sábado, 17 de julio de 2021

CRÍTICA: "TWENTYNINE PALMS" , a propósito de Bruno Dumont

 

A propósito de Bruno Dumont

“TWENTYNINE PALMS” êêê

DIRECTOR: Bruno Dumont.

INTÉRPRETES: David Wissak, Yekaterina Golubeva.

GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 119 minutos / PAÍS: Francia / AÑO: 2003.

   Ahora que Bruno Dumont ha presentado en el Festival de Cannes con escaso éxito de la crítica su última película, France (2021), he querido recuperar su tercera película Twentynine Palms (2003), con la que se le comenzó a colgar la etiqueta de director de culto, y que además fuera incluido en corrientes como el Nuevo Cine Francés Du Corps junto a Claire Denis, Gaspar Noé y François Ozon. Aunque a raíz  de este film otros críticos le clasificaran dentro de la corriente del Nuevo Cine Extremo Francés.

    El guión de Twentynine Palms (2003) está firmado por el propio director pero es una entelequia y tenemos la impresión de que carece de algo parecido, como premisa aportaremos que sus dos únicos personajes, David y Katia (David Wissak y la malograda Yekaterina Golubeva, murió con sólo 44 años) son presentados como un fotógrafo independiente y una chica con la que mantiene una affaire, que a bordo de un Hummer se dirigen desde Los Ángeles a Twentynine Palms, otra ciudad californiana pero en pleno desierto de Mojave. La excusa es la realización de una sesión de fotos para una revista, aunque nunca vemos ninguna cámara ni ninguna predisposición.

  Indudablemente Dumont tiene más detractores que defensores, pero los fieles seguidores de su arte visual (él cree que esta película debería ser vista en un museo, no por pretenciosidad, sino por esa minoría que puede conectar con su nivel de abstracción) y su peculiar estilo: generalmente usa recursos como planos larguísimos, primeros planos corporales dentro de historias que desarrollan emociones extremas, estallidos secos de violencia y una exposición feísta de las relaciones sexuales -a veces explícitas-  como signo de provocación y hastío de sus personajes. Aún así, sus películas Humanité (1999) y Flandres (2006) consiguieron el Gran Premio del Jurado en Cannes y Hadewijch (2009) el FIPRESCI de la crítica.

   Twentynine Palms es un espacio geográfico, una ciudad, pero con los personajes exasperados por el árido paisaje, Dumont también nos lo presenta como un estado emocional, de vertientes psíquicas subterráneas que sinuosas destrozan el dique de las emociones en un hotel, en los abruptos caminos, entre el polvo y las rocas del desierto tras conversaciones irrelevantes y escenas tocadas con el pincel de la abstracción. Diálogos simples, anodinos y abstrusos que se quiebran con una carcajada, extemporáneas ráfagas de ira, llantos compulsivos y orgasmos como puñaladas. Porque la locura es también un estado y el miedo a sí mismo… y al prójimo, a la naturaleza humana. El terror y el sexo. El sexo grotescamente improvisado que actúa como bálsamo para atemperar los instintos animales. Una morosa narrativa y un abrumador minimalismo nos hace especular sobre los peligros latentes, tal vez la mayor de las amenazas la representan ellos mismos, tal vez alguien en el exterior esperando su momento en una tierra estéril y hostil.

     En la función no hay héroes, nadie muestra ninguna virtud ni buenas intenciones, David y Katia no son ejemplos de nada, los escasos “te quiero” que pronuncian suenan huecos, irreales, no existe empatía ni conexión, la relación que mantienen en esta extraña road movie sólo provoca desasosiego en los espectadores, cada vez más sumidos en una atmósfera asfixiante y perversa, un tormento que augura un sórdido y violento final. Y ese final llega de forma brutal y azarosa, como un pasaje más en la sinfonía del caos que compone Dumont entre la infinita soledad del paisaje y el tedio angustioso de la pareja en su incierto viaje al infierno, o lo que es lo mismo, al abismo de la desesperación. Un film inclasificable con una atmósfera enfermiza, y tal vez por esto, inolvidable. Porque el cine es, sobre todo, atmósfera.


2 comentarios:

  1. Reconozco mi desconocimiento casi absoluto de la obra de Bruno Dumont, aunque este título parece interesante. Solamente he llegado a ver "Jeannette, la infancia de Juana de Arco" y me pareció una marcianada.

    Un abrazo.

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  2. En realidad, La vida de Jesús, La Humanidad, Flandres son buenas películas, pero yo tengo debilidad por esta película, aún reconociendo que el cine de Dumont, con su peculiar estilo contemplativo de planos larguísimos, no es para todo el mundo, yo te recomendaría también la miniserie El pequeño Quinquin. Una agradable sorpresa.

    Un abrazo.

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