sábado, 9 de junio de 2018

RECORDANDO A ANNA NICOLE SMITH



    Todavía no me he recuperado de la pena porque ella fue una de las grandes musas de los 90 y una presencia recurrente para amenizar mis solitarias noches de desvelo. Anna Nicole Smith (28 de diciembre de 1967, Houston, Texas) murió el 8 de febrero de 2007 a los 39 años de edad ahogada en su propio vómito tras haber ingerido una sobredosis de metadona y otras sustancias en su habitación del hotel y casino Seminole Hard Rock Café en Fort Lauderdale (Florida). Es de imaginar que en su amargo final tuvo mucho que ver dos impactantes y diferentes acontecimientos vividos poco antes de su muerte: el 7 de septiembre de 2006 dio a luz a su hija Dannielynn Birkhead, y cuatro días más tarde encontraron muerto a su hijo Daniel, tras una combinación letal de medicamentos. Tenía 20 años.



   La modelo y actriz estadounidense, conocida por ser una de las más célebres Playmate de la historia de la revista Playboy, fue abandonada por su padre cuando era una niña y fue criada por su madre y su tía. De pequeña, Anna Nicole solía decir que le gustaría ser “la nueva Marilyn Monroe”, algo que no está mal como ambición imposible. Al final de su adolescencia comenzó a trabajar de camarera y otros trabajos mal pagados mientras ejercía de bailarina erótica bajo distintos pseudónimos.


     
    La oportunidad le llegó a los 25 años cuando fue Playmate del mes de marzo de 1992 con el nombre de Vicky Smith, y estaba cantado, se convirtió inmediatamente en una de las mujeres más deseadas de los Estados Unidos y del mundo. De hecho, la firma Guess la eligió para sustituir a Claudia Schiffer para sus campañas publicitarias. Su segunda aparición en la revista masculina tuvo lugar un en mayo del mismo año. Alta (1´80 cm), rubia, con un físico exuberante y exhibiendo un peinado parecido, fue considerada la nueva Marilyn Monroe aunque todos sabíamos que su imagen no perduraría igual en el tiempo. Un año más tarde fue elegida Playmate del año y pasó a ser conocida como Anna Nicole Smith.


     
     Su matrimonio con el magnate del petróleo James Howard Marshall duró muy poco (1994-1995), aunque se cree que ya había contraído matrimonio en 1986 con un compañero de trabajo en una cadena de restaurantes, con el que tuvo el citado hijo que murió de sobredosis en 2006. En el cine, Anna Nicole Smith participó en varias películas absolutamente zarrapastrosas como la secuela Agárrame como puedas 33 1/3: El insulto final (1994), el vomitivo thriller To the Limit (1995), el bodrio de acción titulado Infierno de cristal (1996) o el pestiño de ciencia ficción Illegal Aliens (2007). En el año 2012 se realizó un documental sobre su última película titulado Addicted to Fame (David Giancola). Su trágica muerte, tras un cóctel explosivo de metadona y medicamentos fue un auténtico mazazo para los erotómanos de todo el mundo, que recordamos cómo su cuerpo fue embalsamado y enterrado junto al de su hijo Daniel en Las Bahamas. Sigue descansando en paz, querida Anna Nicole, no sabes cuánto te añoramos.

lunes, 4 de junio de 2018

CRÍTICA: "AMANTE POR UN DÍA" (Philippe Garrel, 2017)


Del amor y otras soledades
AMANTE POR UN DÍAêêêê
DIRECTOR: PHILIPPE GARREL.
INTÉRPRETES: GILLES CARAVACA, LOUISE CHEVILLOTTE, ESTHER GARREL, ARLETTE LANGMANN.
GÉNERO: DRAMA / FRANCIA / 2017 / DURACIÓN: 76 MINUTOS.

  
   "L`amant d`un jour
  

   Queda muy lejos ya el debut del veterano director francés Philippe Garrel con el largometraje Marie pour Mémoire (1967), aunque mi película favorita de este director lleva por título J´entends la guitare (1999), un film sobre la crisis de los cuarenta, la nostalgia del mayo del 68 y las desilusiones de la juventud perdida. Una película que estaba dedicada a Nico, cantante, modelo, actriz alemana que murió en Ibiza con sólo 49 años y fue musa de artistas como Andy Warhol, y mantuvo una relación sentimental con Garrel participando en siete de las veintitrés películas del director inicialmente underground, incluida la que tal vez sea la obra más celebrada del autor, La cicatriz interior (1972).

  
   Amante por un día sigue a Jeanne (Esther Garrel) una joven de 23 años que vuelve a la casa de su padre (Gilles Caravaca) tras sufrir una dolorosa ruptura sentimental. Cuando llega conoce a la pareja de su padre, una chica de su misma edad. Su padre, un profesor maduro de filosofía, se ha enamorado de Arianne (Louise Chevillotte) una sus alumnas. Contra todo pronóstico, las dos jóvenes se hacen amigas apoyándose mutuamente ante las nuevas situaciones de sus vidas.


     Segunda película de Philippe Garrel -uno de los directores más marginales post Nouvelle Vague- estrenada en las salas españolas, Amante por un día cierra la trilogía sobre las infidelidades y los celos iniciada con La jalousie (2013) y continuada con La sombra de las mujeres (2015), un broche magnífico en donde su autor despliega una narrativa más accesible y cercana. Con un guión de Jean-Claude Carrière, una exultante fotografía de Renato Berta y filmada en un imponente blanco y negro, la última criatura de Garrel, un realizador que huele a queso podrido para la taquilla, tiene una textura anacrónica, como si perteneciera a otra época (los años 60), no sólo por su tono visual añejo, pintoresco y nostálgico, también por un argumento que, ahora más que nunca, se detiene en sondear la herida del amor y otras soledades. El amor como meta y anhelo, como abismo ciego y final de trayecto, como adicción y desvelo. Un amor que sufre y goza, se acerca y se aleja, como sombras alargadas en la noche de los boulevares parisinos.


     Y es que el amor adictivo, las infidelidades, los celos y los desengaños siempre han sido elementos recurrentes del cine de Garrel, que cree que en ellos están las claves de la felicidad y la angustia existencial. Amante por un día es una breve y melancólica sinfonía con tres protagonistas y sus circunstancias: un profesor que mantiene una relación sentimental con una alumna (superlativa Louise Chevillotte) que tiene la misma edad que su hija, intentando así recuperar las sensaciones y el aroma de un tiempo varado en los meandros de la memoria; Arianne es su pócima mágica que hace menos lacerante la herida del tiempo y el insatisfactorio tránsito por una vida gris y sin metas que alcanzar. La realidad, sin embargo, es más amarga, porque a Arianne, que goza de una voluble sexualidad, no le gustan las cadenas, ni parece hipnotizada por una vida al lado del veterano profesor.

   
   La pareja tiene ahora que compartir el hogar con la hija de Gilles, Jeanne (Esther Garrel, hija del director) a quien su novio ha puesto de patitas en la calle después de una traumática ruptura. La complicidad entre Arianne y Esther es evidente y comparten confidencias y anhelos. Amante por un día gira en torno a este trío mostrando sus inseguridades, sus dilemas vitales, sus conflictos sentimentales y, sobre todo, el relato actúa como un faro que ilumina la figura magnética y pecosa de Arianne y su deseo irrefrenable. Una fémina que sabe explotar su atractivo, su lozana juventud. Ella es el regalo y la condena, el éxtasis y el veneno, simplemente… el amor.

viernes, 1 de junio de 2018

CRÍTICA: "LOS EXTRAÑOS: CACERÍA NOCTURNA" (Johannes Roberts, 2018)


LOS EXTRAÑOSêê
(Johannes Roberts, 2018)

   
   Rodada con bajo presupuesto, Los Extraños (2008) ópera prima de Bryan Bertino, tiene aún hoy gran predicamento entre los aficionados al terror slasher, un éxito merecido porque a pesar de que la premisa no era muy original (una pareja es acosada por un trío de enmascarados en una casa aislada) la función resultó muy eficaz como análisis de los peregrinos y absurdos resortes del mal y dejó para la posteridad del género esa pregunta que una chica desconocida hace después de llamar a la puerta de la casa de noche: ¿Está Tamara?


   
   En esta secuela titulada Los Extraños: Cacería nocturna, Bryan Bertino sólo oficia de guionista junto a Ben Kentai y la labor de dirección corre a cargo de Johannes Roberts, que ha dirigido recientemente A 47 metros (2017). Veamos: Cindy (Christina Hendricks) y Mike (Martin Henderson) se embarcan en un viaje por carretera y planean pasar una temporada en un camping de autocaravanas antes de dejar a su problemática hija Kinsey (Bailee Madison) en un internado. Pero el viaje se ve interrumpido por la llegada de tres psicópatas enmascarados que atacan y matan sin piedad.

    
   Utilizando la misma fórmula que la original, ahora es una familia la que recibirá la inquietante visita nocturna de una chica preguntando por Tamara y sufriendo el ataque de tres enmascarados. Pero aquel film seminal contaba con la inmarcesible belleza de Liv Tyler, y se la echa de menos porque ella era una de sus máximos alicientes. Una vez presentados los personajes, expuestos sus dilemas familiares y situado el espectador en el ambiente, comienza la cruel carnicería que en esta ocasión abre más su acción a espacios naturales sin que resulte tan claustrofóbica. Una acción que transcurre en un camping de roulotes para que así Roberts se entretenga jugando con los claroscuros y escondrijos de ese peculiar escenario, convertido en una ratonera para las potenciales víctimas y los asesinos.

    
   Salpimentada con temas musicales clásicos de los 80 (“Kids in América” de Kim Wilde, “Total Eclipse of the Hearts” de Bonnie Tyler) que están interconectados con lo que sucede en la pantalla, el film nos muestra, como ocurrió en la primera entrega, unos asesinos que guardan siempre un alarmante mutismo, moviéndose entre las sombras y con el instinto de otros iconos clásicos del slasher (Jason Voorhees, Michael Myers), pero los enmascarado de Los Extraños: Cacería nocturna no alcanzarán ese estatus de mitos, pues esta secuela, además de prescindible, es menos contemplativa que la anterior, en donde estaban bien definidas las pautas de un atroz in crescendo. Aquí el acecho da paso rápidamente una cacería humana que no se detendrá hasta el clímax final, mostrándose demasiadas veces reiterativa, repitiendo trucos y quebrando la perturbadora atmósfera que se impone como lo mejor del film.