El pasado como alerta
“EL AGENTE SECRETO” êêêê
DIRECTOR: Kleber Mendonça Filho.
INTÉRPRETES: Wagner Moura, Gabriel Leone, María
Fernanda Cándido, Hermila Guedes, Thomas Aquino, Udo Kier, Isabel Zuaa.
GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 158 minutos / PAÍS: Brasil / AÑO: 2025
Con El agente secreto, Kleber Mendonça Filho consolida definitivamente un cine político que no se conforma con denunciar, sino que busca alterar y perturbar la forma misma del relato. Ambientada en el Brasil de 1977 durante los estertores de la dictadura militar, la película se presenta como un thriller de espionaje, pero pronto veremos que ese marco genérico es demasiado estrecho y lo que se busca es crear una reflexión mucho más amplia sobre la memoria, los estados de vigilancia y la imposibilidad de escapar del pasado.
En el ocaso convulso de la dictadura militar en Brasil en 1977, Marcelo (Wagner Moura), un profesor y científico que huye de un pasado turbulento, regresa huyendo a la ciudad de Recife, donde espera construir una nueva vida y reencontrarse con su hijo. Pero pronto se da cuenta de que la ciudad está lejos de ser el refugio que anhela, que las fuerzas gubernamentales le persiguen y las amenazas de muerte se ciernen sobre él.
Queda claro que el personaje de Marcelo funciona como eje emocional y narrativo, aunque Mendonça evita convertirlo en un héroe, pues aquí no hay redención ni épica. Marcelo se nos presenta como un cuerpo fatigado que se desplaza por un país corrupto, podrido hasta la médula con los cadáveres descomponiéndose al sol. Su deseo de reunirse con su hijo se ve alterado y retrasado como si el sistema político se interpusiera sobre cualquier forma de intimidad. En este sentido, la película sugiere que la dictadura no sólo controla los cuerpos, también el tiempo y el impulso de los sentimientos.
Uno de los grandes logros de la función es el uso del espacio. Recife no es un simple escenario, sino un organismo hostil: calles laberínticas, interiores opresivos, edificaciones deterioradas. Mendonça Filho filma la ciudad como un personaje vivo que vigila a los demás personajes, controlando sus movimientos. La sensación constante de paranoia no se construye con persecuciones explícitas hasta el final, entre tanto, los planos cerrados, los sonidos fuera de campo y una puesta en escena que siempre sugiere que puede haber alguien observando.
Narrativamente, El agente secreto es deliberadamente fragmentaria. El director brasileño introduce episodios casi autónomos, personajes secundarios entran y desaparecen con una función marginal, incluso algunos momentos abiertamente oníricos, surrealistas e incluso gore que rompen cualquier expectativa de realismo. Lejos de ser caprichos formales, estas rupturas funcionan como metáforas de una memoria nacional fracturada: la historia no puede contarse de forma lineal porque ha sido mutilada, censurada y reprimida.
Wagner Moura ofrece una interpretación contenida, basada más en el desgaste, la angustia interior y el movimiento continuo que en la explosión emocional. Su Marcelo no necesita grandes discursos; basta con observar su cuerpo, su forma de caminar, su mirada siempre alerta. Es un personaje que vive con temor, en estado de defensa, como si la violencia política se hubiera interiorizado hasta convertirse en identidad.
Tal vez, el mayor riesgo del film sea su resistencia al espectador y su largo metraje. No explica, no simplifica y, en ocasiones, parece sabotear su propio relato. Pero es ahí donde reside su fuerza: El agente secreto no persigue ser entendida del todo, lo que busca es ser experimentada con una sensación permanente de malestar. Es por eso que Mendonça no ofrece asideros ni respuestas. Te dice: aquí tenéis una repugnante herida abierta que sigue supurando décadas después.
Más allá de una película sobre la dictadura,
El
agente secreto es una película sobre sus fantasmas: los que siguen caminando, los que
nadie quiere nombrar y los que aún determinan, silenciosamente, la forma en que
miramos el presente. Desde esta óptica, es un cine con hondura política, más
que por lo que dice, por cómo se niega a cerrar el relato, recordándonos que
hay historias que nunca se pueden dar por cerradas. Porque El agente secreto no se
limita a retratar un pasado oscuro: lo deja respirar dentro del presente, como
una presencia invisible que jamás se disipa. Mendonça Filho no filma la memoria
para tratar de comprenderla, lo hace para recordarnos que sigue ahí,
vigilándonos, incluso cuando creemos haber escapado.
















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