sábado, 24 de noviembre de 2018

NIKKI LEIGH, MODELO Y ACTRIZ



   Recuerdo bien cuando Nikki Leigh (Cypress, California, 13 de septiembre de 1988) fue elegida Playmate del mes de mayo en el año 2012. Lo recuerdo porque a partir de entonces ha tenido una larga carrera en el campo de las series de televisión y con menos recorrido en el cine. Ella asistió a la Universidad de Fullerton en California, donde se graduó en sociología. Si nos remontamos al inicio de la carrera de Nikki, nos encontramos que comenzó en el programa de televisión Sirius XM y en otros programas de internet entrevistando a personalidades deportivas.

    
  Sus trabajos van desde el posado para distintas publicaciones, apariciones en videoclips y apariciones en distintas series de televisión como Matador (Robert Rodríguez, 2014) o en telefilms como The Midwife´s Deception (2018. Sin duda, a la modelo no le faltan ofertas en el campo audiovisual, y algunas colaboraciones han resultado bastante fructíferas a nivel de taquilla, como por ejemplo El gurú de las bodas (Jeremi Garelick, 2015) una comedia que producida por Miramax recaudó 79 millones de dólares partiendo de un presupuesto de 23.    

      
   Nikki Leigh es soltera y no tiene hijos, reside en el sur de California y tiene el cabello rubio natural y los ojos azules. Una belleza como ella encontró un magnífico vehículo para la promoción en redes sociales como Instagram, donde tiene casi un millón de seguidores y 198.000 en Twitter. En sus cuentas nos muestra un fantástico catálogo de fotos con animales (adora a los perros) y de sus viajes. Aquí queda mi recomendación por si os aburrís mucho en vuestro tiempo libre.


viernes, 23 de noviembre de 2018

CRÍTICA: "BURNING" (Lee Chang-Dong, 2018)


Una historia de perdición
BURNINGêêêê
(Lee Chang-Dong, 2018)
    

   Lee Chang-Dong no es de los cineastas coreanos más conocidos por estos lares. Sin embargo, cuenta ya con media docena de largometrajes de una calidad notable. En su nueva película, Premio FIPRESCI en el pasado Festival de Cannes, adapta un relato corto de Haruki Murakami que nos acerca a Jongsu (Yoo Ah In) un joven repartidor que al hacer una entrega se encuentra por casualidad con Haemi (Jun Jung-seo) una chica de su pueblo que era vecina suya y de la cual se enamora. La joven le pide que cuide a su gato durante un viaje a África. A su regreso, Haemi le presenta a Ben (Yeun Steven) un joven misterioso y rico que conoció allí. Un día, Ben le revela un pasatiempo muy extraño y poco después, Haemi desaparece.


    Burning es la historia de una obsesión y al mismo tiempo un relato sobre el fracaso personal y la perdición. La minimalista trama avanza de un modo sinuoso, silencioso y a veces contemplativo en la presentación de unos personajes diametralmente opuestos tanto en el carácter como en su situación social en el entorno. Por un lado tenemos a Jongsu, que tiene aspiraciones de escritor, trabaja en lo que puede y se encarga de la casa familiar en el pueblo y de una vaca que su padre no puede cuidar porque está detenido a causa de una agresión. Su sensación es de abatimiento, no progresa, no tiene amigos y su profundo amor no es correspondido por Haemi; el sofisticado Ben es todo lo contrario, su tren de vida es elevado, conduce un Porche, visita locales exclusivos, sabe cocinar y su don de gentes hace que tenga muchos amigos. Como cúspide del triángulo tenemos a la hermosa Haemi, preocupada por los niveles de pobreza en África, tan liviana, evanescente y soñadora.


      Poco a poco la atmósfera se va tornando más misteriosa y enrarecida, la tensión se masca cuando Haemi desaparece sin despedirse de nadie. En el desarrollo argumental no hay alteraciones bruscas, pero una calma tensa anticipa la tragedia. Con filamentos de thriller, Burning es mucho más que un drama sobre ricos y pobres o sobre ganadores y perdedores, hay algo insidioso en la personalidad del sibarita, distante y desconcertante Ben, una cínica ambigüedad que causa una incontrolable ansiedad en Jongsu, víctima de un amor volátil, abocado ya a una espiral fatalista que teñirá la gélida luna de sangre. Sobre la nieve queda escrito su fracaso, también el de un mundo que da la espalda a los dramas cotidianos. Hermoso, triste y perturbador relato de tono existencialista. De lo mejor del año.

sábado, 17 de noviembre de 2018

“OVERLORD” (Julius Avery, 2018)


 La esencia del Mal
 OVERLORD  êêê
(Julius Avery, 2018)


   Tuve la oportunidad de ver la ópera prima del director australiano Julius Avery titulada Son of a Gun (2014), un thriller aceptable como artefacto de pura evasión que protagonizado por Ewan McGregor versa sobre un joven que es condenado a prisión por un delito menor y que encuentra allí la protección del criminal más famoso de Australia. Overlord es segunda película pergeñada a raíz de una idea de Billy Ray que también ha colaborado en el guión. La acción nos sitúa en la Segunda Guerra Mundial antes del Día D, cuando un grupo de paracaidistas estadounidenses caen tras las líneas enemigas en Francia para realizar una misión crucial. Pero a medida que se acercan al objetivo, comienzan a darse cuenta de que algo más que una simple operación militar se está gestando en la aldea ocupada por los nazis.


   Producida por J.J. Brams, existe ya una notable filmografía que mezcla el cine de terror y bélico (una de las más famosas es Zombis nazis que dirigió Tommy Wirkola en 2009), pero Overlord  tal vez sea una de las mejores muestras de este subgénero. En un paisaje reconocible de las clásicas películas bélicas, la trama que poco a poco se va bifurcando hacia los oscuros dominios donde tiene lugar un festival de horror. El que se deriva de los experimentos nazis en la búsqueda del inmortal supersoldado. Como si de una versión terrorífica de Malditos bastardos se tratara, la misión del grupo de soldados de derribar una torre de control que los nazis han situado en la iglesia de un pueblo francés, se impone como la excusa para sumergirnos en su espeluznante sótano del terror, epicentro de las más crueles aberraciones, en donde un émulo del Dr. Josef Mengele (el ángel de la muerte de Auschwitz) se eleva como icono imperecedero del Mal que destila la esencia pura del nazismo. 


   Con buenas interpretaciones de todo el reparto (especial mención para Wyatt Russell, hijo de Kurt Russell y Goldie Hawn, y del afroamericano Jovan Adepo), el film se abre con una escalofriante escena en la que el avión que transporta a los paracaidistas es atacado por las baterías antiaéreas alemanas siendo agujereado como un queso emmental, secuencia que nos muestra el nervio de Avery para para planificar la acción y crear una tensión dolorosa. Aunque la función por momentos desprenda un tufillo de exaltación patriotera, los aficionados al género saludamos este estreno con gran júbilo.