jueves, 22 de diciembre de 2016

NUEVA MIRADA LASCIVA SOBRE ALEXANDRA DADDARIO


       La actriz norteamericana Alexandra Daddario (Nueva york, 16 de marzo de 1986) que tiene ascendencia italiana y checoslovaca, se dio a conocer tras interpretar el papel de Annabeth Chase en el film Percy Jackson y el ladrón del rayo (2010) y su secuela Percy Jackson y el mar de los monstruos (2013).

     
   Sin embargo, han sido algunas apariciones menores como el papel de Lisa Pragnetti, la amante del detective Martin Hart (Woody Harrelson) en la serie de la HBO True Detective (1ª temporada) y protagonizar el videoclip del más famoso tema de la banda Imagine Dragons, “Radioactive”, lo que la ha elevado hasta los más sagrados altares de los mitos sexuales. 

          
    La hemos visto junto a Dwayne “The Rock” Johnson en San Andréas (2015), pero también deberíamos recordar su exuberante protagonismo en el resultón slasher La Matanza de Texas 3D (2013). Aunque no ha intervenido en la segunda y zarrapastrosa temporada de True Detective, la bella actriz de ojos planetarios que debutó en la serie televisiva All My Children (2002-2003) ha estrenado dos películas románticas, la comedia The Layover (2016) en la que comparte protagonismo junto a William H. Macy, y   Baked in Brooklyn (2016)


     También tiene un papel en el drama sentimental titulado La decisión (En nombre del amor) (2016), film protagonizado por otra bomba sexual, Teresa Palmer. El próximo año la volveremos a ver junto a Dwayne “The Rock” Johnson en la adaptación cinematográfica de la serie televisiva Los vigilantes de la playa, que está dirigida por Seth Gordon.

lunes, 19 de diciembre de 2016

LAS MEJORES PELÍCULAS DEL NUEVO MILENIO (III): “TRAINING DAY” (2001)


     En el año 2001, Antoine Fuqua, un director proveniente del campo de la publicidad y el videoclip, nos regaló la que siendo hasta la fecha su mejor película con gran diferencia sobre el resto de su filmografía. Una historia que tiene como base un sólido guión del guionista y director David Ayer que nos narra lo que viene siendo la rutina en las calles de los suburbios y zonas más deprimidas de los Estados Unidos: la guerra diaria entre residentes, traficantes y los que han jurado proteger a los unos de los otros. Esta guerra tiene sus víctimas y sus verdugos, y entre ellos se eleva la figura de Alonzo Harris (Denzel Washington) un agente de narcóticos que con 13 años de experiencia utiliza métodos que difuminan la línea que separa la legalidad de la corrupción. Jake Hoyt (Ethan Hawke) un joven policía recién asignado a narcóticos, comienza sus rondas a las órdenes de Alonzo.

    
     La portentosa interpretación de Denzel Washington le valió un merecido Oscar al Mejor Actor, y Training Day (Día de entrenamiento) será recordado como uno de los mejores thrillers de la primera década del siglo, una furibunda mirada a la jungla de asfalto rodada con garra, vértigo, tensión, violencia visceral, una ambientación majestuosa y poderosos diálogos. Fuqua recrea con talento la cruda realidad de los guetos en una aventura urbana en la que los continuos abusos y la corrupción policial parecen negar toda ética a los guardianes de la ley. Manteniendo el tipo está Ethan Hawke, el bastión incorruptible que acabará amargando la vida al seductor y maquiavélico Alonzo Harris, un policía que se comporta como un gángster sin escrúpulos. Uno de los duelos actorales más intensos de las últimas décadas. Una película espléndida rebosante de escenas  memorables.  



EVA MÉNDES EN “TRAINING DAY


    A ningún cinéfilo erotómano que se precie de ello le pasó desapercibida la actuación de Eva Méndes dando oxígeno a Sara, la puta-amante latina de Alonzo Harris en Día de entrenamiento, con quien tiene un hijo al que sólo ve  cuando necesita desfogarse con la bella salvadoreña. Fue un pequeño papel, pero por el gran magnetismo, belleza y sensualidad de la actriz de ascendencia cubana nacida en Miami (actual pareja de Ryan Gosling), su intervención quedó grabada en la retina y en la memoria del aficionado, de ahí este pequeño homenaje a una de las musas más sexys del panorama hollywoodiense de las últimas décadas. 

domingo, 18 de diciembre de 2016

CRÍTICA: "ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS" (2016)

Producto fast-food para incondicionales de la saga
"ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARSêê
Director: Gareth Edwards
Intérpretes: Felicity Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Mads Mikkelsen, Forest Whitaker, Donnie Yen.
Género: Ciencia ficción / EEUU / 2016  Duración: 133 MINUTOS.   

      
     En 1977 George Lucas como guionista y director creó una de las aventuras galácticas más exitosas de todos los tiempos, La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza (Star Wars). Fui testigo de ello cuando asistí al estreno siendo un tierno infante y enseguida capté que lo que acababa de visionar se convertiría con el tiempo en la piedra Rosetta de un universo de leyenda, un clásico, un film de culto cuyo universo y folclore iba a marcar un punto de inflexión en la historia del cine de ciencia ficción y odiseas espaciales.


    Todo esto era evidente por el alborozo de un público que llenaba a reventar la sala… pero esas sensaciones nadie las hubiera detectado en mí; el artefacto soltaba humo, humo a plagio de La fortaleza escondida de Akira Kurosawa, humo a “El Señor de los Anillos” de Tolkien y “Dune” de Herbert, y sobre todo humo a copia en ocasiones mimética del cómic francés “Valerian”, por lo que aquello de la imaginación desbordante quedó en entredicho. He de reconocer que nunca he sido fan de esta saga tan agobiante a pesar de que la ciencia ficción se encuentra entre mis géneros favoritos, y tal vez mi desconexión se debiera a lo pueril del relato y a ese refrito.

      
     Tras el embrollo de secuelas y precuelas, nos llega ahora esta Rogue One: Una historia de Star Wars dirigida por Gareth Edwards (Monsters, Godzilla), el primero de los tres spin-offs previstos de la franquicia. El film nos presenta a la recluta rebelde Jyn Erso (Felicity Jones) que está punto de experimentar su mayor desafío hasta le fecha. La senadora y líder secreta de la Alianza Rebelde, Mon Mothma (Genevieve O´Reilly) le ha confiado una importante misión: robar los planos de la Estrella de la Muerte, la poderosa arma del Imperio Galáctico que tiene a Orson Krennic (Ben Mendelsohn) como director de seguridad, un arma secreta y brutal capaz de hacer saltar por los aires planetas enteros en un pestañeo. La joven cabecilla contará entre otras con la ayuda del capitán Cassian Andor (Diego Luna).


     Insisto, como he confesado en múltiples ocasiones que no formo parte de los enfervorecidos feligreses que con empeño cumplen con todos los sacramentos de la infantil liturgia, resultaba difícil que este episodio pudiera hacer de mí un exaltado creyente, entre otras cuestiones porque considero que la saga está ya muy sobreexplotada, porque siempre me cuentan lo mismo con ínfimas variaciones y los personajes aportan cada vez menos carisma. No nos engañemos, Rogue One y los dos spin-offs que nos esperan en años venideros sólo tienen sentido como fuente de recursos e ingresos para seguir explotando la gallina de oro y ofrecer así a su inmensa legión de fanáticos frikis la metadona que necesitan hasta la próxima entrega. Con la premisa de recuperar los planos de la Estrella de la Muerte (que la princesa Leia escondió en el interior del R2-D2) este episodio suelto actúa como espejo de otras entregas de la saga sin que aporte ninguna novedad relevante. Da igual porque ahora que la franquicia es propiedad de Disney, el estreno de aventura tan simplona y vacía de verdadero contenido se convertirá en todo un acontecimiento excelsamente manufacturado y promocionado.

      
     No será con el ensamblaje virtual de personajes míticos como Peter Cushing o Carrie Fisher, ni con la efímera presencia de Darth Vader, R2-D2 y C-3PO como este esqueje cortado de la planta madre logrará captar la atención de un público que no sienta como suyo un universo ajeno en el que las reminiscencias bélicas a obras maestras como Apocalypse Now están bien presentes, y en donde los personajes son sólo peones al servicio de otros legendarios e inmarcesibles que están ya instalados en el Olimpo de los dioses.

    
      La mezcla de razas y nacionalidades en el elenco que nos presenta la nueva entrega es sólo un apunte más que intenta dotar de un toque políticamente correcto y actual las derivadas de un mundo globalizado, y será un puñado de héroes de distinto origen quienes arriesgarán sus vidas en una misión suicida ante la amenaza que supone esa letal estación de nombre tan siniestro. Con un diseño de producción a la altura del presupuesto, esmerados efectos visuales y hartazgo de CGI, a la función le sobra cháchara filosófica y política y le falta vértigo e intriga, con una banda sonora orquestal ideada para dar énfasis a cada plano, a cada secuencia y discurso rimbombante, el grupo de valientes trata en todo momento de hacernos creer que su misión lejos de ser un juego va en serio, pero todo es en vano, nada de lo que sucede resulta memorable o auténtico, y Rogue One es sólo una pieza más de una maquinaria perfectamente controlada que escupe dólares.