jueves, 2 de marzo de 2017

MEG RYAN EN “EN CARNE VIVA” (Jane Campion, 2003)


"IN THE CUT" (Jane Campion, 1999)
  

    La veterana directora neozelandesa Jane Campion (El piano) realiza esta película tras haber dirigido el resultón drama Retrato de una dama (1996) con Nicole Kidman y John Malkovich de protagonistas, y Holy Smoke (1999) un drama que tiene como fondo el siniestro mundo de las sectas con Kate Winslet como cabeza del reparto (dando vida a una joven que es captada por una secta) y Hervey Keitel (el detective encargado de encontrarla en un refugio en el desierto). Sin alejarse mucho del drama existencial, dirige este thriller titulado en nuestro país En carne viva (In the Cut), que nos relata la historia de Frannie Avery (Meg Ryan) una profesora de escritura creativa que vive sola en Nueva York. Inteligente y reservada, se dedica a investigar sobre el lenguaje de la calle y la novela policíaca.

   
    Pero una noche, algo cambia en su vida: presencia involuntariamente un momento de intimidad entre un hombre y una mujer. La carga erótica de la situación la paraliza, y aunque no llega a ver el rostro del hombre, no olvidará el tatuaje de su muñeca ni su sensual mirada. Al poco tiempo, se entera, al ser preguntada por la policía, de un oscuro crimen cometido cerca de su apartamento. El detective Malloy (Mark Ruffalo) un hombre seductor, que a Frannie le resulta extrañamente familiar, cree que ella puede saber algo. Aunque Frannie intenta mantener las distancias, no puede evitar sentirse atrapada por él.


    El cambio de registro de Meg Ryan en esta película, acostumbrada a ser requerida para protagonizar comedias románticas, supuso un verdadero shock para todo el que había seguido su carrera hasta la fecha, especialmente para sus fans. Y es que la actriz de Connecticut nacida en 1961 se desnuda aquí en cuerpo y alma dando oxígeno a una madura, solitaria y aburrida profesora de Nueva York que descubre el sexo en su vertiente más sórdida y excitante. Lo hace tras un encuentro con un detective de la policía  encarnado de manera inquietante por Ruffalo. En carne viva no es ni mucho menos un film desdeñable, su lúgubre y opresiva atmósfera urbana parece cubrir con un manto de decadencia e infelicidad a todos los habitantes de la gran urbe, y la cámara recoge el paisaje emocional de esa angustia para abonar la sospecha y el suspense.


     Si el ambiente escabroso, malsano y lascivo se eleva como lo mejor de la función, es de justicia subrayar la actuación de Meg Ryan como pieza clave de la truculenta trama, entregada en unas secuencias sexuales tan perturbadoras como sugerentes y que la pericia de Campion logra hacer partícipe al espectador de esa comunión sensual tan física, sensual y peligrosa, dentro de un drama pasional que tiene como trasfondo una perversa intriga criminal con la que Frannie se da de bruces en un oscuro callejón. Con el concurso de grandes secundarios (Kevin Bacon, Jennifer Jason Leigh) y la crítica dividida tras su estreno, In the Cut me ha parecido mucho mejor película tras este segundo visionado, una mezcla morbosa y  excitante de thriller psicológico, drama existencial y softcore, un relato al que Campion y su director de fotografía Dion Beebe confieren un tono sombrío y por el pululan almas cuya estela provoca escalofrío. 

  

miércoles, 1 de marzo de 2017

JODIE FOSTER EN "ACUSADOS" (Jonathan Kaplan, 1988)


"THE ACCUSED" (1988)



     Por la película Ausados (Jonathan Kaplan, 1988), la actriz Jodie Foster consiguió su primer Oscar a la Mejor Actriz, pero muchos aficionados ignoran que la preferida por Kaplan para interpretar ese papel era Kim Basinger, pues temía de que Jodie no resultase demasiado sexy y atractiva. Basinger declinó la oferta en lo que fue uno más de los grandes errores que jalonan su muy irregular carrera cinematográfica. Acusados está rodada en un formato casi de telefilm que gracias a sus intérpretes se convierte en un potente y estremecedor drama que nos cuenta la historia de Sarah Tobias (Jodie Foster), una joven solitaria que acumula fracasos en sus relaciones sentimentales, frustraciones que ahoga tomando cervezas en la barra de un bar. Precisamente en los billares de uno de esos garitos se topa con un grupo de chicos que la asaltan, agreden y violan repetidamente sobre una máquina de pinball. Conmocionada y ultrajada acude a pedir justicia, pero todos piensan que ha sido ella quien ha provocado la violación. Sarah emprende una dolorosa odisea que le lleva a enfrentarse a todo un sistema judicial con la única ayuda de su abogada, Kathryn Murphy (Kelly McGillis), en pos de conseguir que la justicia condene a los criminales y a los que permitieron pasivamente que pudieran cometer su crimen.


     Como curiosidad contaré que Kelly McGillis, que da oxígeno a la abogada que sirve de apoyo moral y ariete judicial a Foster y que se haría famosa formando pareja con Tom Cruise en Top Gun, fue víctima de una violación cuando en 1982, con 20 años, fue agredida en su casa después de regresar del trabajo. El criminal, un tal Leroy Johnson, de 15 años, fue condenado en 2010 a 50 años de cárcel por otros delitos. En Acusados Jodie Foster demuestra que su talento para la interpretación –en ocasiones también para la dirección- es excepcional. La Basinger no hubiese podido mejorar los registros de una interpretación muy convincente hasta en el ambiguo preludio del crimen, ese inocente coqueteo que jamás, repito, jamás, puede justificar una agresión sexual. Su desesperación, sus gestos, su forma de hablar, conforman el retrato medido de una mujer de clase baja perdida en la soledad de su  aflicción post-traumática. Kaplan, como buen artesano, crea una ambientación inquietante con la angustia in crescendo en ese club de carretera, y finalmente, el farragoso itinerario para que se haga justicia y la joven pueda sentirse respetada y limpia.

       
     Amo a Jodie Foster, mucho más que el psicópata de John Hinckley Jr, que atentó contra Ronald Reagan en 1981 alegando que pretendía llamar la atención de Foster, con la que estaba obsesionado a raíz de su papel de la joven prostituta Iris en el mítico y magistral film de Martin Scorsese Taxi Driver (1976). La amo desde que la vi en esta película que se estrenó en Barcelona en 1977 y me dejó absolutamente noqueado con una actuación perfecta que le valió ser nominada al Oscar. Jodie tenía entonces 13 años, y mucho ha llovido desde entonces, le ha dado tiempo de ganar otro estatuilla por El silencio de los corderos (1991), de tener dos hijos aunque nunca ha revelado la identidad del padre (se rumorea que puede ser su gran amigo Mel Gibson, aunque no deja de ser una especulación) y de reconocer sus lesbianismo en la gala de los Globo de Oro en 2013, una orientación sexual tan legítima como cualquier otra que, de todas formas, a esas alturas era de dominio público porque había mantenido una relación con la productora Cydney Bernard. Jodie Foster cuenta en la actualidad con 54 años de edad, ha participado en medio centenar de películas como actriz y dirigido cuatro películas… Yo creo que tiene reservado ya un sitio preferente en el Olimpo de las diosas cinematográficas. Amén.

lunes, 27 de febrero de 2017

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES” (1981)


“THE POSTMAN ALWAYS RINGS TWICE” (Bob Rafelson, 1981)
     

     El clásico de la novela negra de James M. Cain ya tuvo una excelente adaptación a la pantalla grande en 1946 de la mano de Tay Garnett, que protagonizada por la mítica Lana Turner y el no menos legendario John Garfield está considerada la mejor película de la filmografía de un autor que nunca volvió a rayar a tanta altura, consiguiendo una de las mejores muestras de cine negro de la época dorada de Hollywood. Si estas palabras parecen estar escritas con cemento, no es menos cierto que Bob Rafelson consigue con este remake una de sus obras más celebradas, recordadas y valoradas junto a Mi vida es mi vida (1970) con el protagonismo también de Jack Nicholson.

       
   La trama nos sitúa en los Estados Unidos durante la época de la Gran Depresión. Hasta un restaurante situado en una carretera secundaria llega el vagabundo Frank Chambers (Jack Nicholson). El dueño, Nick Papadakis (John Colicos) un inmigrante griego, le ofrece trabajo, pero él lo rechaza. Sin embargo, cuando ve a la mujer del propietario, Cora (Jessica Lange) decide aceptar, se enamora perdidamente de ella y desea que sea solo y exclusivamente suya, aunque eso implique matar al marido. Ambos traman el asesinato perfecto, pero finalmente no todo saldrá como habían imaginado.

     
     Aceptable muestra del cine neo-noir ochentero que es sobre todo memorable por el potencial erótico de Jessica Lange –una derramaplaceres absolutamente exquisita y sensual que nos regala esa ya mitológica secuencia que se desarrolla sobre la camilla de la cocina toda rebozada de harina- más que por los códigos de una intriga criminal mucho mejor desarrollados en el film de Garnett y en la que fue la primera adaptación cinematográfica de la novela de Cain, Ossessione (Luchino Visconti, 1943), que representó el debut del realizador italiano y que está considerada como una obra seminal del movimiento neorrealista. Cora encuentra la horma de su zapato  en Frank (un Jack Nicholson más contenido que de costumbre), dos almas en la hoguera que víctimas de su avaricia, del desarraigo, de su pasión desmedida, de los sombríos tiempos que les ha tocado vivir, inician una tórrida relación a espaldas del marido de Cora, un tipo vulgar que carece de atractivo físico, mucho mayor que ella y que no puede satisfacerla. Así, la atracción física imanta la primera parte de la función poniendo énfasis en las miradas, en la gestualidad corporal y en la química incendiaria de las distancias cortas.

      
     El guión del dramaturgo David Mamet centra su atractivo en el torrente pasional que brota de la pareja de amantes, que irá in crescendo al mismo tiempo que la progresión dramática y la intriga, lugar común para todo buen cinéfilo y amante de la novela negra. Aun así, hay momentos de gran poder emocional en la relación de unos personajes que movidos por el deseo y la ambición, pronto imaginamos que caminan tocados por el fatalismo y la maldición. El cartero siempre llama dos veces es la historia de un sin techo, un vividor, un buscavidas con un rosario de antecedentes penales y una camarera prisionera de una vida gris e insatisfactoria que la oprime, pero es también la historia de un crimen chusco que no dejará que la pareja viva con plenitud su amor porque el destino golpea dos veces. Toda la función está bañada por una atmósfera sórdida y desesperanzada, consecuente con un final tan absurdo y demoledor como la vida de los ordinarios protagonistas y sus imposibles sueños, un final que cubre con un manto de fracaso y pesimismo el drama existencial de dos perdedores.