Kahili Blundell
es una modelo Australiana (Sydney, 14 de febrero de 1982) que es dueña de una
hermosa melena de color castaño, 1´65 m de estatura y 52 kg de peso que saltó a
la fama por ganar el concurso de traje de baño Ralph 2011. Blundell nació y
creción en Australia y debe su nombre a una flor hawaiana. Su interés por el
oficio de modelo le llegó a temprana edad debido a su madre, una ex modelo.
Ella era muy joven cuando falleció su
madre, pero siempre miraba las fotos de su mamá posando que había en su casa y
decidió seguir sus pasos. Fue una gran alegría cuando obtuvo el premio modelo
de traje de baño Ralph porque no se lo esperaba, aunque comentó que se había
entrenado durante mucho tiempo para ese día. Gran aficionada al fitness, cambió
su carrera para convertirse en Chica del Octágono para la UFC, después de que
un amigo la animara a asistir a un casting.
A pesar de vivir en una comunidad playera,
creció en un viñedo de Australiaantes de
mudarse a Sydney, y confesó que había visto lo mejor de ambos mundos. Eventualmente
se interesó por el entrenamiento personal y los deportes de combate que le
ayudaron a tener el físico atlético por el que ella es tan popular. Fue
entrenadora personal durante dos años y todavía añora esos tiempos porque le
gusta tanto entrenarse a sí mismo como entrenar a los demás.
Dirigida por Francis Lawrence (Constantine, Soy Leyenda, Agua
para elefantes, Los juegos del hambre), con un guión
Justin Haythe según la novela de Jason Matthews, Gorrión rojo nos presenta
a Dominika Egorova (Jennifer
Lawrence) una bella y joven rusa que tras la muerte de su padre es reclutada
contra su voluntad para ser un “gorrión”, una mujer seductora adiestrada por el
servicio de seguridad ruso. Dominika aprende a utilizar su cuerpo como arma,
pero lucha por conservar su sentido de la identidad durante su deshumanizador
proceso de adiestramiento.
Hallando su fuerza en un sistema injusto, se revela
como uno de los activos más sólidos del programa. Su primer objetivo es Nate Nash (Joel Edgerton), un
funcionario de la CIA que dirige la infiltración más confidencial de la agencia
en la inteligencia rusa. Los dos jóvenes caerán en una espiral de atracción y
engaños que amenaza sus carreras, sus lealtades y la seguridad de sus
respectivos países.
Con un reparto competente que cuenta
además con nombres tan significativos como Jeremy Irons, Charlotte Rampling y
Matthias Schonaerts, el director de Soy leyenda construye un thriller de
espías que surgieron del frío y que lejos de convencionalismos y artificios
ofrece una lección básica de contención y sobriedad sin constreñir en ningún
momento la fogosa pasión de los personajes, que nos regalan algunas escenas muy
crudas y otras de un tórrido erotismo.
Gorrión rojo presume de una gran
brillantez técnica y artística, pero el mayor y poderoso activo de la función
lo encontramos en el personaje de Dominika Egorova que luce espléndida en la
piel de Jennifer Lawrence. La actriz se entrega en cuerpo y alma al brutal itinerario
tanto físico como psicológico que le exige el papel: una bailarina del Bolshoi con lo que eso conlleva de
disciplina y sacrificio, y que reconvertida a la fuerza en espía, vivirá una
experiencia deshumanizadora y de una dureza extrema, siempre en un entorno
sórdido y amenazante, en donde sacará a relucir sus habilidades para la
supervivencia y demostrará un control de su cuerpo y de su mente en situaciones
límites de torturas y chantajes. Así, la atmósfera que el film recrea resulta
tan turbia y glacial como el filo de un cuchillo.
El único problema de Gorrión rojo es su
excesivo metraje, necesitado de una poda en escenas que se me antojan innecesariamente
alargadas y que restan dinamismo a la trama. Al parecer el film está ambientado
en la época actual, pero asume los códigos y claves del cine de espías de la
Guerra Fría (atmósfera, escenarios, agentes dobles) lo que dota de una sombría
gelideza la propuesta. Como conclusión diremos que lo mejor de la
función lo encontramos en las escenas de adiestramiento de la bella y seductora Mata Hari, un proceso que está destinado a anular la inteligencia emocional de la
protagonista y su total deshumanización a pesar de que ella demostrará una gran
fortaleza mental. Lo menos conseguido está en los confusos retruécanos finales, un clímax que emborrona la pulcritud narrativa de la función y el escrupuloso montaje. Aun
así, una película digna.
INTÉRPRETES: ROSS LYNCH, ALEX
WOLFF, VINCENT KARTHEISER, ANNE HECHE, DALLAS ROBERTS, MILIES ROBBINS.
GÉNERO: DRAMA / EE.UU. / 2017 / DURACIÓN: 107 MINUTOS.
El director estadounidense Marc Meyers debuta en el año 2010 con
el drama Harvest, film que no he tenido la oportunidad de ver y que
narra la reunión veraniega en una hermosa ciudad costera de tres generaciones
con su patriarca. En 2015 se situó de nuevo detrás de la cámara para dirigir el
drama romántico escrito por él mismo How He Fell in Love, film del que ni
siquiera tengo referencia alguna. No obstante, su nombre comenzará a sonar con
su última apuesta, My Friend Dahmer, que adaptando la novela gráfica de Derf Backderf
(compañero de instituto de Dahmer e interpretado por Alex Wolff) narra las
correrías adolescentes de Jeffrey Dahmer, el famoso asesino en serie conocido
como El caníbal de Milwaukee, que mató a 17 personas y practicó la necrofilia, el
canibalismo y otras guarrerías con algunas de sus víctimas.
Jeff
Dahmer (Ross Lynch) es un adolescente fuera de lugar luchando por
sobrevivir en la escuela secundaria con una vida familiar en ruinas. Recoge de
las carreteras animales atropellados, se siente secretamente atraído por un
tipo que practica running por su barrio y se enfrenta a su inestable madre y su
bien intencionado padre. Pronto comienza a portarse mal en el instituto y sus
estúpidas gamberradas ganan adeptos hasta formar una banda llamada The Dahmer
Fan Club, dirigida por Derf Backderf. Pero esta camaradería no puede ocultar su
creciente depravación. Al acercarse a la graduación, Jeff se mueve en espiral hacia
la pérdida de control, acercándose cada vez más a la locura.
No es la primera vez que la figura de
Jeffrey Dahmer salta a la gran pantalla, y se hace necesario recordar la
infravalorada Dahmer (David Jacobson, 2002) que sirvió a un casi desconocido Jeremy
Renner como trampolín a la fama con una actuación destacable en un relato que
merece una reposada revisión. También recuerdo haber visto un curioso
documental experimentaltitulado The
Jeffrey Dahmer Files (Chris James Thompson, 2012). Marc Meyers logra un perturbador retrato previo del Carnicero de
Milwaukee consiguiendo algo inaudito: provocar la inquietud e incluso el horror
conectando empáticamente al público con el incipiente psicópata, un mérito que
es en gran parte atribuible al gran esfuerzo interpretativo de Ross Lynch, que
proyecta un magnetismo constante sin difuminar la abominable realidad.
Meyers estructura la película sobre tres ejes
fundamentales de la vida adolescente de Dahmer para trazar su perfil
psicológico y tratar de arrojar algo de luz sobre su fatal desvarío intentando
mostrar cómo el infame asesino en ciernes reprimía sus deseos: el primer foco
de atención lo pone en el ámbito doméstico, con las tensiones que se vive en su
casa con unos padres que no se soportan, que están siempre riñendo y cuyo
fracasado matrimonio terminará en divorcio; el segundo punto de interés de
Meyers es el instituto, en donde a base de payasadas sin pizca de gracia
consigue artificiosamente romper su carácter solitario y asocial hasta que sus
desequilibrios mentales le llevan a profundizar en el lado macabro de la
existencia; y finalmente sus vagabundeos en solitario, en donde le vemos
recogiendo de las carreteras animales muertos con los que experimenta
metiéndolos en ácido (su padre era químico y Jeff montó en el jardín su espeluznante
laboratorio) o abrirlos en canal para ver qué tienen dentro.
Asistimos así al progresivo deterioro de
una mente enferma en un entorno que obliga al protagonista a reprimir sus
emociones y deseos (su labor de espionaje del corredor por el que siente una
irresistible atracción sexual, sus impulsivas masturbaciones), una dolorosa
autocastración sentimental que en la trama resulta reiterativa como queriendo
poner énfasis en un aspecto de la personalidad del protagonista que marcaría su
terrorífico proceder posterior.
Se hace necesario insistir en la modélica
y por momentos estremecedora interpretación del antiguo chico Disney Ross
Lynch, capaz de dotar de registros desasosegantes a su personaje (sus
silencios, su mirada torva, su encorvado caminar), marcando de manera
realista las pautas de su degeneración psíquica y sus tormentos, que en algunos
momentos alcanza cotas conmovedoras (la escena en el centro comercial). Meyers y Lynch logran que Dahmer resulte
más amenazante por lo que esconde que por lo que muestra, pues es en las tinieblas
interiores donde la bestia va depositando el veneno, y es la génesis de su
existencia lo que Meyers explora para intentar comprender -sin justificar- el
tenebroso laberinto de su mente ofuscada. Esperamos grandes cosas de este
director.