miércoles, 2 de agosto de 2017

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "KILL BILL VOL. 1 Y 2" (2003/2004)


   La esperada película de Tarantino representa un gran mosaico de referencias, una hábil mezcla entre el cine de kung-fu, el spaguetti-western y el anime japonés. Kill Bill da mucho más de lo que cabían esperar aquellos espectadores que se sintieron defraudados con su anterior film, Jackie Brown (1997). Estrenado en dos partes, en el primer volumen de este film mayor protagonizado por una soberbia Uma Thurman que da vida a “la novia”, también conocida por “Mamba negra”, el realizador nacido en Knoxville opta por dividir en cinco episodios una historia de venganza sangrienta, la que la novia lleva a cabo contra su antiguo jefe y su Pelotón Mortal de Asesinos Viperinos (DIVAS) en respuesta a la masacre que estos cometieron el día de su boda, matanza de la que ella, que era su principal objetivo, sobrevive quedando en estado comatoso.


     El argumento es pues muy simple: la novia se recupera, inicia la búsqueda, se enfrenta y elimina a quienes destrozaron su vida. Puro cine de acción, sí, nada más y nada menos. Aquellos que como González de Iñárritu piensan que Tarantino aborda la violencia de manera frívola, pueden considerar que esta película confirma plenamente sus opiniones. No estoy de acuerdo, Kill Bill es un film caleidoscópico y provocador que encierra una lección de cine de alta escuela, la que se aprende en los vídeo-clubs. Siguiendo los patrones narrativos de sus dos primeros films, la cinta avanza de atrás hacia adelante, volviendo otra vez atrás sin decaer ni un momento. Uma Thurman disemina esporas de seducción desde casi la primera secuencia, el brutal combate que la enfrenta a Vermita (Vivica A. Fox) en la casa de esta última. Todo el relato es un tributo a ella, un homenaje que nos contagia con la fuerza de su belleza y decisión, embutida en su traje amarillo Bruce Lee avanza directa, implacable, hasta culminar su explosiva venganza.
   
     
    Ese ansia vampírica con la que el autor se retroalimenta con material de deshecho de serie B (o Z) resulta especialmente fascinante en su reconocimiento al cine oriental, de artes marciales, yacuzas y el manga (impactante el corto anime que hace un recorrido infernal por la traumática infancia de Lucy Liu), y al maestro Sergio Leone, glorificado en cada combate, teatrales ordalías a modo de duelos rituales en los que los callejones polvorientos dejan paso a esa mística casa de las hojas azules. Exquisita esta primera entrega de una obra total que condensa lo mejor del género de las últimas décadas, insólita por su carácter iconoclasta que rinde pleitesía al cine que nos hizo soñar a generaciones enteras. Un capítulo aparte merecería su banda sonora, recopilación brillantísima y adictiva que se ajusta como un guante al anfetamínico ritmo de un film delirante en su sentido del humor, desmesurado en sus coreográficos enfrentamientos, donde los cuerpos desmenbrados de la víctimas despiden sangre como aspersores. Difícil será olvidar a su atormentada heroína, escapar de su adrenalínico magnetismo, abstraerse del hipnótico influjo de un ejercicio estilístico que nos sirve en bandeja de lujo un delicioso banquete para cinéfilos y mitómanos.



    Quien esto escribe puede entender que a mucha gente no le guste Kill Bill, del mismo modo que me esfuerzo por comprender a todos esos ordinarios que desprecian la ópera, el caviar o el Vega Sicilia. Lo que ya me cuesta más de asimilar es que unos pocos críticos especializados y un más amplio sector del público se muestre incapaz de percibir que ésta es una película cardinal en el cine del nuevo milenio. En Kill Bill Vol. 2, nos encontramos de nuevo con el Tarantino mas esencial: acción brutal y estimulante, violencia operística de diseño, cáustico y desbarrado sentido del humor, personajes estrambóticos, diálogos chispeantes, amores al límite, flash-backs y continuos saltos narrativos en la historia, laceración, intensidad, emoción. Todo lo que es y hace grande el cine, no soy yo quien inventó aquello de que “una película es una chica y una pistola”(fue Godard), en este caso una katana. En su lucha por la venganza total -y una vez eliminadas O-Ren Ishii (Lucy Liu) y Vermita Green (Vivica A. Fox)-, Beatrix Kiddo (Uma Thurman) -la novia ahora tiene nombre propio-, continúa su inexorable vendetta contra sus antiguos compañeros del escuadrón de asesinos, del que su pieza más cotizada es Bill (David Carradine), la última parada de su sangriento y despiadado itinerario, él fue su amante, también el culpable de que le robaran a su hija y pasara cuatro años en coma. 


    En su planificada y purificadora misión, siguiendo su propio e inalterable código de valores, la novia tacha de su lista negra cada objetivo cumplido, en tan sombría relación se encuentra Budd “serpiente de cascabel” (Michael Madsen) un vaquero paleto que, además de no ser un angelito, es el hermano pequeño de Bill, y ahora se encuentra trabajando de matón en un local de strip-tease. Pero en la lista negra, como objetivo principal, también está Elle Driver (Daryl Hannah) la sibilina rubia tuerta que intentó envenenarla en el hospital. A la heroína Beatrix su encuentro con Bill le depara una enorme sorpresa que le dará fuerza para concluir su misión, pues tras inundar de sangre diferentes escenarios, todo está preparado para el último combate.
    
    
    Está claro que Tarantino ha entrado en un nuevo estadio de creación, hemos penetrado ya en una novedosa dimensión del metalenguaje cinematográfico, y la presente obra inunda de luz y abre camino al nacimiento de un mito revolucionario. En efecto, se acabaron los virajes intermedios, a partir de materiales de derribo y aplicando la linterna detrás de las telarañas, el director de Reservois dogs (re)crea un universo que, en estado latente, emitía señales en el imaginario colectivo. Todo un mundo que el crítico serio detesta, el coleccionista mima y persigue y el gran público ignora, microcosmos referencial no sólo reducido a producciones de serie B con ínfulas rupturistas (cuando no demoledoras en su descarnada verdad sobre las angustias del hombre moderno), también en su amplia mirada sobre la literatura pulp, los cómics, la sabiduría popular y una antología de canciones y bandas sonoras que, tal vez pasaran desapercibidas para el aficionado medio, jamás para el limpio y exquisito pabellón auditivo de Quentin. Frente a los standars de Hollywood, Tarantino crea escuela, convertido en icono y director de culto, su rol model es imitado hasta la nausea, muy a pesar de las artimañas que memos, cagones y mediocres inventan en su obsesiva y estéril lucha contra la violencia en el cine. 


     Y no es que Tarantino cumpla una misión encomendada por Dios, como apuntó el incombustible David Carradine, pues lejos de ser una revelación, el cine es para el realizador una cuestión de supervivencia. Así, cada estreno de un film suyo se convierte en algo insólito y en todo un acontecimiento cinematográfico. Como en la primera parte del film, el director despliega una extensa munición visual y narrativa, apoyándose en una compleja estructura dividida en capítulos terminantes y cambios cromáticos y de formato. Empero, hay algo sustancial que las diferencia, ya que si en aquella todo se resolvía en el terreno de la pura acción, en ésta, sin mucho menos despreciarla, nos ofrece unas pausas que arrastran el potencial de la historia hacia espacios más filosóficos y profundos. Sólo que habrá quien siga machacando en el track de la violencia, poniendo el énfasis en unas secuencias de ultrarrealistas abstractas, pasando por alto el valor de la reflexión y unos diálogos magistrales, frescos y contundentes. Estallidos febriles tan cargados de tensión, emoción y electricidad como el rayo que precede al trueno. Cómo olvidar esa originalísima joya, en forma de diatriba, sobre el origen de Superman y su superioridad moral sobre los demás superhéroes que Bill le suelta a Beatrix mientras nuestra heroína está siendo víctima de un poderoso suero de la verdad.



    “Matar a Bill”, esa es la misión de la pertinaz Beatrix Kiddo o “la novia” o “ Mamba negra”, y a ese (con)fin destina la película su verdadero clímax, todo aquel flow sangriento iniciado en el minuto uno de la primera parte, confluye en un cuadro crepuscular teñido de un abrasivo sentimentalismo; Tarantino aparta su mirada obscena y salvaje cuando madre e hija comienzan sus contactos, aplaca su fulgor y su furia para el desafío final, y nosotros, espectadores de lujo, tenemos un billete de primera clase para viajar al ocaso. Moderna revisión del spaguetti-western pasado por el tamiz oriental, Kill Bill da -repito- cumplido homenaje al maestro Leone, de quien extrae su fisicidad expresiva, una marcada debilidad por los antihéroes, y cómo no, una retahíla de frases lapidarias escupidas cual sentencias de muerte por los desolados callejones de El Paso. 


    Si la muerte de Budd “serpiente de cascabel” resulta realmente sádica, la pelea con Elle de una crueldad goremaníaca, la fugaz lucha con Bill es digna de ser recordada: letal golpe de los cinco puntos y al caminar cinco pasos el corazón explota. Dos seres que han traspasado la inexistente línea que separa el amor del odio, y que, por tanto, deben matarse. Duele, porque se producen desgarros, el peso insoportable del pasado desnudado en secuencias introspectivas y acusadamente intimistas. El postrero duelo, ese latigazo intenso y el abrazo del fatal destino. Mirada fronteriza que pone el punto y final a esta hermosa obra maestra.    

martes, 1 de agosto de 2017

EL BONITO CULO DE GRACIE LEWIS



   Hoy la galería de imágenes está dedicada a la modelo erótica inglesa Gracie Lewis (Londres, 7 de agosto de 1988), que con 1´60 m de estatura y 50 kg de peso puede presumir de ser dueña de una anatomía totalmente natural, si exceptuamos el tinte de su cabello.


   Sus ojos son de color azul, castaño su cabello original y sus posados tan morbosos como espontáneos. Tanto que goza del suficiente encanto como para que la fichara Playboy para su Cyber Club. Para la popular revista masculina ha realizado multitud de trabajos, porque Gracie es una diosa con una figura envidiable, un escultural cuerpo que alcanza su zenit en su perfecto trasero. Aunque no he tenido el placer de acariciarla (sueña pardillo…) adivinamos que tiene una piel suave como una noche tropical.

  
   Tiene, eso sí, un enorme defecto: se considera fan número uno de Cristiano Ronaldo, un futbolista engreído (ya veremos si también defraudador) por el que ni yo ni millones de personas sentimos la más mínima simpatía.

    
  Dice que su hombre ideal tiene que ser ambicioso y que eso,  es lo que realmente le atrae. Dejando de lado ese gran hándicap (sobre todo para alguien del Atleti como yo), ella se muestra divina posando en lencería y en un vídeo para Loaded en el que luce su cuerpo mojado bajo la ducha. Es por eso que a Gracie se lo `perdonamos todo… o no.

sábado, 29 de julio de 2017

MIS TERRORES FAVORITOS: "VAMPIROS DE JOHN CARPENTER" (1998)


   Cuando era sólo un estudiante, John Carpenter ganó un Oscar por el cortometraje The resurretion of Bronco Billy, tuvieron que pasar cuatro años para que firmara su primer largo, Dark Star, una interesante historia de ciencia-ficción que realiza con sólo sesenta mil dólares. En 1976 obtiene su primer éxito con Asalto a la comisaría del distrito 13, una clásica cult-movie incluida en todas las listas como una de las mejores películas de terror. Desde entonces, este veterano director ha seguido especializándose en el cine fantástico o de terror. La noche de Halloween (1978) es su película más comercial, un auténtico exitazo de taquilla que ha dado lugar a multitud de secuelas. De su filmografía, que comprende una veintena de títulos hasta la fecha, destacan los clásicos: 1997: Rescate en Nueva York (1981), La Cosa (1982), Christine (1983), Starman (1984). Otras obras también interesantes del singular cineasta norteamericano, al cual sigo con verdadera pasión, son: s Están vivos (1988), Memorias de un hombre invisible (1992) que es, con mucho, su obra menos conseguida, En la boca del miedo (1994), El pueblo de los malditos (1995), 2013: Rescate en L. A. (1996). Carpenter es además de un buen guionista el autor de la música de casi todos sus films.
   
  
   Sinopsis: Jack Crow (James Woods) es un mercenario sin escrúpulos y líder de un grupo de cazavampiros, tras eliminar a una comunidad de vampiros en un pueblo de Nuevo México y mientras lo están celebrando con alcohol y prostitutas, sufren el ataque de Jan Valek (Thomas Ian Griffith) un vampiro de más de 600 años obsesionado por encontrar la cruz de Berziers, una reliquia que le permitirá moverse a plena luz y ser finalmente indestructible. En el ataque, Katrina (Sheryl Lee) una de las prostitutas, es mordida por Valek, y queda a partir de entonces conectada con él y destinada a ser un chupasangre. Crow, acompañado de su colega Montoya (Daniel Baldwin) y de un cura enviado por el Vaticano (Tim Guinee) utilizará a Katrina para acercarse a Valek y su grupo, tenderles una trampa e intentar acabar con ellos.
    
    
    Con un guión de Don Jacoby según la novela de John Steakley, John Carpenter desarrolla uno de los mejores films de terror de los últimos años. Una historia que nos sumerge en el mundo de los no-muertos y en la que el director nacido en Kentucky, con la perversidad que le caracteriza, expone toda su fantasía sobre el vampirismo y la presencia amenazante del Mal. Para ello, subvierte la personalidad tradicionalmente seductora de ese mito legendario del terror, habitualmente envuelto en un aura romántica y fatalista, para presentarlo como un ser sin escrúpulos, envilecido y depredador, que únicamente arrastra consigo la muerte y la destrucción. 


   Gran entusiasta del western, Carpenter declara:<< hice todo lo posible para quitarle todos los elementos góticos al film porque no quería hacer una película de terror convencional, no me interesaba hacerla al estilo de Roger Corman, por eso ambienté la historia en el far-west... >>. Pero el cineasta no puede disimular las ráfagas de western gótico fronterizo que destilan muchas secuencias, porque salvando diferencias y constatando analogías es de lo que se trata, de una película del oeste transformada, en la que los bandidos han sido sustituidos por vampiros y con la que el director de La Cosa, en un alarde de imaginación desbordante, dominio técnico y potente energía, rinde homenaje a sus/nuestros admirados Hawks y Peckinpah.


   Vampiros de John Carpenter comienza de manera trepidante y deslumbradora: una cuadrilla de tipos rudos de bajan de un vehículo high-tech portando un gran arsenal que incluye toda clase de armas automáticas, ballestas, lanzas, estacas... Poco a poco se van adentrando con esmerado sigilo en una granja aparentemente vacía, la tenebrosa luz de las linternas da paso a una orgiástica matanza al más puro estilo gore, donde los vampiros serán aniquilados de múltiples formas, a cual más dolorosa e insufrible. Con una puesta en escena que roza la perfección, elegante a pesar de estar tamizada por cierto tono de serie B, John Carpenter’s Vampires es a día de hoy la mejor película de su director, no exenta de un “incisivo” sentido del humor, elemento consustancial en toda su obra, un ritmo electrizante que en ningún momento decae y acorde con una inmejorable conjunción narrativa. 



   El film se presenta como imprescindible para los amantes del género, lo es por su fastuosa estética en la línea de Abierto hasta el amanecer, porque rompe con algunos tópicos de la mitología de los chupasangre y demás malignos, porque es a la vez lóbrega y luminosa, porque desde un prisma inédito enfrenta a los salvajes y sanguinarios no-muertos con una crueldad y ferocidad aún mayor, la del ser humano, que al mismo tiempo que impone su ley, condena su alma. Es de destacar la perfecta elección de un reparto armónico en donde sobresale James Woods, que borda el papel de cazavampiros hosco y mal hablado, así como la impresionante fotografía de Gary B. Kibbe.