sábado, 6 de enero de 2018
jueves, 4 de enero de 2018
CRÍTICA: “ORPHELINE” (Arnaud des Pallières, 2016)
"ORPHELINE" êê
Amo Francia y amo el cine
francés, pero actualmente se está volviendo tan surrealista y sofisticado que
ya ni lo entiendo. Del tal Arnaud des
Pallières, cuya carrera comienza allá por 1997 con el drama histórico Drancy
Avenir,
sólo había visto otro drama de época ambientado en el siglo XVI titulado Michael
Kohlhaas, que protagonizado por Mads Mikkelsen nos cuenta la historia de
un mercader de caballos que tras una injusticia se toma cumplida venganza.
El director galo nos presenta ahora esta
película centrada en las vidas de cuatro personajes femeninos que pueden ser
uno solo. Una niña que vive en el campo y cuyo juego del escondite tendrá
inesperadas consecuencias. Una adolescente atrapada en una sesión de huidas,
hombres y contratiempos, porque cualquier cosa le parece mejor que su desolado hogar
familiar. Una joven que se muda a París en un momento al borde del desastre. Y
finalmente, una mujer adulta de éxito que se pensaba a salvo de su propio
pasado. Poco a poco estos personajes se unen para formar un solo protagonista.
Película de narrativa muy fragmentada, lo
que en realidad Orpheline cuenta es la azarosa historia de una mujer infeliz y
maltratada, un periplo vital errático y desgraciado desde su desventurada
infancia, un recorrido en el que se ha visto humillada, chantajeada y vejada. Pero
la función resulta irritante por dos cuestiones fundamentales: su absurda
estructura fragmentada y el hecho de utilizar cuatro actrices diferentes dotando
a la trama de un componente farragoso innecesario. Sobre todo si las desaprovechadas
actrices son Adèle Exarchopoulos, Adèle Haenel, Gemma Arterton y Solène
Rigot.
Entendemos que la historia tiene su origen
en un terrible trauma de la infancia, con la consiguiente deriva melodramática,
que la criatura fue maltratada por el padre era niña, y que todo lo demás tiene
que ver con la dificultad de ser mujer en ambientes nada favorables. Pero Orpheline
no llega nunca a atrapar la atención del espectador porque Arnaud des Pallières
atomiza el eje narrativo e incluso atmosférico para construir una serie de
cuadros episódicos sobre la maldición de ser mujer en un entorno machista y
opresor, en donde la figura de la madre está ausente, ya que las cuatro
protagonistas carecen de ella y sólo tienen el refugio de la siempre
inquietante y perturbadora figura paterna.
Orpheline está impregnada de abusos,
soledad, sexo y muerte, pero nunca se deja claro si la osadía de las féminas
que protagonizan la historia se eleva como un canto visceral feminista o
representan la abominación de ese discurso por el castigo que sufren todas
ellas lejos del tenebroso refugio del macho. Como reflejos en una habitación de espejos, las cuatro desdichadas
protagonistas caminan con la herida de la orfandad, no sólo de la madre, sino
de cualquier referente que les sirva de guía en su ciega trayectoria. Cuando
Renèe, el personaje interpretado por Adeèle Haenel, decide tener su hijo,
intuimos que concluye su itinerario de madurez, pero con la opción narrativa
escogida por Arnaud des Pallières uno no puede estar seguro de nada.
miércoles, 3 de enero de 2018
LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2017 (Y III)
11-“PERFECTOS DESCONOCIDOS” (Álex de la Iglesia)
Su penúltima película El Bar no es un film
despreciable aunque muchos coincidamos que está alejada de la excelencia
demostrada por el director bilbaíno Álex
de la Iglesia en obras como El día de la bestia o La
Comunidad, en cualquier caso mucho más aseada que la flojita Mi
gran noche. Hacía años, concretamente desde en 2006 que realizó el
magnífico telefilm La habitación del niño incluido en la serie Películas para no dormir, que De la
Iglesia no rayaba a la altura que lo hace en este remake del film homónimo
italiano dirigido por Paolo Genovese. Seamos sinceros, son pocos los móviles
que resisten una simple mirada, tan llenos están de secretos y vergüenzas que
hay quien lo esconde bajo siete llaves cuando se va a dormir por si su pareja
se ha convertido en experto/a en romper contraseñas. La película nos cuenta la
misma historia que el film seminal: En una cena entre cuatro parejas de entre
45 y 50 años, que se conocen de toda la vida, deciden jugar a un juego que
pondrá sobre la mesa sus peores secretos: leer en público todos los mensajes y
las llamadas de sus móviles. Su vida entera volcada en público durante la cena.
A pesar del ingenio que atesora, hacía
tiempo que no veíamos al director vasco medir con tanta pulcritud las pautas de
la función, mostrarse tan sinuoso a la hora de captar una actitud, un gesto,
una mirada, un detalle, dotando de gran agilidad al torrente de diálogos y a la
intensidad de las emociones. Surgidas todas ellas de un juego avieso y con más
peligro que un barbero con hipo. Un juego con mil aristas envenenadas que
destapa secretos, desnuda sentimientos y mentiras y hurga en las humillaciones
que se derivan del turbio concepto que tenemos las personas sobre la ética y la
moral.
12-“VERÓNICA” (Paco Plaza)
En el panorama actual del cine de terror
español, Paco Plaza es ya por
derecho propio uno de los nombres de referencia más destacados desde que
debutara en 2002 con el Segundo nombre, un film sobre la
doble personalidad que escondía un hombre que se ha suicidado. Algo inferior
fue Romasanta:
La cara de la bestia (2004) que nos sitúa en la Galicia de 1850 para
seguir el rastro del hombre lobo. Pronto llegaron sus mayores éxitos codirigiendo
junto a Jaume Balagueró [Rec] (2007) y sus más flojas
secuelas de 2009 y 2012, ésta última rodada por Plaza en solitario, en las que
anulado el factor sorpresa tampoco son cintas desdeñables. Bajo la inspiración
de un suceso ocurrido en el barrio madrileño de Vallecas a principios de la
década de los 90, que sigue siendo el único caso documentado por la policía
española de un fenómeno paranormal, la trama se centra en una adolescente
llamada Verónica (Sandra Escacena)
que tras jugar a la ouija con sus amigas, su vida se ve asediada por
aterradoras presencias sobrenaturales que además amenazan con hacer daño a toda su familia. El director valenciano echa mano de la
página de sucesos para inspirarse en un caso muy sonado ocurrido en Madrid en
1991, y con el concurso del guionista Fernando Navarro, que firma un guión
sólido sin grandes fisuras a pesar de las lógicas licencias dramáticas, nos
sumerge de manera sorprendente en la atmósfera de un populoso barrio obrero con
sus moles de edificios de ladrillos rojos, sus tendederos de ropa, su ajetreo
en las calles y bares, el ambiente en los colegios de EGB, y se las apaña para
crear una tensión in crescendo desde el minuto uno, o ese instante en que nos
abandonan las defensas y nos hacemos vulnerables a los terrores más íntimos y
las heridas.
13-“COLOSSAL” (Nacho Vigalondo)
Es hora de
celebrar que la nueva criatura de Nacho Vigalondo se impone como la que mejor
registra sus grandes virtudes sin que se le vayan de la mano: el delirio, la
creatividad, el humor y el riesgo. Es la constatación de que Vigalondo siempre
nos podía ofrecer más de lo que hasta ahora nos había dado si exceptuamos su
ópera prima, y sin que importe nunca lo disparatado o absurdo de la premisa.
Comencemos por señalar que Anne Hathaway está sublime dando oxígeno a Gloria,
una treintañera borrachina y desnortada que tras una discusión con su novio, Tim (Dan Stevens) regresa a su tranquilo pueblo natal para
descubrir que está conectada con un monstruo gigante (homenaje a los Kaiju
Eiga) que está asolando la ciudad de Seul, una especie de imponente minotauro
que imita sus movimientos y que entra en escena aterrorizando a la población cuando
nuestra protagonista pisa el arenero de un parque infantil cercano al colegio
de su infancia. Colossal muestra una impecable factura técnica a pesar de sus cinco millones de
presupuesto, y siendo cierto que en ella late el tema del maltrato y el
empoderamiento de la mujer que acaba comprendiendo que nadie la va a proteger
ni cuidar como ella misma, el film se eleva ante todo como un viaje lacerante y
emocional a lo más profundo de nuestros temores a través de una idea tan
extravagante como genial. Y la pericia de Vigalondo logra mantener la atención
del espectador hasta el final con un perfecto equilibrio entre el lado lúdico y
fantástico del relato y la parte más íntima, oscura y dolorosa de los
personajes. En cualquier caso, Colossal se impone como una
explosiva mezcla de géneros que destila esencias sublimes.
14-“IT” (Andy
Muschietti)
Stephen King no lo ha
confesado nunca que yo sepa, pero supongo que todo comenzó con el caso real de
John Wayne Gacy, conocido en los Estados Unidos como “Pogo, el payaso asesino”,
un tipo que secuestró y asesinó a más de una treintena de niños en los años 70
y que pasaba por ser un ciudadano ejemplar absolutamente integrado en la
comunidad, padre de familia y empresario que se disfrazaba de payaso para divertir a los niños en el hospital
local y en fiestas de infantiles. Fue ejecutado por inyección letal en mayo de
1994 en la prisión de Stateville (Illinois). El bonaerense Andrés (o Andy) Muschietti tras debutar con el
aceptable film de horror sobrenatural Mamá (2013) se hace cargo de este
remake para situarnos de nuevo en los años 80 en la ciudad de Derry (Maine), en
donde una pandilla de niños conocida como “el club de los perdedores” se enfrenta
a los amargos problemas cotidianos con los matones del colegio. Sus vidas dan
un giro inesperado cuando una oleada de desapariciones provoca el pánico en la
ciudad. Uniendo sus fuerzas, el grupo de amigos decide buscar al culpable.
Entonces descubrirán que detrás de los crímenes se encuentra una entidad
maligna: un sádico monstruo llamado Pennywise que luce un disfraz de payaso.
¿Serán capaces de plantar cara a ese engendro de apetito insaciable que se
alimenta del miedo de los niños? IT fusiona la aventura juvenil ochentera
al estilo de Cuenta conmigo, Los Goonies y la magnífica serie Strangers Things con el cine de tono
sobrenatural y el terror slasher para construir el andamiaje de una historia
emocional y angustiosa que indaga en las perversiones y abusos de la vida real
y las traslada a un espacio fantástico en donde un grupo de chavales marginados se adentran para
convertirse en héroes luchando contra el crimen y la depravación.
15-“LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS” (Matt Reeves)
Estamos ante el brillante capítulo final
que cierra esta moderna trilogía de la saga El Planeta de los Simios
que como la anterior entrega, El amanecer del Planeta de los Simios
(2014), vuelve a contar con la batuta de Matt
Reeves detrás de la cámara, y que recordemos se inició con El
origen del Planeta de los Simios (Rupert Wyatt, (2011). No será
necesario apuntar que el cauce emprendido por la saga, rebosante de
trascendentalismo, grandilocuencia y dilemas morales le ha sentado muy bien al
invento que va mucho más del mero entretenimiento. Vayamos con la trama: César (Andy Serkis) jura que no comenzó
la guerra. Pero él y su nación de simios genéticamente evolucionados se ven
obligados a luchar en un conflicto a muerte contra los humanos que quedan en el
mundo. César volverá a contar con sus fieles seguidores Rocket (Terry Notary), Maurice
((Karin Konoval) y Luca (Michael
Adamthwaite), juntos harán frente al despiadado Coronel (Woody Herrelson) que lidera la raza humana. Después de que
los simios sufran incontables bajas, César y el Coronel libran una épica
batalla que determinará el destino de ambas especies y el futuro del planeta. Por
supuesto toda la trama gira en torno a una cuestión de supervivencia y, es ahí,
en las relaciones entre César y el grupo de confianza que le acompaña, donde la
función alcanza su máximo interés; la tristeza del líder carismático que rebosa
odio, rencor y culpa que hacen aflorar un deseo de venganza tan trágicamente
humano. Porque de lo que se trata una
vez más es de preguntarse si existen soluciones más allá de las que aportan las
maquinarias de guerra para buscar un punto de entendimiento cuyo fin sea la
supervivencia. Una filosofía que basa su efecto en la moral suprema de aceptar
la diferencia y crear así una cohabitación soportable, pacífica, en donde reine
el respeto y la dignidad.
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