La modelo australiana de
Instagram Libby Powell (14 de
diciembre de 1992) comenzó a subir fotos y vídeos a esa red social allá por el
año 2012, cuando se ganaba la vida de camarera. Reina del fitness en su país y
con un cuerpo 10, se tuvo que retirar de los objetivos y flashes tras quedar
embarazada fruto de su relación con el boxeador Chris Botwell. Dio a luz una
niña que la convirtió en una madre feliz.
Instructora de aerobic, pronto se marcó
como objetivo principal recuperar su perfectafigura cuanto antes. Recordada por sus
sesiones de fotos para la revista Zoo
y publicaciones especializadas de fitness, enloquece a sus seguidores de
Instagram, en donde cuenta con más de un millón de ellos.
Nacida en la ciudad australiana de
Brighton, basa su rutina en ejercicios físicos y una dieta saludable, de ahí
que haya esculpido su envidiable
anatomía con una gran disciplina y una vida sin excesos. Su escultural, tonificado
y torneado cuerpo es un gran reclamo para la publicidad y las revistas de
fitness, pero también para el mundo de la moda.
Libby arrasa con sus fantásticos selfies y sirve de inspiración a muchas
mujeres que se inician en esta actividad deportiva para moldear sus cuerpos.
Un auténtico subidón para los
aficionados al terror puro el poder degustar por fin el esperado tráiler de Leatherface
que han pergeñado los franceses Julien
Maury y Alexandre Bustillo. La historia
de los orígenes de Leatherface (o Cara de Cuero) narra cómo un joven, Jackson (Sam Strike) logra escapar de
un psiquiátrico junto a otros cuatro compañeros. El grupo decide secuestrar en
su huida a una joven enfermera, a la que arrastrarán a un infernal viaje en el
que verán todo tipo de horrores mientras intentan escapar de Hal Hartman (Stephen Dorff), un Ranger
de Texas que busca venganza.
Con un guión escrito por Seth M. Sherwood, una música está
compuesta por John Frizzell y la
iluminación a cargo de Antoine Sanier.
El reparto está compuesto por Stephen Dorff, Lili Taylor, Angela Bettis, Sam
Strike, Nicole Andrews, Sam Coleman y Simona Williams entre otros.
El estreno
en los Estados Unidos está previsto para el próximo mes de octubre, en España
aún no tiene confirmada fecha de estreno. En fin, muy buena pinta tiene esta
precuela de La matanza de Texas centrada en los años de adolescencia de su
protagonista. Ansiosos estamos.
Estamos ante el brillante capítulo final que
cierra esta moderna trilogía de la saga El Planeta de los Simios que como la
anterior entrega, El amanecer del Planeta de los Simios (2014), vuelve a contar
con la batuta de Matt Reeves detrás
de la cámara, y que recordemos se inició con El origen del Planeta de los
Simios (Rupert Wyatt, (2011). No será necesario apuntar que el cauce
emprendido por la saga, rebosante de trascendentalismo, grandilocuencia y
dilemas morales le ha sentado muy bien al invento que va mucho más del mero
entretenimiento.
Vayamos con la trama: César (Andy Serkis) jura que no comenzó
la guerra. Pero él y su nación de simios genéticamente evolucionados se ven
obligados a luchar en un conflicto a muerte contra los humanos que quedan en el
mundo. César volverá a contar con sus fieles seguidores Rocket (Terry Notary), Maurice
((Karin Konoval) y Luca (Michael
Adamthwaite), juntos harán frente al despiadado Coronel (Woody Herrelson) que lidera la raza humana. Después de que
los simios sufran incontables bajas, César y el Coronel libran una épica
batalla que determinará el destino de ambas especies y el futuro del planeta.
Mezcla cine bélico, drama, acción y aventura, La
Guerra del Planeta de los Simios se impone como un broche de oro para
clausurar la resucitada saga, cuyo film seminal se remonta al año 1968. El tono
enfático de la función está presente en el modo excesivo en que Matt Reeves
homenajea a la magistral Apocalypse Now (incluso el personaje
al que da vida Woody Harrelson es un trasunto del Coronel Kurtz interpretado
por Marlon Brando) para sumergirnos en los horrores de la guerra que para los
humanos siempre es un infierno reconocible. No es que la función esté repleta
de set pieces de acción pero es una maravilla ver cómo el CGI, los efectos
especiales resultan cada vez más realistas, hasta el punto de que los simios se
nos presentan más expresivos que los humanos. En las pocas secuencias de acción
están muy conseguidos los movimientos de masas y Andy Serkis se agiganta dentro
de esa segunda piel digitalizada y en la técnica de captura de movimiento.
Por supuesto toda la trama gira en torno a
una cuestión de supervivencia y, es ahí, en las relaciones entre César y el
grupo de confianza que le acompaña, donde la función alcanza su máximo interés;
la tristeza del líder carismático que rebosa odio, rencor y culpa que hacen
aflorar un deseo de venganza tan trágicamente humano.
Porque de lo que se trata una vez más es de preguntarse si existen
soluciones más allá de las que aportan las maquinarias de guerra para buscar un
punto de entendimiento cuyo fin sea la supervivencia. Una filosofía que basa su
efecto en la moral suprema de aceptar la diferencia y crear así una
cohabitación soportable, pacífica, en donde reine el respeto y la dignidad.
La Guerra del Planeta de los Simios
es un film lleno de buenas ideas para la reflexión y sugerentes detalles (increíbles
postales de los simios cruzando el puente de la catarata, a caballo por la
playa, espacios nevados y cenagosos, la huida del campo de trabajo forzado) que
requieren sentido de la planificación tanto en las batallas a campo abierto como
en los momentos intimistas en los que los rostros de César y sus fieles denotan
la preocupación y el miedo a un holocausto simio, nota dramática en un futuro
distópico. Brillan los simios por encima
de los humanos porque los queremos más, nos parecen más humanos, racionales y
sentimentales, tanto como para instituirlos en símbolos contra el fanatismo
ideológico y contra la represión que sólo persiguen sociedades sumisas y cobardes. El fin de una hermosa trilogía.