La modelo puertorriqueña Yoli Lara cuenta que cuando el huracán María asoló la ciudad donde
creció, Toa Baja (nació en Bayamón) que se encuentra en las afueras de San Juan
y cerca de la playa, resultó devastador para ella, que entonces estaba
instalada en Los Ángeles. Quería ayudar y no sabía cómo, de modo que llamó a su
madre para decirla que volvería y competiría para el concurso de Miss Puerto
Rico y tener la oportunidad de representar a su país en Miss Universo. Quería
utilizar la plataforma para lograr que la escucharan y la gente ayudase. Yoli
concursó pero no ganó, los signos no debían estar de su parte y su agencia en
Los Ángeles la abandonó porque no estaba allí. Más tarde le dieron una segunda
oportunidad, pero, eso sí, ella estaba orgullosa de lo que había hecho: el
regreso, el concurso, la reconstrucción.
Con 25 años, Yoli ha sido elegida Playmate
del mes de junio de 2019, y aunque ella misma reconoce que hay diez mil chicas
más hermosas que ella para aparecer en la revista (lo dudo), le dieron la
oportunidad y la aprovechó. Está muy convencida de que de nada sirven las
lamentaciones y que cuando alguien cae se tiene que levantar rápidamente, pues
cuando una puerta se cierra, otra se abre. A Yoli le encanta el mar, el mejor
sitio para sentir una aventura espiritual. Cuenta que su película favorita es Pocahontas, porque se queda con su
familia y su tribu. Cuando la vio pensó “no, yo quiero alcanzar mi sueño”. Y
abandonó Puerto Rico y a su familia para intentar vivir su vida alejada de la
zona de confort.
De niña no veía mucho a su madre porque
trabajaba muchas horas al día, y fue con su abuela con quien pasó más tiempo.
Recuerda que hizo su primera sesión de fotos con 14 años para una exhibición de
peluquería. Ella no se considera una modelo convencional, pues dice que tiene
una cintura estrecha y caderas grandes, algo que siempre le dio problemas con
la industria. Pero su cuerpo es así y de ello aprendió que el trabajo también
implica fracaso y rechazo. Ahora, reconoce, la industria es más permisiva e
inclusiva (en cuanto a la raza, tamaño, formas, color y género) y las personas
están más abiertas a la diversidad. Yoli pone el ejemplo de Rihanna, una
artista curvilínea que hace babear a todo el mundo (y no sólo por su música) cuando
salta al escenario.
















