Nacida el 14 de noviembre de
en Americus (Georgia), esta preciosa modelo norteamericana responde por el
nombre de Kirby Griffin, y fue
descubierta por un agente durante unas vacaciones en Miami Beach. Desde
entonces, unió su destino profesional a la agencia de modelos IMG Models de
Nueva York, apareciendo en multitud de campañas comerciales, publicaciones,
vídeos musicales, vallas publicitarias y spots televisivos.
Kirby fue elegida Playmate del mes de
septiembre de 2018 en la revista masculina Playboy, pero para entonces ya había
destacado por sus posados en la revista Sports Illustrated Swimsuit en 2012. Su
nivel como modelo no pasó desapercibido para Victoria´s Secret, desfilando en
varias ocasiones para la prestigiosa firma de lencería. La bellísima modelo ha
participado en innumerables eventos y ha sido invitada en la serie FOX House y
en el programa Nickelodeon Henry Danger.
Aunque nacida en Georgia, se crió en
Wisconsin, pero tan pronto como se convierte en una modelo cotizada su vida
discurre a caballo entre Los Ángeles y Nueva York y además de IMG estuvo
también representada por la agencia Nous Model Management Inc. Si bien la
carrera de modelo es muy corta, Kirby con 28 años aún le queda mucho recorrido
por delante. No tiene pareja y por ahora está centrada sólo en su carrera, es
amante de los animales y se muestra activa en redes sociales como Twitter e
Instagram, donde tiene 136K seguidores. En su cuenta en la red del escaparate
fotográfico podemos disfrutar de una fascinante galería de fotos que nos
muestran a Kirby posando tanto a nivel profesional como en un entorno más
doméstico. Recordada es su fascinante sesión de fotos para Sports Illustrated
Swumsuit Issue, realizada en África entre jirafas, cebras y siempre teniendo
como escenario un fascinante paisaje.
Hace pocas fechas, con el motivo del estreno en
Netflix de Polar ya tuve la oportunidad de hacer un recorrido por la
filmografía del director sueco Jonas Âkerlund,
que incluye varios documentales sobre artistas del pop y del rock y alguna otra
película destacable de ficción cono Spun (2002) un film independiente en
formato de comedia ácida sobre el mundo de las drogas, y el mediocre thriller Los
jinetes del Apocalipsis (2009). Para entender Lords of Chaos sería
bueno, aunque no necesario, que el espectador tuviera algunas nociones de lo
que representó la escena black metal en la década de los 80 y 90 en Noruega.
Ostein Aarseth, que se hace llamar Euronymous (Rory Culkin) es un joven de
17 años que muestra su rebeldía con las tradiciones y la forma de pensar que
impera en su país. Por eso centra toda su energía en crear una banda de black
metal llamada Mayhem y así poder
expresar su enfado y frustración ante el estado de las cosas. El ascenso a la
fama es difícil, pero poco a poco gracias al fenómeno que él y su grupo han
creado se abren un hueco en el panorama musical extremo de su país. La cosa no
tarda en desmadrarse y el límite entre espectáculo y realidad se van
difuminando y derivando en la quema de iglesias e incluso en el asesinato.
Para quien esto firma,
siempre interesado en la historia de los movimientos musicales, nada de lo que
narra Lords of Chaos resulta una novedad. Sin embargo, he de reconocer
que Âkerlund nos relata los trágicos episodios reales con bastante fidelidad
sin grandes licencias narrativas y manteniendo siempre un ritmo dinámico
durante todo el metraje. Centrada en el proceso de creación de la banda Mayhem,
pioneros del Nuevo Black Metal noruego (nombre que cogieron de una canción de
la banda Venom) y liderada por Euronymous, el film se mueve entre el biopic,
los conflictos sociales de una juventud que, tal vez porque lo tienen todo, se
siente desencantada y el terror, como consecuencia del aspecto y filosofía
satanista y fanática de los miembros de la banda, finalmente abocados a una
espiral de violencia en la que pierden las riendas de sus vidas cometiendo
crímenes y delitos execrables.
En Lords of Chaos asistimos a los
primeros ensayos de la banda en un sótano; la llegada del siniestro vocalista
sueco Per Yngve Ohlin (que se hace llamar Dead), un tipo que se cortaba los
brazos con cristales durante los conciertos, que estaba obsesionado con la
muerte y acabó suicidándose de un disparo de escopeta; la irrupción de Varg
Vikernes interpretado por Emory Cohen
y conocido como Count Grishnackh, el hombre orquesta y único componente de la
banda Burzum; la quema de iglesias;
el asesinato de un hombre homosexual a manos de Faust, baterista de la banda Emperor; la feroz competencia entre Euronymous y Vikernes, que va fermentando un
odio desde casi el principio de la relación amistosa y profesional. Y que
concluye en la tragedia final debido a una lucha personal cruel e interesada
por el dominio del black metal (y el Inner Circle, el movimiento de este estilo
musical del cual la banda Mayhem fue fundadora) y su tétrica y brutal leyenda.
La aproximación que hace
Âkerlund a aquellos años en donde en una Noruega rica, tradicional, civilizada
y temerosa de Dios (aunque con una alta tasa de suicidios), el mal y la locura
se va apoderando de unos muchachos amantes de la provocación y la impostura
resulta aún más terrorífica porque el relato nunca impone un discurso didáctico
ni moral, y el director sólo se limita a levantar acta sobre unos hechos reales
tal y como sucedieron sin fundir el clímax con ninguna moraleja. Deberán ser los espectadores los llamados a
reflexionar sobre cómo unos niños pijos sin ninguna carencia y con mucho tiempo
libre, llegaron a realizar una serie de acciones delictivas y tan macabras. La
lucha de egos entre Oistein Aarseth/Euronymous y Varg Vikernes/Count Grishnackh
por alcanzar el éxtasis de la popularidad es lo más interesante de un film que
provocará repulsa y una mórbida fascinación.
Liado con series televisivas como Matador o Abierto hasta el amanecer, el último largometraje que vi de Robert Rodríguez fue Sin
City: Una dama por la que matar (2014) que codirigida por Frank Miller
me gustó mucho más que a la crítica oficialista que la tildó poco menos de
bodrio. Por el contrario es un film que gana bastante en un segundo visionado.
Tras firmar un par de cortos, el director texmex nos presenta ahora Alita,
ángel de combate, que adaptando la novela gráfica de Yukito Kishiro
parte de un guión en el que ha intervenido el propio director junto a James Cameron y Laeta Kalogridis, y que
se impone como un remake del anime de 1993.
Alita
(Rosa Salazar) se despierta sin recordar quién es en un mundo futuro que no
reconoce. Ido (Christoph Waltz) es
un cirujano de robots que la ha recogido de un desguace y se da cuenta de que
en alguna parte ese Cyborg abandonado y con cara de niña se encuentra el
corazón de una joven con un pasado extraordinario. Mientras Alita toma las
riendas de su propia vida y parece adaptarse a las peligrosas calles de Iron
City, Ido tratará de protegerla de su propio pasado, mientras que su nuevo
amigo, Hugo (Keenan Jhonson) se
ofrecerá a ayudarla a desenterrar sus recuerdos. Cuando las fuerzas corruptas
que manejan la ciudad comienzan a perseguir a Alita, ella descubre una pista
crucial sobre su pasado: posee habilidades de combate únicas que los que están
en el poder quieren controlar a toda costa. Sólo manteniéndose fuera de su
alcance, podrá salvar a sus amigos, a su familia y el mundo que ha aprendido a
amar.
Me encuentro en
condiciones de afirmar que esta adaptación de la clásica novela gráfica creada
por Kishiro entre 1991 y 1995 con el título original de GUNNM era la soñada por
fans que como yo aprecian la mano de James Cameron en el patrón creado por
Rodríguez. Con unos atractivos
escenarios urbanos de ciudades herrumbrosas en un futuro distópico y el frío
tono cyberpunk tan de moda en los 80 y 90, la función luce un primoroso diseño
de producción, y si el visionado es en 3-D, podemos apreciar unos exuberantes efectos
digitales que nos hacen recordar los recursos tecnológicos utilizados en Avatar por Cameron. Pero también está
muy presenteel estilo y la dinámica de
la acción que Rodríguez empleó en Sin
City, con la exultante modificación por ordenador de los personajes reales.
Esto en cuanto al apartado técnico de una película que luce según los 200
millones invertidos en una producción de acción y ciencia ficción que mira por
el retrovisor, como casi todo el cine y la literatura posterior, a Blade
Runner.
Con el protagonismo de Rosa Salazar dando
vida en captura de movimiento a Alita (y buenos intérpretes secundarios como
Jennifer Connelly y Mahershala Ali), una guerrera cyborg con cuerpo robótico y
cerebro humano, el film fusiona con virtuosismo la frialdad metálica con el
calor humano para narrar una historia de supervivencia condimentada por una
explosiva y vertiginosa coreografía de la acción (peleas cuerpo a cuerpo,
persecuciones, frenéticas carreras de Motorball) y una gran imaginería visual,
cierto tono épico y romántico y un ritmo que en ningún momento decae. Alita,
ángel de combate se eleva como un artefacto creado con mimo y el
disfrute evasivo del espectador sin apenas mensajes o discursos didácticos, más
allá de la compleja relación sentimental de Alita con Hugo o la difusa
reflexión sobre la violencia y la diferencia de clases entre la gente que vive
en Iron City y la soñada ciudad colgante de Salem. Christoph Waltz da vida de
manera sentida y tierna al doctor que cuida y protege a Alita, convirtiéndose
en un aliciente exponencial de la película. Estamos ante una película
entretenida y muy bien realizada, sin pretensiones metafísicas pero de una
brillantez visual, formal en incluso conceptual en su vertiente cibernética.