martes, 27 de diciembre de 2016
lunes, 26 de diciembre de 2016
CRÍTICA: “ASSASSIN´S CREED” (Justin Kurzel, 2016)
"ASSASSIN´S CREED" êêê
Nada sé de este famoso videojuego de
Ubisoft que tanto han trajinado mis hijos. Si me he decidido a ver una película
que aparentemente no contiene para mí grandes atractivos es por el hombre
detrás de las cámaras, Justin Kurzel,
que nos regaló aquel potente drama criminal titulado Snowtown (2011), que
versa sobre un adolescente que bajo la influencia de su tío se deja arrastrar a
un mundo de fanatismo y violencia. Con el concurso de la misma pareja
protagonista, Michael Fassbender y Marion Cotillard, que ya utilizara en MacBeth
(2015) resultona versión del conocido texto shakesperiano, Kurzel acepta el
encargo de adaptar libremente a la pantalla grande uno de los videojuegos más
exitosos de las últimas décadas.
Veamos: Callum Lynch (Michael Fassbender) es un criminal que espera ser
ejecutado por sus incontables delitos. Pero Lynch gozará de una nueva
oportunidad concedida por la organización Abstergo, que está dirigida por Alan Rikkin (Jeremy Irons). Con la ayuda de la científica Sophia Rikkin (Marion Cotillard) y a través de una tecnología
revolucionaria que permite rastrear su ADN y desbloquear sus recuerdos
genéticos, Lynch experimenta las aventuras de su antepasado Aguilar de Nehra, un asesino miembro de
una hermandad secreta llamada Assassins y ascendiente suyo que vivió durante la
España del siglo XV, en pleno auge de la Inquisición española. De esta manera,
Lynch se meterá en Animus para revivir en primera persona las correrías de su
ancestro, y llevar a cabo una serie de peligrosas y secretas misiones por toda
Tierra Santa. Dueño de increíbles conocimientos y habilidades, se enfrentará a
la poderosa Orden Templaria.
Ante la misión no precisamente sencilla de
contentar a los fans al mismo tiempo que intenta atraer a los neófitos de los
videojuegos, Justin Kurzel se las apaña para salir sin demasiadas magulladuras
del intento de poner la primera piedra a una historia que tendrá sus secuelas. Así,
Assassin´s
Creed actúa como prólogo, como introducción a una saga que el tiempo y
la recaudación en taquilla nos dirá si promete ser longeva. Porque lo que ya sabemos
es que hay muchos fans que no comulgan con los cambios sustanciales que han
introducido los guionistas. Siendo sincero y situándome muy lejos del
apasionamiento, me hubiera gustado que las secuencias regresivas hubieran
ocupado muchos más minutos del metraje, y restado más tiempo a las escenas del
presente que suceden en la sede de
Abstergo en Madrid, que de forma un tanto chusca frenan el ritmo de la acción
de manera constante.
Pero si tomamos Assassin´s Creed como un preámbulo de entregas
venideras, todo parece estar milimétricamente estudiado, tratando de situar la
aventura en un punto en que pueda resultar coherente o al menos comprensible
para cualquier espectador. Y el invento no resulta desdeñable, con las típicas y adrenalínicas
escenas de persecuciones por tejados y violencia seca y con un elenco de primer
nivel que cumple aceptablemente. Así, una vez explicado el origen y esencia de
la hermandad Assassins y el valor de la reliquia “El Fruto del Edén”, todo
queda clarificado en una guerra cruenta en la que Aguilar tendrá enfrente a los
poderosos y temidos templarios y a la siniestra Inquisición.
Cullen aparece aquí engarzado por las
caderas a un engendro mecánico que conecta sus circuitos neuronales y reproduce
así los movimientos de su antepasado Aguilar, licencia cinematográfica que
busca una mayor plasticidad cinematográfica. El problema es que las secuencias de acción son escasas aunque la cinta
cuenta con los suficientes alicientes como para no defraudar: la guerra sangrienta
entre Assassins y templarios, la visualización sórdida pero cautivadora de la
España del siglo XV, las figuras casi pétreas de los omnipresentes Reyes Católicos, Cristobal
Colón, el rey Moro entregando el fruto sagrado y Javier Gutiérrez dando oxígeno
al brutal Torquemada, cabeza visible y arquitecto de la Santa Inquisición. Del mismo
modo hay que subrayar el contraste entre esa sociedad distópica del presente y
una Sevilla encolerizada por el fanatismo y de una belleza casi onírica que
atrapa al espectador dispuesto a sacar un billete para la máquina del tiempo. Por
cierto, hay otro templo sagrado que alumbra de pasada el film: el Santo Coliseo
del “Vicente Calderón”.
sábado, 24 de diciembre de 2016
BRIGITTE BARDOT, LA DIOSA CON PERFUME A SEXO
La
actriz y modelo francesa Brigitte
Bardot nació en París en
1934, y fue uno de los rostros (y cuerpos) más visibles y venerados del cine
europeo de la posguerra debido a su innata belleza y sensualidad,
convirtiéndose pronto en un símbolo sensual y de la moda.
Debutó
en el cine con un papelito en la película Le
trou normand (1952), y su
matrimonio cinéfilo con el director Roger Vadim fue el trampolín que la
lanzaría definitivamente a la fama con películas como Y Dios creó a la mujer (1956), aunque entonces ya había
realizado algunas películas con títulos tan sugerentes como La chica del bikini (1952).
Títulos como La
pícara colegiala (1956), El amor es un oficio (1958), La femme et le pantin (1959), ¿Quiere usted bailar conmigo? (1959), Una vida privada (1962) o El desprecio (1963), lograron que esta hermosísima
actriz y cantante dotada de un erotismo salvaje forme parte del imaginario
colectivo de varias generaciones de cinéfilos impenitentes que veían en ella el
reflejo de la vecina de al lado, tan deseada y cercana como inalcanzable.
Conocida
por las iniciales “BB”, la secuencia en la que en presencia de Jean-Louis
Trintingnant baila descalza sobre una mesa en Y
Dios creó a la mujer, sigue siendo considerada como una de las más
eróticas de la historia del cine.
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