viernes, 6 de abril de 2018

CRÍTICA: "READY PLAYER ONE" (Steven Spielberg, 2018)


Viaje al futuro con la mochila de los 80
READY PLAYER ONEêêê
DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG.
INTÉRPRETES: TYE SHERIDAN, OLIVIA COOKE, MARK RYLANCE, SIMON PEGG, T. J. MILLER.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EE. UU. / 2018 / DURACIÓN: 140 MINUTOS.


     
   No engañaré a nadie afirmando que Ready Player One está entre lo más granado de la treintena de películas que conforman la filmografía de Steven Spielberg, que se encuentra en un momento de gran efervescencia creativa a pesar de sus 71 años, pero no cabe duda de que el film tiene cierto interés sin más aspiraciones ni trascendencia que resultar entretenido… que tampoco es una tarea que resulte fácil.
     
     
    Basada en la novela de Ernest Cline, la historia nos sitúa en el año 2045 y sigue a Wade Watts (Tye Sheridan) un adolescente al que le gusta evadirse del cada vez más sombrío mundo real a través de una utopía virtual a escala global llamada “Oasis”. Un día, su excéntrico y multimillonario creador, Halliday (Mark Rylance) muere, pero antes ofrece su fortuna y el destino de su empresa al ganador de una elaborada búsqueda del tesoro a través  de los rincones más inhóspitos de su creación. Con la ayuda de Samantha (Olivia Cooke) será el momento de  que Wade se enfrente a jugadores, poderosos enemigos corporativos y otros competidores despiadados dispuestos a hacer lo que sea, tanto dentro de Oasis como en el mundo real, para hacerse con el cotizado premio.


     He de confesar que no soy un gran entusiasta de los videojuegos, y Ready Player One, además de ser un homenaje multirreferencial a la mitología y cultura (música, cine, cómics) de los 80, está centrada en un juego virtual que actúa como una droga y un refugio para huir de una sociedad decadente y herrumbrosa que vive en auténticos guetos, sin referentes morales y en donde reina la injusticia, la contaminación y las desigualdades. Así, el relato se centra en un chico que vive con su tía, solitario y melancólico, su sueño es ganar una carrera virtual a modo de acertijo y cuyo premio será heredar el imperio del propio creador del invento.


      Queda apuntado, Ready Player One es ante todo una oda crepuscular al imaginario colectivo de los 80, a la cultura, moda, diseño, música, cómics, cine y forma de vivir de aquella década: el VHS, el cubo de Rubick, los vídeos musicales del grupo noruego A-ha (de cuyo vocalista, Morten Harket, es un alter ego el protagonista), el Comecocos, El Resplandor, Regreso al futuro, Chucky, el muñeco diabólico… un viaje nostálgico al pasado que también puede ser entendido como un autohomenaje del director. Una época alegre y creativa pero también un tiempo frivolidades, en donde a punto estuvo de quedar enterrado el cine de autor por la apisonadora de los blockbusters (Menahem Golan y Yoram Globus de la Cannon y Don Simpson) cuya propuesta chusca de cine de acción superficial e hiperbólico construía una realidad paralela que las consolas y videojuegos se encargarían de prolongar.

   
    Visualmente, Ready Player One  es un prodigio, su textura brillante y vintage y su chillón juego cromático dan lustre a un travesía hacia el futuro repleta de retrovisores. Spielberg atrapa al espectador con un arranque enérgico y dinámico, con el protagonista saltando de barraca en barraca por esa arquitectura imposible a modo de oxidadas favelas. Un primer tramo que sirve de presentación de unos personajes apenas esbozados (Mark Rylance es el que sale mejor parado) pero que capta el sentido evanescente de la aventura que se desarrolla con ese juego infantilmente épico de las tres llaves. El conjunto carece de profundidad narrativa y sin atisbo de reflexión filosófica más allá de la retahíla de referencias ya apuntadas, pero la función contiene algunos momentos sublimes (toda la hipnótica escena tributo a El Resplandor) y muestra la impresión de que su director se lo ha pasado en grande durante el rodaje. Un ligero y nada trascendente artefacto.

martes, 3 de abril de 2018

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “PERVERSIONES DE UNA MUJER” (Susan Streitfeld, 1996)



   Tras debutar con esta película, la directora Susan Streitfeld sólo se ha situado otra vez detrás de la cámara para rodar Golf in the Kingdom (2010) película independiente basada en la novela de Michael Murphy que tiene el mundo del golf como trasfondo. Tan escueta filmografía puede tener su explicación en el carácter poco comercial de su cine y la mala distribución con que han contado sus criaturas cinematográficas, siempre englobadas dentro del cine independiente que, como el film que nos ocupa, tuvo su premiere en el Festival de Sundance.


   Perversiones de una mujer nos presenta a Eve (Tilda Swinton) una joven abogada de éxito cuya vida oscila entre su elocuencia y frialdad en el tribunal y su extrema vulnerabilidad. El punto culminante de su carrera podría llegar pronto si la nombran jueza, pero su puesto comienza a peligrar cuando su hermana cleptómana, Maddie (Amy Madigan) es detenida. Eve viaja para estar a su lado cuando está en la cárcel. La lucha contra la enfermedad de Maddie provoca conflictos previamente reprimidos.

   
    Protagonizada por una casi desconocida Tilda Swinton, que cuatro años antes había sido descubierta en el film de Sally Potter Orlando (1992) magnífica película basada en la novela de Virginia Woolf, Perversiones de una mujer toma como eje un extraño y ambiguo personaje, una abogada de prestigio y bisexual que sufre pesadillas como consecuencia de un trauma infantil. Su demostrada pericia en los tribunales está a punto de ser reconocida cuando sea nombrada jueza, pero los problemas llegarán con la irrupción en su vida de su hermana, amiga de lo ajeno y un tanto desequilibrada.


  Perversiones de una mujer es una película muy caprichosa y en cierto modo arbitraria que pasó sin pena ni gloria allí por donde fue exhibida (en nuestro país fue directa al mercado del VHS) a pesar de que estuvo nominada al Gran Premio del Jurado en Sundance. Casi nada tiene mucho sentido en esta historia en donde las escenas oníricas causan bochorno, y el soso argumento, siempre oscilante entre la intriga psicológica y el drama erótico, sólo es digerible en algunos momentos de sádica sexualidad que derivará en una crisis existencial de la protagonista. Película víctima de su tiempo, una época en donde graciosamente el erotismo se exprimía como ingrediente para dar sabor a cualquier salsa. Buenos tiempos si los comparamos con la mojigata y repugnante época actual.

jueves, 29 de marzo de 2018

SERIE TVE: “LA SONATA DEL SILENCIO” (2016)




    Sin ser una serie que haya dejado poso en mi saturado cerebro por lo que narra, esta producción de Televisión española de nueve episodios ha servido al menos para que conozca a algunas actrices (Myr Garrido, Claudia Traisac) que me eran totalmente desconocidas como purista cinéfilo. Otra cosa es la pareja protagonista, Marta Etura y Eduardo Noriega, bien conocida por los críticos y el público en general.



   El argumento de la serie, ambientada a finales de los años 40 en Madrid, sigue a Marta (Marta Etura) que tenía una vida prometedora cuando conoció a Antonio (Daniel Grao) pero una lealtad mal entendida trastocará sus vidas. Cuando Antonio cae enfermo, Marta se ve obligada a ponerse a trabajar, exponiéndose a los celos de Rafael (Eduardo Noriega), las murmuraciones del vecindario y la indignación de un marido humillado. La aparición de una moderna y adinerada mujer de negocios dará a Marta una inesperada oportunidad que le permitirá, quizá, salvar su propia supervivencia y la de su hija, Elena (Claudia Traisac) y encontrar por fin su lugar en el mundo.


     
    Dirigida por Peris Romano e Iñaki Peñafiel, y emitida en el año 2016 según la novela de Paloma Sánchez-Garnica, la serie cuenta con un reparto aparentemente atractivo para el espectador… que se verá siempre decepcionado porque no cumplen sus expectativas, enfundados en personajes planos y perdidos en una historia que navega entre el drama romántico y el noir sin mucha convicción, y que avanza a paso de tortuga con subtramas que sólo sirven como rémora para la narración, de la que emana un tufo feminista.



   Algo que podemos considerar correcto es la ambientación de los duros años de la posguerra española, tiempos de miserias, cartillas de racionamiento, represalias, estraperlo y una moral desvencijada derivada de un régimen que gobierna el país con mano de hierro y que no se dejaba amilanar por el boicot internacional. El problema es que los personajes no son creíbles (salvo tal vez a Daniel Grao), y Marta Etura raya a un nivel muy bajo, con una interpretación afectada y un personaje sin carisma, soso y que no despierta ninguna empatía. De Noriega mejor no hablar, son escasísimas en las que le he visto brillar (Tesis o la reciente Perfectos desconocidos) pero aquí firma uno de los peores papeles de su carrera. El sórdido final queda muy abierto, abandonando esta miniserie al vacío más absoluto.