jueves, 9 de agosto de 2018

NINA DANIELE, LA POETISA DE PLAYBOY

    

   La modelo estadounidense Nina Daniele (Nueva York, 27 de diciembre de 1988) no responde al estereotipo frívolo que equivocadamente se tiene de las modelos, pues estudió escritura creativa en la universidad y obtuvo una titulación en poesía. Pero fue su aparición en la revista masculina Playboy en abril de 2017 lo que enseguida que su número de seguidores en Instagram aumentase de forma masiva. Si echamos un vistazo a su cuenta veremos que tiene casi 250.000 fieles seguidores.


    Elegida Playmate de ese mes junto a la también modelo Camille Rowe, lo mejor estaba por llegar cuando fue nombrada Playmate del Año 2018, la primera tras la muerte del fundador de PlayBoy Hugh Hefner. Ella cuenta que fue su amor por la escritura lo que la ayudó a terminar la escuela, es decir, gracias a su habilidad para plasmar sus pensamientos en un papel. Confiesa que descubrió el amor por los posados gracias a su pasión por la moda y la fotografía.


   Pero en realidad, antes de que se decidiera por la carrera de modelo en 2011, lo que tenía en mente era unirse a la Fuerza Aérea tras su graduación. Fue su novio, el modelo Jhanelle Castillo, quien la convenció  para que dedicase sus esfuerzos al mundo del modelaje. Ahora se lo alegra porque no sabe cuánto hubiera durado sometida a esa disciplina.


   Amante de los animales, siempre ha tenido gatos y perros, y cuenta que uno de sus sueños es construir una especie de santuario para gatos y perros para que vivan los últimos años de sus vidas sin jaulas, dolor y abandono. Nacida y criada en el Bronx neoyorquino, Nina es un encanto de risa contagiosa que tiene una idea muy particular de la sensualidad: “Es todo lo que tú proyectas, el conocimiento puede ser muy atractivo, ya se trate de un talento natural, la forma en la que hablas y te manejas o todo lo que proviene de la vida y la experiencia. Todo estas cosas me resultan sexys”. Amén.

lunes, 6 de agosto de 2018

CRÍTICA: "MISIÓN IMPOSIBLE: FALLOUT" (Antoine Fuqua, 2018)


La mejor entrega de la franquicia
MISIÓN IMPOSIBLE: FALLOUTêêêê
DIRECTOR: CHISTOPHER MACQUARRIE.
INTÉRPRETES: TOM CRUISE, REBECCA FERGUSON, HENRY CAVILL, SIMON PEGG, VING RHAMES, MICHELLE MONAGHAN.
GÉNERO: ACCIÓN / EE.UU. / 2018 / DURACIÓN: 147 MINUTOS.


    Lo mejor del debut de Christopher McQuarrie hace 18 años con Secuestro infernal (2000) fue precisamente el trabajo con la cámara. Aquel aceptable y primer trabajo nos dio a conocer a un director que pasada más de una década iba a iniciar una fructífera colaboración al lado de Tom Cruise que comenzó con Jack Reacher (2012) film de acción y espionaje que adapta la novela de Lee Child. Contento con su trabajo en esa primera colaboración juntos, Cruise le llama para que se sitúe detrás de la cámara en Misión imposible: Nación secreta (2015) que aunque no es desdeñable no está a la altura de esta Misión imposible: Fallout, sin duda la mejor entrega de la franquicia que inició Brian De Palma en 1996.

   
   Como sabrán mis lectores, todo comenzó con la serie de televisión homónima creada por Bruce Geller y que se emitió desde 1966 hasta 1973 convirtiéndose en todo un clásico que alojó en la memoria colectiva de manera indeleble la música de Lalo Schifrin. En Misión imposible: Fallout, sexta entrega de la saga, nos volvemos a encontrar con Ethan Hunt (Cruise) agente de operaciones de campo para el IMF, una agencia de élite de espionaje que se encarga de llevar a cabo peligrosas y sensibles misiones internacionales consideradas como “imposibles”. 

    Con un incremento de la tensión en el mundo, la CIA, tras perder un cargamento de plutonio, toma cartas en el asunto para recuperar este peligroso material y manda a uno de sus mejores agentes, August Walker (Henry Cavill) aunque el equipo de Hunt desconfía de él, pero la seguridad mundial depende del éxito de esa misión y sólo una persona puede completarla.

  
   Si no consideramos Mad Max: Furia en la carretera como un film puro de acción (yo sí lo hago), Misión imposible: Fallout se impone como la mejor película de acción en lo que va de siglo. Lo es porque rindiendo tributo a la fuente catódica de donde procede originariamente, McQuarrie evita saturarla de efectos visuales que siempre dan brillo a la inverosímiles secuencias de acción (para las que Cruise no utiliza dobles) y que ponen en entredicho cualquier ley de la física o la gravedad, también porque toda la función está imbuida de un vértigo alucinante, de una fiebre que te invita a caminar constantemente suspendido en el vacío. Lo de menos, una vez más, es el MacGuffin, ese maletín de plutonio sustraído por un error propio que Hunt y su equipo tendrán que enmendar. Lo que verdaderamente importa es conducir cada etapa de la peligrosa misión por un cauce de emociones; sentimentales, con Hunt debatiéndose entre el recuerdo de su esposa, Michelle Monaghan, y la siempre escurridiza Rebecca Ferguson; de amistad, inquebrantable hacia su fiel equipo; y épica y heroica, con la entrega absoluta del protagonista para salvar a la humanidad de la catástrofe.

    
  En Misión imposible: Fallout hay ritmo, alta tensión, romanticismo y unos escenarios tan atmosféricos como fascinantes. McQuarrie y su equipo nos ofrecen una lección magistral de cómo rodar secuencias sumamente arriesgadas con motos, coches y helicópteros convirtiendo cada persecución en un chute de adrenalina. Por supuesto, a Tom Cruise se le van notando ya los años (56), pero es ahora en plena madurez cuando está dotando al personaje de mayor profundidad psicológica y de una atractiva naturalidad, desplegando todo un magnífico abanico de recursos interpretativos. La franquicia toma impulso por el empeño del actor, y aunque tal vez ahora el cálculo de la acción y su vertiginoso in crescendo esté más milimétricamente estudiado con la intención de mantener al espectador más joven pegado a la butaca, es la figura trágica del héroe la que se impone con una personalidad desbordante dejándonos vislumbrar sus debilidades humanas y su incansable lucha contra el mal en sus nuevas formas. Un musculoso espectáculo.

viernes, 3 de agosto de 2018

CRÍTICA: "EL MEJOR VERANO DE MI VIDA" (Dani de la Orden, 2018)



Otra comedia que no pasará a la historia
EL MEJOR VERANO DE MI VIDAêê


     Tras el díptico costumbrista formado por Barcelona, noche de verano (2013) y Barcelona, noche de invierno (2015), Dani de la Torre dirigió El pregón (2016) una fallida comedia rural protagonizada por los inefables Berto Romero y Andreu Buenafuente. La cosa en cuanto a inspiración artística no ha mejorado mucho desde entonces, como se puede comprobar en su nueva criatura titulada El mejor verano de mi vida, remake del film italiano inédito en nuestro país Sole a catinelle (Gennaro Nunziante, 2013)

     
   Veamos: Curro (Leo Harlem) es un fantasioso vendedor de robots de cocina que sueña con introducirse  en el mundo de las finanzas. En plena crisis de pareja y con importantes deudas, hace una promesa que no puede cumplir: si su hijo Nico (Alejandro Serrano) saca sobresaliente en todas las asignaturas, le llevará a unas vacaciones de verano inolvidables. El niño lo consigue y padre e hijo emprenden un viaje que les llevará a conocer gente y vivir situaciones que jamás hubieran imaginado.

    
   Estamos ante una comedia fuera de época (de siglo) que como muy bien ha apuntado alguien no dista mucho de las protagonizadas por Paco Martínez Soria en los años 60. En realidad, uno es el resultado de cómo le han tratado, del entorno familiar y social que le ha tocado en suerte. Y al pequeño Nico no le queda más remedio que bandear entre el oleaje de un padre perdedor y soñador que vive de falsas ilusiones sin pegar un palo al agua, y una madre convertida en activista sindical por necesidad para defender su puesto de trabajo en una fábrica textil que sus dueños quieren cerrar. El prometido viaje de padre e hijo se realizará con un coche que tienen que arrancar a empujones, pero ese iniciático viaje veraniego servirá para que conozcan  a una serie de personajes que finalmente cambiará la vida de los protagonistas y sus destinos. El mejor verano de mi vida habla de las ambiciones, del azar y la importancia de estar unidos para superar cualquier crisis. Un Leo Harlem omnipresente con su típica verborrea es lo más destacable de un film simple pero con buenas intenciones que apela al sentido profundo de las tradiciones.