viernes, 9 de diciembre de 2016

“TOO LATE” (Dennis Hauck, 2015)


TOO LATE êêê


      Ejercicio de estilo y pulcro ejemplo de moderno cine noir, Too Late nos presenta a un detective privado con problemas, Mel Sampson (John Hawkes) que debe localizar el paradero de una mujer desaparecida, Dorothy (Crystal Reed) de la que ha recibido una alarmante llamada y cuyo recuerdo pertenece a su propio pasado. Debut en el largometraje del director y guionista Dennis Hauck (sólo ha dirigido el mediometraje A´ls Beef y el cortometraje Sunday Punch) con un relato filmado en 35 mm (que imprime a la acción una bella textura), dividido en cinco episodios no secuenciales que destacan porque cada uno de ellos está rodado en una sola toma.


        Con una fotografía bellísima, la trama está muy conseguida porque, a diferencia de otras películas de parecida temática, vemos que desde el momento en el que el investigador recibe la llamada de la hermosa joven pidiendo ayuda (posteriormente veremos cómo es asesinada) el núcleo argumental se centra en el aspecto emocional de los personajes, y no, como suele ocurrir, en la pura investigación del caso. Como figurantes de la historia vemos desfilar una serie de variopintos personajes que dan lugar a algunasde escenas surrealistas e imprevisibles que dotan a la acción de un toque marciano. El desarrollo de la acción nos aboca a un final que si no impredecible al menos sí coherente y chispeante. 


     Too Late es una rara avis de tono pulp en la que encontramos claras resonancias al cine de Tarantino (la inclusión de intérpretes que ya han trabajado con él como Robert Forster, Sydney Tamiia Poitier y los diálogos excesivamente dilatados aunque no tan ingeniosos), y también al cine de Robert Altman en películas como Vidas cruzadas (Short Cuts 1993), con la que mantiene análoga estructura y extraños episodios de una violencia tan seca como inesperada.



     Las mujeres hermosas se imponen como otro de los mayores alicientes del film, toda una pasarela de actrices preciosas como Crystal Reed, Natalie Zea, Sydney Tamiia Poitier, Dichen Lachman y, por supuesto, la supersexy Vail Bloom. Pero el protagonismo es para John Hawkes, que da el do de pecho encarnando a un detective delgadísimo y demacrado, un tipo autorreflexivo que sigue la política de “menos es más” pero que en todo momento resulta convincente a pesar de su quebradizo aspecto físico y tiene más vidas que un gato. 


     Un investigador melancólico y castigado por la vida que busca respuestas entre la fauna excéntrica de Los Ángeles. La función tiene un ritmo pausado y Hauck se muestra tortuoso en su narrativa no lineal pero hábil para conectar a los personajes y entrelazarlos con una historia en donde un club de striptease, las míticas colinas de Hollywood, un suicidio y varios asesinatos componen las piezas de un puzzle cuya trama queda siempre opacada por el perfil magnético de los personajes y el cautivador estilo de una cámara enamorada de los personajes.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

“WHITE GIRL” (Elizabeth Wood, 2016): SEXO, DROGAS Y AUTODESTRUCCIÓN


WHITE GIRL êêê

      
     Rompedora e inquietante ópera prima de Elizabeth Wood que nos cuenta la historia de Leah (Morgan Saylor) una hermosa adolescente con el cabello rubio platino y una sonrisa encantadora, que busca el placer en todas sus formas. En el verano, antes de iniciar el segundo curso universitario, empieza a drogarse con su compañera de habitación y su jefe, el director de una revista para la que trabaja temporalmente. Pero además, tiene tiempo de ligar con un tractivo camello puertorriqueño, Blue (Brian “Sene” Marc). Juntos comienzan a traficar vendiendo coca a los ricachones blancos, con lo que ganan un dineral y disfrutan de la vida. Pero la euforia termina abruptamente un día cuando Blue es detenido y encarcelado. Leah hará todo lo posible para que Blue salga de la cárcel, está sola pero tiene en su poder una considerable cantidad de coca.

     
      Si soy sincero, hacía tiempo que no veía una actriz que, tal vez sin pretenderlo, me resulte tan sexy en una película en la que su personaje tiene un carácter (in)conscientemente tan autodestructivo. Y es que Morgan Saylor (la Dana Brody de la serie Homeland) derrocha sensualidad y talento dando oxígeno a una universitaria neoyorquina que antes de comenzar el nuevo curso lectivo se lanza con voraz desenfreno a una montaña rusa de adicciones y emociones fuertes tan locas e imprevisibles como peligrosas: el sexo, el alcohol, las drogas, la fiesta, las malas compañías que encuentra entre los pandilleros latinos traficantes y un abogado abusador sin escrúpulos, conforman los ingredientes y el paisaje humano de un relato para el que adivinamos un fatal destino.
        
  
    White Girl comienza fuerte con una escena en la que el jefe de Leah, Kelly  (Justin Bartha) requiere su concurso para que le de su opinión sobre unas obras de arte que tiene en su despacho. Una excusa para obligarla a practicarle una felación, algo que a Leah no parece molestar en exceso pero que, pesar de la ambiguedad con que se desarrollan los hechos, representa una violación en toda regla. A partir de ahí, las drogas y la promiscuidad marcan las agotadoras jornadas de la joven estudiante que aparece en escenas de sexo explícito aunque difuminadas con filtros, movimientos epilépticos de cámara o zonas de penumbra. Cabe destacar el gran trabajo de la preciosa Morgan Saylor que en una interpretación desatada pone toda la carne en el asador para que su personaje resulte creíble, si no como estereotipo de la generación del nuevo milenio, al menos sí el de una joven que inicia un excitante itinerario, no exento de ingenuidad y experimentación, y poco a poco se interna en el oscuro, amenazante y peligroso territorio por donde discurre la vida de yonquis y camellos.

      
    Elizabeth Wood arriesga lo justo con su transgresora mirada al universo de cierta juventud desnortada y sin referentes, una juventud que no sabe qué hacer con su libertad en su tránsito por una vida banal y llena de desencantos, pero que lejos de resultar tan devastadora como Kids (Larry Clark,1995) en su denuncia sobre las constantes de un mundo alienante que da la espalda a los pequeños dramas cotidianos, lo fía todo a un juego de seducción temerario en una aventura urbana al límite y sin mucho futuro. White Girl se queda en un intento atractivo por captar el latido acelerado de una juventud que quiere vivirlo todo deprisa como si no hubiera un mañana. Sin coartadas morales, sin importar si con ello ponen en riesgo sus vidas. Por supuesto, las consecuencias casi siempre son demoledoras. 


martes, 6 de diciembre de 2016

ADÈLE EXARCHOPOULOS EN “ÉPERDUMENT” (Pierre Godeau, 2016)


ÉPERDUMENT êê
     
    
    Éperdument (Perdidamente) es un film dirigido por Pierre Godeau (Juliette) que nos presenta a Jean Firmino (Gillaume Gallienne) el director de una cárcel de mujeres que se enamora perdidamente de una reclusa nueva, Anna Amari (Adèle Exarchopoulos). La prisionera se aprovecha de la situación y seduce a Jean, con el que inicia una relación romántica y rebosante de placeres carnales. Finalmente, el romance resultará imposible y tendrá consecuencias trágicas.


      Nada nuevo bajo el sol encontramos en este drama romántico basado en la obra autobiográfica de “Défense d´aimer” de Florent Gonçalves. Éperdument  es otra historia de amour fou que tiene lugar en el hermético marco de una prisión, lo que permite cercar el espacio por donde se mueven los personajes dando rienda suelta a su pasión, a unas relaciones sexuales cada vez más adictivas y peligrosas. Por supuesto, la preciosa y magnética Adèle Exarchopoulos debe ser la coartada para que todos los aficionados se acerquen a esta película que, siendo verdad que no inventa la rueda, al menos no resulta aburrida aunque adivinemos pronto el poco futuro que tiene la relación sentimental de tan atípica pareja.

     
    Éperdument nos muestra cómo un hombre con un trabajo estable y una familia feliz lo tira todo por la borda por un amor loco con una joven que podría ser su hija, y que saltándose todos los códigos y leyes  que le impone su trabajo cae víctima de una pasión prohibida, de un amor enfermizo, y Godeau intenta captar la tensión sexual y las férreas cadenas que impiden que ese amor al límite progrese, realizando un estudio psicológico de los personajes que va más allá de las rejas de la cárcel. Éperdument está realizada con sensibilidad y precisión, pero la función carece de alma, de emoción, del desgarro de esos amores que nos pierden.