sábado, 7 de abril de 2018

RACHEL MORTENSON, UN ESPEJISMO EN TIERRAS DE ÁRIDAS



   La modelo norteamericana Rachel Mortenson (12 de enero, Coolidge, Arizona) bien conocida por sus trabajos para marcas como Guess y Fila, tiene un bonito cabello rubio, unos serenos ojos azules y mide 1´75 m, y sus perfectas medidas (86-62-86) lograron que agencias californianas como Wihelmina Models y Look Model Agency se fijaran en ella y le ofrecieron un jugoso rescate.

     
   Esbelta, dinámica y curvilínea, ella surgió de los inmensos paisajes de Arizona como un espejismo en tierras áridas. Rachel comenzó su itinerario por el mundo de los posados cuando apareció en los explosivos calendarios de Hooters, sin embargo, sus infartantes medidas le ofrecieron la oportunidad de abrirse paso hacia un territorio más profesional.

   
   Pero es que no sólo llama la atención su impactante cuerpo, también sus profundos y magnéticos ojos azules, que hacen juego de manera armónica con su adorable cabellera rubia. Es así como Rachel cautiva a cada fotógrafo que enfoca hacia ella su objetivo, una verdadera bomba sensual que proyecta un gran erotismo, que por ejemplo, queda patente en la nueva campaña publicitaria que ha realizado para la firma de lencería Frederick´s of Hollywood, para la que lleva trabajando desde hace un par de años.


En fin, intención es, como siempre, presentar a mis seguidores y lectores a esta hermosa modelo que es para mucha gente una gran desconocida, por si les apetece seguirla en su cuenta de Instagram y demás redes sociales. Sé que ello sólo les procurará un rosario de suspiros, pero soñar es tan barato… Mi consejo es “no renuncies a tus sueños… sigue durmiendo”.

viernes, 6 de abril de 2018

CRÍTICA: "READY PLAYER ONE" (Steven Spielberg, 2018)


Viaje al futuro con la mochila de los 80
READY PLAYER ONEêêê
DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG.
INTÉRPRETES: TYE SHERIDAN, OLIVIA COOKE, MARK RYLANCE, SIMON PEGG, T. J. MILLER.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EE. UU. / 2018 / DURACIÓN: 140 MINUTOS.


     
   No engañaré a nadie afirmando que Ready Player One está entre lo más granado de la treintena de películas que conforman la filmografía de Steven Spielberg, que se encuentra en un momento de gran efervescencia creativa a pesar de sus 71 años, pero no cabe duda de que el film tiene cierto interés sin más aspiraciones ni trascendencia que resultar entretenido… que tampoco es una tarea que resulte fácil.
     
     
    Basada en la novela de Ernest Cline, la historia nos sitúa en el año 2045 y sigue a Wade Watts (Tye Sheridan) un adolescente al que le gusta evadirse del cada vez más sombrío mundo real a través de una utopía virtual a escala global llamada “Oasis”. Un día, su excéntrico y multimillonario creador, Halliday (Mark Rylance) muere, pero antes ofrece su fortuna y el destino de su empresa al ganador de una elaborada búsqueda del tesoro a través  de los rincones más inhóspitos de su creación. Con la ayuda de Samantha (Olivia Cooke) será el momento de  que Wade se enfrente a jugadores, poderosos enemigos corporativos y otros competidores despiadados dispuestos a hacer lo que sea, tanto dentro de Oasis como en el mundo real, para hacerse con el cotizado premio.


     He de confesar que no soy un gran entusiasta de los videojuegos, y Ready Player One, además de ser un homenaje multirreferencial a la mitología y cultura (música, cine, cómics) de los 80, está centrada en un juego virtual que actúa como una droga y un refugio para huir de una sociedad decadente y herrumbrosa que vive en auténticos guetos, sin referentes morales y en donde reina la injusticia, la contaminación y las desigualdades. Así, el relato se centra en un chico que vive con su tía, solitario y melancólico, su sueño es ganar una carrera virtual a modo de acertijo y cuyo premio será heredar el imperio del propio creador del invento.


      Queda apuntado, Ready Player One es ante todo una oda crepuscular al imaginario colectivo de los 80, a la cultura, moda, diseño, música, cómics, cine y forma de vivir de aquella década: el VHS, el cubo de Rubick, los vídeos musicales del grupo noruego A-ha (de cuyo vocalista, Morten Harket, es un alter ego el protagonista), el Comecocos, El Resplandor, Regreso al futuro, Chucky, el muñeco diabólico… un viaje nostálgico al pasado que también puede ser entendido como un autohomenaje del director. Una época alegre y creativa pero también un tiempo frivolidades, en donde a punto estuvo de quedar enterrado el cine de autor por la apisonadora de los blockbusters (Menahem Golan y Yoram Globus de la Cannon y Don Simpson) cuya propuesta chusca de cine de acción superficial e hiperbólico construía una realidad paralela que las consolas y videojuegos se encargarían de prolongar.

   
    Visualmente, Ready Player One  es un prodigio, su textura brillante y vintage y su chillón juego cromático dan lustre a un travesía hacia el futuro repleta de retrovisores. Spielberg atrapa al espectador con un arranque enérgico y dinámico, con el protagonista saltando de barraca en barraca por esa arquitectura imposible a modo de oxidadas favelas. Un primer tramo que sirve de presentación de unos personajes apenas esbozados (Mark Rylance es el que sale mejor parado) pero que capta el sentido evanescente de la aventura que se desarrolla con ese juego infantilmente épico de las tres llaves. El conjunto carece de profundidad narrativa y sin atisbo de reflexión filosófica más allá de la retahíla de referencias ya apuntadas, pero la función contiene algunos momentos sublimes (toda la hipnótica escena tributo a El Resplandor) y muestra la impresión de que su director se lo ha pasado en grande durante el rodaje. Un ligero y nada trascendente artefacto.

martes, 3 de abril de 2018

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “PERVERSIONES DE UNA MUJER” (Susan Streitfeld, 1996)



   Tras debutar con esta película, la directora Susan Streitfeld sólo se ha situado otra vez detrás de la cámara para rodar Golf in the Kingdom (2010) película independiente basada en la novela de Michael Murphy que tiene el mundo del golf como trasfondo. Tan escueta filmografía puede tener su explicación en el carácter poco comercial de su cine y la mala distribución con que han contado sus criaturas cinematográficas, siempre englobadas dentro del cine independiente que, como el film que nos ocupa, tuvo su premiere en el Festival de Sundance.


   Perversiones de una mujer nos presenta a Eve (Tilda Swinton) una joven abogada de éxito cuya vida oscila entre su elocuencia y frialdad en el tribunal y su extrema vulnerabilidad. El punto culminante de su carrera podría llegar pronto si la nombran jueza, pero su puesto comienza a peligrar cuando su hermana cleptómana, Maddie (Amy Madigan) es detenida. Eve viaja para estar a su lado cuando está en la cárcel. La lucha contra la enfermedad de Maddie provoca conflictos previamente reprimidos.

   
    Protagonizada por una casi desconocida Tilda Swinton, que cuatro años antes había sido descubierta en el film de Sally Potter Orlando (1992) magnífica película basada en la novela de Virginia Woolf, Perversiones de una mujer toma como eje un extraño y ambiguo personaje, una abogada de prestigio y bisexual que sufre pesadillas como consecuencia de un trauma infantil. Su demostrada pericia en los tribunales está a punto de ser reconocida cuando sea nombrada jueza, pero los problemas llegarán con la irrupción en su vida de su hermana, amiga de lo ajeno y un tanto desequilibrada.


  Perversiones de una mujer es una película muy caprichosa y en cierto modo arbitraria que pasó sin pena ni gloria allí por donde fue exhibida (en nuestro país fue directa al mercado del VHS) a pesar de que estuvo nominada al Gran Premio del Jurado en Sundance. Casi nada tiene mucho sentido en esta historia en donde las escenas oníricas causan bochorno, y el soso argumento, siempre oscilante entre la intriga psicológica y el drama erótico, sólo es digerible en algunos momentos de sádica sexualidad que derivará en una crisis existencial de la protagonista. Película víctima de su tiempo, una época en donde graciosamente el erotismo se exprimía como ingrediente para dar sabor a cualquier salsa. Buenos tiempos si los comparamos con la mojigata y repugnante época actual.