jueves, 6 de diciembre de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: "EL CABO DEL MIEDO"


      
      EL CABO DEL MIEDO, remake que Martin Scorsese realizó en 1991 del original de 1962 El cabo del terror de J. Lee Thompson y que tenía a Gregory Peck y a Robert Mitchum de protagonistas, no pasará a la historia como una de las más brillantes piezas de su extensa filmografía. Tampoco se encuentra entre mis películas favoritas de Scorsese aun reconociendo que raya a una altura superior a la media coetánea, es decir, con un nuevo visionado el film del director italoamericano me sigue pareciendo muy irregular, ligero, por fases entretenido y con súbitas caídas en el histrionismo y lo absurdo. 

      Puede servir como un alimenticio ejercicio de estilo, pero su calidad está muy alejada de otras obras de este peculiar cineasta como Taxi Driver, Toro Salvaje, Uno de los nuestros o Casino, por poner unos ejemplos. El argumento de la cinta es muy conocido: Max Cady (Robert De Niro), es un ex convicto que tras pasar catorce años entre rejas sale en libertad con la idea fija de vengarse de su abogado, Sam Bowden (Nick Nolte), al que acusa de no haber querido defenderle bien durante su juicio por la violación de una adolescente. La presión que ejercerá sobre él y su familia irá in crescendo de forma terrorífica.

      Es curioso que la escena que más me gusta de este psicothriller se rodara de forma improvisada entre sus dos protagonistas, Robert De Niro y Juliette Lewis, quedando plasmada para la posteridad en su primer intento. Juliette Lewis, que en la película da vida a Danielle, la hija del matrimonio formado por Sam (Nolte) y Leigh (Jessica Lange), y que se nos muestra con un aspecto de lolita entre lo inocente y lo vicioso, recibe una llamada de su nuevo profesor de arte dramático citándola para una clase que tendrá lugar en el teatro del instituto. Cuando la adolescente llega al escenario de la cita a quien se encuentra es a un tipo melenudo e inquietante al que no conoce de nada que se está fumando un porro, y que tras  mostrar sus dotes de seducción en una charla rebosante de filosofía barata, le dice: “Anoche estuviste pensando en mí ¿verdad? Sí… es verdad. Lo sabía, creo que he encontrado una compañera, una compañera para el largo viaje hacia la luz ¿Puedo ponerte el brazo en el hombro? No importa” es entonces cuando Robert De Niro se le acerca y le mete el dedo pulgar en la boca que ella chupa con fruición y ojos chispeantes, para posteriormente besar los carnosos labios de la entregada ninfa. Una escena cargada de erotismo y sensualidad que creó un icono indeleble en la memoria colectiva.

martes, 4 de diciembre de 2012

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "HABLANDO CON LA MUERTE"

HABLANDO CON LA MUERTE (TALK RADIO) êêêê
DIRECTOR: OLIVER STONE.
INTÉRPRETES: ERIC BOGOSIAN, ALEC BALDWIN, ELLEN GREENE, LESLIE HOPE
GÉNERO: DRAMA / EE. UU. / 1988  DURACIÓN: 107 MINUTOS.    
   
     Nacido en la ciudad de Nueva York, Oliver Stone (1947) dejó la universidad de Yale para marchar a Vietnam, en donde trabajó en la enseñanza, país al que regresó dos años más tarde, esta vez como soldado en primera línea de fuego. A su vuelta desempeña diversos oficios, entre ellos el de marino mercante, todo esto antes de matricularse en la escuela de cine de su ciudad, estudios que terminó en 1971. Debuta en el largometraje con Seizure (1974) que resulta un auténtico fracaso, pifia que repetiría años más tarde con La mano (1981), una ridícula historia de terror a la que no salva ni la presencia como protagonista de Michael Caine. Paralelamente alcanza gran prestigio como guionista firmando los libretos de El expreso de medianoche, Conan “El Bárbaro”, El precio del poder y Manhattan Sur. Con Salvador (1985), una historia sobre la convulsa y trágica historia centroamericana que aún hoy se cuenta como una de sus mejores películas, le llega por fin el reconocimiento

      Platoon (1986), con cuatro Oscar de Hollywood, es la primera entrega de la trilogía sobre la Guerra del Vietnam, compuesta además por Nacido el 4 de julio (1989) y El cielo y la tierra (1993). Otras películas de este autor son: Wall Street (1987), con la que Michael Douglas gana el Oscar. The Doors (1990), biopic sobre la legendaria banda liderada por Jim Morrison. J.F.K. Caso abierto (1991), que basada en el informe de fiscal Jim Garrison analiza las claves del magnicidio de John Fitgerald Kennedy, el primer presidente católico de los Estados Unidos. Asesinos Natos (1994), polémico y anfetamínico film sobre una pareja de asesinos. Nixon (1995), relato sobre el político más decisivo de la reciente historia de Norteamérica. Giro al infierno (1997), producción polvorienta y manierista que acoge muy pocas virtudes de su autor y casi todos sus defectos. Un domingo cualquiera (1999), film sobre el mundo del fútbol americano. Comandante (2002), pestilente documental hagiográfico sobre la vomitiva figura de Fidel Castro, “el carnicero de La Habana”. Oliver Stone está casado, tiene tres hijos y actualmente vive en Los Ángeles. De su última película, Salvajes (2012), podéis encontrar la crítica en las páginas de este blog.  

       Sinopsis: Dallas, un programa local de radio, “Charlas en la noche”, se ha convertido en el refugio de toda una variopinta fauna de insomnes y noctámbulos. El espacio radiofónico está conducido por Barry Champlain (Eric Bogosian), un cínico y algo cruel animador que ha conseguido situar en programa en unos altos índices de audiencia, tanto que una compañía está dispuesta a comprarlo para ser emitido a nivel nacional. Barry es una persona voluble, en ocasiones simpático y agradable, pero en otras insultante y odioso, una actitud personal que le está generando gran cantidad de enemigos. Tras recibir múltiples amenazas de organizaciones extremistas y neonazis, los responsables, de la emisora le piden, por su seguridad, que modere el tono de sus manifestaciones, auténticos alegatos antifascistas. Barry, que es de origen judío, no sólo no hace caso, por el contrario, eleva el tono de sus denuncias.
      
      Oliver Stone logra la que es para mí su película más conseguida y la que mejor ha resistido el paso del tiempo, con una reflexión tan trágica como mordaz sobre los peligros que lleva aparejados la libertad de expresión –siempre amenazada- y el carácter poco tolerante del ser humano en general y de algunas organizaciones radicales en particular. Stone, bautizado, no sé si despectivamente, “la conciencia de América, declaró: “fui a Vietnam de derechas y volví de izquierdas”. En realidad, lo que trata de demostrar en este film denunciatorio, es que en su país, camuflado bajo la bandera estrellada de la libertad y la democracia, a poco que levantes la tela aparece una sociedad intransigente, reaccionaria, revestida de salvajismo, brutalidad y racismo sistemático. Barry Champlain llegó a la radio por casualidad, vendía trajes en una tienda cuando un día conoce en ella a un locutor que le propone ser el invitado de uno de sus programas, sus intervenciones en el mismo son inteligentes y llenas de de un corrosivo cinismo, lo que hace que la dirección de la cadena se fije en él y le ofrezca un programa de radio que rápidamente alcanza los primeros puestos del ranking de audiencia. Al personaje, el director neoyorquino no lo retrata de forma angelical, es más, le confiere un matiz ambiguo cercano a la doble moral: lleva una vida caótica, engaña a su mujer más por hacerla daño que porque realmente lo necesite, sale con una chica a la que casi dobla la edad y a la que tampoco ama, y su relación con los demás compañeros de trabajo, lejos de ser afable, es autoritaria e inflexible.

Por otra parte, su fiero verbalismo, sus ácidas soflamas radiofónicas se van haciendo cada vez más flamígeras y provocadoras, esa doble moral, esa hipocresía queda reconocida por Barry en su última alocución de resonancias catárticas antes de ser asesinado. Un monólogo duro e implacable y sobre todo sincero: Deberían colgarme, soy un hipócrita. Pido sinceridad y miento, denuncio un sistema que abrazo, quiero poder, dinero, prestigio, quiero índice de audiencia y éxito, y usted y el mundo me  importan un carajo. Esa es la verdad, podría decir lo siento, pero no quiero ¿por qué debería hacerlo? ¿Quién diablos es usted, ustedes, el público? Sólo sé que me atacan cada noche como una manada de lobos porque no pueden soportar lo que son ni lo que han hecho. Me dan pena, desprecio a todos y cada uno de ustedes, no tienen nada, absolutamente nada, ni cerebro ni poder ni futuro ni esperanza ni Dios. Ustedes sólo creen en mi ¿Qué sería de ustedes si no me tuvieran? Yo no tengo miedo, estoy aquí todas las noches, argumento mis puntos, sostengo aquello en lo que creo. Voy a decirles lo que son, tengo que hacerlo, no tengo alternativa… ustedes me asustan, estoy aquí todas las noches, me meto en sus vidas, les degrado, les insulto, y ustedes siguen volviendo para recibir más. Doy margaritas a los cerdos”.

      Palabras que serán leyenda cuando Barry, que se sabe amenazado, salga del estudio para respirar el aire purificador de la noche, y alguien de entre esa jauría desafíe la libertad ejecutando un plan perfecto para silenciarle. Desde una lógica terrorista se puede llegar a pensar que Barry Champlain muere víctima del mundo que él mismo ha creado, pero no nos engañemos, en la tejana y ultraconservadora Dallas, ciudad donde se desarrolla la acción del film, el presidente Kennedy fue asesinado, otro hombre que, reconociendo sus muchos errores, odiaba las mordazas, elegir dicha urbe no es para Stone, una cuestión aleatoria. HABLANDO CON LA MUERTE es un film en el que Eric Bogosian es el único y absoluto protagonista, con un guión escrito también por él, la cinta tiene ritmo, suspense, una cierta pátina de cine negro y se aprecia en ella el apasionamiento crítico de su autor, alejado del caótico montaje de otras obras suyas consigue una mayor sobriedad artística. TALK RADIO es una modestísima producción que sin las pretensiones de otras películas de su realizador, alcanza objetivos más nobles. Oso de Plata en el Festival de Berlín al Mejor Actor y al Mejor Guión para un film que nos ayuda a reflexionar sobre el tremendo fracaso de una sociedad que desprecia los más elementales valores de convivencia: la tolerancia y el humanismo. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

CRÍTICA DE "INVASOR"

Los demonios de la guerra
INVASOR êê
DIRECTOR: DANIEL CALPARSORO.
INTÉRPRETES: ALBERTO AMMANN, ANTONIO DE LA TORRE, KARRA ELEJALDE, INMA CUESTA, LUIS ZAHERA.
GÉNERO: THRILLER / ESPAÑA / 2012  DURACIÓN: 99 MINUTOS.   
        
     Lejano ya el debut de Daniel Calparsoro con la magnífica Salto al vacío (1995), para este cronista su mejor película hasta la fecha, una crónica sucia, cruda y decadente que en forma de drama social urbano nos narra la supervivencia de unos jóvenes desarraigados en el País Vasco de la época, con la que entonces era su mujer, Najwa Nimri, de absoluta protagonista dando vida a una traficante de armas que vive en una encrucijada, el cine posterior de Calparsoro no ha logrado nunca convencerme. Ni Pasajes, A ciegas, Asfalto, Guerreros o Ausentes, lograron prolongar la excitante carrera que su ópera prima prometía. Dedicado en los últimos años al medio televisivo, INVASOR (este director siente inclinación por los títulos compuestos por una sola palabra) supone su regreso a la pantalla grande después de siete años, un thriller que toma como base literaria la novela homónima de Fernando Marías y que tiene como trasfondo la Guerra de Irak.
     
      Irak, 2004. En una salida rutinaria, un capitán médico del ejército español, Pablo (Alberto Ammann), en misión humanitaria en Irak, y su compañero Diego (Antonio de la Torre), sufren un atentado cuando circulan por el desierto. Sin heridas de consideración, abandonan el lugar y se refugian en una casa perdida, en donde tiene lugar un enfrentamiento inesperado y salvaje con civiles iraquíes. Pablo mata a dos hombres, pero cae gravemente herido y se ve afectado por una profunda amnesia. Durante la convalecencia en su casa, junto a su mujer, Ángela (Inma Cuesta) y su hija, Pilar (Sofía Oria) va  recuperando la memoria sobre lo ocurrido. Pablo sospecha que le están ocultando información sobre las circunstancias del atentado, y a pesar de la presión que ejercen sus altos mandos, se niega a secundar la versión oficial, algo que agota la paciencia de Jesús (Karra Elejalde), un funcionario que el Ministerio de Interior ha en enviado para presionarle, poniendo en peligro con ello su seguridad y la de su familia.
     
      Se adivina en Calparsoro su debilidad por el cine de género, y si algo queda demostrado en INVASOR es su habilidad para rodar escenas de acción con firmeza  y dinamismo (las escenas bélicas en el comienzo de la película, la persecución de coches por las carreteras del centro de La Coruña). Suele, además, rodearse de actores competentes (nadie en el reparto desentona y todos rayan a un nivel aceptable), a los que en demasiadas ocasiones se les obliga a estar por encima de guiones endebles, es lo que ocurre en su nueva apuesta aunque el director se esfuerza en dotar a la función de una factura pulcra y un esmerado acabado formal. 

      La película tiene un aspecto visual imponente y una maravillosa luz atmosférica que confiere un tono especial a las maravillosas localizaciones. También será fácil observar que el cineasta no se siente tan cómodo a la hora de rodar las escenas más íntimas, aunque su defensa admite lo lamentable de un libreto que escupe diálogos planos dentro de un fatigoso esquematismo en donde forman pareja de baile el tópico y el absurdo, y que tiene como mayor dislate el elemento conspiranóico. Hay voluntad y hay medios (3 millones de euros no son moco de pavo en el cine español), el comienzo es prometedor, con unos elaborados flhasbacks que sirven para perfilar a los personajes y situar al espectador en las entrañas del conflicto durante todo el metraje, lo mejor de un relato que en determinado momento pierde la brújula.
     
      No necesito conocer personalmente a Daniel Calparsoro para saber que es un cineasta que adora su oficio, una labor en la que influyen múltiples factores y para la que se necesita asumir riesgos importantes y en la que todo resulta más fácil si cuentas con un guión sólido. No es el caso, y aún así el mensaje del film nos llega nítido, aunque también quede claro que el director barcelonés no busca sesudas reflexiones sociopolíticas sobre el sinsentido de las guerras, las víctimas inocentes, los daños colaterales y sus pavorosas secuelas, pero como la mayor víctima de la guerra es la verdad, opta por centrarse en el tormento del protagonista que arriesga su vida por intentar acercarse a ésta, siempre envuelta en un magma de intereses bastardos que convierten las vidas de unos hombres íntegros en marionetas. 

      He escrito repetidamente sobre la influencia cardinal de la saga Bourne en el thriller de acción moderno, el director de Ausentes se hace eco de esta zumbona resonancia para diseñar la adrenalínica set piece de la persecución de coches con una inusitada tensión y energía, una escena tan contundente como la pelea cuerpo a cuerpo en la orilla del mar, lástima que en favor del ritmo y la acción quede opacado un realismo más tangible, las esencias de la dramaturgia. Porque si el espectador empatiza con el protagonista en su esfuerzo por descubrir la verdad en una peligrosa misión que le enfrenta a los poderes en la sombra (en donde advertimos una notable influencia del thriller político setentero al estilo de Alan J. Pakula) y sus siniestros esbirros (un grotesco Karra Elejalde), también al espectador le cuesta asumir la credibilidad de una función a la que penaliza la brusquedad y falta de rigor de su tramo final, una resolución muy disparatada y peliculera.