Dirigida por el inefable director
neoyorquino Sam Pillsbury, la trama nos presenta a Zandalee(Erika
Anderson) que vive en una pequeña ciudad de Nueva Orleans con su marido,
Thierry (Judge Reinhold), su
agradable vida se ve truncada con la muerte de su suegro. A partir de este
momento, su marido sólo se dedica a los negocios familiares y Zandalee se
aburre mortalmente. Un día conoce a Johnny
(Nicolas Cage) un amigo de su marido con el que iniciará una tórrida relación.
Subido a la estela de otros films eróticos
que triunfaron en la década de los 80, este zarrapastroso film, mezcla anodina
y torpe de thriller erótico y drama romántico, basa su trama en un triángulo
amoroso en donde la infidelidad de la mujer, liada con el mejor amigo de su
marido (un tipo con una personalidad muy alejada del susodicho) y que además se
lo cepilla estando el esposo en la habitación de al lado parece que puede
provocar cierto morbo… pero les aseguro ni siquiera ese malsana situación
resulta excitante, y la coletilla que lleva el título en español (En el límite del deseo) sólo sirve de pitorreo.
Dejando de lado un reparto absolutamente
negado para esto de la interpretación (sólo se salva Joe Pantoliano aunque raya
muy por debajo de su nivel) y un guión risible, en realidad, nada en la
película provoca el más mínimo frenesí (tal vez la lozana desnudez de la bella
Erika Anderson) y es que observar que un marido complaciente, de buenos
sentimientos y principios sea dueño de tan enorme cornamenta, sólo porque su
presunta esposa perfecta se aburra y se lance a la aventura en los márgenes del
deseo con un amante malote, provoca verdadera grima. Mas sí (que le den por
culo al spoiler) pronto adivinas que la cosa no terminará bien para ella. Pero el
paroxismo del jolgorio llega cuando es asesinada por un tipo que se llama Pepe,
como si eso fuera a hacer más digerible y cercana la bazofia. Un truño
importante.
El novelista, guionista y director
británico Alex Garland debutó como
realizador en el año 2015 con Ex Machina, que a partir de un
libreto original propio narra la historia de un programador cuya última
creación es Ava (Alicia Vikander) un robot-mujer con inteligencia artificial. Tras
esta dignísima ópera prima que dejó el listón alto, nos presenta ahora
Aniquilación, film del catálogo Netflix que adapta la novela de Jeff VanderMeer
de nuevo con un guión firmado por el director.
Película de culto instantáneo, Aniquilación
sigue a una bióloga, Lena (Natalie
Portman) que cuando su marido regresa sin recordar nada después de haber
desaparecido en una misión secreta, se embarca en una expedición a una
misteriosa región acordonada por el gobierno de los Estados Unidos. El grupo,
compuesto por cinco mujeres científicas, investiga la Zona X, un enigmático
lugar controlado por una poderosa fuerza alienígena. La Zona X es un lugar al
que han ido otras expediciones, pero del que ninguna ha vuelto.
La mezcla de ciencia ficción y terror no
es la novedad en esta película, muchas obras de prestigiosos nombres como
Ridley Scott (Alien), David Cronenberg (La Mosca, ExistenZ) o John
Carpenter (La Cosa, Fantasmas de Marte) ya han explorado
esa mixtura, lo que diferencia a estos veteranos directores es que ellos no han
tenido ningún problema para que sus películas fueran exhibidas en las salas y
Garland, que vio tildada de “demasiado intelectual y compleja” su cinta ha
visto como la Paramount cedió los derechos internacionales a Netflix. Malos tiempos
para la lírica. Adaptación de la primera entrega de la trilogía Southern Reach
de VanderMeer, que Garland hace menos inextricable para el espectador arrojando
luz sobre algunas claves tanto identitarias como psicológicas, lo que ayuda a
comprender las motivaciones de los personajes que forman parte de la arriesgada
expedición, que como se ve a medida que avanza el metraje, conlleva una
irremisible degradación física y psíquica.
Con un sentido de la poesía visual
absolutamente fascinante y una capacidad sensorial extasiante (atención a los
efectos de sonido), la acción avanza en su primer y contemplativo tramo
prolongando la tensión de manera sostenida aunque constante, con un cuidadísimo
aspecto visual y una bella puesta en escena que no sólo hace brillar los 40
millones de dólares invertidos, también el gran talento de Garland como gran
potenciador de imágenes. Aniquilación nos hace ver de nuevo esa
obsesión del escritor y cineasta británico por mostrar a sus personajes en
entornos alejados de nuestra cotidiana existencia con el objetivo siempre
inherentede explorar así sus reacciones
más allá de lo racional en una labor de introspección que nace de su carácter
humanista y su curiosidad por los misterios del alma y lo desconocido.
Así, tras ese primer tramo en el que
asistimos a la presentación de los personajes, Alex Garland va diseminando
enigmas que captan la atención del espectador con elementos propios de la
ciencia ficción, el cine de supervivencia y el terror (presencia alienígena, situaciones
límites, criaturas sanguinarias), un arco dramático con buenas dosis de
suspense y una línea narrativa filosófica que dota a la función de un tono de
alegoría científica nada delirante sobre el desarrollo evolutivo y mutante de
las especies.
Con especial atención al análisis psicológico de los
personajes, Garland siempre envuelve a sus criaturas cinematográficas de un
halo de profundidad reflexiva rayana con el misticismo (la naturaleza del bien
y del mal) y un tratamiento visual que transita los páramos de la fantasía
onírica y los misterios latentes del hombre y la humanidad. Sin disimular las
referencias innegables de Stalker y Solaris de Tarkovsky, Aniquilación triunfa
tanto en su sentido metafórico como en los miedos más físicos y cercanos. Un
film magnífico que merecía ser visto en las salas de cine para las que fue
concebido.
Ésta es una historia cuya adaptación a la
pantalla grande estaba predestinada, y los
hermanos Spierig (Daybreakers, Predestination, SawVIII)
no han desaprovechado la ocasión de contar la rocambolesca historia de la
multimillonaria Sarah Winchester. La mansión Winchester es sin duda una de las
casas encantadas más famosas que existen. Ubicada en San José (California) fue
mandada a construir a finales del siglo XIX por Sarah Winchester, la acaudalada
viuda del magnate heredero de la famosa Compañía de Rifles de Repetición.
Tras la repentina muerte de su pequeña
hija, Sarah entró en una profunda depresión que se agravó más tarde por el
también repentino fallecimiento de su esposo. Su familia, que es lo que más
quería en el mundo se evaporó dramáticamente y la mujer se quedó sola… con una
gran fortuna que no aportaba consuelo a su alma en pena. Derrotada en una
espiral de tristeza, Sarah decidió trasladarse al Oeste para construir una casa
muy especial para todas las víctimas que habían muerto a causa de las armas
Winchester. Sarah deja Connecticut y se muda a California para levantar una
vivienda interminable, en permanente construcción, para tratar de apaciguar a
unas almas que vagaban en un tormento sin fin. Así se hizo durante 38 años.
Los hermanos australianos Spierig son
dueños de una ramplona filmografía, de modo que uno no sabía qué se iba a
encontrar en esta nueva apuesta sobre la traslación a la pantalla grande de los
sucesos acaecidos en la misteriosa mansión Winchester, situada a 50 millas de
San Francisco. Un enorme casoplón de estilo victoriano construido por la
heredera del imperio Winchester, Sarah
(Helen Mirren) y su convicción de que los fantasmas la acosaban. Lo que la
llevó a construir 160 habitaciones, escaleras que no llevaban a ninguna parte…
todo con la intención de esquivar a los seres del otro mundo.
La mansión es hoy una de las grandes
actuaciones turísticas de San José y forma parte esencial de ese itinerario de
visitas a casas encantadas de los Estados Unidos. Winchester: La casa que
construyeron los espíritus no es una gran película pero sí una cinta
aseada dentro de la actual tendencia de relatos sobre casas encantadas
inspirados en una historia real. Y es
que el artefacto cuenta al menos con dos alicientes incuestionables: una
atmósfera gótica absolutamente envolvente y la presencia siempre estimulante de
esa gran dama inglesa llamada Helen Mirren, que se nos aparece vestida de luto
riguroso, dueña de una pena infinita y una desesperación descriptible. Si a
esto le añadimos que la base de la trama es un espectral acontecimiento
histórico, concluiremos que la función cuenta con algunos ingredientes
atractivos.
La película resulta entretenida, y aunque
es en el primer tramo del metraje donde encontramos lo más mollar del relato,
la trama mantiene el ritmo con la cada vez más protagónica presencia de ese
psiquiatra llamado Dr. Price (Jason
Clarke) un mujeriego adicto al láudano y al que los accionistas de Winchester
encargan examinar el estado de salud mental de Sarah Winchester, para lo que se
aloja durante varios díasen la casa que
crece y crece en un proceso endiablado que no parece tener fin. Cierto que a
veces el film cae en el susto fácil y algunos efectos resultan algo
artificiosos difuminando la sobriedad narrativa.
Winchester: La casa que construyeron los
espíritus, que por cierto parece diseñada Escher y su arquitectura
imposible, esconde una severa denuncia sobre la tenencia indiscriminada de
armas en los Estados Unidos y el poder de la repugnante Asociación Nacional del
Rifle reflejada en la escena de la masacre y suicidio del soldado y en el peso
de la culpa y la búsqueda de la expiación de Sarah, acosada por las víctimas de
las armas fabricada por su familia.
Con este material de base, la película podría haber lucido mejor, pero los
cinéfilos sabemos que los hermanos Spierig no son precisamente unos genios.