Dirigida por Francis Lawrence (Constantine, Soy leyenda, Agua
para elefantes, Los juegos del hambre) y guionizada
por Justin Haythe según la novela de Jason Matthews, Gorrión rojo nos presenta
a Dominika Egorova (Jennifer Lawrence)
una bella y joven mujer rusa que tras la muerte de su padre es reclutada contra
su voluntad para ser un “gorrión”, una mujer seductora adiestrada del servicio
de seguridad ruso. Dominika aprende a utilizar su cuerpo como arma, pero lucha
por conservar su sentido de la identidad durante su deshumanizador proceso de
entrenamiento. Hallando su fuerza en un sistema injusto, se revela como uno de
los activos más sólidos del programa. Su primer objetivo es Nate Nash (Joel Edgerton) un
funcionario de la CIA que dirige la infiltración más confidencial de la agencia
en la inteligencia rusa. Los dos jóvenes caerán en una espiral de atracción y engaño
que amenaza sus carreras, sus lealtades y la seguridad de sus respectivos
países.
Con un reparto que cuenta además con
nombres tan significados como Jeremy
Irons, Charlotte Rampling, Mary-Louise Parker y Mathias Schoenaerts, este thriller de
espías tiene previsto su estreno el 2 de marzo de 2018. Una apuesta sugerente
que cuenta con una banda sonora del especialista James Newton Howard y una
iluminación cortesía de Jo Willems. Esperamos con ansiedad sus estreno
comercial aunque sólo sea por lo tremendamente atractiva que aparece la ya de
por sí magnética Jennifer Lawrence.
La modelo de glamour inglesa Billie Faiers (Brentwood, Essex, 15 de
enero de 1990) es más conocida por protagonizar el reality show británico The Only Way is Essex, programa con el
que irrumpió en escena en 2010. Muy activa en las redes sociales, donde tiene
millones de seguidores, sus padres se divorciaron cuando ella era joven. Faiers
es madre de dos hijos fruto de su unión con Greg Shepherd, con quien se comprometió
en 2013. También tiene una hermana menor muy conocida llamada Sam, protagonista
de la serie Towie.
Billie es además dueña de la boutique
Minnies, y apareció también en el reality de su hermana Sam, pues las dos han
estado siempre unidas por un vínculo muy estrecho, como se puede apreciar en
algunas fotos subidas en su cuenta de Twitter e Instagram, en las que se las ve
muy felices jugando en la playa de pequeñas. A Billie le encanta ser madre y le
agradece a la vida ese don con mucha alegría. De hecho, cuando nació su hijo
Arthur subtituló una foto así: “Bienvenido
al mundo, nuestro hermoso bebé, te queremos más de lo que las palabras pueden
expresar, eres verdaderamente perfecto en todos los sentidos”. ¡Qué tierno!
Mucho rollo estoy yo metiendo aquí como simple
excusa para rellenar un espacio en donde sólo deberían figurar las fotos de
Billie. The Only Way is Essex seguía
la vida cotidiana de unas pocas personas que vivían en Essex, personas de
diferentes campos de la vida social y laboral que nos presenta al promotor de
un club, a una aspirante a modelo, a una banda de chicas, camareros, etc. Por último,
diremos que ella participa en el diseño y modelado de la ropa de su boutique,
en la que es posible comprar cualquier prenda de su línea de ropa a través de
su web.
El 7 de marzo de 1999 los
incansables teletipos escupían la noticia al mundo: había muerto StanleyKubrick, uno de los últimos genios vivos del llamado Séptimo Arte. La
noticia, por inesperada, dejó consternados a todos los que, de un modo u otro,
sentimos que parte de nuestra personalidad se fraguó bajo el preciado y
precioso estigma cinematográfico. Kubrick es ya un mito, lo fue en vida, de la
cual hizo siempre un misterio impenetrable, de él se cuentan mil y una
anécdotas, y casi todas ellas tienen que ver con la meticulosidad enfermiza con
que afrontaba sus trabajos. Los que han trabajado a sus órdenes se quejan de
los abusos a que los sometía en su búsqueda obsesiva de la perfección, que
acabó dotando, como apuntó Jack Nicholson, de una nueva dimensión a la palabra
“puntilloso”, e incluso como declaró Malcolm McDowell: “su calidad humana nunca
estuvo a la altura de su talento”. Además de su metódico sistema de trabajo, de
sus manías en todo lo que concierne al rodaje de un film, sabemos también que
era una persona muy aprensiva, un hipocondriaco con un miedo bárbaro a lo
desconocido, a ese agujero negro que se abre después de la muerte, por lo que
se negaba a viajar en avión, debido a las escasas posibilidades que existen de
sobrevivir a un accidente. Moverse en automóvil tampoco es que le entusiasmara,
pero su chófer sabía que, con el director neoyorquino a bordo, la velocidad
máxima no debía exceder de 50 km/h. Desde principios de los sesenta
-concretamente desde el rodaje de Lolita (1962)- vivía recluido en Gran
Bretaña, acompañado de su mujer y sus tres hijas habitaba una mansión al norte
de Londres, su vida familiar, si hacemos caso de lo que dice su tercera mujer,
Christiane, era ascética, relajada y sencilla, pues sus mayores excentricidades
eran jugar al ajedrez y sentarse a escuchar música clásica. A sus 70 años murió
dejándonos sólo 13 películas, un testamento fílmico reducido pero incomparable
del que muy pocos pueden presumir.
Sinopsis: el esclavo Espartaco(Kirk
Douglas) logra huir de su humillante confinamiento en donde era obligado a
luchar a muerte contra otros esclavos por el general romano Marco Crasso
(Laurence Olivier). Tras ponerse al frente de un ejército de esclavos y derrotar
a los romanos se refugia en las montañas, allí se le unen la esclava Varinia
(Jean Simmons) y Antonino (Tony Curtis) un esclavo disidente de Crasso. Su idea
de abandonar Italia es abortada por el terrible jefe romano, que anhela llegar
a lo más alto del poder. Con Espartaco abatido y su ejército masacrado, Crasso
obliga a Antonino y a Espartaco a enfrentarse en una lucha mortal, y Espartaco
mata a su fiel amigo siendo él al final crucificado. En el umbral de la muerte,
su última mirada será para su mujer y su hijo que, liberados, se alejan de
Roma.
Con un extraordinario libreto escrito por
el guionista de izquierdas Dalton Trumbo -incluido en la “blacklisted”
del inquisitorial senador McCarthy y su tristemente famosa caza de brujas- la
insurrección del esclavo Espartaco se nos presenta a la vez como gran
espectáculo hollywoodiense y película de compromiso ético, nítida en su mensaje
contra la opresión y la tiranía. Rodada parcialmente en nuestro país,
representa el último trabajo de Kubrick con Kirk Douglas, quien declaró
“Kubrick es un cabrón con talento”, poniendo así fin a su relación profesional,
también personal con el cineasta. El rodaje, ni que decir tiene, fue largo y
tortuoso. El film lo comienza Anthony Mann -hay quien piensa que las mejores
secuencias fueron rodadas por él- pero las desavenencias hicieron que Douglas,
que además de protagonista era el productor de la cinta, le pusiera de patitas
en la calle. El que en algún momento el director de ElResplandor
renegara de ella se debe a que, como él mismo confesó, jamás tuviera el control
absoluto del film, fue, desde luego, el único trabajo en que, a la fuerza
ahorcan, se permitiría ese lujo. Espartaco, que irrumpió como una nueva
puesta de largo del peplum, un género al que, salvo contadísimas
excepciones, nunca le he dedicado mis mejores atenciones, tuvo un presupuesto
de 12 millones de dólares, recaudando la excelente cifra de 20 millones en dos
años, alzándose con cuatro estatuillas y contando con un reparto de primera
fila.
El guión adapta la novela homónima de
Howard Fast, un militante comunista que acabaría convirtiéndose en apóstata y
que en primera instancia se encargó de elaborar el guión, con un tratamiento
tan pésimo que a Douglas le pareció inadaptable. Posteriormente le sería
encargado a Trumbo que, a pesar de ocupar un puesto destacado en la siniestra
“lista negra”, seguía activo utilizando múltiples seudónimos. La singular
conjunción de escritor y guionista unidos por una misma doctrina política
enfatizó el carácter marxista de la historia y los personajes, a Kubrick eso le
daba igual, pues ni mucho menos le entusiasmaba el trabajo de Trumbo, y todavía
menos le gustaba el final, en el que nuestro héroe mata con la espada a
Antonino para evitarle el sufrimiento inhumano de la crucifixión, mientras él
se eleva al altar de la inmortalidad envuelto en un halo de sacrificio heroico.
Estamos ante la primera y colosal superproducción de un Kubrick con 32 años,
inexperiencia que se nota en las no demasiado logradas escenas de movimientos
de masas y, sobre todo, en la batalla final, que probablemente rodadas bajo el
influjo proletario de los maestros rusos -muy dados en esta cuestión a la
rigidez militarista- queda ahogada en su medida planificación por la
composición de excesivos planos generales, ignorando los punteos de los
detalles y sin entrar en el fragor cercano de la contienda. Mucho más
interesante son las escenas de interiores y el cruce de relaciones
interpersonales que van a ir abonando el camino aciago de nuestro trágico
adalid. Con todo, Espartaco es un film ejemplar, donde la lucha del
esclavo rebelde contra los poderosos romanos le confiere una épica
trascendencia, un oscuro y hasta enfermizo romanticismo. A destacar el
tratamiento musical fatalista a cargo de Alex North, la exquisita luz de
Russell Metty, Charles Laughton como el sardónico Graco y Laurence Olivier como
el brutal fascista Crasso. Ah, jueguen ustedes a adivinar si algunos de los
miembros de las centurias romanas llevan relojes de pulsera, cuentan que, tanto
en QuoVadis? como aquí, los fallos de raccord (este tipo
de error, bastante frecuente en el cine, se denomina anacronismo) son
importantes.