Basada
en la magistral novela gráfica firmada por el gran guionista Alan Moore y el
dibujante David Lloyd, V de Vendetta nos presenta un mundo
aterrador, una Inglaterra convertida en un Estado totalitario, un país
gobernado con mano de hierro por el Líder
Adam Sutler (John Hurt) donde la corrupción campa a sus anchas y los medios
de comunicación son sistemáticamente censurados. V (Hugo Weaving) es un héroe complejo, instruido y romántico que
oculta su rostro bajo una máscara del legendario revolucionario Guy Fawkes, y
que está a decidido a culminar con un atentado la venganza del pueblo contra el
gobierno.
Película que tiene que estar en todas
las listas como uno de los mejores estrenos del
nuevo milenio, no sólo por su mensaje altamente incendiario, también por
su potente estética, por la calidad de la propuesta en su apartado técnico y
artístico, derivando en un fastuoso film de personajes, a ratos conmovedora y
siempre interesante.
Con un look visual impactante,
mensajes políticos cristalinos que huyen de
la ambigüedad y los subterfugios y un corrosivo romanticismo, V de Vendetta va más allá de la simple película
de acción para convertirse en una fábula política que invita al espectador a reflexionar sobre su filosofía subversiva en
un mundo de autómatas en el que se
cosifican los sentimientos y en donde sólo es posible luchar contra el poder
con sus mismas armas: violencia, terror, mentiras y manipulación. Así lo entiende el pueblo: "contra los
estados totalitarios no existe el terrorismo, sino lucha por la liberación". Una gran
película.
El director Craig Brewer debutó en el año 2005 con
un film en torno al rap titulado Hustle & Flow, un relato que fue
tildado en su momento de machista y que está protagonizado por Terrence Howard.
Una aseada historia de redención con una potente banda sonora. Eso sí, Brewer
la cagó con su remake de Footloose estrenado en 2011, pues si
la película seminal de 1984 no era para tirar cohetes, éste subproducto parecía
milimétricamente calculado para el fracaso. Tampoco la serie Empire
(2015) de la que el Brewer dirige
algunos episodios y que tiene como fondo el negocio musical, pasará a la
historia por su carácter memorable.
Centrándonos en Black
Snake Moan, una película cuyo guión está escrito por el propio director
y nos sitúa en un pequeño y típico pueblo de Tennessee. Allí, el viejo blusman Lazarus (Samuel L. Jackson) recoge a la
joven Rae (Christina Ricci) que yace
medio muerta al borde de la carretera. Rae, víctima de su voraz apetito sexual,
tiene mala fama en el pueblo. De modo que Lazarus decide secuestrarla para
intentar contener su furor uterino. Comienza a sí una aventura en común que les
lleva a enfrentarse a sus respectivos demonios, pero la situación se complica
cuando aparece Ronnie (Justin
Timberlake) el novio de Rae.
Con la crítica dividida, Black Snake Moan representó un soplo de
aire fresco en una actualidad cinematográfica muy constreñida aunque el relato
se impone como una fábula moral que deriva del ejercicio de redención que
llevarán a cabo tanto el viejo Lazarus, náufrago ante la pérdida de su amada
Rose, como de Rae, una ninfómana que arrastra el brutal trauma de los abusos a
que fue sometida por parte de su padrastro.
Lazarus tiene
una misión e intenta contener la erupción volcánica que surge de entre las
piernas de Rae (machacar a la serpiente a la que alude el título y que es el
símbolo del demonio), una fogosidad que ella no puede controlar. Estas dos
almas perdidas, tan diferentes, recorrerán juntos los páramos oscuros por donde
acechan los demonios para enfrentarse a
ellos y llevar a cabo un ejercicio de expiación que libere sus espíritus. Ni que decir tiene (a la vista está) que
Christina Ricci está super sexy en braguitas, con un minitop y atada a unas
cadenas (con el carácter icónico que tiene tan fetichista instrumento), dotando
a la acción de una carga bestial de erotismo en su relación con el veterano
cantante de jazz, que en determinadas ocasiones sobrepasa la el ambiguo tono
paternofilial que establece el director entre los dos personajes.
Christina Ricci (12 de febero de 1980,
Santa Mónica, California) lleva mucho tiempo refugiada en la televisión. Con su
1´53 m de estatura, esta actriz hija de un abogado y una ex modelo de Ford,
debutó junto a Cher en la comedia Sirenas (Richard Benjamin, 1990) y
se consolidó en las dos entregas de La familia Adams dirigidas por Barry
Sonnenfeld en 1991 y 1993. Los mejores títulos de su filmografía son La
tormenta de hielo (Ang Lee, 1997), Buffalo´66 (Vincent Gallo, 1998), Miedo
y asco en Las Vegas (Terry Gilliam, 1998) Sleepy Hollow (Tim
Burton, 1999) y Monster (Patty Jenkins, 2003). Los fans de Ricci esperamos
verla pronto en la pantalla grande aunque sabemos que eso no depende de ella,
pues actrices con una belleza más deslumbrante no me han generado tanta picazón
y trastorno.
El barcelonés Oriol
Paulo escribió junto a su director, Guillem Morales, el guión de Los
ojos de Julia (2010), resultón psychothriller
que tenía a Alfred Hitchcock como mayor inspiración. Fogueado en el campo de la
televisión, Paulo presentó en el Festival de Sitges de 2012 la que supuso su resultona
ópera prima detrás de la cámara, El cuerpo, que coescrita junto a
Lara Sendim está enmarcada en el terreno donde se siente más cómodo, el thriller.
Su segundo
largometraje, Contratiempo, nos presenta a Adrián Doria (Mario Casas) un joven y exitoso empresario que es
acusado de asesinato, aunque él se declara inocente. Para defenderse, contrata
la mejor preparadora de testigos del país, Virginia
Goodman (Ana Wagener), con quien trabaja de noche para encontrar un
argumento que logre liberarle de la cárcel. Pero la aparición de un nuevo
testigo hace peligrar su estrategia, viéndose obligados a recomponer las piezas
de un puzzle imposible con el tiempo en su contra.
Oriol Paulo firma un eficaz y entretenido
thriller que lejos de ser perfecto plantea un retorcido juego del gato y el
ratón dentro de un laberinto lleno de falsas pistas y retruécanos. Como ocurre
siempre, está la versión de uno, la de los otros y luego está la verdad.
Digámoslo de otro modo: ¿puede la verdad depender de los distintos puntos de
vista? ¿Está el acusado contando toda la verdad? Claro que, cualquier
imprevisto, un contratiempo, puede dar al traste con la planificación y
estrategia de todos los personajes implicados. Con esta premisa, Paulo exige la
complicidad del espectador que se engancha a la trama e intenta elucubrar sobre un
misterio cuyo andamiaje no resulta novedoso para los aficionados al clásico
suspense cinematográfico (Hitchcock) o literario (Agata Christie) y que reincide
en la propuesta de un crimen y una habitación cerrada. Contratiempo cuenta con una
potente puesta en escena y un gran elenco, una cuestión no menor cuando de lo
que hablamos es de una película de personajes enlodados en una maraña de
intereses, de mentiras y medias verdades, de chantajes y venganzas, de
inmoralidad y falsas identidades que nos obliga a estar atentos a cada detalle
para descifrar las claves de un jeroglífico cuya resolución, en todo caso, adivinamos
asombrosa.
Claro que si uno,
tras un par de visionados, se detiene mucho en los detalles encontrará lagunas,
agujeros y recursos que supongo estaban en el libreto pero que, resulta obvio, se
tendrían que haber limado durante el rodaje por su inconsecuencia. O quizás no,
y esos fallos tontos representen la otra cara de la virtud, pues todo en la vida
resulta dual y la apuesta sea poner a prueba la perspicacia del respetable. Sin
embargo, es justo señalar que Paulo sabe cómo mantener la tensión, filma
siempre de una forma muy elegante otorgándole valor al montaje y el suntuoso diseño
de producción, y se oficializa como un experto de la trampa, las realidades
caleidoscópicas y la ambigüedad.
Claude Chabrol defendía las tramas simples
con personajes complejos, pero le encantaban las apariencias, el artificio, encontraba
necesario hacer trampas para obtener lo esencial. A Chabrol le gustaba mirar a
los personajes con objetividad, unas veces con frialdad y otras con total
desapego. Las enseñanzas del maestro francés parece que han calado en el
director catalán, que sabe medir la distancia sin dejarse embaucar por las
emociones.
Gran trabajo de las dos féminas de la
función,Ana WageneryBárbara
Lennie, que resultan mucho más naturales que sus homólogos masculinos,Mario CasasyJosé
Coronado, correctos pero constreñidos en sus personajes a los que quieren
dotar de un exceso de formalidad dentro de un relato que es magia, un divertido
juego del Cluedo. Puede que sea algo que les exige el director, amante de las relaciones
distantes y las atmósferas gélidas.Contratiempoes una buena apuesta cinematográfica,
que sabe alternar el recurso del flash back con el presente, para ir quitándole telarañas al enigma y alumbrar la verdad. Si no te gusta que te manipulen, elige
otra apuesta de la cartelera, pero si te gusta desentrañar misterios e
interactuar sintiéndote parte de sus entresijos, ésta es tu película.