La modelo norteamericana
Rachel Mortenson (12 de enero, Coolidge, Arizona) bien conocida por sus
trabajos para marcas como Guess y Fila, tiene un bonito cabello rubio, unos
serenos ojos azules y mide 1´75 m, y sus perfectas medidas (86-62-86) lograron
que agencias californianas como Wihelmina Models y Look Model Agency se fijaran
en ella y le ofrecieron un jugoso rescate.
Esbelta, dinámica y curvilínea, ella
surgió de los inmensos paisajes de Arizona como un espejismo en tierras áridas.
Rachel comenzó su itinerario por el mundo de los posados cuando apareció en los
explosivos calendarios de Hooters, sin embargo, sus infartantes medidas le
ofrecieron la oportunidad de abrirse paso hacia un territorio más profesional.
Pero es que no sólo llama la atención su
impactante cuerpo, también sus profundos y magnéticos ojos azules, que hacen
juego de manera armónica con su adorable cabellera rubia. Es así como Rachel
cautiva a cada fotógrafo que enfoca hacia ella su objetivo, una verdadera bomba
sensual que proyecta un gran erotismo, que por ejemplo, queda patente en la
nueva campaña publicitaria que ha realizado para la firma de lencería Frederick´s
of Hollywood, para la que lleva trabajando desde hace un par de años.
En fin, intención es, como
siempre, presentar a mis seguidores y lectores a esta hermosa modelo que es
para mucha gente una gran desconocida, por si les apetece seguirla en su cuenta
de Instagram y demás redes sociales. Sé que ello sólo les procurará un rosario
de suspiros, pero soñar es tan barato… Mi consejo es “no renuncies a tus
sueños… sigue durmiendo”.
No engañaré a nadie afirmando que Ready
Player One está entre lo más granado de la treintena de películas que
conforman la filmografía de Steven
Spielberg, que se encuentra en un momento de gran efervescencia creativa a
pesar de sus 71 años, pero no cabe duda de que el film tiene cierto interés sin
más aspiraciones ni trascendencia que resultar entretenido… que tampoco es una
tarea que resulte fácil.
Basada en la novela de Ernest Cline, la
historia nos sitúa en el año 2045 y sigue a Wade Watts (Tye Sheridan) un adolescente al que le gusta evadirse
del cada vez más sombrío mundo real a través de una utopía virtual a escala
global llamada “Oasis”. Un día, su excéntrico y multimillonario creador, Halliday (Mark Rylance) muere, pero
antes ofrece su fortuna y el destino de su empresa al ganador de una elaborada
búsqueda del tesoro a travésde los
rincones más inhóspitos de su creación. Con la ayuda de Samantha (Olivia Cooke) será el momento deque Wade se enfrente a jugadores, poderosos
enemigos corporativos y otros competidores despiadados dispuestos a hacer lo
que sea, tanto dentro de Oasis como en el mundo real, para hacerse con el
cotizado premio.
He de confesar que no soy un gran
entusiasta de los videojuegos, y Ready Player One, además de ser un
homenaje multirreferencial a la mitología y cultura (música, cine, cómics) de
los 80, está centrada en un juego virtual que actúa como una droga y un refugio
para huir de una sociedad decadente y herrumbrosa que vive en auténticos
guetos, sin referentes morales y en donde reina la injusticia, la contaminación
y las desigualdades. Así, el relato se centra en un chico que vive con su tía,
solitario y melancólico, su sueño es ganar una carrera virtual a modo de
acertijo y cuyo premio será heredar el imperio del propio creador del invento.
Queda apuntado,
Ready Player One es ante todo una oda
crepuscular al imaginario colectivo de los 80, a la cultura, moda, diseño,
música, cómics, cine y forma de vivir de aquella década: el VHS, el cubo de Rubick, los vídeos musicales del
grupo noruego A-ha (de cuyo vocalista, Morten Harket, es un alter ego el
protagonista), el Comecocos, El Resplandor, Regreso al futuro, Chucky,
el muñeco diabólico… un viaje nostálgico al pasado que también puede
ser entendido como un autohomenaje del director. Una época alegre y creativa
pero también un tiempo frivolidades, en donde a punto estuvo de quedar
enterrado el cine de autor por la apisonadora de los blockbusters (Menahem
Golan y Yoram Globus de la Cannon y Don Simpson) cuya propuesta chusca de cine
de acción superficial e hiperbólico construía una realidad paralela que las
consolas y videojuegos se encargarían de prolongar.
Visualmente,
Ready Player Onees un prodigio, su textura brillante y
vintage y su chillón juego cromático dan lustre a un travesía hacia el futuro
repleta de retrovisores. Spielberg atrapa al espectador con un arranque
enérgico y dinámico, con el protagonista saltando de barraca en barraca por esa
arquitectura imposible a modo de oxidadas favelas. Un primer tramo que
sirve de presentación de unos personajes apenas esbozados (Mark Rylance es el
que sale mejor parado) pero que capta el sentido evanescente de la aventura que
se desarrolla con ese juego infantilmente épico de las tres llaves. El conjunto
carece de profundidad narrativa y sin atisbo de reflexión filosófica más allá
de la retahíla de referencias ya apuntadas, pero la función contiene algunos
momentos sublimes (toda la hipnótica escena tributo a El Resplandor) y muestra
la impresión de que su director se lo ha pasado en grande durante el rodaje. Un
ligero y nada trascendente artefacto.
Tras debutar con esta película, la directora
Susan Streitfeld sólo se ha situado
otra vez detrás de la cámara para rodar Golf in the Kingdom (2010) película
independiente basada en la novela de Michael Murphy que tiene el mundo del golf
como trasfondo. Tan escueta filmografía puede tener su explicación en el
carácter poco comercial de su cine y la mala distribución con que han contado
sus criaturas cinematográficas, siempre englobadas dentro del cine
independiente que, como el film que nos ocupa, tuvo su premiere en el Festival
de Sundance.
Perversiones de una mujer nos
presenta a Eve (Tilda Swinton) una
joven abogada de éxito cuya vida oscila entre su elocuencia y frialdad en el
tribunal y su extrema vulnerabilidad. El punto culminante de su carrera podría
llegar pronto si la nombran jueza, pero su puesto comienza a peligrar cuando su
hermana cleptómana, Maddie (Amy
Madigan) es detenida. Eve viaja para estar a su lado cuando está en la cárcel.
La lucha contra la enfermedad de Maddie provoca conflictos previamente
reprimidos.
Protagonizada por una casi desconocida Tilda Swinton, que cuatro años antes
había sido descubierta en el film de Sally Potter Orlando (1992) magnífica
película basada en la novela de Virginia Woolf, Perversiones de una mujer
toma como eje un extraño y ambiguo personaje, una abogada de prestigio y
bisexual que sufre pesadillas como consecuencia de un trauma infantil. Su
demostrada pericia en los tribunales está a punto de ser reconocida cuando sea
nombrada jueza, pero los problemas llegarán con la irrupción en su vida de su
hermana, amiga de lo ajeno y un tanto desequilibrada.
Perversiones de una mujer es una
película muy caprichosa y en cierto modo arbitraria que pasó sin pena ni gloria
allí por donde fue exhibida (en nuestro país fue directa al mercado del VHS) a
pesar de que estuvo nominada al Gran Premio del Jurado en Sundance. Casi nada tiene mucho sentido en esta
historia en donde las escenas oníricas causan bochorno, y el soso argumento,
siempre oscilante entre la intriga psicológica y el drama erótico, sólo es
digerible en algunos momentos de sádica sexualidad que derivará en una crisis
existencial de la protagonista. Película víctima de su tiempo, una época en
donde graciosamente el erotismo se exprimía como ingrediente para dar sabor a
cualquier salsa. Buenos tiempos si los comparamos con la mojigata y repugnante
época actual.