miércoles, 18 de julio de 2018

“LA PRIMERA PURGA: LA NOCHE DE LAS BESTIAS” (Gerard McMurray, 2018)


LA PRIMERA PURGA: LA NOCHE DE LAS BESTIAS  êê


    Precuela de la trilogía compuesta por The Purge: La noche de las bestias (2013), Anarchy: La noche de la bestias (2014) y Election: La noche de las bestias, todas dirigidas por James DeMonaco, que ahora le pasa el testigo a Gerard McMurray. La trama nos cuenta cómo para mantener la tasa de criminalidad por debajo del 1%, los Nuevos Padres Fundadores de América ponen a prueba una teoría sociológica que da rienda suelta a todo tipo de agresividad durante una noche en una comunidad aislada. Pero cuando la violencia de los opresores se encuentra con la ira de los marginados, el vandalismo explotará más allá de las fronteras “experimentales” para extenderse por todo el país. Detrás de toda tradición, hay una revolución. Así descubrimos cómo toda una nación entera abrazó una brutal celebración anual: 12 horas de impunidad criminal sin límites.

    
  Segundo largometraje del director McMurray que debutó el pasado año con la producción Netflix Código de silencio, película que centra su acción en el mundo de los aspirantes a entrar en las fraternidades universitarias. La primera purga: La noche de las bestias contiene un exceso de verborrea huera y menos acción sádica que las anteriores entregas de la franquicia, pero es que además cuenta con una burda puesta en escena y un guión rebosante de clichés. Como siempre, estamos en un futuro distópico en donde la rapiña y falta de escrúpulos del hipercapitalismo salvaje ha colapsado los Estados Unidos, aumentando las desigualdades sociales.


   De ese caldo de cultivo nace La Purga, en donde una noche al año están permitidas todo tipo de bestialidades. Aquí la denuncia a la era post Trump es más que evidente, con ese barrio insular y marginal de mayoría afroamericana llamado Staten Island, que queda cerrado para que sus habitantes, de una clase social pobre, liberen sus más bajos instintos. La película aporta poca novedad con respecto a lo ya visto: un nuevo partido ha desplazado a Republicanos y Demócratas, la irrupción de grupos supremacistas y que los personajes son en su mayoría afroamericanos y latinos que quieren desatar su ira por la falta de empleo, oportunidades y la visión de un futuro de color hormiga. En fin, un nada sutil homenaje al blaxploitation de los 70.

EL RASCACIELOS" (Rawson Marshall Thurber, 2018)


EL RASCACIELOSê


     Con un póster que parece homenajear a La jungla de cristal y un argumento mezcla de la citada película y El coloso en llamas, este artefacto dirigido por el mediocre Rawson Marshall Thurber nos narra cómo Will Sawyer (Dwayne “The .Rock” Johnson), antiguo líder del Equipo de Rescate de Rehenes del FBI y veterano de guerra del ejército de los Estados Unidos, tras perder una pierna en acto de servicio, se encarga ahora de evaluar la seguridad de los rascacielos. Tras un viaje a China, se ve incriminado en el incendio del edificio más alto y seguro del mundo. Perseguido y la fuga, Will deberá encontrar a los que le han tendido la trampa, limpiar su nombre y rescatar a su familia atrapada en el interior del rascacielos en llamas


     Dwayne Johnson, el action hero de moda, no es Bruce Willis ni mucho menos Steve McQueen ni Paul Newman, está muy lejos de la socarronería hiriente del primero y de las dotes interpretativas de los otros dos, pero ahí le tenemos entre los actores mejor pagados de Hollywood protagonizando siempre pestiños como el que nos ocupa, lo que dice mucho del nivel cultural de la aldea global. The Rock aporta músculos, pero sus recursos dramáticos  son tan limitados que sólo le ofrecen trabajos con diálogos parcos y simplones ajustados a su mínima expresión. El rascacielos, tan poco original como su título, cuenta con un argumento torpe y los escasos momentos de humor vienen a cuento de la pierna ortopédica multiusos que lleva el protagonista. Nadie se cree su matrimonio con una Neve Campbell muy operada, y uno acaba aburrido de las peleas cuerpo a cuerpo y los efectos visuales que dejan a los personajes colgando en el vacío. Pirotecnia, fuego, destrucción y algún chiste malo es todo el inventario de un film cansino que reta de manera ridícula todas las leyes de la física. Lo peor es que da la impresión de que sus responsables se toman en serio la tontería.


sábado, 14 de julio de 2018

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “9 SONGS” (Michael Winterbottom, 2004)


     
    En el año 2004 el británico Michael Winterbottom nos sorprendió con esta tórrida historia que fusiona el drama, el musical, el romance y el erotismo para plasmar en imágenes la magnífica novela “Plataforma” de mi admirado escritor francés Michel Houellebecq. El resultado es un irregular relato que nos presenta a Lisa (Margo Stilley) una estudiante estadounidense que está pasando un año en Londres. Matt (Kieran O`Brien) la conoce en un concierto de Black Rebels Motorcycle en Brixton Academy y se enamora de ella.


     Su relación sentimental está jalonada de canciones de las bandas a cuyos conciertos asisten: la citada Black Rebel Motorcycle Club, The Von Bondies, Elbow, Primal Scream, The Dandy Warhols, Super Furry Animals, Franz Ferdinand y el omnipresente Michel Nyman. Digamos que el guión (por llamarlo de alguna manera) lo firma el mismo director y que Houellebecq se desentendió del proyecto porque tenía su propia visión cinematográfica para su novela. Así, con una narrativa en forma de flashbacks, la película avanza con Matt cumpliendo su sueño de viajar por la Antártida, recordando su relación amorosa con Lisa y divagando sobre las relaciones humanas.


     Según nos cuentan, los diálogos fueron fluyendo a medida que se filmaban las escenas, de forma espontánea y con la interacción y complicidad del director y la pareja de intérpretes practicando sexo explícito. Durante la narración se suceden cortes abruptos que alternan planos del paisaje helado del continente blanco con planos de conciertos, pero también lo que constituyó la banal rutina de una pareja de amantes, incluida su sexualidad, a la que se la quiere dotar de un clima poético. Con un estilo semidocumental y un precario argumento, Winterbottom trata de alejarse de los estereotipos sexuales del cine para profundizar en una sensibilidad tan bella e intimista como impostada, tal vez por el temor a caer en la obscenidad. El problema de 9 Songs es que es una historia mínima y sus personajes resultan  muy planos y carentes de atractivo, por lo que a uno no le queda más remedio que concentrarse en la música y las hermosas imágenes de la Antártida (que sirve de gélida metáfora para el recuerdo de un ardiente romance), pues el sexo sin ambages de la función no invita ni siquiera al consuelo del onanismo.