jueves, 6 de abril de 2017

CHARLIZE THERON EN 8 GIFS HOT


   Nacida el 7 de agosto de 1975, la actriz sudafricana Charlize Theron presenció a los 16 años un hecho trágico que iba a marcar de forma indeleble su vida: el asesinato de su padre a manos de su madre, acabando así con los continuos ataques, amenazas y vejaciones que venía soportando por parte de su marido. A pesar de su Oscar por Monster (Patty Jenkins, 2003), correcta recreación de la vida de Aileen Wuornos, una prostituta convertida en asesina en serie, nunca he considerado a Charlize una gran intérprete, puede que sí una actriz resultona no exenta de talento para el drama. Recuerdo la irrupción de su poderosa sensualidad en el thriller 2 días en el valle (John Herzfeld, 1996), su participación en el musical The Wonders (1996) debut como director de Tom Hanks, aunque su papel más relevante en aquella época lo obtuvo en Pactar con el diablo (Taylord Hackford, 1997), en la que se comía con papas a un sobreactuado Pacino y un insulso Keanu Reeves. 


    
   Charlize, que comenzó su carrera profesional como bailarina de ballet clásico, actividad que tuvo que abandonar por una lesión de rodilla, dedicándose a la profesión de modelo, ha trabajado a las órdenes de Woody Allen en Celebrity (1998) y La maldición del escorpión de jade (2001), en el sólido y exitoso film de Lasse Halströn La casa de las normas de la sidra (1999), en el film de acción The Italian Job (2003) y por el papel protagónico, junto a Frances Mcdormand, en la película de tono social En tierra de hombres (2005) volvió a ser nominada al Oscar a la mejor actriz.  

      
   Resulta farragoso hacer un recorrido por las mejores películas de Charlize Theron, pero sí podemos incluir, además de las citadas, El Valle de Elah (Paul Haggis, 2007) una intriga criminal que tiene de fondo la Guerra de Irak; Lejos de la tierra quemada (Guillermo Arriaga, 2008) un drama familiar que como todos los films del mexicano se desarrolla sobre historias cruzadas; La carretera (John Hillcoat, 2009) magnífica aventura postapocalíptica según el best seller de Cormac McCarthy; Mad Max. Furia en la carretera (George Miller, 2015) sin duda su mejor película y la mejor de aquel año, una obra maestra del cine de acción incontestable. Charlize tiene pendiente el estreno este mes de Fast & Furious 8 (F. Gary Grey, 2017) que batirá récord en las taquillas de todo el mundo y Atomic (David Leitch, 2017) film de espionaje ambientado en la Guerra fría en el que encarna a una bella espía encargada de encontrar una lista en donde figuran los nombres de todos los agentes encubiertos que trabajan en Berlín oriental.  


PARA LOS AFICIONADOS DEL ATLETI COMO YO... CHARLIZE, LA INSPIRACIÓN


... Y VIN DIESEL, FUERZA PARA EL DERBI

martes, 4 de abril de 2017

"LADRÓN DE BICICLETAS" (1948), ESCENA ESENCIAL


"LADRI DI BICICLETTE" (Vittorio De Sica, 1948)
    

    Sinopsis: en la Roma de la posguerra, el obrero en paro Antonio Ricci (Lamberto Magiorani) consigue a través del ayuntamiento un trabajo como pegador de carteles, pero para poder realizarlo necesita la bicicleta que ahora tiene empeñada. El empleo es vital para sacar a su familia -mujer y dos hijos- de la miseria, por lo que no le queda más remedio que empeñar lo poco que tiene para desempeñarla, y una vez que la ha recuperado comienza a trabajar. Un día, mientras se encuentra trabajando, alguien igual de pobre que él se la roba aprovechando un descuido. Antonio, acompañado de su pequeño hijo Bruno (Enzo Staiola) inicia entonces una dramática odisea por los barrios de la ciudad para intentar recuperarla, pues la bicicleta se impone como el único elemento capaz de librarles de la pobreza.
      
   
     Obra cumbre del Neorrealismo y la cinematografía mundial rodada con actores no profesionales, con Ladrón de bicicletas Vittorio De Sica logra un impresionante fresco sobre la prolongación del sufrimiento, a la vez que un demoledor documento panorámico de la Roma mísera y herrumbrosa de la posguerra. Paisaje en donde las huellas de la reciente guerra son claramente identificables, una ciudad que padece las consecuencias de la crisis económica y el desempleo y en donde una legión de seres harapientos buscan cobijo en los centros de caridad y las parroquias, lugares que, por otra parte, se  han convertido en sedes ocasionales de obreros, cómicos y sindicalistas. Antonio Ricci, desesperado, intenta incansablemente recuperar su bicicleta, sabe que de ella depende su futuro inmediato, su pan, y lo más importante, el de su mujer y sus hijos, empero, su búsqueda se presume vana cuando arrastrando la sombra de la desdicha por las entrañas de la ciudad, comprueba lo poco que le interesa a nadie su problema, evidenciándose, entre la indiferencia de todos, su abatimiento y soledad. De  Sica declara: “el Neorrealismo es la poesía de la vida misma”, tal vez por eso rechazó un contrato de producción que le habría impuesto dirigir a Cary Grant y le otorga el papel protagonista a un verdadero obrero.


       Hay quien ha definido el Neorrealismo como una mera formalidad documental, casi siempre brutal e instantánea, acusando a sus teóricos y directores de utilizar la cámara como elemento estático que atrapa sin concesiones la realidad circundante.  Me niego a aceptar estos enjuiciamientos porque -como queda demostrado en esta obra magistral- su capacidad de análisis, la fuerza y emoción  de su expresividad narrativa queda -con la excusa del rodo de la bicicleta- claramente confirmada y definida, al captar de forma brillante cómo se va dilatando la angustia del padre al mismo tiempo que  su humillación se ve reflejada en los ojos de su hijo. El estilo poético de planos depurados y travellings de evolución dramática, nos revela por qué esta corriente influyó de manera viva en todo el cine posterior. 


    Ladrón de bicicletas se impone (al igual que las monumentales obras de su compatriota Roberto Rosellini: Roma, ciudad abiertaPáisaAlemania, año cero) por su arrebatador encanto de naturaleza lírica y atemporal, como una respuesta de su creador ante la tragedia última, ocasionada por un régimen que les había llevado a la ruina, y en palabras del cineasta “les había obligado a vivir de manera hipócrita y falsa”. El relato, convertido en la historia de un hombre en permanente lucha por la supervivencia, concluye con una escena esencial que eleva hasta la congoja y las lágrimas el tono emocional, cuando un hastiado Antonio Ricci es pillado in fraganti robando una bicicleta; su inabarcable dolor, el llanto de su hijo, enmarcan un retrato sentido sobre la amargura humana y sus continuos desengaños. Obra maestra absoluta.


domingo, 2 de abril de 2017

CRÍTICA: "GHOST IN THE SHELL" (Rupert Sanders, 2017)


GHOST IN THE SHELLêêê


     Se hace necesario comenzar aclarando que el subgénero conocido como ciberpunk (o cyberpunk) trata sobre un concepto definido en la ciencia ficción por su enfoque de un futuro distópico con alta tecnología y baja calidad de vida. Toma su nombre de la fusión de cibernética y punk, mezcla de ciencia avanzada, como la informática y la cibernética, con algún grado de desintegración o cambio radical en el orden social y cultural. Fue el editor de ciencia ficción Gartner Dozois el que popularizó el término que inmediatamente adoptaron escritores del género como William Gibson (uno de mis favoritos), pero fue Bruce Bethke quien primeramente lo acuñó en su relato corto “Cyberpunk”.


     En el cine, a pesar de que hubo una atractiva aproximación  de Jean-Luc Godard en su film de culto Alphaville (1965), es la mítica Blade Runner (Ridley Scott, 1982) la cinta que da el pistoletazo de salida a este subgénero en el cine, un film que recordemos estaba inspirado en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Otras películas como Terminator (James Cameron, 1984), Robocop (Paul Verhoeven, 1985), Matrix (Hermanas Wachowski, 1999) y Minority Report (Steven Spielberg, 2002) han ayudado con gran acierto a cimentar esta corriente dentro del Séptimo Arte.


     Primero fue el magistral manga Ghost in the Shell creado por Masamune Shirow en 1989, y después fue la no menos excelente adaptación animada dirigida por Mamoru Oshii en 1995, un magnífico anime que tuvo también una espléndida secuela titulada Ghost in the Shell: Innocence (2004), por supuesto muy superiores a este reebot firmado por Rupert Sanders (Blancanieves y la leyenda del cazador). La historia es muy conocida: En Japón, en un futuro distópico, Meera (Scarlett Johansson), también conocida como The Major, es un cyborg-humano que lidera un grupo de élite que trabaja en operaciones especiales para la Sección 9, al frente de la cual está Aramaki (Takeshi Kitano). Consagrada a detener a los extremistas y criminales más peligrosos, su mejor aliado es Batou (Pilou Asbaek) un ex militar fuerte como una roca. The Major y su grupo tendrán que lidiar  con un fanático hacker cuyo objetivo es acabar con los avances de Hanka Robotic en la tecnología cibernética… pero no todo es como parece.


    Si pasamos por alto, esta vez sí, un argumento flojito derivado de un guión lineal que sigue más o menos las pautas del anime original de 1995 (cima sólo alcanzada por la anterior y sublime Akira, 1988, obra cumbre del cyberpunk dirigida por Katsuhiro Ôtomo) podemos manifestar sin ningún complejo que Ghos in the Shell resulta fascinante por su evocación de una época, porque es en las sensaciones y en el poder hipnótico de su cuidado look visual donde el espectador encontrará el confort, el aroma, las volutas nostálgicas y el romanticismo de una bellísima cyborg que tiene como mayor aventura encontrarse a sí misma dentro de un cuerpo tan postizo como extraño.


   Haciendo uso de un esteticismo alucinante, Rupert Sanders recrea con un magnetismo extasiante y gran percepción sensitiva la pulsión de una sociedad distópica en donde la sordidez se mezcla con la fría asepsia tecnológica, el fulgor de un futuro inquietante con la miseria y la esclavitud de la fusión de humanos y cyborgs que, con  la memoria manipulada o arrasada, son utilizados para salvaguardar los intereses de las grandes corporaciones.


        Porque ya se sabe que si la memoria pervive siempre puede existir un camino para la revolución. Pero es Scarlett Johansson quien se eleva como el alma de la función, desplegando un gran abanico de matices tanto en las set pieces de acción como en las secuencias intimistas en las que su cerebro se debate entre los dilemas existenciales derivados de su pasado, sus recuerdos y su verdadera identidad. La actriz neoyorquina de 32 años brilla en un relato de una belleza plástica a la vez hermosa, extraña y artificial, en donde se le hace farragoso descifrar la realidad debido a sus continuos cortocircuitos cerebrales.


   Es todo un espectáculo para los aficionados al género sumergirse en la urbe cosmopolita de Tokio, y entre los destellos de las luces de neón y callejones oscuros y sucios atestados de perros hambrientos, se dejará llevar por una heroína en su desnudez tamizada por su piel térmica que le otorga el poder de la invisibilidad. Ghost in the Shell nos obliga a preguntarnos por los riesgos de la Inteligencia Artificial, y sobre todo por el precio de la inmortalidad a través de ella. Un artefacto digno y entretenido.