jueves, 18 de enero de 2018

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "NIGHTCRAWLER" (Dan Gilroy, 2014)

"NIGHTCRAWLER"  êêêêê
DIRECTOR: DAN GILROY.
INTÉRPRETES: JAKE GILLENHAAL, BILL PAXTON, RENE RUSSO, RIZ AHMED, KEVIN RAHM, ANN CUSACK.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 113 MINUTOS

    
  Con un ajustado presupuesto de tan sólo ocho millones de dólares, el guionista Dan Gilroy (hermano del director Tony Gilroy) firma una de las mejores óperas prima que este cronista ha visto en los últimos años, lo hizo a la edad de 55 años, un dato que debería servir para no desanimar a nadie. Su nombre como guionista lo podemos encontrar en films como Apostando al límite (D. J. Caruso, 2005) un aceptable drama deportivo protagonizado por Al Pacino, Matthew McConaughey y la mujer del guionista y director Rene Russo. También en la fallida (por no decir despreciable) comedia dirigida por Dennis Hopper Misión explosiva (1994), nada que veladamente pudiera anticipar esta tremenda sorpresa titulada Nightcrawler, la auténtica sleeper de la aquella temporada y una de las mejores películas del nuevo milenio.

  
   Tras ser testigo de un accidente, Lou Bloom (Jake Gillenhaal) un joven que no consigue encontrar un trabajo estable, descubre el mundo del periodismo freelance en un ambiente nada seguro para esta profesión: el mundo criminal en la ciudad californiana de Los Ángeles. La vida del apasionado joven va a cambiar mucho a partir de entonces, traspasando la difusa línea existente entre el riesgo y la peligrosidad.

     
   Hay quien ha apreciado en el film algunas resonancias o ecos referenciales de films míticos como Taxi Driver e incluso de la más reciente y magnífica Drive, sin embargo, la historia de este trastornado sociópata sin amigos ni escrúpulos está más cercana a El gran carnaval de Billy Wilder, Network: un mundo implacable de Sidney Lumet y El ojo público de Howard Franklin, tres magníficos relatos que reflejan con poderosa y audaz maestría el estado de una sociedad enferma que alimenta sus espíritu con toneladas de basura servida con el más mínimo y apestoso detalle por unos medios de comunicación que hacen de las miserias cotidianas un espectáculo tan cruel y bochornoso como adictivo, y que sirve para saciar la voracidad insaciable de un mundo corrompido y abonado al éxtasis de la perversidad.


   Jake Gillenhaal, un actor como la copa de un pino que sabe elegir sus papeles y que se merece un reconocimiento mayor que la mayoría de sus contemporáneos, da oxígeno a un tipo, vulgar, torpe, obsesivo y solitario, un espécimen que camina por el abismo de la marginalidad sin saber qué camino elegir, y que encuentra su lugar en el sol como reportero de sucesos en una ciudad, Los Ángeles, que los crea por miles. Nightcrawler ilumina con espeluznante pulcritud los oscuros recovecos de la mente humana y los meandros del alma donde encontramos el espantoso  reflejo de en qué nos hemos convertido.

       
   A Lou Bloom, un lobo con piel de cordero, nunca le importan los medios para conseguir cualquier fin; trata de manera denigrante a su ayudante, manipula el escenario del crimen, despista a la policía y oculta información para modelar ad hoc sus reportajes, que serán vendidos a los programas amarillistas de televisión ávidos de sensacionalismo sangriento. Al espectador le resulta imposible empatizar con ninguno de los personajes, ni mucho menos con quienes hacen que un sujeto tan depravado como el protagonista sea aceptado socialmente y se imponen como piezas claves para su triunfo profesional, un triunfo que va aumentando en la misma escala proporcional que sus niveles de inmoralidad y degradación. Bloom, queda apuntado, es un tipo mediocre, desalmado, demacrado, ojeroso, con una vida insulsa, monótona, que plancha meticulosamente sus camisas mientras ve viejas películas en blanco y negro y que desea reafirmar su triunfo profesional haciendo realidad su mayor anhelo: follarse a la madura y atractiva productora de televisión interpretada por Rene Russo, al frente de un macabro programa dedicado a mostrar vídeos escabrosos. La fantasía queda en el aire, pero Rene Russo insinúa de forma perceptible el deseo.

        
   En cualquier caso, el triunfo de Bloom se deja ver cuando cambia su viejo automóvil por un musculoso deportivo como seña de identidad, una herramienta muy práctica para las huidas y persecuciones, un triunfo que se hará más palpable en la elocuente escena final. Nightcrawler actúa como espejo de una sociedad enferma en donde cualquier don nadie puede alcanzar el éxito, el trillado sueño americano sin importar los cadáveres que tengas que pisotear para conseguirlo, todo para lograr mayores índices de audiencia, y Bloom es el estereotipo monstruoso de nuestra era, elevado a los altares por unos medios de comunicación en gran parte culpables de nuestro derrumbe ético y moral. Obra maestra.


lunes, 15 de enero de 2018

EMILY SEARS, LA EXTASIANTE BELLEZA DE LAS ANTÍPODAS

     
   
   Hoy toca dedicar este espacio a hablar y disfrutar de una espléndida galería de fotos de la modelo de glamour australiana Emily Sears (Melbourne, 1 de enero de 1985) que a sus 33 años conserva una figura fantástica. Afincada en Los Ángeles, es sobrina de una modelo australiana que fue descubierta por el famoso fotógrafo Helmut Newton. Los padres de Emily son editores de arte, por lo que ella creció en un ambiente cultural en donde se respiraba libertad.


    Nuestra musa comenzó a posar para la revista masculina Zoo Weekly Australia, apareciendo en catorce portadas. Ese fue el comienzo, porque inmediatamente después otras publicaciones como GQ, FHM, Maxim y Kandy adornaron sus páginas con esta preciosa mujer natural de las antípodas. Por supuesto, Emily comparte y difunde sus sesiones de fotos en redes sociales como Instagram, lo que le ha granjeado un gran número de seguidores y atraído a una legión de imbéciles que la acosan.


     Ya sabemos que esta actividad conlleva sus riesgos, y la modelo ha dedicado muchos esfuerzos en sus denuncias contra los trols que la insultan en las redes y todos aquellos asquerosos perturbados que la acosan y envían imágenes obscenas. Una cuestión que ha hecho pública y puesto en conocimiento de la policía. Ella ha posado representando marcas como Monster Energy, Ciroc, Naven y ha realizado campañas para ropa de baño. También ha aparecido en algunos videoclips para estrellas como Kanye West y Wiz Khalifa.


     Como comentaba más arriba, Emily estuvo expuesta desde niña a la diversidad cultural de Melbourne y la pasión por la estética, formando parte de una familia muy liberal que siempre la apoyó mucho. De pequeña le gustaba ver las fotos de modelos en las revistas, y fue entonces cuando decidió seguir los pasos de su tía Wendy Martin, famosa en la década de los 50 porque ganó el premio a la mejor modelo australiana del año 1956. Fascinada por las instantáneas de su tía, comenzó a hacerse fotos en las clásicas poses pin-ups. Lo demás, ya es historia, una historia a la que puede servir de prólogo este sugerente post.


domingo, 14 de enero de 2018

CRÍTICA: "TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS" (Martin McDonagh, 2017)


TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERASêêêê
DIRECTOR: MARTIN MACDONAGH.
INTÉRPRETES: FRANCES MCDORMAND, SAM ROCKWELL, WOODY HARRELSON, PETER DINKLAGE, LUCAS HEDGES.
GÉNERO: THRILLER / EE.UU. / 2017 / DURACIÓN: 112 MINUTOS.


    No estuvo mal el debut en la dirección del británico Martin McDonagh, un thriller titulado Escondidos en Brujas (2008) con Colin Farrell, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes de protagonistas que nos presenta a dos asesinos a sueldo que por orden de su jefe tienen que trasladarse a Brujas hasta que en Londres las cosas estén más tranquilas. No me convenció tanto la disparatada comedia negra Siete psicópatas (2013), segunda colaboración con Colin Farrell y primera con Sam Rockwell que tiene como eje central la desaparición del perro de un mafioso.

   
   Sin duda, su mejor trabajo hasta la fecha es la multipremiada Tres anuncios en las afueras (triunfadora en los Globos de Oro y favorita a los Oscars) que nos cuenta la historia de Mildred Hayes (Frances McDormand), una mujer de 50 años cuya hija fue violada y asesinada hace varios meses. Mildred, ante la indolencia de la policía, decide iniciar por su cuenta una guerra contra la incompetente policía local a la que ella acusa de estar más interesada en torturar a los afromericanos que en hacer justicia e investigar el asesinato de su hija.  

    
   Especialista en comedias cáusticas negrísimas, McDonagh dibuja el perfil atractivo de una heroína que en modo madre coraje decide presionar y poner contra las cuerdas a la policía de su pueblo porque han sido incapaces de resolver el asesinato de su hija. Para ello idea un plan en el que emplea tres grandes vallas publicitarias abandonadas en las afueras de la ciudad, un tramo desértico de una carretera perdida en las que, con fondo rojo, hay escritas tres frases contundentes que abren una herida en la conciencia ya de por sí castigada del Sheriff (un pluscuamperfecto Woody Harrelson) que además está enfermo de un cáncer terminal. El microcosmos está pulcramente ambientado en la América profunda, esa que en su incultura y desvarío se ha propuesto llevar hasta el hastío y la náusea a la otra América más ilustrada, tolerante y sensible.
  
   
   Tres anuncios en las afueras puede ser entendida como una fiera denuncia de esa América racista, intransigente y violenta, pero al mismo tiempo es también una expresión gráfica y visceral de la maternidad y el grito desesperado y rebelde de la feminidad siempre ultrajada. Cierto es que McDonagh (firmante también del libreto) no podía haber elegido un delirio más doloroso para crear el corpus elemental de una sociedad que se desangra mientras chapotea en el fango del fanatismo.  

   
  Es la América del perturbado, palurdo y xenófobo Trump y la legión de ciegos y salvajes supremacistas que le siguen alegres de poder pisotear todos los principios del humanismo y los derechos civiles. Y es de esa masa pringosa de donde emerge Sam Rockwell –lo mejor de la función-, un policía racista muy dado a sacar a pasear los puños pero que esconde una ternura tan triste y desolada como el paisaje circundante. Su patética vida doméstica junto a su madre naufraga en un mar de soledad, abulia, frustraciones y resentimiento.


   Inherente en el cine del director británico, el film está preñado de un humor amargo, a veces surrealista (Fargo en la memoria) y situaciones poco verosímiles (el rollo del exmarido y su jovencísima pareja), pero acierta con la vuelta de tuerca que consigue dar a los personajes mostrando briznas de una sensibilidad, una ternura y una humanidad que hasta entonces no había aflorado, es su manera de decirnos que hasta en la más negra alma es posible encontrar un halo de luz, que también hay gamas de grises, que aunque el mal no se debe relativizar, es posible hallar matices. Lo comprobará el espectador cuando poco a poco se despoje de sus costras y máscaras a unos personajes profundamente heridos.