jueves, 2 de febrero de 2017

JO PRESTIA, EL VILLANO MÁS REPUGNANTE DE LA HISTORIA DEL CINE


    Desde el día de su estreno, vengo manteniendo que Irréversible (Gaspar Noé, 2002), no resultaría tan espeluznante, salvaje y perturbadora sin la presencia de Jo Prestia (Sicilia, 5 de junio de 1960), pues no puede existir nadie con un aspecto físico tan maligno y amenazador como el que tiene este triunfal boxeador y actor francés de origen italiano. Llegó a Francia cuando contaba con 10 años de edad y ha sido múltiple campeón francés, europeo y mundial con 70 victorias y 15 derrotas.

     
    Reconocido en la gran pantalla desde que Érick Zonca le diera algunos papelitos en películas como La vida soñada de los ángeles (1998) y El pequeño ladrón (1999), es con su papel del peligroso macarra Le Tenia en el terrorífico film del argentino afincado en Francia Gaspar Noé, cuando su figura se eleva al altar mayor de los más aberrantes villanos de la pantalla grande. El Mal en su forma más burda y obtusa, en su esencia más física, brutal y real. Aunque debutó en la comedia Rai (Thomas Gilou, 1995) y ha trabajado a las órdenes de Brian De Palma en Femme Fatale (2002), Jo Prestia será recordado así pasen los años como el más asqueroso y vomitivo asesino y violador que jamás se ha visto en una pantalla de cine. Un esquinado hijo de puta que si te lo encuentras por la calle te cambias de acera, y aun así, nunca dejas de mirar a tu espalda.   

  
    Irréversible fue la película escándalo de la 55º edición del Festival de Cannes que pasará a la historia por una impactante y perturbadora escena de violación que dura 10 minutos. El film está narrado en sentido inverso con una utilización virtuosa de flash back que nos introduce en una angustiosa pesadilla: la delirante y desesperada búsqueda por los antros más infectos y gores de la noche parisina que emprenden dos amigos Marcus y Pierre (Vincent Cassel y Albert Dupontel), para encontrar al responsable de la violación y asesinato de la novia del primero, la escultural y preciosa Alex (Mónica Belucci), a quien la ruleta de la vida le ha deparado el peor de los destinos: morir en un sombrío subterráneo peatonal tras ser víctima de una violación y una paliza brutal. Así, el film se nos muestra como introspección realista sobre la temible capacidad destructora-depredadora del hombre y la venganza como mecanismo que impone su propia lógica.


    La secuencia de la violación es absolutamente devastadora e hiperrealista, tan demoledora, tan estremecedora que, incapaces de soportarla, los espectadores huían en masa de los cines dejando las salas casi vacías. Utilizando el mantra “El tiempo todo lo destruye”, el director franco-argentino Gaspar Noé deja la cámara estática en el subterráneo durante diez lacerantes, eternos, insufribles minutos, que dan comienzo cuando la joven Alex es agredida a punta de navaja, sufriendo en sus carnes la violación más cruel jamás filmada. No contento con eso, el salvaje violador Le Tenia (un Jo Prestia de aspecto verdaderamente siniestro), golpea con tanta saña el rostro de la hermosa y desdichada mujer que lo convierte en un pegote sanguinolento y tumefacto. No es apta para estómagos delicados pero es una gran película. Nadie lo puede negar, “el tiempo todo lo destruye”, pero Prestia también ayuda.

miércoles, 1 de febrero de 2017

CRÍTICA: “VIVIR DE NOCHE” (Ben Affleck, 2016)


LIVE BY NIGHT” (Ben Affleck, 2016) êê


    Basada en la novela de homónima de Dennis Lehane y escrita, protagonizada y dirigida por Ben Affleck, Vivir de noche nos sitúa en Boston durante los años 20, en la época de la ley seca. La trama gira en torno a Joe Coughlin (Affleck), hijo de un eminente policía de la ciudad (Brendan Gleeson), y ex soldado de la Primera Guerra Mundial que todavía sufre las consecuencias de esa guerra. Sin embargo, Coughlin no sigue los pasos de su padre y se une al crimen organizado, para convertirse en un contrabandista que trafica con alcohol. Poco a poco, su ascendente carrera en el mundo de la mafia le llevará a convertirse en un importante gangster de la Costa del Golfo. En su camino se cruzará con una mujer, Emma Gould (Sienne Miller) que le arrastrará por el camino de la perdición.

     
   Una prodigiosa ambientación y un exuberante diseño de producción se demuestran una vez más insuficientes para calibrar una película que adolece de una dirección más enérgica y cuya narrativa no está a la altura de la puesta en escena y el potente look visual. Es inútil insistir en las dotes interpretativas de Ben Affleck, muy lejos de su ya demostrado talento como director en películas como Adiós pequeña, adiós, The Town (Ciudad de los ladrones) y Argo. Pero es que en esta ocasión, la prosa del escritor bostoniano, que también le sirvió de fuente para su excelente debut protagonizado por su hermano Casey, sólo parece ser una excusa para que el cineasta rinda homenaje al cine clásico de gangsters.

        
     Vivir de noche está llena de situaciones esquemáticas y retratos tópicos de mafiosos en su guerra por el poder, por el contrabando de alcohol y el control de los casinos. Estereotipos que nada aportan ya a los trillados lugares comunes y que actúan dentro de un relato que se dispersa en estériles subtramas, como la aparición de Elle Faning en un papel absurdo y en tránsito de expiación de puta a predicadora… pero que no se detiene mucho en uno de los hilos narrativos más atractivos de la función: la relación paternofilial entre el guardián de las esencias de la ley y su hijo delincuente. 


   Live By Night es sólo la radiografía de una buena película a la que le falta el armazón corpóreo, músculo y solidez narrativa, pues además de no aprovechar el magnífico elenco, está construida sobre un guión que se derrumba cuando pretende resultar didáctico, y que sólo brilla en las escenas de ensaladas de tiros que enfatizan de manera estruendosa un drama mil veces visto.

domingo, 29 de enero de 2017

CRÍTICA: "MÚLTIPLE" (M. Night Shyamalan, 2016)


Shyamalan recupera sus mejores esencias
MÚLTIPLEêêê
      

    Cuando los hermanos Weinstein (de la productora Miramax) despreciaron su segunda película, Los primeros amigos (1998) dedicándole una distribución horrorosa, M. Night Shyamalan se vengó creando uno de los más grandes éxitos de la historia del cine, El sexto sentido (1999), film que también escribió y que ha acabado convirtiéndose en uno de los grandes hitos cinematográficos tanto a nivel crítico como de taquilla que dejó a los Weinstein brothers con su clavel como unos gilipollas. Es cierto que tras firmar la que es para este cronista su mejor película, El protegido (2000) y la entretenida Señales (2002) entró en una etapa de decadencia artística (como cuando el marinero pierde la gracia del mar) hasta que en la reciente La visita (2015) pudimos observar algunos halos de luz a través del túnel.

      
    Y es que este tipo, que sabe filmar tan bien, sólo necesita tomarse en serio su faceta como guionista para resurgir de las humeantes cenizas sin que se extinga el fuego del ingenio. Múltiple es su mejor película desde El protegido, y es hora de reconocer que nunca se puede matar a un artista (mucho menos cuando tiene 46 años) que ha demostrado tanto derroche de talento. De nuevo con un poderoso y atractivo libreto propio, Shyamalan nos cuenta la escalofriante historia de Kevin (James McAvoy) que ha demostrado a su psiquiatra, la Dra. Fletcher (Betty Buckley) que posee 23 personalidades. Pero aún queda una por emerger, decidida a dominar a todas las demás. Obligado a raptar a tres chicas adolescentes encabezadas por la avispada y observadora Casey (Anya Taylor-Joy), Kevin lucha por sobrevivir contra todas las personalidades y la gente que le rodea, a medida que su estructura mental se derrumba.

     
  Coincido con críticos y aficionados en que Airbender, el último guerrero y After Earth son puro material de deshechos, y que El bosque, La joven del agua y El incidente resultan insuficientes para un talento como el de Shyamalan, pero sin llegar a la altura de El sexto sentido y El protegido, Múltiple despliega las exquisitas esencias que impregnaron nuestros sentidos durante (y tras) el visionado de esas dos magníficas cintas
   

    El arranque del film en el parking es un prodigio de síntesis, planificación y montaje al alcance de muy pocos; una secuencia que debería ser estudiada en las escuelas de cine por su escueta composición, su eficacia e insobornable estilo. El secuestro de tres adolescentes por parte de un psicópata que sufre Trastorno de Identidad Asociativa y del que brotan incesantemente 23 personalidades distintas, le sirve al realizador para navegar por el abrupto oleaje de almas con la existencia quebrada desde su infancia, y de un ser cuya mente escindida hace imprevisible y amenazante su presencia. 

      
    James McAvoy  nos regala una interpretación sostenida y memorable que sabe equilibrar en el punto exacto para que su inmanente presencia resulte siempre inquietante y casi siempre terrorífica. El actor escocés despliega sus mejores recursos en los diferentes registros que se ve obligado a interpretar debido a las diferentes personalidades de la moderada Patricia, el inocente Hedwig y el adusto Dennis, refugios identitarios entre los que se abrirá paso la oculta, latente y temida Bestia. Tal vez el juego resulte a veces reiterativo y estéril el empeño de la psiquiatra por desentrañar la maraña cerebral de Kevin, que advierte en Casey (una correcta Anya Taylor-Joy) un vínculo especial porque viaja con una espeluznante herida que el tiempo no ha podido restañar. 


   Fluctuando entre el drama desgarrador, el terror y el thriller psicológico, Múltiple se impone como un proceloso viaje a los más recónditos pasadizos de una mente laberíntica y fracturada, en donde anida la más letal y poderosa de las criaturas. Con una atmósfera turbadora y momentos de tensión claustrofóbica, Shyamalan finalmente cierra el círculo invisible que une a dos espíritus atormentados.