miércoles, 8 de marzo de 2017

KEIRA KNIGHTLEY EN "DOMINO" (Tony Scott, 2007)


    Tengo debilidad por Tony Scott (que desgraciadamente se suicidó el 28 de marzo de 2007 en Roma a los 85 años)  y me mosquea mucho cuando oigo y leo que es el hermano malo o menos listo de Ridley, porque NO es cierto. Cuando ha contado, como su hermano mayor, con la base de unos buenos libretos, con historias interesantes, competentes repartos y contrastados equipos técnicos, ha demostrado estar a la altura (es el caso de Revenge, El último Boy Scout, Amor a quemarropa, Marea Roja o su mejor película hasta la fecha, la magistral El fuego de la venganza) y en bastantes ocasiones, superando el listón de tantas películas mediocres filmadas por Ridley. Lo que sí comparten los dos hermanos es el gusto por la estética, el impacto de un bello look visual y, Tony mucho más que Ridley, cierta capacidad inventiva para regalarnos planos y angulaciones imposibles, utilizando todas las técnicas de filmación a su alcance y un nervio que marca las pautas del relato sin que nunca decaiga su ritmo frenético.
      
  
   Domino nos narra la historia (o leyenda) de Domino Harvey (Keira Knightley) que a pesar de haber nacido en el seno de un hogar confortable formado por un padre famoso, el galán británico Laurence Harvey (uno de los protagonistas de El mensajero del miedo que aparece en la televisión varias veces durante la película) y una sofisticada modelo de Vogue, Paulene Stone (Jaqueline Bisset en el film) no le motiva nada seguir la estela de sus progenitores, con su ambiente pijo, acomodado y elegante. Ella quiere ser cazarrecompensas, para ello realiza un curso, abandona el lujo y el glamour de Hollywood, las pasarelas y las poses impostadas y se traslada a California, donde, acompañada de sus colegas justicieros, el rudo líder del grupo Ed Mosbey (Mickey Rourke), el  expresidiario enamorado de Domino, Choco (Edgar Ramirez) y el experto en explosivos Alf (Rizwan Abbasil), se convence de que su vocación y su destino se encuentra entre mercenarios y asesinos, para atrapar a aquellos que la justicia no ha podido meter entre rejas. Así, llegan a convertirse en los cazadores de recompensas más importantes de Los Ángeles, tanto es así que serán los protagonistas de su propio reality show “Bounty Squad”. Mientras, el FBI y la Mafia siguen sus pasos.
     
   
     Supongo que les llegaron noticias de que una parte de la crítica  “especializada” ha vapuleado esta última maravilla de Tony Scott. Que les den, ni caso, sólo unos pocos conseguiremos, si nos lo proponemos, coronarla como una película de culto desde el mismo momento de su estreno. Basada en una historia real y, por tanto, en formato de -¿falso?- biopic que sigue la vida de la protagonista que da título al film, con guión del cualificado Richard Kelly (Donnie Darko), Scott (el inteligente, lúcido, sagaz y superbueno) ha conseguido un nuevo film de altura. Adoro su ritmo anfetamínico, su fotografía de tonos saturados, su juego falaz mezcla de elementos biográficos y relato policíaco fronterizo, es más, me alucina su punto de postmodernidad, con esa cámara afectada por el parkinson y tan dislocada como el espíritu libre del personaje central del film, una huesuda, bella y rebelde muñequita de la que me enamoro desde su primera aparición en pantalla. 


     La función alcanza muy pronto una velocidad vertiginosa, su montaje fragmentado, espídico, epiléptico, envolvente y puede que irritante, es de una vitalidad excitante, en él podemos encontrar esa forma de poesía esquizoide y un punto melancólica tan de la marca del factótum Tony Scott.


     La verdadera Domino Harvey murió hace poco más de un año en la bañera de su casa de una sobredosis de Fentanyl, un fármaco para el dolor ochenta veces mas potente que la morfina, la película está dedicada a su memoria, y ella, que aparece al final de la cinta, conocía al director desde hace años, asistió varios días al rodaje y seguro que le encantó que Knightley, preciosa rompenarices y de aspecto anoréxico, haya sido la elegida para darle oxígeno y ponerle rostro en el film. Y qué decir de ese ave fénix llamado Mickey Rourke, también conocido por “a la cumbre por la mugre”, un actor brillante al que siempre he defendido y que ha vuelto para quedarse definitivamente, en su duro rostro han quedado marcadas las secuelas de sus temporadas en el infierno. 


     El cóctel de acción, sexo, drogas y violencia se puede ver también como una oscura comedia, chorrea sarcasmo por los cuatro costados (atención a la brutal parodia sobre los reality shows y la corrosiva burla a cargo de pasadas glorias de la serie Sensación de vivir) y aunque no sabemos las intenciones reales de Scott, el resultado está claro que corresponde a una mixtura de géneros. Por todo ello, Domino es una película explosiva, una lección de cine moderno, energético, animoso y demencial, con la caña imparable de una música constante y bien elegida. Nada que ver con los productos sosos y sin alma que inundan nuestras pantallas. 

lunes, 6 de marzo de 2017

“THRILLER: A CRUEL PICTURE” (1973)


Tal vez la mejor película de culto de la historia

     
    Recuerdo con gran nostalgia y una tremenda simpatía esta película que causó una gran polémica y conmoción como consecuencia de la explicitud de sus secuencias sexuales y descarnada violencia. Thriller: A Cruel Picture (Desenlace mortal en su título español) tiene 1973 como año de producción (recalco esto para poner en ridículo a los que hoy se creen muy modernos) y aunque este cronista era entonces una tierna criatura, tuve la oportunidad de verla a principios de la década de los 80, pues estuvo prohibida en multitud de países, circunstancia que propició que automáticamente se le colgara la etiqueta de “film maldito”. Sin embargo, tras visionar centenares de películas tildadas de culto, fue Thriller la cinta que me descubrió la verdadera dimensión de ese calificativo, además de ser una de las primeras que visioné con escenas de sexo real que cobran todo el sentido en una historia perversa pero de temática convencional.

    
    El desconocido director sueco Bo Arne Vibenius, que fue ayudante de Ingmar Bergman, ya había debutado con un film de tono fantástico titulado Huz Marie träffade Fredrik que no tuvo apenas repercusión, y fue Desenlace mortal el vehículo para cabrear a mucha gente convirtiéndose en un mito para los millones de aficionados que tuvieron la oportunidad de ver Thriller, una de las obras más auténticas, chispeantes y salvajes de la historia del 7º Arte. La trama sigue a Madeleine (Christina Lindberg), una chica muda desde que sufrió una violación en su infancia. Un día, siendo ya una hermosa joven, es secuestrada por un tipo en una parada de autobuses, posteriormente la droga y obliga a prostituirse en un burdel. Cuando se niega a cumplir los deseos de su primer cliente y le agrede, su proxeneta le vacía un ojo. A partir de entonces lucirá un parche, se escapará del burdel, comprobará que sus padres se han quitado la vida debido a las mentiras del proxeneta y, llena de ira y odio, jura venganza, para lo cual se entrena, aprende artes marciales, a conducir agresivamente un coche y armándose hasta los dientes.

     
   Protagonizada por la estrella sueca de cine porno Christina Lindberg que nos regala una actuación soberbia, Bo Arne Vibenius realiza una de las películas más libérrimas y subversivas que jamás se han visto en una pantalla de cine, un modelo sublime de cine exploitation con todos los ingredientes que canonizan este subgénero: presupuesto misérrimo, lascivia impactante e impenitente, violencia gráfica y bestial… que en su conjunto dan forma a una experiencia tan escabrosa como sugerente


    Es precisamente la humillación y explotación sexual de la protagonista (núcleo perverso de la trama) lo que da pie a una venganza que jamás adquirió una lógica interna tan aplastante. Madeleine se toma la justicia por su mano en un acto de justicia suprema, de revancha no sólo por ella, también por la dramática muerte de sus amados padres, ejecutando sobre los que abusaron de ella una violencia aún más sádica que la sufrida en carne propia, liberando así al mundo de unos malhechores de la peor calaña.


     Christina Lindberg borda su papel y se nos aparece bellísima con sus erguidos pechos y su parche en el ojo (que sirvió de inspiración a Tarantino para crear el papel de Elle Drive protagonizado por Daryl Hannah en Kill Bill), dando oxígeno a uno de los personajes femeninos más hipnóticos que se han visto en la pantalla grande, soportando las terribles laceraciones físicas y psíquicas y dueña de una rabia y un odio visceral, ejecutando una brutal venganza que si no sirve de expiación al menos representa una labor higiénica que la sociedad siempre agradecerá. 


   Bo Arne Vibenius pone toda la carne en el asador filmando escenas de penetraciones reales (tanto vaginales como anales) además de alguna muestra de sexo sádico, lo que otorga una mayor aspereza y naturalismo a la función, el mismo efecto que se persigue con las escalofriantes escenas a ralentí, que nos sumergen en una locura sangrienta y a las que pone énfasis unos perturbadores efectos de sonido. Probablemente, el mejor film de culto de la historia.


domingo, 5 de marzo de 2017

CRÍTICA: "EL GUARDIÁN INVISIBLE" (Fernando González Molina, 2017)


    Tras una carrera irrelevante aunque con excelentes réditos comerciales que tuvo su inicio en el campo de la televisión para posteriormente dar el salto al cine con la olvidable comedia Fuga de cerebros (2009) con Mario Casas de protagonista, Fernando González Molina encuentra un filón en las adaptaciones de las infumables novelas de Federico Moccia Tres metros sobre el cielo (2010) y Tengo ganas de ti (2012) también protagonizadas por Casas bien acompañado por María Valverde. Tras estos insustanciales artefactos destinados a un público adolescente, en 2015 dirige el drama romántico Palmeras en la nieve, irregular adaptación de las novelas de Luz Gabás.


  González Molina cambia totalmente de registro con este thriller basado en la primera novela de la “Trilogía del Baztán” escrita por Dolores Redondo, y que nos sitúa en los húmedos márgenes del río Baztán, en Navarra, lugar donde aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en circunstancias que relacionan ese crimen con otro ocurrido un mes atrás. La inspectora Amaia Salazar (Marta Etura) dirige una investigación que le llevará de vuelta a su pueblo natal de Elizondo, donde ella creció y del que ha tratado de huir toda su vida. Haciendo frente a las complejidades del caso y los fantasmas de su propio pasado, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar caza a un implacable asesino en serie, en una tierra fértil en supersticiones y brujería.

   
   No hay duda, con miras a la taquilla González Molina es uno de los narradores españoles –junto con Bayona- que mejor sabe elegir sus proyectos de cara a la taquilla. Acierta de nuevo con esta aseada traslación de una novela que pedía a gritos ser adaptada. Escrito está, no me gusta nada el cine que ha firmado hasta la fecha el director pamplonica (carece de grandeza) pero estoy seguro que si se empeña acabará realizando alguna película redonda. De momento, El guardián invisible es su película más resultona, un eficaz guión (aunque algo lineal) de Luis Berdejo, unas interpretaciones correctas (cierto que cuesta un poco ver a Marta Etura como inspectora de policía si bien su esfuerzo es reseñable) y una atmósfera misteriosa con gran unción por el aspecto mitológico y sobrenatural del entorno hacen de la función un artefacto visualmente atractivo, con una narrativa que mediante flash backs alterna la infancia infernal de la protagonista con el presente, en donde tampoco faltan almas en suplicio. Tanto la novela de Redondo como como el film de Molina están muy influenciados por el thriller de la escuela nórdica, en la que el paisaje y los escenarios cuentan como un personaje más y la trama casi siempre profundiza en escabrosos secretos de familia.

    
     Lo manido de la premisa argumental queda en un segundo plano para el espectador embrujado por la incomparable majestuosidad del paisaje lluvioso y enigmático del Valle de Baztán, en cuyos bosques habita una figura sobrenatural, ancestral y legendaria que aporta un toque de realismo mágico a la historia, y cuya presencia imanta a todos los que se internan en sus dominios; el Basajaun, cuya evocación va más allá de la leyenda. El espectador avispado adivina pronto que la resolución del caso de las adolescentes asesinadas  se encuentra dentro del núcleo familiar de Amaia, de ahí que fije su atención en Flora (magnífica Elvira Mínguez) en Rosario (la terrorífica y demente madre de la protagonista) y, por supuesto, en sus inquietantes cuñados. Y es que González Molina no ofrece ninguna otra línea de sospecha que pueda romper el círculo vicioso y viciado de tan áspero y desapacible cónclave. El guardián invisible es una película entretenida, con una fastuosa iluminación de Flavio Martínez Labiano y una gran recreación rural de ambientes (la casa familiar, el obrador) que dota al relato de un peculiar tono costumbrista, el problema está en la rigidez formal de la narración, el excesivo academicismo con que está rodada  imposibilita que la función alcance mayor trascendencia.