La
modelo estadounidense Megan Moore
(Vancouver, Washington, 5 de julio de 1994) tenía 16 años cuando una agencia de
su local se fijó en ella. Como su cuerpo tiene más curvas que la cordillera de
los Andes, le pidieron que perdiera peso, pero tanto su mente como su cuerpo se
resistían. La estúpida sugerencia comenzó a castigar la moral de nuestra chica,
pero peor fue cuando una agencia de Nueva York especialista en tallas grandes
le dijo que su cuerpo tampoco se ajustaba a lo que ellos pedían. Megan realizó
algunos trabajos como modelo de sujetadores, pero fue en 2017 cuando la modelo
firmó con una agencia de Los Ángeles. Su decepción llegó pronto, tan rápido
como se dio cuenta de que todas las fotos de la sesión habían pasado por el
filtro del Photoshop. Les dejó plantado alegando: “Lo siento, no puedo estar en una agencia que no me quiere como
realmente soy. Estoy Fuera”.
A mí
Megan Moore me encanta como es. Las agencias se rigen por unos cánones
estúpidos que desprecian la verdadera belleza y que están muy alejados del
gusto general, patrones basados en una belleza lánguida, esquelética y
enfermiza. Donde no la pusieron ninguna pega fue en Playboy. Ella, que ya no
estaba segura de su cuerpo, reconoció que allí le confirmaron lo que está a la
vista: que es una chica preciosa con un cuerpo de diosa. Para Megan fue
revelador, porque aunque nunca había dudado de sí misma, sus primeros pasos en
la industria, lograron que esa seguridad se resistiera. Tuvo que aprender de
nuevo a amarse, sin importar lo que nadie más opine. Se construyó de nuevo con
una personalidad más fuerte e inquebrantable.
Ella trata de mantener al margen todo lo
posible su vida privada y comparte todo lo que puede en Instagram. Hermosas
imágenes que deleitan a sus seguidores pero siempre dejando oculta su vida más
íntima. Le gusta leer y dibujar, posee un perro llamado Apollo, y se considera
de lo más sencilla en cuanto a gustos y diversión. Su comida favorita es la
clásica pizza pepperoni, y cuenta que está tratando de explorar nuevos
horizontes en Europa. Le fascina Irlanda, con sus acantilados, sus verdes
colinas y castillos centenarios. Pues ya saben, Megan fue la Playmate del mes
de febrero de 2019 en Playboy, y les recomiendo que echen un vistazo a su
cuenta de Instagram, donde cuenta ya con 152K seguidores.























