miércoles, 20 de agosto de 2025

LAS MEJORES PELÍCULAS DE CULTO: “OCURRIÓ CERCA DE SU CASA” (Rèmy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde, 1992)


(C’EST ARRIVÉ PRÈS DE CHEZ VOUS) 

     En formato de falso documental (mockumentary) filmado en blanco y negro, Ocurrió cerca de su casa fusiona sátira, comedia negra y horror con un estilo brutalmente provocador. La historia sigue a Ben (Benoît Poelvoorde), un carismático pero despiadado asesino en serie que permite ser acompañado por un equipo de cámaras y reporteros para documentar sus crímenes. Lo perturbador del film, además de la violencia explícita y fría con la que se comenten los asesinatos, es la manera con la que el equipo de rodaje pasa de observadores a cómplices, participando cada vez más en la bestial espiral.

  El tono de la función oscila entre lo absurdo y lo repulsivo: Ben habla con naturalidad de métodos para hundir cadáveres en los ríos, discierne sobre vino o urbanismo con la misma ligereza que comete los asesinatos, y se va construyendo una figura casi encantadora con su frialdad, socarronería y crudeza. Este contraste genera un humor turbador que obliga al espectador a preguntarse por qué resulta tan fácil reír ante situaciones moralmente intolerables.

   En términos formales, el relato es austero y seco, y eso es precisamente lo que le imprime fuerza. La cámara en mano, los encuadres improvisados y el blanco y negro sucio refuerzan la ilusión de estar viendo un documental real, lo que intensifica el impacto. La estructura circular (el equipo que comienza con entusiasmo acaba destruido por su cercanía al monstruo) funciona como comentario mordaz sobre la fascinación mediática por la violencia y la facilidad con que la ética se corrompe en nombre del espectáculo. 

    En el momento de su estreno, la película fue muy polémica, ganó el Premio de la Crítica Internacional y Especial del Jurado en Cannes y Premio a la Mejor Película en Sitges’92, pero fue acusada de nihilista y gratuita. Sin embargo, con el paso de los años se ha consolidado como una película de culto y una pieza clave del cine europeo de los 90, precursora en muchos sentidos de lo que más tarde serían las reflexiones sobre la cultura del reality y la banalización del horror. Ocurrió cerca de su casa es una película gamberra, excesiva y a ratos insoportable, aunque también profundamente lúcida e influyente: seguro que Tarantino la tuvo como referencia para su guión de Asesinos Natos (Natural Born Killers, Oliver Stone, 1994). Un clásico del cine extremo que incomoda tanto como hace pensar, y que hoy sigue siendo un espejo deformante pero vigente sobre la relación entre violencia, espectáculo y sociedad.

CRÍTICA: "LA NOCHE SIEMPRE LLEGA" (Benjamin Caron, 2025)

 

Frenético viaje al fin de la noche

“LA NOCHE SIEMPRE LLEGA”  êêê

(NIGHT ALWAYS COMES)

DIRECTOR: Benjamin Caron.

INTÉRPRETES: Vanessa Kirby, Jennifer Jason Leigh, Zack Gottsagen, Stephan James, Randall Park, Julia Fox.

GÉNERO: Thiller / DURACIÓN: 108 minutos / PAÍS: Reino Unido / AÑO: 2025

     En La noche siempre llega, una producción Netflix, Benjamin Caron se sumerge en un paraje distinto al que lo había dado a conocer, dejando atrás la sofisticación televisiva de The Crown y el engranaje épico de Andor para adentrarse en un thriller nocturno marcado por la desesperación. La película. Adaptación de la novela de Willy Vlautin, se presenta como un descenso a los márgenes de Portland, donde la urgencia económica y la erosión familiar adquieren una dimensión dramática.

    La premisa es sencilla: una mujer, Lynette (Vanessa Kirby), debe reunir en pocas horas 25.000 dólares para salvar la casa familiar, pero Caron filma la historia como si se tratara de una tragedia griega contemporánea convirtiendo a Lynette en una heroína trágica: marcada por un pasado repleto de errores, obligada a cargar con la inestabilidad materna y la vulnerabilidad de un hermano dependiente, su itinerario nocturno se convierte en una odisea urbana en donde el relato no busca nunca el giro sorpresivo, sino la acumulación de momentos de tensión.

   La fotografía del mexicano Damián García encierra a los personajes en la atmósfera de un Portland casi irreal, donde la ciudad aparece bañada en luces de neón y sombras densas. Una estilización que no responde a un capricho estético, pues funciona como un espejo del estado anímico de Lynette, atrapada en un espacio extenuante que la devora. La cámara de Caron no da respiro al espectador, prefiere seguir a Kirby de cerca, en planos que transmiten claustrofobia y urgencia, como si la misma ciudad conspirara contra ella.

   Así, la película sería otra sin Vanessa Kirby, en un tour de force tan potente como escabroso que evita cualquier concesión al simple melodrama. Su rostro refleja la rabia, el miedo y la obstinación de quien sabe que se ha quedado sin alternativas. Es un trabajo físico y conmovedor que intenta seguir la estela las divas del noir fatalista, pero con un trasfondo contemporáneo, más visceral y despojado de todo glamour. Kirby convierte cada gesto en la huella de un rápido deterioro, como si todo el tiempo quedara reducido en esa única noche.

  Caron y la guionista Sarah Conradt apuntan hacia una denuncia social sobre la precariedad económica (la inflación, los salarios precarios, la gentrificación) y la fragilidad de los lazos familiares en una sociedad cada vez más desigual. No obstante, esa dimensión no siempre alcanza el peso necesario y el desarrollo de la acción se dispersa resultando caprichoso: hay momentos en que el libreto sacrifica la profundidad en favor del incesante vértigo narrativo. El retrato de la madre (Jennifer Jason Leigh) y del hermano (Zack Gottsagen) abre puertas interesantes, pero finalmente sus perfiles quedan relegados a impulsos antes que a genuinos contrapuntos temáticos. Tampoco Julia Fox o el inquietante personaje que interpreta el director Eli Roth aportan mucho a la función.

    El desenlace se nos presenta a la vez como amargo y esperanzador confirmando la naturaleza conmovedora del film. Un final que puede resultar insatisfactorio para quienes esperan una catarsis, pero resulta coherente con la propuesta: en la vida de Lynette la redención no es un horizonte, sino un espejismo. Tal vez la solución esté en dejarlo todo atrás, encontrarse a sí misma y volver a empezar. Ni mucho menos estamos ante un thriller redondo ni ante sólido alegato social, La noche siempre llega, película de ásperas aristas, destaca más por el clima y la interpretación de Kirby que por su entramado narrativo, un viaje al fin de la noche con un destino incierto. Si el noir clásico hablaba de la imposibilidad de huir del destino, aquí la condena es quedar atrapado en un sistema que degrada incluso los lazos más íntimos. Caron entrega una película imperfecta, pero en cierto modo necesaria, donde el suspense y la crítica social evolucionan en un cerco de tensión constante y nada complaciente.

jueves, 14 de agosto de 2025

LAS MEJORES PELÍCULAS DE CULTO: “ÁNGEL DE VENGANZA” (MS. 45, Abel Ferrara, 1981)

 

     En la jungla urbana del Nueva york de principios de los 80, el director italoamericano Abel Ferrara retrata la violencia y la alienación con una mirada sucia y visceral en Ángel de Venganza (Ms. 45). La historia de Thana (Zoe Tamerlis Lund), una joven sordomuda que trabaja como costurera en una boutique de moda y cuya vida da un vuelco cuando, en un solo día, es víctima de dos agresiones sexuales. Incapacitada para pedir ayuda y con una ciudad indiferente que se ahoga en sus propias miserias, Thana se arma literalmente para sobrevivir y comienza un descenso implacable hacia la venganza.

     Ferrara filma con un realismo urbano, aprovechando las texturas decadentes de un Nueva York antes de la gran gentrificación: calles mugrientas, callejones oscuros y sórdidos, fiestas decadentes y rostros marcados por la dureza de la vida. La ausencia de diálogos prolongados no sólo resalta la presencia magnética de Lund -que mezcla vulnerabilidad y amenaza- también convierte la brutal experiencia en un ejercicio casi de cine mudo, donde el lenguaje corporal y las miradas dicen más que cualquier frase.

    Aunque Ángel de venganza comparte ADN con el cine de explotación y las rape & revenge de la época, Ferrara evita quedarse sólo en el sensacionalismo y convierte la función en un estudio perturbador sobre la violencia como respuesta al trauma y sobre cómo la ciudad devora a los individuos más frágiles. El clímax, ambientado en una fiesta de Halloween, es tan surreal como inevitable, cerrando el arco dramático de Thana con una ambigüedad febril e inquietante.

   Con apenas 80 minutos de metraje, Ángel de venganza es un golpe directo a la mandíbula del espectador: austera, incómoda y extrañamente hipnótica. Así, la película es un thriller de venganza y a la vez un somero estudio psicológico de una mente que se va quebrando, filmado con crudeza y el descaro que harían a Ferrara un autor de culto a partir de su estreno. Ángel de venganza es una cult movie por una combinación de factores que la apartan del cine de explotación genérico y la han mantenido viva en la memoria cinéfila durante más de cuatro décadas, Veamos:

Estética cruda y realista

  Ferrara filmó en una ciudad de Nueva York real, sin permisos en la mayoría de las escenas, capturando la mugre, la degradación, el peligro y el turbio ocaso de la ciudad a inicios de los 80. Como ocurre con Maniac (William Lustig, 1980) y otras muchas películas de los años 70 y 80, ese registro casi documental la convierte en un testimonio visual de una época que ya no existe.

Bella y magnética protagonista

     Zoe Tamerlis Lund, en su primer papel importante aportó el sesgo feminista al libreto de Nicholas St. John y entregó una interpretación silenciosa pero intensa. Su presencia física y mirada glacial convirtieron a Thana en un icono pop underground, más aún considerando la posterior vida trágica y breve de la actriz que muere a los 37 años víctima de su adicción a las drogas.

Combinación de cine de explotación y autoría

     Aunque parte de la estructura típica del subgénero rape & revenge, Ferrara le imprime un tono autoral, evitando que la violencia se convierta en un simple espectáculo. Esto atrajo tanto al público de grindhouse como a críticos que intuían una mirada más compleja.

Argumento transgresor y perturbador

  La crudeza de las escenas, la inversión en los roles de poder y la exploración del trauma la hicieron demasiado molesta para un público de cine comercial, pero absolutamente irresistible para quienes buscaban en los márgenes un cine extremo con trasfondo.

Aura de rareza y rescate tardío

   Durante años fue difícil de conseguir fuera de proyecciones en cines de barrio o copias piratas. El hecho de que circulase de forma casi clandestina alimento su estatus de joya oculta para cinéfilos y coleccionistas. Ángel de venganza logró trascender su bajo presupuesto y su origen grindhouse para convertirse en un objeto cinematográfico tan extraño como fascinante y controversial, con una estética y una protagonista difícil de olvidar.