Apenas sé nada de esta directora
canadiense llamada April Mullen que
al parecer debutó en el año 2012 con una comedia teen sobre maldiciones,
zombies y demonios titulada Muertos antes del amanecer. Me
cuentan gente en la que confío que toda su filmografía es muy chusca, que en el
año 2014 estrenó un zarrapastroso thriller con el escueto título de 88,
protagonizado por la bellísima Katharine Isabelle. Nada sabemos de otro
thriller firmado por la canadiense en 2015, Farhope Tower, pero sí
que últimamente anda liada filmando capítulos para series televisivas como Aftermath
y Belleuve.
El argumento de Below Her Mouth es tan
simple como el mecanismo de un botijo: Dallas
(Erika Linder) acaba de dar por terminada la relación con su pareja, Joslyn (Mayko Nguyen). Dallas, que
trabaja arreglando las cubiertas de las viviendas, le echa el ojo a Jasmine (Natalie Krill), editora de una
revista de moda y dueña de la casa en la que está trabajando. Una noche, se encuentran
en un club de mujeres y Dallas inicia un agresivo juego de seducción. Jasmine,
que aparentemente es heterosexual y está comprometida con su novio, cae en los
brazos de Dallas e inician un tórrido romance.
Muy alejada de la calidad cinematográfica
y el sentido dramático y emocional de La vida de Adèle (Abdellatif
Kechiche, 2013) y con el rotundo título traducido al español “Debajo de su boca”, April Mullen nos
entrega un soso relato en el que la mayor parte del metraje lo gasta en los
encuentros eróticos que tienen las dos protagonistas sin asumir muchos riesgos,
algo que resultará muy excitante para el público masculino (también, claro para
las mujeres lesbianas), pues las escenas eróticas están rodadas con un cuidado
esteticismo, cierta sensualidad y naturalismo. Below Her Mouth es un
film engendrado completamente por mujeres, y el único hombre del reparto sólo
existe como coartada para desarrollar una trama previsible y anodina.
Nada de lo que ocurre en la función
resulta novedoso o irreverente, y la explicitud sexual se sitúa muy por debajo
de la cinta francesa anteriormente citada. Pero la directora asegura que en la
película se nota la mirada femenina, según ella su película está rodada con una
sensibilidad distinta y no ocurre como en otras de temática lésbica pergeñadas
para excitar a los hombres. Vende su producto, pero si ese era su objetivo, no
creo que lo haya conseguido. Insisto, el único interés de esta aburrida
película para los hombres y mujeres heterosexuales reside en ver cómo retozan
sus dos bellas protagonistas, y no creo que las féminas que sienten atracción
sexual hacia otras mujeres se sientan atrapadas por una historia tan vulgar y
de una narrativa tan plana. Conclusión: guión pobre, interpretaciones mediocres
y el sexo como único y mínimo aliciente.
Falaz y glamourosa visión de la bestia del terrorismo
RAF: FACCIÓN
DEL EJÉRCITO ROJO êêê
DIRECTOR: ULI EDEL.
INTÉRPRETES: MARTINA GEDECK, MORITZ BLEIBTREU, JOHANNA WOKALEK,
HEINO FERCH.
GÉNERO: DRAMA POLÍTICO / ALEMANIA / 2009 DURACIÓN:
150 MINUTOS.
Siempre he pensado que
al igual que el agresor o delincuente sexual suele sufrir trastornos psíquicos
y problemas de impotencia y raramente llega al orgasmo si no es a través del
sometimiento y la agresión de la víctima, el terrorismo es también la cruel
representación de la impotencia política e intelectual de un grupo de cobardes
sociópatas incapaces de crear un proyecto alternativo ilusionante que, por
cauces únicamente democráticos, cale en la opinión pública. A veces sólo hace falta un par de mentes
enfermas como las de Andreas Baader
y Ulrike Meinhof para dar a luz un
monstruo que acaba fagocitando a sus padres y sólo acierta a diseñar –en una
batalla estéril- un escenario de sangre y desolación entre sus víctimas. RAF:
FACCIÓN DELEJÉRCITO ROJO es una de las producciones más caras del cine
alemán basada en el libro de Stefan Aust que ya inspiró otro film sobre el
tema: El Proceso, (Reinhard Hauff, 1986). Dirigida por el veterano
director alemán Uli Edel (Últimasalida: Broocklyn), la película queda alejada de la excelencia
demostrada por Steven Spielberg en Munich (2005), que recordemos,
narraba el atentado cometido por el comando terrorista palestino “Septiembre
Negro” contra el equipo olímpico israelí el 15 de septiembre de 1972 durante
las Olimpiadas celebradas en Munich. Para quien esto firma, la mejor película
sobre terrorismo de la historia.
Este crítico era sólo un niño cuando se
desarrollaron las “hazañas” de esta violenta banda de descerebrados, lo cual no
fue obstáculo para que siguiese con interés su proceso de (auto) destrucción a
través de la prensa. La acción del film nos sitúa en la agitada Alemania de la
década de los 70: la muerte de un joven estudiante por un disparo de la policía
durante una manifestación en 1967 es el punto de inflexión que funde la alianza
entre Andreas Baader (Moritz
Bleibtreu), su novia Gudrum Ensslin
(Johanna Wokalek) y más tarde la periodista de izquierda Ulrike Meinhof (Martina Gedeck), que librarán una violenta guerra
contra el capitalismo representado en el imperialismo norteamericano en
connivencia con el establishment
alemán. Comienzan sus acciones violentas colocando artefactos explosivos en
grandes almacenes, robando bancos, secuestrando a políticos y, finalmente, dejando
un sangriento reguero de 47 víctimas mortales hasta su desarticulación a
mediados de los años setenta. Aunque el objetivo del grupo era crear una
sociedad más justa y humana, al emplear medios violentos e inhumanos provocan
el terror y pierden su propia humanidad. El encargado de darles caza es el jefe
de la policía alemana, Horst Herold
(Bruno Ganz), que logra su propósito tratando de comprender las raíces del
problema.
Si bien no podemos considerar la cinta de
Edel como fallida, se atisba algo infame en su mirada salvífica, sentimental e
incluso heroica (en la línea de aquellos repulsivos mensajes proyectados por
films nacionales de la transición: OperaciónOgro, LafugadeSegovia, El proceso de Burgos) con la que el director
parece jalonar el corto aunque sangriento itinerario de la referida banda
terrorista RAF, también denominada Baader-Meinhof. A partir de in libreto
dinámico del también productor Bernd Eichinger seguimos los pasos del grupo
armado desde su formación hasta el suicidio en prisión –no tengo por qué dudar
de la versión oficial- de sus principales líderes en octubre de 1977, para lo
que sus responsables han necesitado dos horas y media de metraje.
Haciendo
uso de un tono documentalista que ofrece a la acción un carácter de rigor
histórico, poniendo el acento en un cuidado diseño de producción que mima con
detalle la ambientación, así como un poderoso ritmo que casa a la perfección
con el vértigo del cine de evasión, el film resulta tan eficaz en su
planteamiento que se puede disfrutar sin que resulte plúmbeo o tedioso.
Insisto, en términos cinematográficos la
película resulta vigorosa y de impecable factura, pero a este crítico se le
hace indigesto conectar con la equidistante, incluso glamourosa visión con la
que sus responsables armonizan las correrías asesinas de una banda retratada
como si de un grupo de glam-rock se tratara (además de las poses y posturitas,
de la vestimenta chic, de los coches deportivos y la música cañera, Andreas
Baader se comporta como una estrella rockera perturbada y peligrosa, mientras
Ulrike Meinhof, que abandona su tribuna incendiaria en una revista cultural,
aporta la coartada intelectual a las repugnantes acciones armadas de sus
compañeros), ya que por muy seductor que pueda resultar hoy el perfil icónico
de unos personajes definitivamente nada románticos y carentes de escrúpulos,
que desde su aburguesada posición social defendían un imaginario atroz desde
enfoques de extrema izquierda, el auténtico lastre de RAF: FACCIÓN DEL EJÉRCITO ROJO
es la golosa tentación de camuflarlos de descarriados luchadores por la
libertad y la justicia que, con el apoyo inicial de una parte de la sociedad
que pronto les dio la espalda al ver su
verdadera y monstruosa faz, consiguieron autodestruir el mito enredados
en una espiral de asesinatos sin sentido.
La
exploración, más artificiosa que analítica, resulta aún más peligrosa cuando
Uli Edel planifica las brutales gestas de estos delincuentes con la
espectacularidad de un thriller de
diseño hollywoodiense, exponiéndose a la terrible duda de si el lugar que
ocupan hoy esos macarras criminales en el más funesto coronario pop le ha
inducido a un ejercicio de perversa nostalgia.
Interesante película que sirve de
homenaje póstumo a Bill Paxton
El director canadiense Nathan Morlando debutó en el año 2011
con El
Gangster, un drama basado en hechos reales sobre un padre de familia
que se convierte en atracador de bancos. Sin ser una película redonda, se
adivinada ya el buen pulso de un cineasta llamado en un futuro para emprender
empresas mayores. Aquella película ganó el premio al mejor largometraje
canadiense en el Festival de cine de Toronto, y como curiosidad apuntaremos que
la cinta estaba proyectado que la dirigiese Denis Villeneuve, pero el retraso
en la producción hizo que finalmente fuera Morlando quien tuviera la
oportunidad de realizar su ópera prima. Por otra parte, y aunque está pendiente
el estreno de El círculo (James Ponsoldt, 2017), el film puede servir de
homenaje póstumo al gran Bill Paxton,
fallecido el pasado 25 de febrero tras una serie de complicaciones durante la
cirugía cardiaca a la que se sometió. ¿Negligencia? El asunto está ya en los
tribunales.
Siempre recordaré el excelente debut de
Bill Paxton como director con el original y terrorífico thriller Escalofrío
(2001), un film que fue aclamado por el escritor Stephen King y el director
James Cameron. Pero como olvidar su participación como actor en una larga lista
de películas como Calles de fuego, Terminator, Aliens: el regreso, Los
viajeros de la noche, Un paso en falso, Apolo
XII, Un plan sencillo y tantos otros. Además dirigió otra película
nada despreciable sobre un joven talento del golf titulada Juego de Honor (2005). Descanse
en paz este secundario de lujo que se comía con papas a muchos actores
principales.
Mean Dreams es una
interesante película que nos narra la historia de Jonas (Josh Wiggins) un adolescente que ayuda a su padre en las
labores de la granja y encuentra el amor en su nueva vecina, Casey (Sophie Nélisse) una chica
huérfana de madre que vive con su padre, Wayne
(Bill Paxton) un agente de la policía corrupto y alcohólico que la maltrata y
culpable de la muerte de su esposa en accidente al conducir bebido. Jonas toma
la iniciativa y decide robarle al padre de Casey una bolsa con casi un millón
de dólares proveniente de las drogas e inicia una escapada peligrosa con la
chica de la que está enamorado.
Película de deslumbrante esteticismo, Mean
Dreams sorprende por su concreción argumental en la presentación de los
personajes y su entorno, el ambiente rural de cualquier población agrícola
canadiense. Cierto que ese ejercicio de síntesis inicial con el encuentro de la
joven pareja, sus respectivas familias y la atmósfera que envuelven ambos
hogares se desarrolla de un modo acelerado si lo comparamos con el largo
desenlace, que impide un mínimo sosiego en el casi inexistente nudo central. A Nathan
Morlando le interesa sobre todo captar la energía y el impulso poético del amor
adolescente, la pasión, la confusión y la soledad que se apodera de ellos en
una huida infernal, perseguidos por el violento, cruel, padre de Casey, un
agente de la ley borracho, posesivo, maltratador y que se demostrará un
criminal sin escrúpulos. Jonas (magnífico Josh Wiggins) lo hará todo para
proteger a su amor, porque él es un romántico valiente al que no le importa el
dinero más allá de la coartada que supone para hacer daño al tipejo que
atormenta la vida de su amada.
El interés
de Morlando por explorar la belleza y las complejidades del primer amor, está
plasmado con una fotografía naturalista que planea por unos campos amarillos
que vestidos de otoño nos recuerda la influencia que tiene todavía hoy Terrence
Malick y su magistral Malastierras (1973) en muchos directores
jóvenes, y el cineasta canadiense refleja ese paisaje de hierbas ondulantes,
intersecciones de caminos y cultivos agrícolas para lanzar una oda al viento
sobre la ternura e inocencia del amor de dos adolescentes solitarios.
Estaremos
de acuerdo en que la premisa de Mean Dreams
no resulta muy original (adolescentes rebeldes con causa, policías corruptos,
moteles de carretera baratos, una bolsa de dinero sucio, el refugio del
bosque), pero alcanza un gran atractivo plástico debido a la magia estética que
imprime Morlando, proyectando una visión fascinante del entorno, con
exuberantes postales de lagos entre la nebulosa y el follaje oxidado del otoño. Hay en la mirada de los adolescentes un halo de
tristeza que refleja el miedo, la ausencia y la incomunicación que ha presidido
sus vidas, lo que les lleva a construir apresuradamente un amor idealizado, que
pondrá a prueba su errática huida llena de obstáculos y enfrentamientos. El camino
sin retorno que han iniciado tal vez les libere de sus respectivas cargas
familiares y el ambiente asfixiante de sus hogares… pero la senda que se abre
ante ellos es un misterio que quedará para la imaginación del espectador.