domingo, 17 de septiembre de 2017

CRÍTICA: "LA NIEBLA Y LA DONCELLA" (Andrés Koppel, 2017)


"LA NIEBLA Y LA DONCELLA" êê

   El director tinerfeño Andrés Koppel tenía ya una acreditada experiencia como guionista antes de firmar el libreto de La niebla y la doncella, película basada en la novela homónima de Lorenzo Silva. Por ejemplo, coescribió junto a Juan Carlos Fresnadillo el guión de Intacto (2001), colaboró en la escritura de aquél errático remake italiano de Atrapado en el tiempo titulado Un día sin fin (Giulio Manfredonia, 2004) y figura junto a Luis Larranz como autor del libreto del aceptable film bélico Zona hostil (Adolfo Martínez, 2017).


    La niebla y la doncella (título que recuerda a la estremecedora obra del dramaturgo Ariel Dorfman  La muerte y la doncella que llevó al cine de manera sublime Polanski en 1994) nos presenta al sargento Ruben Bevilacqua (Quim Gutiérrez) y la cabo Virginia Chamorro (Aura Garrido) dos investigadores de la Guardia Civil que tienen el encargo de resolver un complicado caso que comenzó dos años atrás, cuando un político local fue el sospechoso del asesinato de un joven, cuyo cuerpo apareció degollado en la isla de la Gomera, aunque finalmente fue absuelto. Nuevas pistas llegan  a la mesa del sargento, que se embarca en un viaje a la isla junto a su compañera, donde se verán envueltos en una maraña de corrupción y amores prohibidos, que pondrá a prueba su fortaleza profesional y sus emociones.  


     No engañaré a mis lectores afirmando que La niebla y la doncella es una película redonda, está muy lejos de ello, tampoco creo, como algunos aseguran, que la criatura de Koppel sea absolutamente detestable. Cierto que para ser una ópera prima la función resulta excesivamente academicista, de una rigidez metodista innecesaria sobre todo a la hora de construir arquetipos que forman parte del expediente canónico del thriller y el cine negro. El director debutante asume pocos riesgos y aunque revela que conoce los códigos del género los aplica de manera muy plana, sin efervescencia, sin chispa, sin la frescura que parece alumbrar ese comienzo con la persecución en coche por una desierta y neblinosa carretera de la Gomera. Brillante como introducción.
    

   Existe un error importante en la selección del elenco protagonista porque uno no se imagina a Quim Guitérrez metido en la piel del suboficial Bevilacqua, que al igual que las guapas Aura Garrido y Verónica Echegui parecen sacados del catálogo de moda de unos grandes almacenes. Pero el gran error de esta película de clásico tono detectivesco es que a medida que avanza el metraje la narrativa se emponzoña de manera abstrusa e incomprensible, tal vez la peor derivada de un guión confuso rebosante de diálogos poco trabajados, personajes poco definidos (Roberto Álamo está muy desaprovechado)  y escenas mal planificadas.

   
  La niebla y la doncella abre demasiadas batallas (corrupción policial, presiones políticas, tráfico de drogas, pistas que no conducen a nada, vídeos sexuales, prostitución, infidelidades…) que sólo sirven para embarullar el relato y que en su función de subterfugios de manual son ensamblados desmañadamente en la función, restando claridad e incluso coherencia a la intriga. Con una aceptable factura técnica y unos planos soberbios de los paisajes de la Gomera gracias a la notable iluminación de Álvaro Gutiérrez, a la película le sobra verborrea y se ve castigada por la saturación de nombres, datos y personajes irrelevantes que no aportan nada a la trama. Esperemos que Koppel encuentre más luz en sus próximos proyectos… si estos llegan, aunque uno se queda con la sensación de oportunidad perdida que tal vez hubiera mejorado si el guión estuviera firmado por Lorenzo Silva, pues la única adaptación cinematográfica interesante de una novela suya partió de un libreto propio, me refiero a La flaqueza del bolchevique (Manuel Martín Cuenca, 2003).

jueves, 14 de septiembre de 2017

TRÁILER DE “CINCUENTA SOMBRAS LIBERADAS” (2018)

     

   Con la batuta de nuevo a cargo del director británico James Foley, el 9 de febrero de 2018 está previsto el estreno mundial de Cincuenta sombras liberadas, adaptación de la última novela de la trilogía escrita por E. L. James y que en su versión cinematográfica siempre ha tenido como protagonistas a Jamie Dornan y Dakota Johnson.


     La película narra cómo Christian Grey (Dornan) accederá a los propósitos de Anastasia (Johnson) con tal de mantenerla a su lado. Fusionando sus vidas como si fueran una sola, Grey ha demostrado que quiere poner el mundo a los pies de la joven sin saber si será suficiente. A pesar de su necesidad extrema de protegerla, existen un par de detalles que pueden ser un obstáculo para ellos. A Grey le molesta que ella mantenga la idea de seguir trabajando para la editorial de Seattle. Y además está el tenebroso pasado de Grey, un fantasma que amenaza con destruir para siempre sus vínculos y cambiar su relación de manera irreversible. ¿Tendrá su relación la suficiente fortaleza para superar la fatalidad y el destino que les espera después del largo camino recorrido?


  Acompañando a la pareja protagonista, en el reparto aparecen nombres como Rita Ora, Luke Grimes, Max Martini, Faty Masterson y Eric Johnson, que ya aparecieron en las anteriores entregas. Por supuesto, el guión está de nuevo escrito por Niall Leonard, el film está iluminado por John Schwartzman y la música corre a cargo de Denny Elfman.


miércoles, 13 de septiembre de 2017

LOS 6 MEJORES GIFS DE "CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS"



"Fifty Shades Darker"
(James Foley, 2017)
    
   Segunda entrega de la saga cinematográfica basada en la trilogía literaria de E.L. James que nos narra la relación de la recién graduada universitaria Anastasia Steele (Dakota Johnson) y el joven magnate de los negocios Christian Grey (Jamie Dornan) que comienza justo donde lo dejó la primera, con Anastasia abrumada y desolada ante el poder que ejerce sobre ella el misterioso Christian, en una relación que ha derivado en un peligroso juego de dominación sexual. Es por eso que la joven decide alejarse de él lo máximo posible y empezar desde cero una nueva vida. Tras esa ruptura, acepta un trabajo en una editorial de Seattle. Allí conoce a Jack Hyde (Eric Johnson), su jefe, que poco a poco se encapricha con ella e intenta seducirla a toda costa para disgusto de Christian. Mientras lucha contra sus propios demonios, el joven no se quita a Ana de la cabeza, y ella debe enfrentarse a la ira que le provocan todas las mujeres que la precedieron como amantes/sumisas de Grey.      

      
   Debe extrañar mucho (no a mí, por razones que me niego a explicar) el predicamento que tienen estos engendros machistas entre el público femenino cuando tantas asociaciones feministas demuestran tener la piel tan fina al denunciar todos los días una retahíla de nimiedades ridículas. En Cincuenta sombras más oscuras nos encontramos con más ñoñería romántica que en su predecesora y resulta en todos los aspectos menos desafiante, sobre todo en la vertiente sadomasoquista, pero permanece inalterable la condición de sumisa de Ana entregada de nuevo al dominio de un Christian Grey dotado del poder omnímodo que le otorga su enorme fortuna, pues está claro que esto es lo más atractivo para ella. Es fácil observar que en las planificadas escenas sexuales los dos protagonistas se encuentran incómodos y de ahí la simpleza, la falta de pasión y la escasez de química que proyectan.

      
   Jamie Dornan es un buen actor (quien tenga dudas que vea la serie La caza), pero aquí sólo necesita lucir su esculpido cuerpo y aprenderse una escueta y ramplona línea de diálogos para poner a prueba la escasa resistencia de Anastasia que, como siempre, se deja llevar. Christian Grey está arrepentido y desea volver a poseer a Anastasia y dejar atrás su eterna angustia por una infancia traumática que se adueña de sus sueños para convertirlos en pesadillas. La pobre intriga de la película va a depender más del grado de sumisión de ella que de las elucubraciones sobre ese villano al que apunta el final de la función para la próxima secuela. Lo que debería ser una apetecible muestra de cine guarrindongo sólo es cine tonto y vulgar (como esas bolas chinas cuya función desconoce la ingenua universitaria), y las embestidas sexuales de un Christian amante del látigo y las pinzas para los pezones, sus recuerdos tormentosos, la jornada en un yate de lujo, la escasa progresión dramática y unas subtramas colgadas en el vacío hacen de esta película (por llamarla de alguna manera) una de las peores experiencias cinematográficas de los últimos años, y tal vez uno de los artefactos más misóginos que se han visto en una pantalla de cine, que además cuenta con el fervor y la bendición de un público femenino que llena a reventar las salas.

    
   Como invento literario, las novelas eróticas de E.L. James son material de deshechos, literatura de aeropuerto o quiosco de lectura efímera que no deja ningún poso, pero esta esta segunda cinta que nos entrega James Foley (que hubiera tenido más sentido si estuviera dotada de humor y un tono autoparódico) se impone como una memez irritante para un público adulto que siendo consciente de que el material de base es un bodrio, espera al menos que se asuma un poco de riesgo con las imágenes en movimiento. No es así, y Foley castra las escenas de sexo y desaprovecha personajes secundarios que podían haber dado mucho más juego, como es el caso de Kim Basinger (que parece la hija de Kim Basinger debido al botox y las operaciones que acumula) y que sólo está ahí como guiño a Nueve semanas y media, un ejemplo más lúcido y lucido de este subgénero softcore. Porque lo más terrible de Cincuenta sombras más oscuras no son sus nulos valores cinematográficos, sino que fracasa en su intento de poner verriondo al personal, lo peor que se puede decir de un producto fast food creado para pajilleros solitarios y reprimidas cuya educación castrante actúa de rémora para no dejar volar libre la cometa de sus fantasías.