lunes, 6 de febrero de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: VENGANZA (REVENGE)



    Este cronista no tiene ninguna duda de que REVENGE (1990) se encuentra entre las mejores películas de Tony Scott junto con Amor a quemarropa (1993) y su obra maestra El fuego de la venganza (2004). No me voy a parar demasiado a destripar una trama conocida por todos: Michael Cochran (Kevin Costner), antiguo piloto veterano de la guerra de Vietnam, viaja a México para encontrarse con su viejo amigo “Tiburón” Méndez (Anthony Quinn), al que salvó la vida en el pasado y que ahora es un potentado mafioso que vive en una palacete rodeado de pistoleros y acompañado de su joven y bellísima esposa, Miryea (Madeleine Stowe). Cochran enseguida se siente atraído por ella e inician un apasionado idilio. Pero Méndez descubre lo que está pasando, a partir de entonces empieza su brutal venganza. 

   Revenge supone una experiencia peculiar dentro del cine de la época, a Scott no le importa tanto el efectismo de las escenas de acción pura como el conflicto que las genera, las pulsiones humanas que desencadenan la tragedia en un relato épico sobre la venganza que aúna de forma excepcional acción, drama y romanticismo.
  

       
   Nunca Madeleine Stowe, una de las grandes musas de los aficionados en las décadas de los 80 y 90, estuvo tan hermosa como aquí. La siempre desaprovechada actriz angelina, famosa por su frágil y sensual belleza de mirada melancólica, nos regala una secuencia espléndida junto a Kevin Costner cuando ambos llevan a cabo una escapada en un Jeep que termina con la pareja dándose un tórrido baño en el río. 


      Ese momento abrasador en que tras un variado surtido de caricias íntimas vemos las nalgas tersas y jugosas de Madeleine cercar el inflado paquete del bueno de Kevin, preparado para la interacción carnal. Una electrizante y calórica escena que fue plagiada en otros films como La cosecha (David Marconi, 1993).



LAS FOTOS HIPNÓTICAS: ALICIA MACHADO


La modelo, cantante y actriz ALICIA MACHADO es una de las cuatro mujeres venezolanas que se han alzado con la corona de Miss Universo, para este cronista la más hermosa de la historia. Contra todos los pronósticos -unos pronósticos absurdos- lo ganó en la noche del 17 de mayo de 1996 en Las Vegas. Hija de un inmigrante español y de una mujer de ascendencia cubana, Alicia nació  el 6 de diciembre en Maracay, y su impresionante belleza, su escandalosa y ondulante figura y su 1´73 de estatura fueron sus insuperables atributos para hacerse justísima merecedora del galardón de Miss Venezuela en 1995. Aquí en España la conocemos porque en el año 2005 compitió en la segunda edición del reality show de Antena 3 “La granja de los famosos”, e impagables son sus reportajes fotográficos para la revista Playboy. Además de por su extraordinaria morbidez y la simpatía que me merecen sus feroces ataques contra el gorila Hugo Chávez, Alicia aparece en esta sección porque otra de sus facetas es la interpretación, como actriz de telenovelas, teatro y cine. En papeles secundarios, he podido seguir sus pasos en sus dos intervenciones para la pantalla grande: Cansada de besar sapos (Jorge Colón, 2006), comedia romántica sobre una joven que sueña con encontrar a su príncipe azul, y I Love Miami (Alejandro González-Padilla, 2007), coproducción hispano-mexicana con nuestro Juan Luis Galiardo dando oxígeno a un Fidel Castro que después de sufrir un atentado llega a las costas de Miami como un balsero más.     



      Oh Alicia, sigo tus huellas como un perro bajo la lluvia, como un perro apaleado que mendiga tu sonrisa y vive de sueños y pasiones prohibidas. Sigo tus huellas como una sombra del pasado que a veces ladra y lleva colgando en la boca el hilo acre de la despedida. Lloro y me pregunto ¿Qué auxilio me ofrece esa cruz? ¿Por qué vendí mi alma tan barata? ¿Por qué no le ponen nombre a mi ruina?

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: ASESINATO EN 8 MM


ASESINATO EN 8 MM 
DIRECTOR: JOEL SCHUMACHER
INTÉRPRETES: NICOLAS CAGE, JOAQUIN PHOENIX, CATHERINE KEENER, JAMES GALDONFINI PETER STORMARE.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 1999  DURACIÓN: 116.    
     
    Cuando se estrenó ASESINATO EN 8 MM (8 mm, Joel Schumacher, 1999), muchos críticos erráticos la infravaloraron y emparentaron con la ópera prima de Alejandro Amenábar Tesis (1996), sólo por el simple hecho de que ambas trataban el tema de las películas snuff (grabaciones de violaciones, torturas y asesinatos reales que sin ayuda de ningún efecto especial registran ese horror para posteriormente distribuirlas comercialmente). Algo tan simplista y extravagante como comparar Boinas Verdes (John Wayne, 1968), festiva y delirante apología de la intervención norteamericana en Vietnam, con Apocalipse Now (Francis Ford Coppola, 1979), película que definió todo un paradigma visual sobre el infierno vivido en esa guerra. Siempre he defendido que Tesis es la única película que salvaría de la quema de la escueta filmografía del ínclito Amenábar, pero aunque el argumento de las snuff movies ya fue tratado antes de que se inventara el término en la magistral película de Michael Powell El fotógrafo del pánico (1960), inteligente variante del cine de psicópatas en donde la cámara sustituye al ojo para filmar la angustia y muerte de unas chicas jóvenes, el antecedente más claro del film de Schumacher tal vez sea Hardcore, un mundo oculto (Paul Schrader, 1978), excelente cinta en donde su protagonista, un acertadísimo George C. Scott, emprende un tortuoso periplo para encontrar a su hija desaparecida y atrapada en las redes del turbio negocio de las películas pornográficas.    

       ASESINATO EN 8 MM, junto con Un día de furia (1992), las dos únicas películas que rayan a gran altura en la muy irregular carrera del director neoyorquino, nos narra la escalofriante historia en que se ve envuelto el detective privado Tom Welles (Nicolas Cage), contratado por una anciana viuda cuyo millonario marido ha fallecido recientemente. La afligida viuda ha encontrado en la caja fuerte  del difunto una película en Súper 8 en la que está grabado el brutal asesinato de una adolescente y que debido a su extraordinario realismo lleva a Welles a pensar que se trata de una película snuff. Cuando descubre la identidad de la joven víctima y contacta con su madre, una pista le hace viajar hasta Hollywood, en donde Max California (Joaquin Phoenix), un dependiente de una tienda de objetos, películas y libros para adultos, le servirá de guía por los tugurios más infectos del sexo bizarro. Las posteriores pesquisas le llevarán hasta la oficina de un inquietante productor de películas pornográficas y dominación extrema, Eddie (James Galdonfini), a quien comienza a espiar por su sospechosa actitud.
      
      Incomprendida en el momento de su estreno, pocos supimos ver que esta obra maestra rodada con respeto, eficaz realismo y unos actores en estado de gracia,   transformó la leyenda de las snuff movies en un intrigante thriller en el que el casi siempre excesivo Nicolas Cage logra la mejor actuación de su carrera, superior a la que le proporcionó el Oscar por Leaving Las Vegas. La interpretación sobria en gestos y expresiones de un hombre serio, sencillo, inteligente y abatido que proveniente de un hogar feliz, un matrimonio estable con un bebé maravilloso, se ve inmerso en un submundo sórdido de violencia y depravaciones que le hará cruzar todas las líneas rojas. Su premisa argumental es bien conocida: la típica adolescente de carácter díscolo que encuentra asfixiante el ambiente de su pequeña población y que un buen día se larga para tratar de triunfar en el mundo del cine, un estereotipo tan recurrente como auténtico que llena a rebosar los archivos policiales de adolescentes desaparecidas. De modo que si la trama no resulta especialmente original, sí lo es la manera en que Schumacher retrata de forma tenebrosa el itinerario que el detective tiene que seguir remarcando metódicamente las pautas de su investigación, cómo se va involucrando cada vez más en un caso que le está afectando personalmente, destruyendo su matrimonio y hundiéndole en la desolación más absoluta.

      Con cierta atmósfera de terror telúrico, personajes muy bien  elaborados y el típico esquema de las películas de detectives; una parte tranquila que hace evolucionar la investigación a base de pistas; y otra parte más dinámica en la que la acción y el riesgo convierten a nuestro héroe en un justiciero que suplica a la desconsolada madre de la infeliz víctima que le diga si en verdad quería su hija, porque si es así él se encargará de vengar su muerte y atroz martirio. Welles no puede explicarse por qué un anciano misógino y millonario pagaba enormes sumas de dinero para visionar la tortura y el sádico asesinato de una desgraciada chiquilla, la respuesta se la da el siniestro productor antes de morir: porque podía. Porque, apunto yo, en el cordero de Dios habitan el bien y el mal de forma melodiosa y hay un abismo que separa el ser interior del ser exterior. En su viaje al corazón de las tinieblas, un sucio, marginal y aberrante clima que hostiga al espectador, el ya embrutecido investigador también le pregunta al productor por qué hace eso, y sin nada que perder, el tipo contesta con una lógica tan aplastante como espeluznante: por dinero. Así llegamos al críptico final, cuando el detective a punta de pistola obliga al enmascarado verdugo, conocido como Máquina, a quitarse la máscara, y le sorprende su aspecto vulgar, un tipo gordo, calvo y con gafas que mata sólo por placer y se excita cuando hunde el cuchillo en el cuerpo de sus víctimas. No es un monstruo, pero está despojado de toda humanidad. Ha pasado más de una década desde su estreno, pero como tantas veces lo obvio es también lo más acertado, ASESINATO EN 8 MM está considerada hoy, para disgusto de indoctos, una película de culto.