El latido diario de la existencia
“SUEÑO DE TRENES” êêêê
DIRECTOR: Clint Bentley.
INTÉRPRETES: Joel Edgerton,
Felicity Jones, William H. Macy, Kerry Condon, Nathaniel Arcand, Clifton Collins
Jr., John Diehl.
GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 102 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2025
Dirigida por Clint Bentley y basada en la novela de Dennis Johnson, Sueño de trenes propone una meditación austera sobre la vida ordinaria en el oeste estadounidense de comienzos del siglo XX. Lejos del drama histórico convencional, la película adopta una poética del despojamiento narrativo y visual para explorar la relación entre individuo, trabajo y paisaje.
El film sigue la existencia de Robert Grainier, al que da oxígeno Joel Edgerton, a lo largo de varias décadas marcadas por el trabajo ferroviario y la tala de bosques. Sin embargo, su estructura elude la clásica progresión dramática. En lugar de organizar los acontecimientos en torno a un clímax, la narración está compuesta por episodios fragmentarios que se acumulan como memoria. La temporalidad dilatada, los silencios prolongados y las elipsis refuerzan una experiencia contemplativa que desprecia el interés del “qué ocurre” en favor del “cómo se vive”.
Uno de los ejes centrales es la ambivalencia del progreso. La expansión del ferrocarril simboliza modernidad y transformación, pero también desarraigo y pérdida. Grainier participa en la modificación del territorio, aunque dicha modificación transforma el mundo que sostiene su identidad. El paisaje no funciona como un simple decorado, sino como una instancia que relativiza la condición humana: los encuadres abiertos subrayan la pequeñez del individuo frente a la vastedad natural y el paso del tiempo.
En esta magnífica película, Joel Edgerton hace uso de una contención expresiva que privilegia la gestualidad y la contemplación sobre los discursos enfáticos. Esta economía interpretativa crea una subjetividad opaca que huye del psicoanálisis explicito. La voz en off ocasional introduce una dimensión reflexiva que sugiere que la vida narrada es ya recuerdo, inscripción tardía de una experiencia originalmente dispersa.
Visualmente, la fotografía de tonos sobrios y luz crepuscular acentúa la dimensión elegíaca del conjunto. Las tragedias personales se integran en la continuidad del paisaje, evitando el melodrama. Así, Sueño de trenes plantea una ontología de lo ordinario: la vida humana como proceso transitorio inscrito en acontecimientos históricos y naturales más amplios. La evolución con todas las aristas en el itinerario de la existencia.
El principal logro radica en la perfecta
coherencia entre forma y contenido, aunque su ritmo pausado y su distancia
emocional puedan resultar exigentes. En un panorama dominado por la
visualización espídica y la aceleración narrativa, Sueño de trenes
reivindica el atractivo estético y filosófico de la quietud.










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