La actriz norteamericanaAlexandra
Daddario(Nueva york, 16 de
marzo de 1986) que tiene ascendencia italiana y checoslovaca, se dio a conocer
tras interpretar el papel deAnnabeth
Chaseen el filmPercy Jackson y el ladrón del
rayo(2010) y su secuelaPercy Jackson y el mar de los
monstruos(2013).
Sin embargo, han sido algunas apariciones menores como el papel deLisa Pragnetti, la amante del
detective Martin Hart (Woody Harrelson) en la serie de la HBOTrue Detective(1ª temporada) y protagonizar el
videoclip del más famoso tema de la banda Imagine Dragons, “Radioactive”,
lo que la ha elevado hasta los más sagrados altares de los mitos sexuales.
La hemos visto junto a Dwayne “The Rock” Johnson enSan Andréas (2015),
pero también deberíamos recordar su exuberante protagonismo en el resultón
slasherLa Matanza de Texas
3D(2013). Aunque no ha
intervenido en la segunda y zarrapastrosa temporada deTrue Detective, la bella
actriz de ojos planetarios que debutó en la serie televisivaAll My Children(2002-2003) ha estrenado dos películas
románticas, la comedia The Layover (2016) en la que
comparte protagonismo junto a William H. Macy, yBaked
in Brooklyn (2016)
También tiene un papel en el drama sentimental titulado La decisión(En nombre del amor)
(2016), film protagonizado por otra bomba sexual, Teresa Palmer. El próximo año
la volveremos a ver junto a Dwayne “The Rock” Johnson en la adaptación
cinematográfica de la serie televisiva Los vigilantes de la playa, que está
dirigida por Seth Gordon.
En el año 2001, Antoine Fuqua,
un director proveniente del campo de la publicidad y el videoclip, nos regaló
la que siendo hasta la fecha su mejor película con gran diferencia sobre el
resto de su filmografía. Una historia que tiene como base un sólido guión del
guionista y director David Ayer que nos narra lo que viene siendo la rutina en
las calles de los suburbios y zonas más deprimidas de los Estados Unidos: la
guerra diaria entre residentes, traficantes y los que han jurado proteger a los
unos de los otros. Esta guerra tiene sus víctimas y sus verdugos, y entre ellos
se eleva la figura de Alonzo Harris
(Denzel Washington) un agente de narcóticos que con 13 años de experiencia
utiliza métodos que difuminan la línea que separa la legalidad de la
corrupción. Jake Hoyt (Ethan Hawke)
un joven policía recién asignado a narcóticos, comienza sus rondas a las
órdenes de Alonzo.
La portentosa interpretación de Denzel
Washington le valió un merecido Oscar al Mejor Actor, y Training Day (Día
de entrenamiento) será recordado como uno de los mejores thrillers de la
primera década del siglo, una furibunda mirada a la jungla de asfalto rodada
con garra, vértigo, tensión, violencia visceral, una ambientación majestuosa y
poderosos diálogos. Fuqua recrea con talento la cruda realidad de los
guetos en una aventura urbana en la que los continuos abusos y la corrupción
policial parecen negar toda ética a los guardianes de la ley. Manteniendo el
tipo está Ethan Hawke, el bastión
incorruptible que acabará amargando la vida al seductor y maquiavélico Alonzo
Harris, un policía que se comporta como un gángster sin escrúpulos. Uno de los
duelos actorales más intensos de las últimas décadas. Una película espléndida
rebosante de escenas memorables.
EVA MÉNDES EN “TRAINING DAY”
A ningún cinéfilo
erotómano que se precie de ello le pasó desapercibida la actuación de Eva Méndes dando oxígeno a Sara, la
puta-amante latina de Alonzo Harris en Día de entrenamiento, con quien tiene un
hijo al que sólo ve cuando necesita
desfogarse con la bella salvadoreña. Fue un pequeño papel, pero por el gran
magnetismo, belleza y sensualidad de la actriz de ascendencia cubana nacida en
Miami (actual pareja de Ryan Gosling), su intervención quedó grabada en la
retina y en la memoria del aficionado, de ahí este pequeño homenaje a una de
las musas más sexys del panorama hollywoodiense de las últimas décadas.
En 1977 George
Lucas como guionista y director creó una de las aventuras galácticas más exitosas
de todos los tiempos, La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una
nueva esperanza (Star Wars).
Fui testigo de ello cuando asistí al estreno siendo un tierno infante y
enseguida capté que lo que acababa de visionar se convertiría con el tiempo en
la piedra Rosetta de un universo de leyenda, un clásico, un film de culto cuyo
universo y folclore iba a marcar un punto de inflexión en la historia del cine
de ciencia ficción y odiseas espaciales.
Todo esto era evidente por el alborozo
de un público que llenaba a reventar la sala… pero esas sensaciones nadie las
hubiera detectado en mí; el artefacto soltaba humo, humo a plagio de La
fortaleza escondida de Akira Kurosawa, humo a “El Señor de los Anillos” de Tolkien y “Dune” de Herbert, y sobre todo humo a copia en ocasiones mimética
del cómic francés “Valerian”, por lo
que aquello de la imaginación desbordante quedó en entredicho. He de reconocer
que nunca he sido fan de esta saga tan agobiante a pesar de que la ciencia
ficción se encuentra entre mis géneros favoritos, y tal vez mi desconexión se
debiera a lo pueril del relato y a ese refrito.
Tras el
embrollo de secuelas y precuelas, nos llega ahora esta Rogue One: Una historia de Star
Wars dirigida por Gareth Edwards
(Monsters,
Godzilla),
el primero de los tres spin-offs previstos de la franquicia. El film nos
presenta a la recluta rebelde Jyn Erso
(Felicity Jones) que está punto de experimentar su mayor desafío hasta le
fecha. La senadora y líder secreta de la Alianza Rebelde, Mon Mothma (Genevieve O´Reilly) le ha confiado una importante
misión: robar los planos de la Estrella de la Muerte, la poderosa arma del
Imperio Galáctico que tiene a Orson
Krennic (Ben Mendelsohn) como director de seguridad, un arma secreta y
brutal capaz de hacer saltar por los aires planetas enteros en un pestañeo. La
joven cabecilla contará entre otras con la ayuda del capitán Cassian Andor (Diego Luna).
Insisto, como
he confesado en múltiples ocasiones que no formo parte de los enfervorecidos
feligreses que con empeño cumplen con todos los sacramentos de la infantil
liturgia, resultaba difícil que este episodio pudiera hacer de mí un exaltado
creyente, entre otras cuestiones porque considero que la saga está ya muy
sobreexplotada, porque siempre me cuentan lo mismo con ínfimas variaciones y
los personajes aportan cada vez menos carisma. No nos engañemos, Rogue
One y los dos spin-offs que nos esperan en años venideros sólo tienen
sentido como fuente de recursos e ingresos para seguir explotando la gallina de
oro y ofrecer así a su inmensa legión de fanáticos frikis la metadona que
necesitan hasta la próxima entrega. Con la premisa de recuperar los planos de
la Estrella de la Muerte (que la princesa Leia escondió en el interior del R2-D2)
este episodio suelto actúa como espejo de otras entregas de la saga sin que
aporte ninguna novedad relevante. Da igual porque ahora que la franquicia es
propiedad de Disney, el estreno de aventura tan simplona y vacía de verdadero
contenido se convertirá en todo un acontecimiento excelsamente manufacturado y
promocionado.
No será con el ensamblaje virtual de
personajes míticos como Peter Cushing o Carrie Fisher, ni con la efímera
presencia de Darth Vader, R2-D2 y C-3PO como este esqueje cortado de la planta
madre logrará captar la atención de un público que no sienta como suyo un
universo ajeno en el que las reminiscencias bélicas a obras maestras como Apocalypse Now están bien presentes, y
en donde los personajes son sólo peones al servicio de otros legendarios e
inmarcesibles que están ya instalados en el Olimpo de los dioses.
La mezcla de
razas y nacionalidades en el elenco que nos presenta la nueva entrega es sóloun apunte más que intenta dotar de un
toque políticamente correcto y actual las derivadas de un mundo globalizado, y
será un puñado de héroes de distinto origen quienes arriesgarán sus vidas en
una misión suicida ante la amenaza que supone esa letal estación de nombre tan
siniestro. Con un diseño de producción a
la altura del presupuesto, esmerados efectos visuales y hartazgo de CGI, a la
función le sobra cháchara filosófica y política y le falta vértigo e intriga,
con una banda sonora orquestal ideada para dar énfasis a cada plano, a cada secuencia
y discurso rimbombante, el grupo de valientes trata en todo momento de hacernos
creer que su misión lejos de ser un juego va en serio, pero todo es en vano,
nada de lo que sucede resulta memorable o auténtico, y Rogue One es sólo una pieza más de una maquinaria perfectamente
controlada que escupe dólares.