miércoles, 8 de mayo de 2019

MEGAN MOORE, LA FASCINACIÓN DE LA NATURALEZA



  La modelo estadounidense Megan Moore (Vancouver, Washington, 5 de julio de 1994) tenía 16 años cuando una agencia de su local se fijó en ella. Como su cuerpo tiene más curvas que la cordillera de los Andes, le pidieron que perdiera peso, pero tanto su mente como su cuerpo se resistían. La estúpida sugerencia comenzó a castigar la moral de nuestra chica, pero peor fue cuando una agencia de Nueva York especialista en tallas grandes le dijo que su cuerpo tampoco se ajustaba a lo que ellos pedían. Megan realizó algunos trabajos como modelo de sujetadores, pero fue en 2017 cuando la modelo firmó con una agencia de Los Ángeles. Su decepción llegó pronto, tan rápido como se dio cuenta de que todas las fotos de la sesión habían pasado por el filtro del Photoshop. Les dejó plantado alegando: “Lo siento, no puedo estar en una agencia que no me quiere como realmente soy. Estoy Fuera”.


    A mí Megan Moore me encanta como es. Las agencias se rigen por unos cánones estúpidos que desprecian la verdadera belleza y que están muy alejados del gusto general, patrones basados en una belleza lánguida, esquelética y enfermiza. Donde no la pusieron ninguna pega fue en Playboy. Ella, que ya no estaba segura de su cuerpo, reconoció que allí le confirmaron lo que está a la vista: que es una chica preciosa con un cuerpo de diosa. Para Megan fue revelador, porque aunque nunca había dudado de sí misma, sus primeros pasos en la industria, lograron que esa seguridad se resistiera. Tuvo que aprender de nuevo a amarse, sin importar lo que nadie más opine. Se construyó de nuevo con una personalidad más fuerte e inquebrantable.


   Ella trata de mantener al margen todo lo posible su vida privada y comparte todo lo que puede en Instagram. Hermosas imágenes que deleitan a sus seguidores pero siempre dejando oculta su vida más íntima. Le gusta leer y dibujar, posee un perro llamado Apollo, y se considera de lo más sencilla en cuanto a gustos y diversión. Su comida favorita es la clásica pizza pepperoni, y cuenta que está tratando de explorar nuevos horizontes en Europa. Le fascina Irlanda, con sus acantilados, sus verdes colinas y castillos centenarios. Pues ya saben, Megan fue la Playmate del mes de febrero de 2019 en Playboy, y les recomiendo que echen un vistazo a su cuenta de Instagram, donde cuenta ya con 152K seguidores.



domingo, 5 de mayo de 2019

"LA PEQUEÑA SUIZA" (Kepa Sojo, 2019)


Otra comedia española del montón… malo
“LA PEQUEÑA SUIZA” ê
(Kepa Sojo, 2019)

     
   Con un solo y olvidable largometraje en su filmografía, El síndrome de Svensson (2006) un absoluto disparate en formato road movie y media docena de irrelevantes cortometrajes, el director vasco Kepa Sojo ni mucho menos eleva el listón  con esta nueva comedia titulada La pequeña Suiza, cuyo argumento trata sobre sobre el dilema de los habitantes de un imaginario pueblo castellano enclavado en el centro del País Vasco llamado Tellería, que desean, tras 700 años de historia, pasar a formar parte del territorio vasco. Tras la negativa del gobierno, un curioso hallazgo en el santuario del pueblo originará que los osados habitantes de Tellería pidan su anexión a uno de los países más ricos del mundo: Suiza.


    El esfuerzo de los actores no resulta suficiente para levantar una película con un guión plano y una premisa agotada en otras películas como 8 apellidos vascos y series como Allí abajo. Así, el argumento está muy inflado con la intención de estirar el metraje, pero las ideas se acaban pronto, pues cuando termina la sátira sobre los nacionalismos y los chistes derivados de situaciones pretendidamente cómicas que surgen entre los habitantes de un pueblo que no tienen claro su identidad, la función deriva en una comedia romántica insulsa. 


   Tomando como inaccesible referencia a Bienvenido Mr. Marshall, la idea original proviene de un clásico del cine británico, Pasaporte a Pimlico (Henry Cornelius, 1949) que no he tenido la oportunidad de ver, pero el resultado del conjunto es pobre más allá del desfile de personajes extravagantes y unos chistes previsibles sobre la peregrina aspiración de los habitantes de Tellería de convertirse en el 27 Cantón de la Confederación Helvética, tras el sorprendente hallazgo de una tumba y unos documentos. Mediocre comedia de aires costumbristas.

viernes, 3 de mayo de 2019

LAS MEJORES PELÍCULAS DE CULTO: “THE INCIDENT” (1967)


LAS MEJORES PELÍCULAS DE CULTO
THE INCIDENTêêêêê
(Larry Peerce, 1967)
    

   
   El director norteamericano Larry Peerce debutó con el drama social Victima de la ley (1964), un film que tuvo cierto impacto en su época. Entre ese largometraje y el film que nos ocupa estuvo trabajando en diversas series de televisión. Su película más conocida y taquillera es Pánico en el estadio (1976), que protagonizada por Charlton Heston y John Cassavetes versa sobre un francotirador que amenaza a un estadio de fútbol americano que acoge a 90.000 almas.

     
   The Incident (El incidente) nos presenta a dos jóvenes, Joe Ferrone (Tony Musante) y Artie Connors (Martin Sheen) que entran en un vagón del metro de Nueva York con la intención de provocar el terror en los 15 pasajeros que viajan en él en ese momento. Pasajeros que pertenecen a diferentes estratos sociales y generacionales: tres matrimonios de diferente edad y la pequeña hija de uno de ellos, una joven pareja de amantes, otra de afroamericanos, dos soldados, un chico tímido y homosexual, un señor mayor que viaja solo y un borracho comatoso. Todos sufrirán las vejaciones y las intimidaciones de los delincuentes hasta que uno de ellos es capaz de sobreponerse a la cobardía del resto de viajeros.


     The Incident además de una película de culto es una obra maestra desconocida por el gran público -e incluso por la mayoría de cinéfilos- que en formato de thriller psicológico mantiene la tensión desde el inquietante prólogo, necesario para entender el posterior comportamiento del dúo de macarras. Estamos ante un crudo estudio sobre la cobardía, la alienación y la deshumanización del individuo en la jungla urbana. Con una rápida y eficaz presentación de los personajes y un ritmo frenético, Larry Peerce logra perfilar con pinceladas excelsas a unos personajes que proceden de distintos ámbitos culturales, laborales y sociales, representantes de distintas generaciones que les sirven al director para levantar acta sobre el estado de las cosas y evaluar la moral desvencijada de toda una nación en el espacio reducido de un vagón de metro. Una sociedad violentada por la Guerra de Vietnam (entonces en pleno auge), los conflictos raciales y los nuevos aires de la contracultura.


     Con excelentes interpretaciones de unos jovencísimos Tony Musante, Martin Sheen y Beau Bridges The Incident se muestra especialmente incisiva en su reflejo de la violencia psicológica, la amenaza latente, una tortura para los pasajeros que atemorizados por un par de matones han visto cómo sus destinos se cruzaban en una noche aciaga en ese vagón. Entre el ruido de los raíles y una violencia soterrada que irá in crescendo hasta los límites del escarnio y la humillación, transcurre un relato que narrado en tiempo real, nos muestra el alma de una sociedad individualista que vive de espaldas a las pequeñas -y grandes- tragedias cotidianas, y en donde al héroe no le queda otra alternativa que luchar solo, como evidencia el demoledor clímax final de esta enorme película.