total de pruebas, queda claro que no ha sido él y sale en libertad. Sin embargo, Keller, totalmente fuera de control, está convencido de que miente y que conoce el paradero de las niñas. Decide entonces encargarse del asunto personalmente, aunque sus métodos de interrogatorio serán menos ortodoxos que los de la policía.


        Prisioneros es un potentísimo thriller que te engancha desde los primeros planos por varias razones a cual más atractiva: un reparto sólido e infalible en el que cabe destacar a un Jake Gyllenhaal estelar en el papel de un sagaz detective (con tic incluido) que ha resuelto todos sus casos pero al que vemos comer solo un día tan  señalado como el Día de Acción de Gracias en un restaurante vacío de mala muerte. Un Hugh Jackman aprovechando todos los registros dramáticos que le brinda una situación tensa y desesperada, y un Paul Dano (me encanta este actor) dando oxígeno a un pobre diablo con las facultades mentales disminuidas y que es capaz de soportar la presión y la tortura como si de un sacrificio se tratara; los escenarios y la ambientación decididamente atmosférica y malsana dentro de una comunidad en la que, aparentemente, lo más peligroso que puede pasar es que un ciervo se te cruce en la carretera; el impecable guión de Aaron Guzikowski, que plantea con inteligencia los conflictos ético-morales y nos descubre el depredador que todos llevamos dentro; y, por último, el pulso certero de un realizador que se confirma como un gran director de actores.


        Prisioneros es thriller denso, complejo y envolvente que comienza con una inquietante escena de cacería en la que oímos a Keller rezar un padrenuestro mientras su hijo mayor tiene en el punto de mira a un hermoso ciervo. El mantra cristiano se nos antoja fundamental en la tenebrosa deriva de Keller de ángel a demonio, un pulso a un Dios que le guiará por sus más tortuosos renglones torcidos.


        En el film podemos encontrar influencias de otras grandes películas del género: El silencio de los corderos, Se7en, Mystic River, Zodiac, referencias que se citan más por su oscura atmósfera que por el sentido estricto de su estructura y narrativa. El director de fotografía, Roger Deackins, modula con talento la luz en los momentos más perturbadores y siniestros (la sórdida y fétida ambientación de ese sótano en donde se encuentra una de las claves del laberinto y que al detective le pasa inicialmente desapercibida). Unos laberintos que actúan como metáfora sobre las vías cismáticas (el profesionalismo y paciencia del detective y la ansiedad e inabarcable dolor del padre) que los dos protagonistas emprenden para resolver un caso que no es sino una representación más de las psicopatías que anidan en los tenebrosos senderos de este valle de lágrimas, caracteres antagónicos porque, pensará el padre, donde sólo hay rutina no hay sitio ya para la emoción.


      Dijiste que a tu lado no nos pasaría nada, que siempre nos protegerías”, le dice abatida y sollozando el personaje de María Bello a su marido interpretado por Hugh Jackman. Pero sí pasa, y todavía nos cuesta creer que el hombre es un lobo para el hombre, un brutal axioma sobre el que actúa como un opiáceo la venganza.



viernes, 18 de octubre de 2013

¡GRAN SORTEO DE UN COMBO-PACK DE R3SACÓN!

Si quieres ser el ganador de este fantástico Combo-Pack solo tienes que participar en el test de SUPERFAN que aparece en esta aplicación y postear tu resultado dejando un comentario debajo de la entrada. Anímate y consigue BLU-RAY + DVD + COPIA DIGITAL de R3SACÓN, una película con la que disfrutarás hasta partirte la caja con tu familia y amigos. ¡Anímate! Clickea sobre el fotograma de R3SACÓN, responde al test y deja tu comentario.



TRAILER DE LA PELÍCULA






SORTEO VÁLIDO SÓLO PARA ESPAÑA