La modelo danesa Josephine Skriver (Copenhague, 14 de abril de 1993) ha participado
en más de 300 desfiles y ha lucido en las pasarelas modelos de las más grandes
marcas del mundo, además de aparecer en las portadas de revistas tan fashions
como Vanity Fair, Elle, Vogue, Harper´s Bazaar y Marie Claire, consideradas
biblias del mundo de la moda.
Como curiosidad apuntaremos que los padres
de Josephine son gays, por lo que cuando su madre decidió que quería tener
hijos puso un anuncio en una publicación gay para buscar un hombre homosexual
que deseara ser padre. De ese acuerdo nació ella. Josephine y su hermano
comparten los mismos padres biológicos y ambos se han mostrado siempre muy
orgullosos. Skriver fue descubierta por un agente a la edad de 15 años cuando
jugaba en un equipo de fútbol y poco después firmó por la agencia Unique
Models, con sede en Copenhague.
La temporada de su debut fue durante el
otoño-invierno de 2011, durante la cual abrió para Alberta Ferretti y cerró
para Prada. Esa misma temporada también desfiló para diseñadores punteros como
Calvin Klein, Gucci, Dolce & Gabbana, Givenchy, Yves Saint Laurent,
Valentino, Christian Dior… Además de realizar campañas publicitarias para las
mejores firmas. Por supuesto, Josephine ha aparecido en catálogos y spots
publicitarios de Victoria´s Secret, apareciendo en el Victoria´s Secret Fashion
Show cada año desde 2013. Fue en 2016 cuando se le nombró Ángel de la popular y
prestigiosa marca de lencería.
Nuestra modelo es un firme apoyo y
defensora de los derechos LGTB, y tiene como objetivo crear conciencia sobre
las familias LGTB, apostando porque su historia no sea tan interesante dentro
de poco porque eso significará que la sociedad ha llegado a aceptar la normalidad
de los padres homosexuales, pues como en su caso, suelen ser familias tan tradicionales
como cualquier otra. Con 1´79 m de estatura, color de pelo castaño claro,
preciosos ojos verdes y una espléndida sonrisa, el hecho de haber sido
fecundada in vitro o el haber crecido entre dos familias de padres homosexuales
no hace especial a Josephine, tampoco el formar parte de las criaturas aladas
de Victoria´s Secret, lo que en este blog se valora es la belleza, y de esto
está sobrada esta modelo que derrocha simpatía y fotogenia.
Pues sí, amigos lectores, las mismas ganas
que tenéis vosotros tengo yo de asistir al estreno de La Torre Oscura (The
Dark Tower), pero aún tendremos que esperar hasta el 18 de agosto para
ver materializado su estreno en las salas de cine de España. Un poco antes, en
julio, tendrán el privilegio de hacerlo los espectadores estadounidenses.
De su
director, el danés NicolajArcel, sabemos que dirigió en el año
2004 el potente thriller El juego del rey, que con el
trasfondo del periodismo y la política es una crónica sobre la manipulación
como instrumento para conquistar el poder. Más floja resultó La
isla de las almas perdidas (2007) una aventura fantástica adolescente. Tampoco
tildaremos de despreciable la comedia The Truth About Man (2010) sobre la
vida de un tipo joven que aparentemente lo tiene todo pero le falta algo. El mejor
film hasta la fecha del Arcel es Un asunto real (2012) un drama
histórico protagonizado por Mads Mikkelsen y Alicia Vikander que está
ambientado en el siglo XVIII durante el reinado de Christian VII.
Parece extraño que este director
escandinavo haya sido elegido para situarse detrás de la cámara en la
adaptación a la pantalla grande de la obra magna de Stephen King que nos sitúa en un mundo agonizante. Un paisaje del
viejo oeste en donde el tiempo no corre de manera normal, y en donde las
ciudades y regiones enteras desaparecieron sin dejar rastro. El pistolero Roland Deschain (Idris Elba) es el
último hombre de una orden de caballería denominada “los Pistoleros”, un tipo
obsesionado por con la búsqueda de un
edificio mitológico conocido como La Torre Oscura. Según cuenta la leyenda,
esta torre es el centro de convergencia de todos los universos. Con la
esperanza de llegar hasta La Torre Oscura, Deschain se convierte en la última
esperanza para salvar la civilización.
Además de Elba, componen el reparto Matthew McConaughey, KatherynWinnick, Abbey Lee, Tom Taylor y Jackie Earl Haley. La música corre a cargo de Junkie XL, la fotografía es un gran trabajo de Rasmus Videbaek y el guión está escrito a tres bandas por el propio
director, Akiva Goldsman y Ander Thomas
Jensen. En fin, paciencia ansiosos lectores, ya sé que esta distopía en
forma de western fantástico tiene buena pinta, pero de momento disfrutemos del
tráiler.
INTÉRPRETES: CLINT EASTWOOD, HILARY SWANK, MORGAN FREEMAN, JAY
BARUCHEL, MIKE COLTER, LUCIA RIJKER.
Hay veces en que una pantalla de cine se
convierte en un ente tan inmisericorde y supremo que puede arrojar sobre el
patio de butacas tempestades que agitan las conciencias y las emociones. Million
Dollar Baby, la última gran obra de Clint Eastwood, es un film sobre
la soledad atravesada por mil cuchillos, sobre la culpa y la expiación, sobre
seres golpeados por la vida que ven como se alejan los restos del naufragio,
sin gloria donde poder lavar los pecados de la existencia. Quienes pensamos que
el cine es la forma de expresión colectiva más directa y penetrante, quienes
buscamos en el arte fórmulas secretas de implicación y los más variados
itinerarios mentales, podemos aceptar cualquier excusa para acercarnos al
compromiso ético de un autor, porque al fin resulta irrelevante sobre qué
tablero se ventilen los dilemas morales. En la cinta del cineasta nacido en San Francisco la coartada es el
boxeo, pero lo que importan son sus personajes que nos miran y hablan desde un
fondo de integridad, realismo y superación.
Si se trata de buscar a nuestros héroes
alrededor de un ring, ahí les encontraremos: Clint Eastwood es el veterano
entrenador de boxeo Frankie Dunn. De ascendencia irlandesa, cumple con el
compromiso de su dogma y acude asiduamente a una iglesia católica, pero el
doloroso alejamiento de su hija le hace mantener una actitud distante con casi
todo el mundo, sólo su viejo socio Eddie-Scrap-Iron (Morgan Freeman) un
ex-boxeador que perdió un ojo en un combate, puede acercarse a él, actuando a
veces como su conciencia. Un día, por el gimnasio que regenta se acerca Maggie Fitzgerald (Hilary Swank)
una chica que perdió a su padre siendo una niña y que con 31 años aspira a
convertirse en campeona del cuadrilátero. Así, el áspero y amargado Frank -alentado
por Scrap- tiene la oportunidad de recuperar el contacto humano -el de la hija
distante- y volver a sentirse útil. Maggie, por su parte, puede disfrutar a su
lado de la presencia del padre desaparecido, esa persona que por encima de todo
crea en ella, en su gran fuerza y voluntad.
Cremallera, creo que llaman en
términos pugilísticos a la sucesión de golpes que te machacan el hígado, los
riñones y otros órganos. El guionista Paul Haggis firma un poderoso libreto
basado en un relato de F.X Toole, seudónimo tras el que se esconde Jerry Boyd,
un ex-entrenador de boxeo que lo incluyó en su libro “Rope Burns: Stories
From the Corner” y que al parecer está basado en una historia real. Pero,
no es una ristra de golpes lo que el espectador recibe -al menos en los dos
primeros tercios del film- dentro de este universo extremadamente personal que
Eastwood nos propone, de hecho, la película se desarrolla punteando todos los
clichés y convencionalismos de los clásicos films de épica deportiva que
Hollywood nos ha regalado a lo largo de la historia. Conociendo al personaje,
enseguida nos damos cuenta de que el boxeo es el pretexto, el Macguffin
que el realizador utiliza para llevarnos a su terreno, ese en el que sus
protagonistas se enfrentan a la vida desde unos inalterables principios
morales, a pesar de los desgarros íntimos, de la visión fatal de los abismos de
la derrota y la depresión.
Nunca he considerado al director de Mystic River
un gran creador de atmósferas, empero siempre me ha interesado mucho la dinámica
interna de sus obras, reveladoras de las ambiguas pulsiones de su autor, su
peculiar noción del éxito y del fracaso, su austera forma de rodar, con
calendarios muy cortos de trabajo y presupuestos relativamente modestos. El
ajustado dibujo de los personajes denota un trabajo cercano y de gran
entendimiento con los actores, para, de paso, reivindicar su enorme talla de
actor.
Está claro, Clin Eastwood cree en los
héroes y cree en el amor. En héroes de vidas atomizadas que buscan su espacio
de regeneración, en el amor en su dimensión más pura. Million Dollar Baby
es una de las mejores “películas de actor” de la historia, en la que el nivel
de inspiración creativa de su director alcanza el cenit de su envidiable
carrera. Sacando el máximo partido a la interconexión entre el escenario y los
personajes, logra una lúcida introspección sobre los mecanismos ocultos de la
naturaleza humana, una odisea metafísica que abarca todos los estados
productivos del hombre ante su destino, ante el dolor y la generosidad, el amor
y la ausencia.
El color universal de este drama conmovedor proyecta un mensaje
que nos llega nítido, narrada de forma sencilla y eficaz, supone una magistral
lección de cine y buen oficio -encuadres, planificación, banda sonora,
ritmo...- impartida por el último gran
clásico de la industria, que no necesita dinamitar las convenciones ni minar
los géneros, porque siempre tiene presente cuáles son sus influencias y quiénes
han sido sus maestros. Acompañados durante todo el metraje por la voz en “off”
de Scrap-Iron, recurso pocas veces tan bien utilizado, el film pega un giro
brutal en el último cuarto, donde cobra mayor valor esa máxima con la que Frank
obsequia a sus discípulos: “lo importante es protegerse a sí mismo”. El nudo en
la garganta es insoportable, el espectador cautivado no logra distanciarse de
lo que ocurre en la pantalla, y ante el lecho de muerte, con las lágrimas
congeladas, asiste hipnotizado a este paseo por el amor y la muerte, cuyo
sentido filantrópico es de una hondura inmensurable.