martes, 15 de octubre de 2013

TARANTINO Y SU OBSESIÓN POR LOS PIES FEMENINOS



     La podofilia o fetichismo de los pies es una de las parafilias más extendidas entre los hombres. Aclaremos de entrada que algunos puristas prefieren emplear el término parcialismo, ya que aseguran que el fetichismo sólo hace referencia a obsesiones por objetos como el calzado y el cuero, es decir, objetos inanimados. Sin embargo, cuando la fijación erótica se proyecta sobre partes del cuerpo humano, es más exacto referirse a esta obsesión como parcialismo, pues la excitación se obtiene por la reducción de todo el cuerpo a una de sus partes.


      Un fetichista del pie puede obtener placer y excitarse sexualmente al ver, tocar, acariciar, chupar, lamer o besar los pies de otra persona. En otra variante también existen fetichistas que disfrutan castigando los pies de otra persona, en lo que no es sino otra práctica más del BDSM alejada del fetichismo convencional de los pies.
    
       Es conocido por el aficionado que Quentin Tarantino adora los pies de las mujeres a los que rinde húmedos homenajes, una fijación que le lleva a buscar el momento propicio para que las heroínas de sus películas enseñen los pies. Una obsesión de la que incluso ha hecho gala protagonizando escenas tan curiosas como inolvidables, como aquella de su rechupeteo de pies a la actriz mexicana Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer, film que tiene como base un guión suyo pero que estaba dirigido por su colega Tex-Mex Robert Rodríguez. Son muchas las actrices que han prestado sus extremidades para el disfrute visual y erógeno de Tarantino: Juliette Lewis, Uma Thurman, Angela Jones, Jennifer Beals, Bridget Fonda, Lucy Liu, Sidney Tamiia Poitier, Rosario Dawson, Zoe Bell, Melanie Laurent.


     El caso es que Tarantino siempre que ha podido (en Reservoir Dogs no pudo porque no aparecía ninguna mujer) ha colado múltiples planos de pies femeninos en todas sus películas: Pulp Fiction, Jackie Brown, Kill Bill, Death Proof, Malditos bastardos. No sólo eso, en Pulp Fiction Samuel L. Jackson y John Travolta mantienen un diálogo sobre un tipo al que su mafioso jefe había asesinado tras practicarle un masaje en los pies a su chica, Uma Thurman.


           Atención a la siguiente historia: Beejoli Shah, con intención de subir otro peldaño en su carrera,  mantuvo una conversación con Tarantino en una de tantas fiestas que se celebran en la meca hollywoodiense, una conversación que, por supuesto, acabó en la casa del cineasta. Shah, graduada en políticas de 23 años, comentó después que su noche terminó con Tarantino (50 años) lamiendo sus pies mientras se masturbaba. Lo cierto es que la desconocida joven colgó fotos para corroborar su historia (fotos de que estuvieron juntos, no de lo que hicieron). Y es que la obsesión de este tipo, tan simpático como inquietante, no tiene límites.




sábado, 12 de octubre de 2013

CRÍTICA DE: "EL MAYORDOMO"


Un film academicista y encorsetado
EL MAYORDOMO êê
DIRECTOR: LEE DANIELS.
INTÉRPRETES: FOREST WHITAKER, OPRAH WINFREY, JOHN CISACK, JANE FONDA, CUBA GOODING J.R., TERRENCE HOWARD.
GÉNERO: DRAMA / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 132 MINUTOS.   

    No hace mucho le comentaba a un amigo en un foro que tenía ganas de ver una película redonda del realizador afroamericano Lee Daniels, porque hasta ahora ninguno de sus films ha logrado conmoverme como para dejar una huella indeleble en mi memoria, y eso que es un director que vengo siguiendo desde aquel irregular thriller titulado Shadowboxer (2005), en el que la explicitud sexual era lo más atractivo. Su obra más conocida hasta la fecha es Precious (2009), que con 6 nominaciones a los Oscars se alzó con los de Mejor Guión Adaptado y Mejor Actriz de Reparto, y que es una resultona historia de maltratos y superación personal que en raros momentos consiguió emocionarme. En este año hemos asistido al estreno de la infumable El chico del periódico (2012), mediocre thriller de tintes dramáticos  protagonizado por el inefable Zac Efron en donde lo único reseñable es la interpretación de Nicole Kidman y su maravillosa piel de nata.


      EL MAYORDOMO nos narra la historia de Cecil Gaines (Forest Whitaker), un joven que huye de la segregación racial que se respira en los estados sureños de Norteamérica en la búsqueda de una vida mejor. En su proceloso viaje a la madurez, Cecil adquiere habilidades inestimables que le ofrecen una oportunidad única en la vida: un trabajo de mayordomo en la Casa Blanca. Allí, Cecil se convertirá en testigo directo de la historia y del funcionamiento interno del despacho oval, mientras se gesta el movimiento por los derechos civiles, los asesinatos de John Fitgerald Kennedy y Martin Luther King, los movimientos del Freedom Riders y los Panteras Negras, la guerra de Vietnam y el escándalo del Watergate. Pero, al mismo tiempo, la dedicación de Cecil comienza a distanciarlo de su mujer, Gloria (Oprah Winfrey) y crea un conflicto con su hijo Louis (David Oyelowo).


        Basada en un artículo de Wil Haygood que fue publicado en el Washinton Post (algo muy de moda ahora en Hollywood) y contando con el mayor presupuesto que Daniels ha manejado hasta ahora, EL MAYORDOMO nos depara pocas sorpresas, pues como suponía el film apunta a una empresa demasiado ambiciosa, intensa y lacerante en donde algunos recursos tramposos quedan al descubierto. La historia del mayordomo de la Casa Blanca que estuvo al servicio de siete presidentes estadounidenses a lo largo de tres décadas, le sirve al director como vehículo para realizar un apasionado viaje en el tiempo y levantar acta sobre los avatares de la comunidad negra en su lucha por los derechos civiles. El problema es que su pulso academicista, el frío y encorsetado libreto de Danny Strong y la amplitud de la mirada hacen que el film navegue sin asumir riesgos, de manera rutinaria, pueril y convencional.




        EL MAYORDOMO es un film de visionado fácil, agradable si se quiere, su naturaleza intimista y sensiblera no debería confundir al espectador sobre el sentido trascendental de los acontecimientos en su vertiente didáctica, pero es Lee Daniels quien se empeña en deslizarse con torpeza y un rancio estilo por el terreno de los tópicos y los formulismo buscando sólo la implicación emocional.

        Apoyándose en multitud de imágenes de archivo (lo mejor de la función) que le sirven al espectador para evocar y convocar el alma desnuda del relato, el director de Precious nos presenta un film aseado, elegante en su puesta en escena aunque poco inspirado en su apuesta por dejar la crudeza de algunas de sus acciones fuera de plano, utilizando el recurso de la elipsis como medida higiénica o de precaución, algo que penaliza el sentido dramático de la propuesta pero que tiene un único objetivo: apuntar al corazón de los Oscars, y que conociendo como se cuecen estos le otorga bastantes posibilidades. Su compromiso se queda corto en su proyección universal y en exceso empalagoso su discurso y carácter de documento histórico, algo así como un Forrest Gump en pro de la causa de la comunidad afroamericana pero sin la osadía del magnífico film de Zemeckis. El perfil muy difuminado de cada presidente y la simplona línea de diálogos no ayuda al loable esfuerzo de sus intérpretes, con un Forest Whitaker algo robótico y una Oprah Winfrey cuyo magnetismo está fuera de toda duda.


      Lo peor es que, aunque cuidada con mimosos detalles, la función carece de sutilidad y le sobran automatismos, se podía haber indagado más en la relación paternofilial y el  dilema moral que representa el servil mayordomo y su hijo activista. No se preocupen, ahí aparece Obama para elevar el clímax final en una victoria tan emotiva como decisiva.

martes, 8 de octubre de 2013

EL CINE QUE HAY QUE RECUPERAR: "LONE STAR"


LONE STAR
Drama Fronterizo - USA, 1996 - 138 Minutos.
DIRECTOR: JOHN SAYLES.
INTÉRPRETES: CHRIS COOPER, ELIZABETH PEÑA, JOE MORTON, KRIS KRISTOFFERSON, MATTHEW McCONAUGHEY, FRANCES MACDORMAND.


    John Sayles, cineasta independiente norteamericano, debutó sin que muchos de nosotros nos enterásemos en el año 1980 con una pieza titulada Return of the secaucus seven, algo no muy extraño, ya que las primeras películas de este director apenas se han distribuido en nuestro país, donde conocíamos más su labor como guionista en films como Piraña o La dama de Rojo. En los primeros noventa un par de películas suyas encontraron  -aunque con retraso- un hueco en nuestras carteleras, es el caso de Passion fish (1992) y El secreto de las islas de las focas (1994), otras se han estrenado directamente en el mercado del vídeo. Para muchos críticos -no para mí- Hombres armados (1997) una película que nos habla sobre la situación socio-política de Latinoamérica, está considerada su obra maestra. Sunshine State (2002) es un film protagonizado por Edie Falco que todavía no he tenido la oportunidad de ver.
    
      Sam Deeds (Chris Cooper) es el sheriff de Frontera, ciudad texana situada cerca de Río Grande en la frontera con México. Su padre, Buddy ( Matthew McConauguey) ocupó su mismo puesto durante más de quince años y al que los lugareños que le conocieron tienen idealizado como una figura legendaria, pues fue capaz de parar los pies al sheriff Charles Wade (Kris Kristofferson) al que echó de la ciudad, un hombre prepotente, violento y racista que desapareció de forma enigmática una noche del año 1957 llevándose dinero del erario público. 

     En un terreno cercano a la localidad aparece un día un esqueleto humano, junto a él una vieja chapa de sheriff, según el forense los restos pertenecen a Charles Wade. Sam está decidido a llevar a cabo una investigación sobre el asunto, pero en la ciudad a nadie le interesa remover el pasado y le aconsejan que se olvide de la historia. No obstante, él quiere conocer la verdad, saber qué pasó aquella lejana noche de la desaparición de Wade, averiguar qué sucesos y qué verdades se ocultan tras la mítica figura de su padre, pues es el menos convencido de su honestidad.
    
    Tengo que reconocer mi debilidad por los relatos fronterizos, en donde el trasiego de la vida parece funcionar dentro de un entramado que esconde historias apasionantes y secretos demasiado peligrosos o dolorosos para salir a la luz. Lone Star es un bello discurso sobre la necesidad del hombre por descubrir la verdad en la búsqueda de sus raíces, en medio de la aridez de un paisaje donde el calor y la luz dan a sus gentes un toque especial y la fuerza de los mitos hechos leyenda se perpetúan formando parte de su cultura, un relato que nos habla sobre la tolerancia, el mestizaje, la descendencia, el amor y la amistad. 

      A través de repetidos flash-backs vamos conociendo lo que realmente ocurrió una misteriosa noche ya lejana, incidentes que Sam intenta desentrañar  para definir su propia historia, para construir su vida sin el vacío que provoca la evocación de unos recuerdos ocultos que llevan demasiado tiempo enterrados. John Sayles emplea para este melodrama sureño -elevando a obra mayor lo que en otras manos hubiera resultado un aburrido folletín- elementos costumbristas con un cercano aire de vecindad, y así nos cuenta una historia que bucea por los orígenes y la memoria colectiva, tratando de captar, a través de diversos testimonios y opiniones, la desazón de vivir sin sombras del pasado ¿hasta qué punto nuestra experiencia nos viene ya marcada? ¿de qué manera somos responsables de la vida que nos ha tocado vivir? Son algunos de los interrogantes que plantea este denso film tan genuinamente americano, con un estupendo guión del propio Sayles que fue nominado al Oscar.


sábado, 5 de octubre de 2013

CRÍTICA DE: "GRAVITY"


Una descomunal obra maestra que te dejará ojiplático
GRAVITY êêêêê
DIRECTOR: ALFONSO CUARÓN.
INTÉRPRETES: GEORGE CLOONEY, SANDRA BULLOCK.
GÉNERO: CIENCIA-FICCIÓN / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 112 MINUTOS.   

    El mexicano Alfonso Cuarón es un realizador interesantísimo al que cualquier cinéfilo puede poner como ejemplo de versatilidad temática, mutabilidad que le ha hecho gravitar sobre el cine infantil, La Princesita (1995), el romance, Grandes Esperanzas (1998), pasando por la comedia dramática, Y tu mamá también (2001), e incluso por el más puro cine fantástico, firmando la mejor entrega de Harry Potter, aquella titulada Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2004), para posteriormente dar forma la que era su mejor película hasta la fecha, Hijo de los hombres (2006), cine futurista y apocalíptico que basado en una novela de P. D. James se encuentra entre lo mejor del género que este cronista ha visto en las últimas décadas. Ahora nos presenta una magistral odisea espacial que parte de una idea original de su hijo Jonás Cuarón, y que con un libreto escrito por padre e hijo, se ha cambiado la ambientación y el contexto de la historia original, situando la acción en la termosfera, la cuarta capa de la atmósfera de la Tierra, a 600 kilómetros de nuestro planeta.


      GRAVITY nos presenta a la Dr. Ryan Stone (Sandra Bullock), una brillante ingeniera especializada en medicina que se embarca en su primera misión en un transbordador con el veterano astronauta Matt Kowalsky (Geroge Clooney), al mando de su último vuelo antes de retirarse. Pero en su paseo espacial, una operación aparentemente de rutina, se desencadena el desastre: el transbordador queda destruido por la basura espacial dejando a Stone y Kowalsky completamente solos, unidos el uno al otro y dando vueltas en la oscuridad. El terrible silencio les indica que han perdido cualquier vínculo con la Tierra… y cualquier posibilidad de rescate. A medida que se apodera de ellos el pánico, cada bocanada de aire va consumiendo el poco oxígeno que les queda. Pero el único camino que puede encontrarse es adentrándose más y más en la aterradora inmensidad del espacio.     


        Este cronista no sabe si han sido ciertos problemas personales (en parte sí, o al menos eso es lo que me asegura alguien en quien tengo confianza) la causa de que el magnífico cineasta mexicano haya estado siete años alejado de la pantalla grande. Me  gustaría pensar que gran parte de ese tiempo lo ha dedicado a elaborar de forma pausada y metódica la que sin duda es la mejor odisea espacial de la historia. Han leído bien, mejor que 2001: una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) a la que hace algunos guiños, y Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972). GRAVITY está a otro nivel, su visionado en 3D logra un grado y una calidad de inmersión que hace que el espectador se sienta tan perdido en el espacio como sus protagonistas, una sensación de misterio, desolación y plenitud que te convierte en un personaje más de la acción. Rodada con larguísimos planos secuencia (el film arranca con un plano secuencial que dura 16 minutos sin ningún corte) que aumenta hasta el delirio la sensación de ingravidez, dejándole a uno al albur de un espacio infinito no apto para agorafóbicos con problemas de tensión arterial o emocional.


        GRAVITY es una experiencia sensitiva arrebatadora e innovadora, una maravilla visual narrada con gran pericia técnica y un control exquisito de las emociones, excitación y estremecimiento ante la trágica certeza de que ese ciego, abisal vagabundeo al que está expuesta nuestra principal heroína sólo puede tener un destino fatal. Jamás la soledad fue tan sinuosa en la desventura, tan tétricamente bella en su marcada y lacerante profundidad, en su electrizante y desnuda crueldad.


        Insisto, es en películas así en donde el formato estereoscópico alcanza su más diáfano sentido, su objetivo de enaltecer un arte convertido en un espectáculo arrollador, en una aventura espacial conmovedora capaz de fusionar la lírica y el horror. La otra gran noticia es que Sandra Bullock impresiona, en su esfuerzo, preparación y dando rienda suelta a un abanico de registros (desde la indefensión al coraje, de la inteligencia a la confusión), es casi imposible que otra actriz pudiera aportar más dosis de verosimilitud a un personaje, tal vez Vera Farmiga. George Clooney no ocupa mucho tiempo en pantalla, el suficiente para dejar un rastro indeleble de su imponente carisma. Talento, encanto y sentido del humor en una presencia insustituible que ilumina a su compañera como lo haría un faro en una espesa noche de niebla. La película supone también la superación a un nivel sublime del director de fotografía Emmanuel Lubezki, que realiza un trabajo impecable humanizando el blindaje frío y aséptico de la tecnología, virtuosismo al que pone énfasis el apenas conocido Steven Price, ajustando una banda sonora que sincroniza cada movimiento y coreografía y creando una ambientación climática absolutamente envolvente.


      Alfonso Cuarón ha creado una obra para la posteridad de una concisión prodigiosa, una referencia insustituible que ha visto la luz por una asombrosa conjunción de talentos en su momento más alto de inspiración y lucidez. Cuando caen los títulos de crédito, las lágrimas resbalan por mis mejillas, trato de salir del trance y doy gracias a la providencia por haber podido vivir lo suficiente para disfrutar del visionado de esta descomunal obra maestra. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "AL FINAL DE LA ESCAPADA"



AL FINAL DE LA ESCAPADA
(A BOUT DE SOUFFLE)
Drama romántico - Francia, 1959 - 89 Minutos - Blanco y Negro.
DIRECTOR: JEAN-LUC GODARD.
INTÉRPRETES: JEAN-PAUL BELMONDO, JEAN SEBERG, HENRI JAQUES HUET, DANIEL BOULANGER, VAN DOUDE, CLAUDE MANSARD.

    Jean-Luc Godard (París, 1930), es uno de los directores europeos que más han influido en posteriores generaciones de cineastas. Pionero de la Nouvelle vague francesa, su cine vanguardista y experimental sigue hoy en día siendo motivo de apasionados debates y concienzudos estudios. Tras su paso por la universidad de la Sorbona en París, en donde estudia etnología, se convierte en asiduo de las sesiones de la cinemateca y colabora como crítico cinematográfico de las prestigiosas revistas La Gazzete de Cinema y Cahiers de Cinema.


    Debuta como documentalista con Operación Beton (1954), para a continuación realizar varios cortometrajes. Con A bout de souffle, una película que dinamita muchas de las reglas del lenguaje fílmico, obtiene un gran éxito y le confirma como uno de los grandes directores de su país. De su dilatada, aunque ciertamente desigual filmografía dividida en varias etapas, destacan los siguientes títulos: El soldadito (1960) su segundo largometraje, es la historia de un desertor del ejército francés en la guerra de Argelia y que cuenta con la primera intervención de Anna Karina, posteriormente esposa del director. Vivir su vida (1962)  relato sobre una vendedora de discos que decide dedicarse a la prostitución. Los carabineros (1963) alegato antibélico para el cual contó con Roberto Rossellini como guionista. El desprecio (1963) sobre una novela de Alberto Moravia que cuenta con la presencia como actor del realizador alemán Fritz Lang. Pierrot, el loco (1965) basada en un relato de Lionel White sobre una pareja que huye por el sur de Francia. Lemmy contra Alphaville (1965) fábula de corte futurista protagonizada por Eddie Constantine como el de detective Caution que llega a la ciudad de Alphaville para rescatar a un científico.


      Tras las interesantes La chinoise (1967) y después del mayo francés, Godard se dedicó a un cine marginal y militante alejado de la industria, optando por incorporarse al grupo Dziga Vertov. Preocupado más por la provocación y el escándalo, sus obras causaron impacto en los sectores más reaccionarios e integristas: Yo te saludo María (1984) singular visión del nacimiento de Jesucristo, pareció confirmar su irremisible decadencia artística. Sin embargo, Elogio del amor (2002) es una interesante película en forma de poema visual en la que el director galo intenta captar, a partir de tres parejas, la evolución del amor en tres movimientos: las disputas, la separación y la reconciliación.
   


      Sinopsis: basada en un hecho real y partiendo de una idea de François Truffaut, Al final de la escapada es un bello film a costa de la historia de Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) un ladrón de automóviles que al ser sorprendido mata a un agente de policía, viéndose obligado a escapar. En su huida entabla relaciones con Patricia (Jean Seberg) una joven norteamericana de visita en París y que vende el New York Herald Tribune por las calles de la capital francesa. Ella le confiesa su sueño de convertirse en periodista y los dos jóvenes vivirán con entusiasmo su efímera pasión, que durará hasta que Patricia delate a Michel a la policía, quienes disparan contra él ante la presencia de ella, en un hermoso, emotivo y triste final.


   

      Considerada por muchos críticos la mejor ópera prima de la historia del Séptimo Arte, con una producción marginal, director debutante y actores casi desconocidos, el estreno de Al final de la escapada, en 1960, fue un gran éxito que supuso un choque emocional que revolucionó por sus innovaciones técnicas los esquemas cinematográficos, a la vez que sirvió de impulso para revitalizar todo el panorama sociocultural de la época. De este modo, Jean-Luc Godard, director cinéfilo, figura clave dentro del movimiento de la Nouvelle vague, consiguió con este film situar al cine de su país en la vanguardia europea, creando un estilo auténtico y de improvisación imitado hasta la saciedad, y por tanto, abriendo camino al ejercicio de unas nuevas formas de expresión fílmicas más sinceras, sin dejar de ser al mismo tiempo imaginativas.


     El dibujo de loser desarraigado y romántico del personaje que interpreta eficazmente Belmondo, quien lo proporciona un cariz despreocupado, tierno y soñador, asumiendo algunos de los aspectos y tics más definitorios de la personalidad de uno de los primeros antihéroes del cine,  Humphrey Bogart   -ídolo del protagonista-  que lleva intrínseca la nebulosa del destino trágico, la lógica implacable de la fatalidad, circunstancia que unida a otras, nos hace ver el film como un homenaje al cine norteamericano.
   

     Con la muerte de Michel, abatido por los disparos de la policía,  nace una leyenda, lo comprende Patricia con el gesto del pulgar en los labios, en un último signo de comunión. La incomprendida traición de Patricia  -memorable Jean Seberg con su peinado garçon- no representa un simple acto de ingratitud, ni de violación de la fidelidad, es de alguna manera la abstrusa manifestación de un sentimiento compasivo para acabar así con el sufrimiento de un ser sin salida ni identidad, perdido en el torbellino de un mundo que no le hace sitio, que no le acepta ni cree en sus sueños.


     Aunque yo destacaría la secuencia final - romántica, corrosiva, incendiaria - como mi favorita, vale la pena fijarse en aquella magistral escena en la que Patricia encuentra a Michel Poiccard en su cama, y en un momento dado ella le lee el final de Las palmeras salvajes de Faulkner: “entre la pena y la nada, yo elijo la pena”, y le pregunta qué elegiría él, Michel contesta: “la nada, no es mejor, pero la pena es una idiotez, conlleva un compromiso, o todo o nada”. Queda así resumida la filosofía y el carácter inconformista de nuestro héroe, también la química tan especial que desprende la pareja protagonista. Al final de la escapada es más que ninguna otra cosa un documento ejemplar sobre la frenética velocidad del tiempo y del amor, al retratar de forma esencialmente romántica la huida -suicida-  hacia delante de Michel, Godard evoca con increíble madurez y frescura, a través del dramático itinerario de un hombre, el sentido de la pasión más pura y cegadora.
   

     La película fue galardonada con el premio Jean Vigo, el de la mejor puesta en escena en el Festival de Berlín, así como el premio a la mejor fotografía  -a cargo de Raul Coutard-  otorgado por la crítica alemana. En el año 1984, James McBride, realizó un remake con el título Vivir sin aliento, con Richard Gere y Valerie Kapriski de protagonistas, versión que a pesar de su mediocridad, es por algunos motivos recomendable