martes, 3 de enero de 2017

EL THRILLER SEGÚN RIDLEY SCOTT

    
  
    Además de dirigir dos de las tres mejores películas de ciencia ficción de la historia, Ridley Scott (South Shields, Inglaterra, 1937) siempre ha demostrado una gran inquietud temática y pasión por el cine de género. Hagamos un repaso a sus aportaciones al thriller, cuyas obras han gozado de diferente fortuna, tanto a un nivel crítico como en taquilla, pero que sin duda han marcado diversas etapas de una fructífera carrera que comenzó allá por 1977 con el magnífico drama de época Los duelistas.

“LA SOMBRA DEL TESTIGO” (1987)


   Con un guión original de Howard Franklin, La sombra del testigo nos presenta a Mike Keegan (Tom Berenger) un policía del barrio de Queens de Nueva York que está felizmente casado con Ellie (Lorraine Bracco). A Mike le asignan un asunto peliagudo: proteger a Claire Gregory (Mimi Rogers) una rica y atractiva mujer que es el testigo clave de un asesinato. Antes del juicio, el asesino intentará eliminarla. La constante vigilancia  de Keegan hará que, sin darse cuenta, policía y testigo se vean envueltos en una apasionada historia de amor.

      
    Scott demuestra que hay vida fuera del cine fantástico con este thriller muy pegado a su época, y es que el gusto por las modas y los ritos coyunturales siempre han sido muy del agrado del director británico. Pero a pesar de lo previsible de la trama, la suntuosidad formal tan definitoria de su autor y el abanico de clichés desplegado, La sombra del testigo es un film resultón y entretenido con tintes dramáticos y románticos, que pone énfasis en la diferencia de clases. Un contraste que se hace evidente  en la relación que inicia el modesto policía que lleva una vida humilde y de carencias al lado de su mujer (la siempre exquisita Lorraine Bracco), con la existencia llena de lujo y glamour de la testigo protegida, perteneciente a la alta sociedad de Manhattan. La película no funcionó lo bien que se esperaba en taquilla, aunque sí en el formato Vhs, tal vez debido a la saturación de thrillers de parecida temática que se estrenaron en aquella década, y eso que tenía a su favor un potente reparto, una espléndida ambientación nocturna de la jungla de asfalto y una dirección contenida de un director que ya era todo un referente.


“BLACK RAIN” (1989)

  
    Estamos ante uno de los thrillers más celebrados por el aficionado de finales de los 80. Con un libreto firmado por Craig Bolotin y Warren Ellis, Black Rain nos narra la historia de Nick Conklin (Michael Douglas) y Charlie Vincent (Andy García) dos policías de Nueva York a los que asignan la misión de escoltar a un peligroso asesino de la Yakuza hasta Japón; pero una vez en el aeropuerto de Osaka, el detenido se escapa. Intentando atraparlo de nuevo, los polis van a parar a los bajos fondos de la ciudad, donde se verán envueltos en una encarnizada guerra entre bandas rivales de la mafia japonesa.


    En formato buddy movie que tanto juego dio en los años 80, Black Rain hubiera arrojado un resultado más exuberante de haber estado dirigida por el hermano de Ridley, el fallecido y recordado Tony Scott, catedrático en estética publicitaria y maestro en el juego rimbombante de filtros y humo. Un estilo y una estética que llegó a crear escuela y con el que consiguió firmar algunas perlas. Dos policías: uno irascible, inconformista, irónico, chulo, apasionado de las motos y de cuidada melenita (Douglas); el otro, relamido, elegante, con su gabardina como bandera y con estilo y pinta de latino (García). Aparentemente nos ofrecen una imagen impecable de eficacia aunque sus métodos no resulten muy ortodoxos. Sin embargo, entre los dos no dan para una neurona porque en lugar de entregar al mafioso a los buenos se lo entregan a los malos… por aquello de que los japoneses parecen todos iguales. 

  
    En su peligrosa misión  de volver a atrapar al asesino, Andy García será objeto de una mortal encerrona por parte de un grupo de esbirros encabezados por el fugado mafioso, que ha dejado sin hálito al pobre e ingenuo Andy. A partir de entonces, el duro y enrabietado Douglas removerá los cimientos de Osaka para tomarse cumplida venganza. Aparte del contraste de culturas -nada nuevo bajo el sol-, Black Rain es un film artificioso y manierista, con una atmósfera sombría y unos escenarios que se parecen a los de Blade Runner. Una película cargada de tópicos que se impone como un remake camuflado de la excelente Yakuza (Sydney Pollack, 1974) y en la que aparece y desaparece de pantalla Kate Capshaw, que se retiró de la interpretación tras casarse con Spielberg. Un thriller aparatoso muy recordado por el aficionado.  


 "AMERICAN GANGSTER" (2007)   
   

     
     Ridley Scott aceptó hacerse cargo de un proyecto que ya le había sido ofrecido hace más de un lustro por el productor Brian Grazer, quien compró los derechos de un artículo publicado en la revista “New York” en el que se narraba la historia real del auge y caída de Frank Lucas, un narcotraficante afroamericano que reinó en la década de los setenta controlando el negocio de la droga en Harlem. El guionista Steven Zaillian (La lista de Schindler) se hizo cargo del libreto partiendo de dos líneas narrativas paralelas que, lógicamente, acaban confluyendo; la trayectoria y apogeo del tal Lucas y la del detective de la policía de Nueva Jersey obsesionado por darle caza, Richie Roberts.
     

     A través de un dilatado metraje de más de dos horas y media, American Gangster nos sitúa en el Nueva York de finales de los sesenta para presentarnos a un Frank Lucas (Denzel Washington) a quien en un principio vemos ejerciendo la función de guardaespaldas y chófer del mafioso “BumpyJhonson (Clarence Williams III), un tipo cruel y sin escrúpulos con fama de ser una especie de Robin Hood entre su comunidad. Será tras la muerte de éste cuando le llega la oportunidad de ponerse al frente de la organización para rellenar el vacío dejado por su mentor y así encargarse de la distribución de heroína en el Harlem neoyorquino, actuando con rapidez y contundencia para evitar que el suculento negocio caiga en manos del capo italiano Dominic Cattano (Arrmand Assante). Su idea es muy simple pero eficaz: comprar la mercancía directamente al suministrador llegando a un acuerdo con el dueño de la plantación, y así, al mismo tiempo que reduce gastos de intermediación, se las ingeniará para transportar la heroína resultante en los ataúdes que llegan a Estados Unidos provenientes de la guerra de Vietnam. Con un negocio tan floreciente, no tardará en ejercer su poder y hacerse multimillonario. Mientras tanto, al frente de la brigada de estupefacientes es nombrado el detective Richie Roberts (Russell Crowe) un tipo limpio e íntegro que, por eso mismo, tiene fama de marciano y de persona poco fiable dentro del sistema policial de aquellos años, arquetipo al que responde a la perfección el detective Trupo (Josh Brolin) un tipo podrido hasta la médula que aprovecha su autoridad para lucrarse. Aunque Richie tiene problemas con su ex esposa, Laurie (Carla Gugino) con quien pleitea por la custodia de su hijo, consigue crear un equipo de confianza para intentar atrapar a Lucas, que se convierte en su máxima obsesión.

     
     Desde que tuve conocimiento de que este film entraba en fase de preproducción iba adueñándose de mi una expectación tal vez exagerada y cierta esperanza de que por fin Ridley Scott, el siempre considerado hermano bueno de Tony, hubiese encontrado la senda adecuada para salir de una vez por todas del atascadero en que se encontraba, utilizando la fórmula más antigua pero eficaz y que tan buenos resultados artísticos le había proporcionado: apoyarse en buenos guiones para hacer buen cine. Algo para lo que tiene demostrado talento y sobrado oficio. El británico no ha desaprovechado la oportunidad para firmar una obra apasionante y por momentos excitante a la que le falta sólo un pico para resultar genial, debido a que se ve castigada por un metraje a todas luces excesivo, la carencia de una mayor garra y, sobre todo, de una más honda  emotividad. A fuerza de ser sincero he de reconocer que me he dejado llevar con absoluta entrega por su fascinante planteamiento, esas líneas argumentales proyectadas como raíles paralelos cuyo punto de convergencia se espera con interés. 


     Ni que decir tiene que el trabajo soberbio de los actores es uno de los elementos esenciales para mantener ese interés, y brillando por encima de todos está Josh Brolin, metido en la piel del detective corrupto que lo mismo mama de la teta del Estado que la del crimen, retratando con admirable personalidad y solvencia el devastador panorama policial de los setenta. Ala sazón es justo señalar que todo el elenco asume su rol con impecable profesionalidad, lo que dice mucho la magnífica dirección de actores por parte de Ridley, que utiliza en esta ocasión el actor fetiche de su hermano,  Denzel Washington, para dar oxígeno a un Lucas capaz de saltarse todas las barreras morales (aprovechándose del valor sagrado del dolor y la muerte para dar cobertura a sus negocios y vendiendo droga a su propia comunidad, una minoría negra ya de por sí asolada por todo tipo de problemas en sus guetos) y actuando si es preciso con espeluznante frialdad (le vemos prender fuego a un individuo en plena calle y disparar a otro con la mayor sangre fría sin que eso le impida acompañar a su madre todos los domingos a la iglesia).
     

     Por otro lado, actuando como contrapunto moral e imprimiendo carácter a Richie Roberts está Russell Crowe, policía honesto y de inquebrantable fe que choca frontalmente con el sistema de corruptelas imperante (hasta el punto de devolver a sus superiores casi un millón de dólares que ha aprehendido, cuando al parecer lo normal en aquella época es que se lo hubiera embolsado), un detective que aspira a ser abogado y que se siente comprometido en desenmascarar a quien se encuentra detrás de la tupida red del negocio de las drogas que tanta muerte y destrucción está causando, incluso dentro de sus propias filas, una misión ardua de la que a veces se ve desligado  por la presión que ejerce su ex mujer en la lucha por la custodia del hijo de ambos, y tocado por la soledad ante el escepticismo de otros colegas que no creen que un negro esté al frente del mayor tráfico de heroína del mundo. 


     Por añadidura, el lujo de la producción, el potente diseño de producción, la acertada labor de vestuario, la excelente luz de Harris Savides nos retrotrae a la atmósfera de tonos grisáceos y colores apagados de los setenta, sumergiéndonos magistralmente en una década socialmente convulsa, en la amplitud de unos escenarios originales que en su día fueron pateados por los personajes reales del relato... Todo un universo ideado para iluminar una epopeya en la que no sólo importa la trayectoria vital de los personajes, también los mundos opuestos de los que proceden y pertenecen. Aerican Gangster está jalonada por multitud de apuntes referenciales que nos remiten desde El padrino de Harlem (Larry Cohen, 1973) y French Connection (William Friedkin, 1971) hasta El precio del poder (Brian De Palma, 1983) pasando por los policíacos setenteros firmados por el mejor Lumet (Serpico, 1973) e incluso acusando el tono atmosférico de la más reciente Zodiac -la última obra maestra de Fincher con la que guarda otros puntos en común- y que a pesar de estar construida bajo los parámetros clásicos del género, adolece de una mirada más diabólica,  radical e hiriente para profundizar sin límites en el eje dramático de la historia. Con todo, estamos ante uno de los mejores títulos de un año que ya es historia.
     


 “RED DE MENTIRAS” (2008)

     
     A la vejez viruelas. Ridley Scott está haciendo más cine en los últimos años que en toda su carrera, de hecho este año ya lleva estrenado dos films, la excelente American Gangster y esta Red de mentiras, que muy bien podría haber firmado su hermano menos prestigioso, Tony. No sabemos si será la madurez o la inquietud al constatar que el tiempo es un cuchillo que, a sus 71 años, le invita a recuperar el tiempo perdido. Ahora nos cuenta una de espías: Roger Ferris (Leonardo Dicaprio) es el mejor agente de campo de que dispone la CIA, su nueva misión le obliga a seguir a un terrorista que opera desde Jordania. Su vida depende en gran medida de las observaciones y directrices que le ofrece el veterano agente del Servicio de Inteligencia Ed (Russell Crowe), casi siempre a través de una línea de teléfono segura. Ferris busca infiltrarse en la organización del terrorista con el apoyo de Ed, buen conocedor de una zona en la que había sido jefe de la CIA.
    
   
     Basada en la novela “Body of lies” del periodista David Ignatius, Red de mentiras se engloba dentro del cine parido a raíz de los ecos traumáticos de los atentados del 11-S y la posterior “guerra contra el terror”. Scott tiene el talento y el oficio para facturar una película tan convencional y previsible adornándola con envoltorio de lujo, que tiene su mejor gancho en sus dos cabezas de cartel, ya que sin ellos la película tendría mucho menos recorrido, pero su equilibrada, limpia e impecable ejecución no puede evitar las taras de un libreto plano derivado de un material estereotipado, que vuelve a incidir en las operaciones de la CIA en Oriente Medio sin ofrecer óptica novedosa alguna.
     

    Claro que sus dos protagonistas están bien, el juego se mueve entre ellos, en sus acciones y los diálogos que mantienen a través de un teléfono móvil, avanzando en una trama que oscila entre el cine de acción y el thriller de espionaje político. Argumento que no acaba nunca de enganchar porque, repito, nada relevante nos cuenta. Si bien puede servir como apunte sobre el hervidero de la situación política en la zona, pero el hilo elegido para desliar la madeja es demasiado débil, aunque a veces tengamos la falsa impresión de que la historia puede dar un giro menos comercial (esbozo de crítica sobre las injerencias yanquis). La guinda que corona el pastel es la imposible relación sentimental que el guapo Dicaprio inicia con una enfermera de la zona del conflicto, asumiendo con pretensiones absurdas la necesidad fugaz del amor en los tiempos del cólera.
     


"EL CONSEJERO" (2013)

    Este cronista andaba muy mosqueado con las críticas negativas que había recibido la última película de Ridley Scott, El Consejero,  al otro lado del Atlántico. Como saben mis lectores más cinéfilos, Scott cuenta en su filmografía con tres obras maestras indiscutibles: Los Duelistas (1977), Alien, el octavo pasajero (1979) y Blade Runner (1982). Pero en su ya extenso currículum como director podemos encontrar muchas obras que aun situadas algún peldaño por debajo de los tres films citados tienen mucha más calidad que filmografías completas de infinidad de directores: La sombra del testigo (1987), Thlema & Louise (1991), Gladiator (2000), American Gangster (2007), Red de mentiras (2008).

  
    Claro que, todos nos preguntamos cómo el firmante de semejante historial artístico, que le ha hecho acreedor de un lugar destacado en la historia del cine, ha podido pergeñar bodrios como La teniente O´Neil (1997), Los Impostores (2003) o Un buen año (2006), por citar unos ejemplos. A pesar de lo que dijera Baudelaire, la respuesta es simple: no se puede ser sublime sin interrupción. No obstante, había en su nuevo proyecto un par de aspectos que me hacían estar impaciente: un elenco espectacular y, sobre todo, que el film se erigía sobre un guión original (es decir, sin basarse en ninguna novela suya) de Cormac McCarthy, el autor de las magníficas Meridiano de sangre, No es país para viejos y La Carretera. Una vez cocinado, horneado y servido el pastel no puedo sino confirmar la miopía, sordera y atrofiado paladar de todos esos críticos y concluir que estamos ante otra gran obra de un gran gourmet.     

   
   La película nos presenta a un abogado del que nunca se cita el nombre (Michael Fassbender) que a pesar de vivir de manera muy solvente no parece estar contento con lo que tiene, y cree que su preciosa novia y futura esposa, Laura (Penélope Cruz), de la que está enamorado hasta las cachas, se merece más. Para solventar la cuestión, decide introducirse en el peligroso mundo del tráfico de cocaína. Así, se traslada a la frontera de Estados Unidos con México, donde se alía con un poderoso traficante llamado Reiner (Javier Bardem) para vender un cargamento valorado en 20 millones de dólares. Por allí aparece también un extraño personaje (Brad Pitt) que participa en la arriesgada operación. Por otra parte, una atractiva mujer argentina, Malkina (Cameron Díaz), que posee cierta conexión con Reiner, entrará en escena siendo una pieza esencial. Sin embargo, nada saldrá como estaba planeado, por lo que el heterogéneo grupo tendrá que hacer frente a situaciones de extrema violencia, pues sus respectivas ambiciones serán su perdición.

     
   Como queda apuntado, el mayor atractivo para un fan de la literatura Cormac McCarthy es hacer identificables sus diálogos y personajes, y a fe que en El consejero esto es lo más significativo hasta el punto de que es más reconocible su particular universo temático que el pulso y la mirada original de Scott. McCarthy apenas concede entrevistas y la primera vez que apareció en televisión fue en 2007, pero es fácil adivinar que tiene debilidad por el cine, prueba de ello es este guión de hierro y su aparición, junto con su hija, el año de aquella edición de los Oscar de No es país para viejos. El escritor norteamericano, como gran explorador de las raíces del mal y la violencia salvaje, siempre dota a sus personajes de una rica e inteligente verborrea, esto se nota en los excelentes diálogos del film que están siempre salpicados por una afilada inquietud. En la función vemos desfilar una galería de personajes corroídos por la codicia y enredados en el siempre sórdido y amenazante mundo del narcotráfico, la ilusión en la búsqueda de un dinero fácil que ponga definitivamente fin a sus preocupaciones y de estabilidad a sus relaciones sentimentales. Para ello tienen que correr riesgos inasumibles, un precio muy elevado, pero las tentaciones son tan humanas.


        A pesar de la curiosa escena sexual de Cameron Díaz con un Ferrari California amarillo, de momentos de ultraviolencia pulp dentro de una sucia atmósfera Tex-Mex e inspiración tarantiniana, el verbo se impone siempre a las imágenes para razonar sobre lo humano y lo divino, el capitalismo salvaje y los ritos de la sociedad actual, el perdón, la culpa y las encrucijadas del destino. En El consejero encontramos todas las constantes obsesivas de la literatura de McCarthy: el deseo y el amor que arrastra a los hombres débiles a la perdición, el mal en su representación más gráfica y cruel, el poder como arma de control… y el espectador avispado sabrá sacar  partido de esa primera hora de diálogos en distintos escenarios y que comienza con un explosivo cunnilingus con el que nuestra Pe se muestra agradecida. Diálogos trascendentales que se suceden para cimentar un pacto con el diablo y la gran tragedia, que lleva a nuestro protagonista (un consejero que acepta consejos) a recorrer los sinuosos caminos que le conducen hasta la puerta misma del infierno con un pase vip. Un arco dramático en fatal in crescendo que pone énfasis a la visión descorazonadora de su autor.

      
     Sabemos que Ridley Scott es un director bastante onanista y de gran sofisticación visual, de lo que estamos también seguros es de que pocas veces ha sido tan fiel a la idea de un libreto como en este relato fronterizo que basa su peculiaridad en el modo discursivo de plantear los dilemas morales, una fábula rebosante de sentencias y condicionamientos semánticos, en la que igual se cita a Machado que se divaga sobre la mujer y la moral o sobre una compleja y letal arma que rebana a la víctima el cuello. Fassbender luce en los momentos más dolorosos, y aunque Javier Bardem y Penélope Cruz cumplen sin demasiadas alharacas, es Cameron Díaz quien trasciende el vulgar bosquejo de Femme Fatale para convertirse en una letal y sibilina serpiente. A diferencia de todos esos críticos desconcertados ante la abstracta caligrafía de la cinta, ocurre que a mí todas esas personalidades –de algún modo escindidas- me resultan magnéticas y vigorosas, me gusta cómo se mueven, cómo visten, cómo hablan y finalmente como arden en la hoguera de las vanidades a la que se han visto arrastrados por su gran avaricia: anhelos que se despeñan por un vertedero como manjar para las aves carroñeras.
      

lunes, 2 de enero de 2017

“BANG GANG (UNE HISTOIRE D´AMOUR MODERNE)” (2016)


BANG GANG (UNE HISTOIRE D´AMOUR MODERNE) ê
   

     Al parecer a Larry Clark le brotan como hongos los imitadores. En este pasado año hemos tenido el caso de Elizabeth Wood y su White Girl (leer crítica en este blog), y ahora nos llega el debut en el largometraje de la francesa Eva Husson. El film de Wood aprobaba con suficiencia gracias al gran trabajo de su protagonista, la bellísima Morgan Saylor, desgraciadamente Bang Gang (Une histoire d´amour moderne) sólo es un refrito mal cocinado de otros films de similar temática.



      
     Veamos: George (Marilyn Lima) de 16 años, es la estrella del instituto. Tras acabar las clases se queda sola en casa porque su madre viaja a Marruecos en una estancia de varios meses. Enamorada de Alex (Finnegan Oldfield), para llamar su atención comienza un juego colectivo en donde ellos, Nikita (Fred Hotier), Laetitia (Daisy Broom), Gabriel (Lorenzo Lefèbvre) y pronto todo el instituto van a descubrir, probar y estirar los límites de su sexualidad. En medio de los escándalos, amores y derrumbamientos de su sistema de valores, cada uno se ocupa de ese intenso periodo de sus vidas de manera radicalmente diferente.

    
    Al parecer idea para la película está inspirada en un incidente que tuvo lugar en 1999 en un pueblo de clase media alta de los Estados Unidos. Según confiesa su directora lo que más le interesó es el por qué esos jóvenes “normales” fueron capaces de llegar tan lejos. En cualquier caso, esta historia de amor moderna resulta ya muy vieja, pues transita por territorios ya explorados de manera más afortunada y subversiva por el citado Larry Clark en su ópera prima Kids (1995) y el juego sexual llamado Bang Gang está más visto que una bolsa de El Corte Inglés; al fin, pasatiempos sexuales de cariz orgiástico con los que se entretienen un grupo de chavales consentidos, caprichosos y eternamente aburridos. La típica y superficial condena sobre la mortal abulia adolescente, que quieren aprovechar el presente porque no están seguros de que exista un mañana.

    
    Nada de lo que sucede en Bang Gang (Une histoire d´amour moderne) tiene valor artístico o técnico, con un guión firmado por la misma realizadora y cuyos diálogos son de una simpleza decepcionante. Voy más lejos, ni una sola escena resulta estimulante, excitante o morbosa para el voyeur cinéfilo. Sé que no es esa la intención de Eva Husson, pero entonces qué nos queda: una pandilla de jóvenes apáticos que follan y se drogan sin parar como si con ello abrazaran la piedra Rosetta de la existencia, cuando expuesto de manera tan burda nada puede resultar tan retrógrado. Y en el centro de todos ellos, un chico sensible, un creador musical que coge de la mano a la perdida damisela para alejarla de tanta decadencia juvenil y vivir junto a él un amor convencional. Un mensaje moralista  y tal vez castrante en cuyo registro captamos un severo y aburguesado dogmatismo católico.

domingo, 1 de enero de 2017

LAS 15 MEJORES PELÍCULAS DE 2016

1-"QUE DIOS NOS PERDONE” (Rodrigo Sorogoyen, 2016)


      Que Dios nos perdone sitúa la acción en el verano del año 2011 en Madrid. La ciudad está sumergida en una convulsa actividad y una crisis económica que parece tocar fondo. Además de la ebullición del movimiento del 15-M, un millón de peregrinos esperan la llegada del Papa en un Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, dos inspectores de policía, Alfaro (Roberto Álamo) y Velarde (Antonio de la Torre), deben encontrar cuanto antes y sin hacer mucho ruido a un asesino en serie de ancianas. Una carrera contrarreloj que les hará reflexionar sobre algo inquietante: ninguno de los dos es tan diferente al asesino que persiguen.
     
  
    Sobre esa pegajosa turbiedad se asientan los cimientos de una trama que escanea la materia necrosada de una sociedad alienada y cruel que hace tiempo que rompió la brújula y el reloj en su tránsito por un mundo en donde el dolor es lo único que activa el termómetro de la supervivencia. Que Dios nos perdone es un thriller que abre en canal el vientre de la castiza Madrid para que se pudra al sol junto a un revoltijo de protestas tan estériles como pueriles y de peregrinos de fe exaltada, de demonios imprecados desde el silencio o la fiebre, desde la atroz certeza de que no hay nada que defina mejor al ser humano que la maldad. Como dijo Chesterton: “Soy un hombre. Y por lo tanto llevo dentro de mí todos los demonios”.

2-“LA INVITACIÓN” (THE INVITATION, Karyn Kusama, 2015)
     
      
    La historia es la siguiente: Will (Logan Marshall-Green) y Eden (Tammy Blanchard) formaban un matrimonio feliz hasta que perdieron a su hijo años atrás. El trágico suceso provocó que Eden desapareciera de la noche a la mañana sin dejar rastro. Pero Eden ha vuelto a Los Ángeles, se ha casado de nuevo y algo parece haber cambiado en ella. Es algo que Will comprobará cuando recibe una invitación de Eden para celebrar los buenos tiempos junto a ella y los viejos amigos. Will acude a la cita con su pareja, Kyra (Amayatzy Corinealdi), y una vez en la casa siente como anterior pareja se comporta de un modo extraño, como si algo turbador e irreconocible se hubiera apoderado de ella. Will está convencido de que Eden y su marido, David (Michiel Huisman) tienen unos planes siniestros para sus invitados.
     
  
     La Invitación, además de un espléndido y terrorífico thriller sobre los peligrosos artificios que buscan los seres humanos para refugiarse y despojarse de los traumas del pasado y las insatisfacciones de la propia existencia, se eleva también como un grito de alerta, tal vez de auxilio, de una generación desnortada que busca sensaciones con las que rellenar su vacío, vidas incapaces de disfrutar de las cosas sencillas y bellas e instaladas en el capricho y el confort como válvulas de escape de una realidad deprimente. De ahí el demoledor plano final. Dicho está, lo mejor de La Invitación no surge de las señales, giros e imprevistos de una historia que anuncia un clímax previsible, sino de su perturbadora y delirante atmósfera, que confiere al espacio una dimensión malsana, y revela un peligro inherente tan físico como cercano, tan agobiante como amenazador. Así, la función avanza con la precisión de un reloj suizo por un laberinto de engaños y trampas en donde la incomodidad se siente con la misma presión dentro como fuera de la pantalla, hasta que la tensión acumulada estalla de manera seca, cortante y brutal, algo que podíamos intuir a través de la psicología de algunos personajes, siervos devotos y demenciales de una de esas sectas del fin de los días. Un hallazgo importante.

3-“TARDE PARA LA IRA” (Raúl Arévalo, 2016)


     Tarde para la ira se inicia en Madrid en agosto de 2007 cuando Curro (Luis Callejo) el único detenido por el atraco a una joyería, cumple su condena en la cárcel. Ocho años después, su novia Ana (Ruth Díaz) espera, junto al hijo de ambos, a que Curro salga de la cárcel tras cumplir su condena. Así, Curro abandona la prisión con la esperanza de comenzar una nueva vida junto a su familia. Pero todo ha cambiado en muy poco tiempo, y se encuentra con una mujer confundida y con un hombre que le romperá todos los esquemas, pues no sabe hasta qué punto José (Antonio de la Torre) un hombre hermético y solitario al que Ana siente como un refugio para su angustia, va a cambiarle la vida y enfrentarle con los fantasmas del pasado. Curro y José emprenden un viaje de tres días salpicado de violencia y abocado al abismo de la venganza.

   
    Una vez más el cine español fija su mirada en las tripas de una sociedad enfangada en sus ritos costumbristas desde donde brota una violencia salvaje encarroñada durante años por la cólera de la venganza, la ira ciega que surge volcánica, incontenible, de vidas vulgares y derrotadas por su aciago destino y siempre víctimas del contexto político-social que les ha tocado vivir. Tarde para la ira es una espléndida película sobre una venganza que como una herida infectada resulta imposible de sanar hasta que se hace uso de una cirugía drástica que corte el mal de raíz, y José, corroído por ese sentimiento tan humano sabe que no será posible mitigar la gangrena de su sufrimiento hasta que los verdugos causantes de su desgracia paguen por ello. Piensa que nunca es “tarde para la ira” cuando esto es lo único que le mantiene en pie y da sentido a su existencia. Un debut importante.

4-“COMANCHERÍA” (HELL OR HIGH WATER, David Mackenzie, 2016)


    Firmado por David Mackenzie nos llegó uno de los mejores thrillers del año, un espléndido western moderno que ambientado en la época actual nos presenta a dos hermanos, Tanner (Ben Foster) y Toby Howard (Chris Pine) que viven en el estado de Texas y se disponen atracar el mayor número de bancos de la zona en un breve periodo de tiempo. El problema es que no son atracadores profesionales, uno es un ex convicto y el otro un padre divorciado con dos hijos. Su objetivo es reunir la cantidad de dinero suficiente que les permita no perder la granja familiar que les reclama el banco por impago, y que es lo único que tienen y por lo que han luchado toda la vida. Su plan es pagar al banco con la misma moneda. Pero será una carrera contrarreloj porque los Rangers de Texas, con el veterano Marcus Hamilton a la cabeza (Jeff Bridges) a la cabeza, les pisan los talones y no pararán hasta atraparlos.

     
    Con un sólido guión de Taylor Sheridan (Sicario) estamos ante la mejor película con diferencia de su director, y eso que en su filmografía nos encontramos con títulos tan resultones como Convicto (Starred Up, 2013) y Perfect Sense (2011), pero Comanchería es un film mayor, un western en donde los caballos han sido sustituidos por los coches y que surca el siglo XXI fusionando códigos con el cine negro, apropiada asociación para estos tiempos siniestros de crisis y depresión. Unos inmensos Chris Pine y Ben Foster en las mejores interpretaciones de sus carreras, llevan a cabo su particular venganza –que es justicia poética- ante la inhumana opresión de un banco que les amenaza con quitarles la granja, lo único que tienen. Una venganza ejecutada en territorio mítico, Texas, tierra de nativos comanches, un territorio fantasmagórico de negocios quebrados y empresas en venta, un entorno ultraconservador que actúa como reflejo de la decadencia social y política de la sociedad estadounidense. Y está Jeff Bridges, el guardián de la ley en un espacio de náufragos y carroñeros que, a punto de jubilarse, quiere prestar un último servicio a la comunidad. La música de Nick Cave y Warren Ellis pone el punto de ambientación a un film enorme.

5-“SING STREET” (John Carney, 2016)


     John Carney, el director irlandés de Once (2007) y Begin Again (2013) logra su mejor película al narrar las peripecias de Conor (Ferdia Walsh-Peelo) un chico de 15 años que vive en Dublín en los años 80 y que está loco por huir de su conflictivo hogar. Así, Conor crea una banda musical y compone canciones que son una forma de lucha.

                  

    Sing Street es ante todo un ejercicio de nostalgia corrosiva que invita a mirar por el retrovisor para no perder nunca de vista las esencias y formas de una época irrepetible, los años 80, por lo que la banda sonora del film puede servir de homenaje al bullicio o movida de esa década. Como pertenezco a aquella generación de jóvenes, el film es una excelente excusa para rememorar sensaciones y las míticas bandas que desde entonces horadan con sus temas mis recuerdos (Ultravox, Fischer Z, Depeche Mode, Te Cure, New Order…). Música, filosofía y estilo, en la forma vestir y de encarar el no future escrito en el horizonte, y desde el que saltaron movimientos como el punk, mods, gótico, new wave, new romántic… y que se ven mimetizados en una pandilla de carismáticos adolescentes. Claro, está la melancolía, el paro, la miseria y marginación, el acoso y el matonismo… pero qué importaba todo esto en un tiempo en que nos creíamos los mejores y una chica, entregada a ti y tu sueño en cuerpo y alma, enciende la llama del idealista rebelde que hay en ti. Un film magnífico y sensible que Carney filma con amor e inteligencia.   

6-“NO RESPIRES” (DON´T BREATHE, Fede Álvarez, 2016)

   
    Nadie por estos lares había oído hablar del director uruguayo Fede Álvarez cuando en el año 2013 presentó su potente remake del clásico de culto de Sam Raimi Posesión infernal. Nada extraño pues hasta entonces sólo había firmado dos cortos, El cojonudo (2005) y ¡Ataque de pánico! (2009) que gustaron mucho al mítico director norteamericano, pero a raíz de su nueva versión de aquel revolucionario film de 1981 se convirtió en una de las grandes esperanzas del cine de terror, con una legión de seguidores que esperábamos como agua de mayo su próximo proyecto. La trama es la siguiente: Tres jóvenes, Rocky, Alex y Money (Jane Levy, Dylan Minnette y Daniel Zovatto) creen haber encontrado la gran oportunidad de cometer el robo perfecto. Su objetivo será un hombre ciego y solitario (Stephen Lang) que posee un millón de dólares oculto. Pero tan pronto como entran en la casa del invidente, un veterano de guerra, serán conscientes de su error, pues se encontrarán atrapados y luchando por sobrevivir contra un poderoso psicópata que carga con su propia tragedia y secretos ocultos.

    
    Con ecos de Sola en la oscuridad y Terror ciego, en No respires todo está teñido por una pátina de tristeza y fatalismo, desde el desolador y lúgubre escenario de una ciudad sin futuro, la disfuncional familia de Rocky que se refugia en sus ensoñaciones hasta el drama íntimo del invidente, para quien el tiempo se paró un aciago día. Ingredientes para construir una pieza de cámara dentro de una miscelánea de géneros que no ofrece al espectador ni un segundo de respiro hasta el angustioso clímax final, culmen de la pegajosa turbiedad de un relato que puede servir como austera introspección de la maldad humana en un tiempo de náufragos y supervivientes, en donde el debate sobre la moral ha quedado ya superado. Estamos, amigo lector, ante un magnífico y sensorial ejercicio de suspense y estilo rodado con muy mala baba (presten atención al momento en que uno de los personajes va a necesitar unos enjuagues de Listerine) que con una tétrica fotografía de Pedro Luque y una incisiva música de Roque Baños nos acerca a un terror muy físico, al terror total, que siempre nace de la fiebre humana.

7-“ANIMALES NOCTURNOS” (NOCTURNAL ANIMALS, Tom Ford, 2016)   


     Segundo trabajo del diseñador de modas reconvertido en director de cine Tom Ford, que ya sorprendió a propios y extraños con su ópera prima Un hombre soltero (A Single Man, 2009), un film melancólico, sensible e inteligente en el que Colin Firth da vida a un maduro profesor británico y homosexual que intenta buscar sentido a su existencia tras la muerte de su compañero sentimental. Animales nocturnos nos presenta a Susan Morrow (Amy Adams) una galerista de Los Ángeles con una vida privilegiada y casada en segundas nupcias con Hutton Morrow (Arnie Hammer). Un fin de semana, cuando su marido se encuentra en uno de sus incontables viajes de negocios, Susan recibe un paquete en el buzón. El paquete contiene la primera novela de su exmarido, Edward (Jake Gyllenhaal) de que lleva casi dos décadas sin tener noticias. Como ella siempre fue su más dura crítica, le pide en una nota que lea la novela y contacte con él, pues estará unos días en la ciudad. Susan acepta y se sumerge en la narración. Atrapada por la lectura, se da cuenta de que a su vida le falta algo y rememora su pasado y se cuestiona su futuro.

   
    Pero Animales nocturnos es ante todo una historia de venganza, la de un examante herido de por vida que ha creado una obra escrita para procurar el dolor y la humillación de la mujer que un día le abandonó, que nunca tuvo fe en su talento y que veía en su sensibilidad un signo de debilidad. Y hay pocos sentimientos que puedan causar más dolor que la culpa. Porque la herida profunda de Susan es sentir el latido de la tragedia que se desarrolla en la ficción como en carne propia y en la de su hija desde la privilegiada atalaya de una vida de lujo y glamour. Una venganza que es a la vez sofisticada e intelectual y maquiavélica y lacerante. La historia nos aboca a un final pesimista que aguijonea los recuerdos y con ellos el peso de la culpa, la evocación de vidas quebrantadas y de la soledad como estigma. 

8-“SUBURRA” (Stefano Sollima, 2015)
  

     He de reconocer mi debilidad por el director italiano Stefano Sollima desde que vi su magistral serie televisiva Roma criminal (2008), adaptación de la popular novela “Romanzo criminale” de Giancarlo De Cataldo, que ya tuvo una potente versión cinematográfica en 2005 dirigida por Michelle Placido. A partir de entonces me propuse estar muy atento de todo lo que pergeñara este cineasta nacido en Roma en 1966.


      Su segundo largometraje, Suburra (2015), me dice que mi olfato no estaba equivocado y que el director puede convertirse en un nombre esencial en el cine europeo de los próximos años. La acción nos sitúa en noviembre de 2011, una semana antes de la caída del gobierno italiano (de Berlusconi) con el país sumido en una crisis institucional, económica y social que se presume preapocalíptica. En una Roma caótica, nocturna y lluviosa, la cámara nos introduce en mundos distintos aparentemente desconectados como el de la política, cuya figura central es el diputado Malgradi (Pierfrancesco Favini) preso de sus inconfesables vicios y peligrosos pactos; de las fiestas VIP nocturnas, con Sebastiano (Elio Germano), dueño de una lujosa villa, cobarde, pelota y arribista; el de la mafia del litoral romano con Número 8 (Alessandro Borghi) heredero machito del imperio de una familia cuyo territorio él administra. También está Samurái (Claudio Amendola) miembro de la familia mafiosa della Magliana, que mueve los hilos que conectan varias esferas; Manfredi (Adamo Dionisi) patriarca de una familia usurera de gitanos; Viola (Greta Scarano) la novia drogadicta de Número 8; y Sabrina (Giulia Elettra Gorietti), una prostituta que se verá envuelta en lío gordo con una menor de edad. Los intereses de todos ellos acabarán convergiendo en el proyecto de una enorme especulación inmobiliaria que pretende transformar Ostia en una especie de Las Vegas.
      

    
     Suburra es ante todo un film realista a pesar de la incontinente y visceral violencia que está en consonancia con la ilimitada cadena de favores e intereses espurios que se mueven en torno a la especulación inmobiliaria y que derivan en chantajes, fúnebres sentencias y brutales crímenes. Stefano Sollima denuncia con crudeza la putrefacción de un sistema y la laxitud de una sociedad con enormes tragaderas, el vientre podrido de una Roma convertida en nido de asesinos, amenazante, húmeda, oscura, condenada, una ciudad sin dignidad secuestrada por clanes criminales que sólo entienden de intereses lucrativos y en donde todo tiene un precio.

9-“HARDCORE HENRY” (Ilya Naishuller, 2015)


     Ópera prima del director ruso Ilya Naishuller que procedente del campo del videoclip y con un libreto coescrito junto a Will Stewart, nos presenta una endiablada película rodada en primera persona que nos narra la historia de Henry, un cyborg que tras ser devuelto a la vida por su esposa y creadora, la ingeniera Estelle (Haley Bennett), ve cómo su mujer es secuestrada por el psicópata Akan (Danila Kozlovsky), un villano con poderes telequinésicos que está al frente de una nutrida banda de mercenarios. Henry contará con la ayuda de Jimmy (Sharlto Copley) que se convertirá en su único apoyo para sobrevivir ofreciéndole las claves de su verdadera naturaleza. Por supuesto, Henry no recuerda nada, y su única misión es atravesar todo Moscú, una ciudad para él extraña, para liberar a su esposa de las garras de Akan, que persigue hacerse con la tecnología que ha devuelto la vida a Henry.

    
    Estamos, amigo lector, ante una de esas películas que se pueden catalogar de culto inmediato, una montaña rusa filmada sin concesiones y que no da respiro al espectador, una experiencia sensorial y vertiginosa que no se corta a la hora de mostrar la violencia de un modo salvaje y que fusiona la narrativa propia del videojuego con el espectáculo cinematográfico. Rodada íntegramente con cámara GoPro, el cine, por primera vez, da un salto de calidad, en su apuesta por la cámara subjetiva, experimento donde antes otros fracasaron. . La espídica acción está muy bien planificada en su perfecta simbiosis de  entre cine y videojuego, pero con pocos apuntes sobre tecnología o cibernética, ya que la trama lo fía todo a un encadenado de larguísimas persecuciones y una sucesión de peleas y tiroteos que configuran una coreografía bestial y sangrienta, una orgía de violencia sin límites que puede causar algún vahído si no se está acostumbrado. Una acción brutal tan básica que la única función de los personajes es superar pantallas, pasar de una ventana a otra. 

10-“ELLE” (Paul Verhoeven, 2016)

       
     Han pasado ya diez años desde que el director Paul Verhoeven se situara detrás de las cámaras para rodar la magnífica El libro negro (2006), film que con el protagonismo de Carice van Houten narra la historia de una mujer judía que, tras la ejecución de su familia, se infiltra en el Cuartel General Nazi para intentar obtener información que permita liberar a combatientes de la Resistencia que han sido capturados. Verhoeven vuelve por la puerta grande con este thriller psicológico titulado Elle, película que cuenta la historia de Michèle (Isabelle Huppert) directora de una compañía de videojuegos que, divorciada, mantiene una relación esporádica con el mejor amigo de su marido, mientras que la novia de su hijo está embarazada de otro hombre. La vida de Michelle cambia para siempre cuando es atacada y violada en su casa por un asaltante encapuchado, lo que la llevará a intentar descubrir su identidad, en un juego peligroso en donde puede perder el control de la situación.

  
   Verhoeven nos presenta su obra más cáustica, amoral, turbia, visceral y despiadada y nos enseña qué hay detrás de las máscaras descubriendo la verdadera identidad que esconde Michèle, su hipnótica protagonista, hija de un temible asesino en serie de niños que trastornó el discurrir cotidiano de su infancia. Un trauma varado en los meandros de la memoria que seguro tiene mucho que ver con su reacción ante las repetidas violaciones de que es víctima por parte de un encapuchado en su misma casa. Isabelle Huppert dibuja con su actuación uno de los retratos femeninos más magnéticos que se han visto en una pantalla de cine, y Verhoeven lanza una mirada flamígera sobre el alma y la condición femenina que incita a una reflexión osada y ácida sobre el tortuoso laberinto en el que se adentra la psique de una mujer violada. Pero al mismo tiempo y sin que resulte una dicotomía (o tal vez sí) muchos espectadores verán alterada su sensibilidad con la complicidad de la protagonista y su retorcido juego de seducción, que explora territorios que van más allá de cualquier límite de corrección dentro de una sociedad puritana y retrógrada, incapaz, por otra parte, de asimilar que una mujer reaccione ante una agresión de una manera que rompe todos los esquemas concebidos. Porque Michèle no ejerce de víctima e intenta descubrir la identidad de su agresor, convirtiendo a todos los sospechosos que le rodean en fáciles presas. ¡Qué grande es el cine!

11-DESDE ALLÁ” (Lorenzo Vigas, 2015)


     Tras el resultón corto rodado hace doce años Los elefantes nunca olvidan (2004), el director venezolano Lorenzo Vigas nos presenta su esplendoroso debut con el largometraje Desde allá, un potente relato que se alzó con el León de Oro en la pasada edición del Festival de Venecia, fue declarada Mejor Ópera Prima en el Festival de La Habana y Mejor Película Iberoamericana en el Festival Internacional de Panamá. Nada extraño, porque el film de Vigas es una pieza de cámara tan magnética como compleja.

       
     En medio de una Caracas convulsa, la película nos cuenta la historia de Armando (Alfredo Castro) un hombre de cincuenta años que trabaja en su propio laboratorio de prótesis dental. En su tiempo libre busca a hombres jóvenes en paradas de autobuses y les ofrece dinero a cambio de que les acompañen a casa. Sólo busca compañía y observarles desnudos mientras se masturba sin entrar en contacto con ellos. Pero Armando también tiene otra costumbre, la de espiar a un hombre de edad avanzada, al que le une un vínculo común en el pasado. Un día, Armando conoce a Elder (Luis Silva) un joven de dieciocho años líder de una pequeña banda de delincuentes juveniles. Se lo lleva a casa sin que ninguno de los dos intuya que de ese encuentro nacerá una relación que ellos cambiará para siempre. Evitando el morbo fácil y el obsceno amarillismo, Lorenzo Vigas explora el sometimiento de la miseria humana ante el poder (político, económico…), la alienación, las debilidades de una sociedad enferma, miedosa y esclava en tiempos de crisis y abyección moral, de vidas quemadas que apenas dejan cenizas.


12- “I AM A HERO” (Shinsuke Sato, 2015)

       
     Si tuviera que hacer una lista de las mejores películas de zombies vistas en las tres últimas décadas, seguro que ocupando los primeros puestos estarían Amanecer de los muertos, 28 días después, Rec, Train to Busan y, por supuesto, I Am a Hero, film dirigido por Shinsuke Sato que nos narra la terrorífica odisea que le toca vivir a Hideo Suzuki (Yô Ôizumi), un dibujante de manga con una vida gris y miserable. Un día, su novia, Tekko (Miko Suzuki) le echa de casa cansada de que sea un perdedor y, al cabo de unas horas, se abalanza sobre él convertida en una zombie agresiva. Es la primera señal de que el mundo a su alrededor camina hacia la extinción. Premio del Público y Mejores Efectos Especiales en el Festival de Sitges del pasado año, I Am a Hero es la magnífica adaptación a la pantalla grande del manga creado por Kengo Hanazawa, una montaña rusa rebosante de ironía, emoción y entretenimiento del bueno que disfrutarán todos los amantes de este subgénero del terror tan maltratado últimamente. Parece que la llegada del apocalipsis en Japón no podría encontrar un héroe mejor que un dibujante de manga que trabaja en un cuchitril y que cuando su penosa vida se derrumba y se ve acosado por una horda infinita de infectados, se echa su rifle de caza al hombro (y su licencia, por si se la pide la policía) siendo consciente de que no tiene la sangre fría de disparar contra nadie. Esto es Japón, y no América, y él es un soñador, no un asesino.


    I Am a Hero funciona como un reloj suizo, una maquinaria de perfecto engranaje que nace de un musculoso guión, una gran dirección de actores, una cáustica ironía (los dientes de la novia de Hideo, los Rolex que salvan la vida dos veces al protagonista), una excelente labor de interpretación de todo el elenco, una hermosa fotografía e incluso un peculiar atleta villano de cabeza abollada que hará las delicias del aficionado. Puede que toda la película se resuma en una ácida metáfora sobre el voraz consumismo de la sociedad japonesa… pero eso ya nos importa menos. Espléndido divertimento.

13-“EL REY TUERTO” (EL REI BORNI, Marc Crehuet, 2016)


     En mi lista de las mejores películas españolas del año se encuentra la ópera prima de Marc Crehuet que nos narra cómo dos amigas, Lidia (Betsy Túrnez) y Sandra (Rurh Llopis) que llevan mucho tiempo sin verse deciden organizar una cena de parejas para así conocer a sus respectivos novios: David (Alain Hernández) un policía antidisturbios, e Ignasi (Miki Esparbé), un documentalista social que perdió un ojo por culpa de una pelota de goma que le golpeó en una manifestación. Todo ello amenizado por los discursos de un político (Xesc Cabot) da desde la televisión. Cuatro personajes que quedan para cenar, recordar viejos tiempos y ponerse al día… sin saber que fue David quien dejó tuerto a Ignasi. Gran debut de Marc Crehuet adaptando a la pantalla grande su obra teatral homónima, con un guión sin fisuras y que en tono de comedia negrísima incendia rápidamemente la pantalla a raíz de una situación que da mucho juego: una cena como coartada para el reencuentro de dos viejas amigas acompañadas de sus respectivas parejas. Y la cosa a nivel cinematográfico luce de manera impecable sin que se note su formato de teatro filmado. Porque El rey tuerto es una película lanzada en el tiempo por su discurso amoral y lúcido, diálogos que cortan como un cuchillo y un humor ingenioso y tan cáustico como la cal viva.
       
    
     De un  reparto en el que todos están sobresalientes, sobresale un Alain Hernández en estado de gracia dando oxígeno a un tipo muy peculiar con una personalidad volcánica con el que nos reímos mucho a pesar de la repugnancia que a veces provoca su confuso, retrógrado y oscilante discurso. Pero es que dándole réplica está un superlativo Miki Esparbé como víctima acoquinada de la injusticia, la brutalidad y la represión que siempre acaba quedando oculta tras la puerta acorazada de la ley. El rey tuerto es un film dignísimo, chispeante, que lejos de simples lecturas morales levanta acta sobre el desengaño, las taras de nuestro sistema y las sangrantes dicotomías del ser humano en un tiempo de náufragos. Con casi un solo un escenario (el piso de una de las parejas), Crehuet firma una de las más cómicas y virulentas comedias negras de la temporada. Y, cómo no, merece un aplauso encendido.

14- “UN MONSTRUO DE MIL CABEZAS” (Rodrigo Plá, 2016)
    

     El director de cine uruguayo afincado en México Rodrigo Plá, sigue siendo un gran desconocido en nuestro país a pesar de que no es nuevo en el oficio. De hecho, su debut en el largometraje La zona (2007) contó con el protagonismo de nuestra querida Maribel Verdú y Carlos Bardem, una excelente coproducción entre México y España que sirve como metáfora de la violencia y la obsesión por la seguridad. Con un metraje ajustadísimo y un guión de Laura Santullo que adapta su propia novela homónima, Un monstruo de mil cabezas nos cuenta la historia de Sonia Bonet (Jana Raluy) una mujer cuyo marido padece un cáncer cuyos síntomas y avance hacen peligrar su vida. Sonia decide buscar al doctor que se tiene que encargar de tratarlo. Pronto se dará cuenta de que todo el mundo le da largas y la aseguradora de la que es cliente rehúsa pagar el tratamiento al que su marido tiene derecho. En un ataque de ira, ella buscará a todos los responsables y a punta de pistola intentará descubrir qué está sucediendo.


     Acompañada de su hijo adolescente (soberbio también Sebastián Aguirre) Sonia inicia un camino de perdición de consecuencias tan dramáticas como imprevisibles, consciente de ello y cómo última posibilidad de salvar la vida de su marido, pone contra la pared a los responsables de su tragedia íntima. Y el espectador conecta y empatiza inmediatamente con ella cuando constata que la aseguradora, como un eslabón podrido más del Estado, cuenta con sus propios subterfugios para eludir sus responsabilidades, dejando a Sonia y a su familia desamparados, víctimas de un sistema sanitario despiadado y responsable, por indolencia y negligencia, de la muerte de muchas personas. El relato alarma a cualquier espectador sensible más por el entramado de corrupción con el que está confeccionado el andamiaje de la sanidad y las aseguradoras que por la visceral reacción de Sonia, un estupor que deriva en repugnancia cuando uno de los directivos de la compañía sanitaria confiesa ante la pistola de Sonia: “se opera a muertos para ganar un dinero extra”. Plá firma un documento demoledor que levanta acta sobre los males endémicos de un sistema corrupto hasta la médula.

15-“CALLE CLOVERFIELD 10” (10 CLOVERFIELD LANE, Dan Trachtenberg, 2016)

     
     Tras dirigir dos cortometrajes, Calle Cloverfield 10, representa el debut de Dan Trachtenberg debuta en la gran pantalla con este largometraje que confirma todas las expectativas puestas en él. Trachtenberg nos cuenta ahora cómo tras una desagradable pelea con su prometido, Michelle (Mary Elizabeth Winstead) huye en su coche con una maleta que ha hecho a toda prisa. Durante el trayecto desde Nueva Orleans hasta Lake Charles, la joven escucha en la radio noticias sobre unos misteriosos cortes de energía en todo el país, aunque ella no presta demasiada atención. En un punto de una desierta carretera sufre una violenta colisión  con una camioneta que la deja inconsciente. Al despertar, se encuentra encerrada en un sótano. Un extraño hombre, Howard (John Goodman) la ha secuestrado. Pero lo que él asegura es que la ha salvado del Día del Juicio Final, pues un ataque químico ha dejado el planeta inhabitable. En refugio también está Emmet (John Gallagher Jr.), el joven vecino de Howard que le ayudó a construir la estructura y que confirma la versión de Howard. Sin embargo, poco a poco, Michelle y Howard encuentran agujeros en la historia de Howard y llegado un momento, la pareja no sabe si creerle, pero aislados del mundo exterior por una puerta hermética, tendrán que franquear la inexpugnable mente del secuestrador  si quieren sobrevivir.


       Trachtenberg logra unos planos de una belleza extraña e hipnótica, puro aroma del mejor cine para construir un relato que cohesiona a la perfección ingenio narrativo e imaginería visual; tiempo, espacio, tensión, emoción e imágenes que fluyen dotando de sentido cualquier mínimo detalle de un misterio en forma de amenaza latente que siempre está fuera de campo. Precisamente, habrá quien opine que Calle Cloverfield 10 no tiene sentido desde una lógica convencional, pero son precisamente la incertidumbre, la angustia y el miedo los soportes elementales de una trama de claustrofóbica, delirante, conspiranoica atmósfera en la que ignorar lo que está sucediendo parece siempre la mejor opción.  Una película de factura intachable muy superior a Monstruoso, un ejercicio de estilo minimalista que desarrolla con maestría secuencias memorables, también un espléndido y sentido homenaje a series como “Dimensión Desconocida” y genios que, como Hitchcock y Carpenter, hicieron del cine un lugar común de emociones e inspiración. Una película bellísima y electrizante que sólo se ve penalizada por un final algo precipitado y que seguro estará entre los mejores estrenos del año