Sueños de inmortalidad
“MARTY SUPREME” êêêê
DIRECTOR: Joshua Safdie.
INTÉRPRETES: Timothée
Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Abel Ferrara, Tyler the Creator, Penn
Jillette, Fran Drescher.
GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 149 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2025
Separado de su hermano Ben, Joshua Safdie dirige en solitario este intenso biopic que se mueve entre el drama y la comedia para trasladarnos al entorno vibrante y caótico del Lower East Side de la Nueva York de los años 50 y narrar el viaje vital de Marty Mauser (Timothée Chalamet), un joven buscavidas que juega al ping pong con una ambición desmesurada y está dispuesto a todo para cumplir su sueño. Así, nos encontramos con una película sobre la obsesión por el triunfo, pero también por la necesidad casi patológica de ser reconocido.
Safdie construye un retrato frenético de un hombre que confunde el éxito con la validación emocional, y que vive cada victoria y cada fracaso como si fuera una cuestión de supervivencia. Marty no quiere ser simplemente el mejor jugador de tenis de mesa, quiere ser una leyenda, aunque el aura de grandeza sólo exista en su propia cabeza. En este sentido, la película no trata realmente sobre el deporte, sino sobre el vacío que se esconde detrás de la ambición desmedida. Safdie utiliza el ping pong como una metáfora sobre un mundo que nunca se detiene, en donde no hay tiempo para pensar, sólo para seguir golpeando antes de que la bola vuelva a cruzar la mesa en la búsqueda de una figura mítica, de una identidad construida a base de victorias, gritos y gestos teatrales.
El estilo visual es nervioso, asfixiante. La fotografía de tonos sucios, la cámara se mueve con urgencia, persiguiendo a Marty por pasillos estrechos, gimnasios ruidosos y bares decadentes, como si el propio film compartiera su ansiedad. El montaje es fragmentado, y a veces, caótico, pero esa confusión no es un defecto: refleja la mente del protagonista, incapaz de encontrar equilibrio entre su deseo de gloria y su fragilidad emocional.
En el centro de todo está la interpretación magnética y desbordada de Timothée Chalamet. No como un vehículo de lucimiento vacío, sino como un estudio del personaje donde su energía, fragilidad y carisma sostienen cada plano. Safdie convierte al actor en el núcleo emocional y físico de la película, y Chalamet responde con una caracterización tan excesiva como dolorosamente humana. Cada victoria lo eleva, cada derrota lo hunde, pero confirma que necesita seguir compitiendo para existir.
La película avanza como una espiral:
cuanto más se acerca Marty a su sueño, más evidente se siente su soledad.
Safdie evita ofrecer una redención clásica. Aquí no hay moraleja, sólo la
sensación de que el éxito, cuando se persigue sin límites, puede convertirse en
una forma de autodestrucción. Marty Supreme es por momentos agotadora, pero también
hipnótica. No pretende inspirar, sino desafiar. Su mayor logro es convertir un
deporte de minorías en un espejo de nuestras propias obsesiones: ganar,
destacar, ser alguien, aunque el precio sea perderse uno mismo en un bucle de
euforia y frustración.










