miércoles, 22 de agosto de 2018

MANJA DOBRILOVIC, LA LOZANA ESLOVENA



   La modelo de glamour eslovena Manja Dobrolovic (Celje, 11 de noviembre de 1992) fue elegida Playmate en la edición de la revista Playboy del mes de septiembre de 2013. Con una estatura de 1`73 m y 57 kg de peso, presume de tenerlo todo natural pues su hermoso cuerpo no esconde trampas ni cartón. 


   Tiene el cabello castaño, los ojos de color caramelo y con una mirada chispeante y una sonrisa pícara confiesa que nunca ha tenido miedo de ser ella misma, aunque eso sí, cree que lo de ser modelo  es algo transitorio, pues lo que realmente le gustaría es convertirse en una mujer de negocios y viajar por el mundo.

    
   Como no tiene pudor en decir lo que le gusta o a quién ama, cuenta que sus pasiones son la buena comida, el vino blanco dulce y los momentos románticos en ropa interior sexy. Cuando se le pregunta por las cosas sin las que no podría vivir, Manja nos da una respuesta muy estereotipada: “Amor, felicidad y salud”, se supone que el dinero va incluido en la felicidad. En cualquier caso, es algo que firmaría cualquiera. La bella eslovena cree que todo sucede por una razón, por eso, a sus 26 años, sólo espera que la vida le regale la mejor de las suertes.

   
   En una sociedad como la actual, tan ñoña, gazmoña y retrógrada, unos tiempos en verdad siniestros en los que son más admisibles la exposición pública de la violencia y el odio que la naturalidad de los cuerpos desnudos de las personas, Manja es como una brisa fresca que nos invita a reflexionar sobre el modelo de sociedad que estamos creando y el sórdido futuro que les espera a las nuevas generaciones. Piensa, como yo, que lo mejor de la vida están en las cosas sencillas y bellas… y en las mujeres como Manja.



jueves, 16 de agosto de 2018

"MEGALODÓN" (Jon Turteltaub, 2018)


  
   Al director Jon Turteltaub no se le conoce ninguna película notable. Especialista en films comerciales como Phenomenon (1996), La búsqueda (2004) o El aprendiz de brujo (2010) jamás ha superado el aprobado raso. Así, costaba creer que lo lograra con esta muestra de cine hiperbólico, un film dominguero muy influenciado por el clásico de Steven Spielberg.


     Cuando un sumergible se avería en pleno fondo de Las Marianas, en donde un grupo de investigadores se encuentra en labores de vigilancia submarina, estos se topan con el descubrimiento de sus vidas cuando una gigantesca criatura les ataca. El oceanógrafo Zhang (Winston Chao) y su hija Suyin (Li Bingbing) deciden, a pesar de las reticencias, contratar a al especialista en rescate en aguas profundas Jonas Taylor (Jason Statham) quien tendrá como misión salvar al equipo atrapado y vencer a la amenaza imparable que oculta el océano: un mortífero tiburón prehistórico de 23 metros, antecesor, del tiburón blanco, conocido como Megalodón, una especie que se creía extinguida.

    
   A Megalodón se le notan las costuras de producto fast-food de consumo rápido. La función sale malparada con su referente más claro, Tiburón (Steven Spielberg, 1975) pero es que además, por su condición de blockbuster para todos los públicos, Turteltaub y su equipo nos muestran unos ataques del escualo tan poco encarnizados que las escasas secuencias de acción pierden su carácter amenazador y la tensión decae hasta límites infantiles. Así, el director olvidándose de que una premisa que parte del hallazgo de un enorme tiburón que desapareció hace dos millones de años debe ser lo más terrible y sangriento en su acecho y ataques, nos muestra secuencias tan irrisorias como la de la incursión y ataque del tiburón a una playa atestada de bañistas, mal planificada y nada espectacular. Supongo que Hollywood no deja de mirar ya al mercado chino y el negocio debe ser lo único que importa: porque no importan los personajes (el espectador no siente nada por ninguna muerte); no importan los inanes diálogos; y no importa la historia, un apestoso refrito de otras películas de este subgénero. Un fiasco.


jueves, 9 de agosto de 2018

NINA DANIELE, LA POETISA DE PLAYBOY

    

   La modelo estadounidense Nina Daniele (Nueva York, 27 de diciembre de 1988) no responde al estereotipo frívolo que equivocadamente se tiene de las modelos, pues estudió escritura creativa en la universidad y obtuvo una titulación en poesía. Pero fue su aparición en la revista masculina Playboy en abril de 2017 lo que enseguida que su número de seguidores en Instagram aumentase de forma masiva. Si echamos un vistazo a su cuenta veremos que tiene casi 250.000 fieles seguidores.


    Elegida Playmate de ese mes junto a la también modelo Camille Rowe, lo mejor estaba por llegar cuando fue nombrada Playmate del Año 2018, la primera tras la muerte del fundador de PlayBoy Hugh Hefner. Ella cuenta que fue su amor por la escritura lo que la ayudó a terminar la escuela, es decir, gracias a su habilidad para plasmar sus pensamientos en un papel. Confiesa que descubrió el amor por los posados gracias a su pasión por la moda y la fotografía.


   Pero en realidad, antes de que se decidiera por la carrera de modelo en 2011, lo que tenía en mente era unirse a la Fuerza Aérea tras su graduación. Fue su novio, el modelo Jhanelle Castillo, quien la convenció  para que dedicase sus esfuerzos al mundo del modelaje. Ahora se lo alegra porque no sabe cuánto hubiera durado sometida a esa disciplina.


   Amante de los animales, siempre ha tenido gatos y perros, y cuenta que uno de sus sueños es construir una especie de santuario para gatos y perros para que vivan los últimos años de sus vidas sin jaulas, dolor y abandono. Nacida y criada en el Bronx neoyorquino, Nina es un encanto de risa contagiosa que tiene una idea muy particular de la sensualidad: “Es todo lo que tú proyectas, el conocimiento puede ser muy atractivo, ya se trate de un talento natural, la forma en la que hablas y te manejas o todo lo que proviene de la vida y la experiencia. Todo estas cosas me resultan sexys”. Amén.