domingo, 5 de marzo de 2017

CRÍTICA: "EL GUARDIÁN INVISIBLE" (Fernando González Molina, 2017)


    Tras una carrera irrelevante aunque con excelentes réditos comerciales que tuvo su inicio en el campo de la televisión para posteriormente dar el salto al cine con la olvidable comedia Fuga de cerebros (2009) con Mario Casas de protagonista, Fernando González Molina encuentra un filón en las adaptaciones de las infumables novelas de Federico Moccia Tres metros sobre el cielo (2010) y Tengo ganas de ti (2012) también protagonizadas por Casas bien acompañado por María Valverde. Tras estos insustanciales artefactos destinados a un público adolescente, en 2015 dirige el drama romántico Palmeras en la nieve, irregular adaptación de las novelas de Luz Gabás.


  González Molina cambia totalmente de registro con este thriller basado en la primera novela de la “Trilogía del Baztán” escrita por Dolores Redondo, y que nos sitúa en los húmedos márgenes del río Baztán, en Navarra, lugar donde aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en circunstancias que relacionan ese crimen con otro ocurrido un mes atrás. La inspectora Amaia Salazar (Marta Etura) dirige una investigación que le llevará de vuelta a su pueblo natal de Elizondo, donde ella creció y del que ha tratado de huir toda su vida. Haciendo frente a las complejidades del caso y los fantasmas de su propio pasado, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar caza a un implacable asesino en serie, en una tierra fértil en supersticiones y brujería.

   
   No hay duda, con miras a la taquilla González Molina es uno de los narradores españoles –junto con Bayona- que mejor sabe elegir sus proyectos de cara a la taquilla. Acierta de nuevo con esta aseada traslación de una novela que pedía a gritos ser adaptada. Escrito está, no me gusta nada el cine que ha firmado hasta la fecha el director pamplonica (carece de grandeza) pero estoy seguro que si se empeña acabará realizando alguna película redonda. De momento, El guardián invisible es su película más resultona, un eficaz guión (aunque algo lineal) de Luis Berdejo, unas interpretaciones correctas (cierto que cuesta un poco ver a Marta Etura como inspectora de policía si bien su esfuerzo es reseñable) y una atmósfera misteriosa con gran unción por el aspecto mitológico y sobrenatural del entorno hacen de la función un artefacto visualmente atractivo, con una narrativa que mediante flash backs alterna la infancia infernal de la protagonista con el presente, en donde tampoco faltan almas en suplicio. Tanto la novela de Redondo como como el film de Molina están muy influenciados por el thriller de la escuela nórdica, en la que el paisaje y los escenarios cuentan como un personaje más y la trama casi siempre profundiza en escabrosos secretos de familia.

    
     Lo manido de la premisa argumental queda en un segundo plano para el espectador embrujado por la incomparable majestuosidad del paisaje lluvioso y enigmático del Valle de Baztán, en cuyos bosques habita una figura sobrenatural, ancestral y legendaria que aporta un toque de realismo mágico a la historia, y cuya presencia imanta a todos los que se internan en sus dominios; el Basajaun, cuya evocación va más allá de la leyenda. El espectador avispado adivina pronto que la resolución del caso de las adolescentes asesinadas  se encuentra dentro del núcleo familiar de Amaia, de ahí que fije su atención en Flora (magnífica Elvira Mínguez) en Rosario (la terrorífica y demente madre de la protagonista) y, por supuesto, en sus inquietantes cuñados. Y es que González Molina no ofrece ninguna otra línea de sospecha que pueda romper el círculo vicioso y viciado de tan áspero y desapacible cónclave. El guardián invisible es una película entretenida, con una fastuosa iluminación de Flavio Martínez Labiano y una gran recreación rural de ambientes (la casa familiar, el obrador) que dota al relato de un peculiar tono costumbrista, el problema está en la rigidez formal de la narración, el excesivo academicismo con que está rodada  imposibilita que la función alcance mayor trascendencia.

jueves, 2 de marzo de 2017

MEG RYAN EN “EN CARNE VIVA” (Jane Campion, 2003)


"IN THE CUT" (Jane Campion, 1999)
  

    La veterana directora neozelandesa Jane Campion (El piano) realiza esta película tras haber dirigido el resultón drama Retrato de una dama (1996) con Nicole Kidman y John Malkovich de protagonistas, y Holy Smoke (1999) un drama que tiene como fondo el siniestro mundo de las sectas con Kate Winslet como cabeza del reparto (dando vida a una joven que es captada por una secta) y Hervey Keitel (el detective encargado de encontrarla en un refugio en el desierto). Sin alejarse mucho del drama existencial, dirige este thriller titulado en nuestro país En carne viva (In the Cut), que nos relata la historia de Frannie Avery (Meg Ryan) una profesora de escritura creativa que vive sola en Nueva York. Inteligente y reservada, se dedica a investigar sobre el lenguaje de la calle y la novela policíaca.

   
    Pero una noche, algo cambia en su vida: presencia involuntariamente un momento de intimidad entre un hombre y una mujer. La carga erótica de la situación la paraliza, y aunque no llega a ver el rostro del hombre, no olvidará el tatuaje de su muñeca ni su sensual mirada. Al poco tiempo, se entera, al ser preguntada por la policía, de un oscuro crimen cometido cerca de su apartamento. El detective Malloy (Mark Ruffalo) un hombre seductor, que a Frannie le resulta extrañamente familiar, cree que ella puede saber algo. Aunque Frannie intenta mantener las distancias, no puede evitar sentirse atrapada por él.


    El cambio de registro de Meg Ryan en esta película, acostumbrada a ser requerida para protagonizar comedias románticas, supuso un verdadero shock para todo el que había seguido su carrera hasta la fecha, especialmente para sus fans. Y es que la actriz de Connecticut nacida en 1961 se desnuda aquí en cuerpo y alma dando oxígeno a una madura, solitaria y aburrida profesora de Nueva York que descubre el sexo en su vertiente más sórdida y excitante. Lo hace tras un encuentro con un detective de la policía  encarnado de manera inquietante por Ruffalo. En carne viva no es ni mucho menos un film desdeñable, su lúgubre y opresiva atmósfera urbana parece cubrir con un manto de decadencia e infelicidad a todos los habitantes de la gran urbe, y la cámara recoge el paisaje emocional de esa angustia para abonar la sospecha y el suspense.


     Si el ambiente escabroso, malsano y lascivo se eleva como lo mejor de la función, es de justicia subrayar la actuación de Meg Ryan como pieza clave de la truculenta trama, entregada en unas secuencias sexuales tan perturbadoras como sugerentes y que la pericia de Campion logra hacer partícipe al espectador de esa comunión sensual tan física, sensual y peligrosa, dentro de un drama pasional que tiene como trasfondo una perversa intriga criminal con la que Frannie se da de bruces en un oscuro callejón. Con el concurso de grandes secundarios (Kevin Bacon, Jennifer Jason Leigh) y la crítica dividida tras su estreno, In the Cut me ha parecido mucho mejor película tras este segundo visionado, una mezcla morbosa y  excitante de thriller psicológico, drama existencial y softcore, un relato al que Campion y su director de fotografía Dion Beebe confieren un tono sombrío y por el pululan almas cuya estela provoca escalofrío. 

  

miércoles, 1 de marzo de 2017

JODIE FOSTER EN "ACUSADOS" (Jonathan Kaplan, 1988)


"THE ACCUSED" (1988)



     Por la película Ausados (Jonathan Kaplan, 1988), la actriz Jodie Foster consiguió su primer Oscar a la Mejor Actriz, pero muchos aficionados ignoran que la preferida por Kaplan para interpretar ese papel era Kim Basinger, pues temía de que Jodie no resultase demasiado sexy y atractiva. Basinger declinó la oferta en lo que fue uno más de los grandes errores que jalonan su muy irregular carrera cinematográfica. Acusados está rodada en un formato casi de telefilm que gracias a sus intérpretes se convierte en un potente y estremecedor drama que nos cuenta la historia de Sarah Tobias (Jodie Foster), una joven solitaria que acumula fracasos en sus relaciones sentimentales, frustraciones que ahoga tomando cervezas en la barra de un bar. Precisamente en los billares de uno de esos garitos se topa con un grupo de chicos que la asaltan, agreden y violan repetidamente sobre una máquina de pinball. Conmocionada y ultrajada acude a pedir justicia, pero todos piensan que ha sido ella quien ha provocado la violación. Sarah emprende una dolorosa odisea que le lleva a enfrentarse a todo un sistema judicial con la única ayuda de su abogada, Kathryn Murphy (Kelly McGillis), en pos de conseguir que la justicia condene a los criminales y a los que permitieron pasivamente que pudieran cometer su crimen.


     Como curiosidad contaré que Kelly McGillis, que da oxígeno a la abogada que sirve de apoyo moral y ariete judicial a Foster y que se haría famosa formando pareja con Tom Cruise en Top Gun, fue víctima de una violación cuando en 1982, con 20 años, fue agredida en su casa después de regresar del trabajo. El criminal, un tal Leroy Johnson, de 15 años, fue condenado en 2010 a 50 años de cárcel por otros delitos. En Acusados Jodie Foster demuestra que su talento para la interpretación –en ocasiones también para la dirección- es excepcional. La Basinger no hubiese podido mejorar los registros de una interpretación muy convincente hasta en el ambiguo preludio del crimen, ese inocente coqueteo que jamás, repito, jamás, puede justificar una agresión sexual. Su desesperación, sus gestos, su forma de hablar, conforman el retrato medido de una mujer de clase baja perdida en la soledad de su  aflicción post-traumática. Kaplan, como buen artesano, crea una ambientación inquietante con la angustia in crescendo en ese club de carretera, y finalmente, el farragoso itinerario para que se haga justicia y la joven pueda sentirse respetada y limpia.

       
     Amo a Jodie Foster, mucho más que el psicópata de John Hinckley Jr, que atentó contra Ronald Reagan en 1981 alegando que pretendía llamar la atención de Foster, con la que estaba obsesionado a raíz de su papel de la joven prostituta Iris en el mítico y magistral film de Martin Scorsese Taxi Driver (1976). La amo desde que la vi en esta película que se estrenó en Barcelona en 1977 y me dejó absolutamente noqueado con una actuación perfecta que le valió ser nominada al Oscar. Jodie tenía entonces 13 años, y mucho ha llovido desde entonces, le ha dado tiempo de ganar otro estatuilla por El silencio de los corderos (1991), de tener dos hijos aunque nunca ha revelado la identidad del padre (se rumorea que puede ser su gran amigo Mel Gibson, aunque no deja de ser una especulación) y de reconocer sus lesbianismo en la gala de los Globo de Oro en 2013, una orientación sexual tan legítima como cualquier otra que, de todas formas, a esas alturas era de dominio público porque había mantenido una relación con la productora Cydney Bernard. Jodie Foster cuenta en la actualidad con 54 años de edad, ha participado en medio centenar de películas como actriz y dirigido cuatro películas… Yo creo que tiene reservado ya un sitio preferente en el Olimpo de las diosas cinematográficas. Amén.