lunes, 19 de enero de 2015

CRÍTICA: "V3NGANZA"

Fotocopia sin tóner de El Fugitivo
V3NGANZA  ê
DIRECTOR: CHRIS WILLIAMS, DON HALL.
INTÉRPRETES: LIAM NEESON, MAGGIE GRACE, FAMKE JANSSEN, JONNY WESTON, FOREST WHITAKER
GÉNERO: THRILLER /FRANCIA / 2015. DURACIÓN: 109 MINUTOS


      Nadie, ni sus mismos responsables, pensaba que Venganza (Pierre Morel, 2008) iba a ser el éxito en taquilla que fue, recaudando 227 millones de dólares partiendo de un ajustado presupuesto de 25 millones. El resultado fue un film de acción aseado que relanzó la carrera de Liam Neeson como action hero. Con esas cifras, y aunque en un principio no estaba prevista una secuela, estaba cantado que habría una continuación, porque el dinero es el único sentido que tiene Venganza: Conexión Estambul (Olivier Megaton, 2012), que con un presupuesto superior a la película seminal de 45 millones de dólares recaudó 376 a nivel internacional. Es curioso porque incluso Liam Neeson cuando aceptó protagonizar la primera entrega de la franquicia tenía serias dudas y pensaba que el film se lanzaría directamente al mercado del DVD. Otra vez con la dirección del niño mimado de EuropaCorp (la productora de Luc Besson), Olivier Megaton, y con un guión coescrito por el propio Besson y Robert Mark Kamen, la trilogía se cierra con un capítulo final en el que se ha querido dar un giro argumental.


     Cuando el carismático y legendario Bryan Mills (Liam Neeson) pensaba que había dejado atrás  el pasado violento al que se vio arrastrado y ha restablecido una relación más natural con su ex mujer, Leonore (Famke Janssen), ésta es víctima de un brutal asesinato cometido en su propio hogar, convirtiéndose Mills en el principal sospechoso. Es entonces cuando comienza una huída perseguido por la CIA, el FBI y la policía, comandada por el inspector Franck Dotzler (Forest Whitaker). Lleno de rabia, el ex agente especial hará uso de sus habilidades para encontrar a los asesinos de Leonore  e impartir justicia a su manera, pues lo único que en esa situación le importa es proteger a su hija Kim (Maggie Grace).


Olivier Megaton es un director mediocre, películas como Transporter 3, Colombiana o  Venganza: conexión Estambul no pasarán a la historia a la historia del cine como ejemplos de buen cine de acción. Peor, definitivamente, no pasarán a la historia porque es cine de mala calidad, un estilo de montaje frenético y una cámara espasmódica afectada por el Parkinson no es, precisamente un ejemplo de depurada elegancia. Y a Liam Neeson se le ve cansado y lo único que le arranca una sonrisa al ponerse por tercera vez en la piel de este personaje son los 20 millones de dólares que por su trabajo ha ingresado en su cuenta corriente. En fin, menos mal que el invento se acaba aquí, porque salvo la resultona y entretenida película inicial, nada parecía tener ya sentido. De nuevo estamos ante un flojísimo guión de esos que se fabrican como churros, un libreto en el que nada resulta creíble y en el que cada giro es ridículamente previsible. También nos encontramos con la horrible manía del director galo de abusar de la multiplicidad de planos incluso para mostrar algo que carece de importancia, no digamos ya las secuencias de las peleas cuerpo a cuerpo, en las que el letal protagonista ha matado a todos los que se cruzan en su camino y al espectador sólo le ha dado tiempo de ver  una sucesión de vertiginosos movimientos sin posibilidad de distinguir nada. Recursos de un mal director cuyos productos ni siquiera tienen valor como placeres culpables.

        V3enganza es un thriller fallido, un producto fast-food fabricado con la mirada puesta en la taquilla, toda la película está saturada de una diarrea verbal inocua, una verborrea molesta que sólo sirve para que los personajes ofrezcan demasiadas pistas a un público que adivina siempre lo que va a suceder. Ah, pero tenemos a Forest Whitaker, un policía que trata de ser carismático pero que se muestra extrañamente despistado y misterioso, un policía que cuando piensa le da por jugar con una goma y una figura de ajedrez, un personaje tan prototípico y caricaturesco que es imposible de que le tomemos en serio, en sintonía con el subproducto en el que está enredado. La acción tarda en arrancar, pero tampoco importa mucho porque los villanos tienen el mismo carácter de opereta que tenían los malos en las películas (por llamarlas de alguna manera) de Chuck Norris o Steven Seagal, en ésta última entrega todo factor sorpresa se ha diluido y con él cualquier toque de humor involuntario. Los tres ingredientes que el aficionado busca en este tipo de artefactos: acción (rodada con planos muy cerrados y de manera confusa); violencia (ridícula, esperpéntica y sin pizca de originalidad); y humor al estilo de La jungla de cristal (inexistente tal vez por intentar otorgar algo de sensatez al conjunto), penalizan un broche final que realmente apesta y que parece una fotocopia sin tóner de El fugitivo.

viernes, 16 de enero de 2015

DEADLY VIRTUES: LOVE. HONOUR. OBEY.

     

      El film holandés Deadly virtues: Love. Honour. Obey (Ate de Jong, 2014) tal vez sea una excusa para disfrutar de la bella escultura corporal de la actriz norteamericana de 34 años Megan Maczko, pero a la película se le puede echar un vistazo, de ahí que incluya unos tráiler en el post que seguro van a interesar a muchos de esos lectores con mentes enfermas que visitan asiduamente mi blog. Vayamos con la sinopsis: en la oscuridad de la noche, un extraño camina por una calle de una zona residencial. Él está buscando algo; una casa. Entra en la casa con la ayuda de una llave (misterio que se resolverá al final) que da paso a la planta superior. Allí ataca a una pareja que se encuentra practicando sexo en el dormitorio. Hiere al hombre y persigue a la mujer que intenta escapar pero que finalmente es atrapada y pierde el conocimiento. Cuando la mujer despierta se encuentra atada a una silla e imagina que va a pasar el peor fin de semana de su vida.



      La película no descubre la pólvora pero se deja ver y la trama tiene un desarrollo curioso en cuanto al factor morboso y voyeurístico. El director juega con la ambigüedad del asaltante que parece gozar torturando al marido de la protagonista, por momentos se comporta como un auténtico sádico y en otros impone una moral extraña y una justicia muy particular (aunque se supone que su perverso proceder deja claro la clase de degenerado que es). Lo mejor de la cinta (además de la exuberancia de esa desconocida actriz que figura como Megan Maczko en los títulos de crédito) es la lección que la amiga de Allie se lleva al final y que puede servir de moraleja. El tipo misterioso trata a Allie como a una dama para que ésta le vea como un marido ejemplar, lo que poco a poco irá dinamitando la estabilidad matrimonial  y de paso desnudará las miserias que se esconden detrás de muchas fachadas aparentemente idílicas. Insisto, no es un peliculón pero ni mucho menos un film despreciable.  

jueves, 15 de enero de 2015

CRÍTICA: "BIRDMAN (O LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA)"

BIRDMAN  êêêê
DIRECTOR: ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU
INTÉRPRETES: MICHAEL KEATON, EDWARD NORTON, EMMA STONE, ZACH GALIFIANAKIS, NAOMI WATTS.
GÉNERO: TRAGICOMEDIA /EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 118 MINUTOS


    
     El director mexicano Alejandro González Iñárritu, firmante de los excelentes y desagarradores dramas Amores perros, Babel, 21 gramos y de la fallida Biutiful se adentra en el género de la comedia para narrarnos la historia de la carrera de un actor Riggan Thompson (Michael Keaton) y de cómo ésta se está desmoronando. El actor recuerda con lacerante nostalgia la época en que su nombre estaba situado en la cima, años en los que interpretó con extraordinario éxito papeles de superhéroes y que todavía hoy sigue siendo un referente. Desea más que nunca volver a recuperarse a sí mismo, como persona, y también recuperar a sus seres queridos, a su familia.


  
     Birdman es una película sorprendente con la que el director quiere reivindicarse tras el descalabro de Biutiful, en la que sólo Javier Bardem brillaba en un tremendo one man show que no resultó suficiente para atenuar la debacle de un film con un guión absurdo. Pero Alejandro González Iñárritu, que jamás debió romper con el guionista Guillermo Arriaga, ha demostrado tener el talento suficiente como para partir de cero tantas veces como sean necesarias y reinventarse, lo confirma con un film que nos habla del carácter voluble de la fama, y con un humor negro desnuda con amargura las miserias de sus personajes. De personajes como el interpretado por un Keaton magistral dando vida a un personaje inolvidable, el mejor de su carrera, y que a modo de sarcástico biopic (recordemos los paralelismos del personaje con el Keaton de Batman) transmuta un pasado glorioso como actor supertaquillero a la implacable realidad de una decadencia tan dolorosa como sarcásticamente corrosiva. Birdman resulta igual de magnética y mágica en sus momentos de alocado vodevil como en la íntima devastación de su feroz mirada al abismo, una tragicomedia rodada como un falso plano secuencia que otorga a la función un vértigo asombroso.


     A Keaton el papel de un actor que vivió su mejor etapa dando oxígeno a un intérprete que en los 90 encarnó a un superhéroe en cuatro exitosas entregas le viene como anillo al dedo, sobre todo como ocasión para lucir sus innegables dotes artísticas, un magnífico tour de forcé compartido con otro actor resucitado, un Edward Norton que encarna a otro actor que irrita profundamente el ego de Riggan haciéndole perder la compostura e invitándole a reaccionar desde lo más bajo de su condición anímica. El vehículo será una obra teatral de Raymond Carver que estrenada en Broadway le puede devolver el prestigió perdido. Iñárritu desecha la arquitectura narrativa laberíntica de las historias cruzadas para dar forma a una historia más lineal aunque igual de asfixiante, a lo que contribuye en gran medida y de forma incisiva un look visual novedoso y una fotografía impactante de Emmanuel Lubezki sobre los fulgores y misterios de la gran urbe y los peculiares personajes que se mueven entre bambalinas, así como una cámara inquieta que recorre los meandros del teatro con gran poder hipnótico y desconcertante pulcritud. Birdman es, por otra parte, una película triste y afectada que muestra una demoledora visión del Hollywood actual y la paródica ingenuidad del espectador a través la tendencia simple del cine de superhéroes.


      
     Pero además de su complejidad técnica, de las imprescindibles aportaciones de una preciosa Naomi Watts, Zach Galifianakis y Emma Stone, del ritmo equilibrado y frenético de la acción, si por algo te atrapa este estimulante relato de sensaciones agridulces, es por su capacidad para emocionar teniendo como guía a un tipo que se resiste a darse por vencido considerándose un fracasado y que da lo mejor de sí mismo fuera de los escenarios. Atractivo ejercicio de alquimia cinematográfica, Birdman se impone como una experiencia metaficcional que funciona como un corredor de sinuosos espejos donde se ve reflejados el desmesurado ego de los actores y su carácter ciclotímico, una montaña rusa donde el paroxismo altera las emociones, el engreimiento de los críticos (a los que el alter ego Birdman odia) y el infantilismo del espectador, las obsesiones y los sueños. Una fábula sobre la cara más histriónica, ridícula y estúpida de Hollywood.