domingo, 13 de noviembre de 2016

JACK REACHER: NUNCA VUELVAS ATRÁS (Edward Zwick, 2016)


JACK REACHER: NUNCA VUELVAS ATRÁS êê
     


    Floja secuela de la más aseada Jack Reacher (2012), sobre la serie de novelas escritas por Lee Child en la que el ya veterano Edward Zwick no presenta nada reseñable al contar la historia del expolicía militar Jack Reacher (Tom Cruise) que regresa a su antigua base militar en Virginia tras un altercado con las fuerzas de la ley. Durante todo este tiempo ha estado en contacto con la comandante Susan Turner (Cobie Smulders), pero el exmilitar, que normalmente investiga crímenes que han ocurrido en extrañas circunstancias, se verá acusado de un crimen que no ha cometido, al igual que Susan. Reacher tiene como objetivo liberar a su compañera y descubrir la verdad de lo que está pasando, pues todo apunta a una trama de corrupción en la institución militar.


      Plano y previsible guión escrito por el propio Zwick y Richard Genk para un espectáculo hardboiled rodado sin pizca de ingenio ni sorpresas. A Tom Cruise, que en la peli tiene 40 años cuando ya tiene cumplidos los 54, se le ve fuera de forma y luce una barriguita ciencióloga, por lo que ese personaje que vive fuera del sistema y apartado de la sociedad, que no tiene trabajo y nunca  deja rastro de su itinerario recorriendo el país para impartir justicia desde el más absoluto individualismo, no se hace creíble. Mucho menos cuando entra en acción en las peleas cuerpo a cuerpo con personajes más jóvenes y en mejor forma.

  
    Cruise sigue manteniendo cierto carisma y un halo de melancolía en su mirada, algo evidente en la escena final cuando se despide de su falsa hija (Danika Yarosh). Jack Reacher: Nunca vuelvas atrás es una película arrítmica en su desarrollo, apenas genera tensión ni contiene grandes secuencias de acción más allá de la huida de prisión o el clímax final por las calles de Nueva Orleans, escenas en las que apreciamos cierta habilidad en la labor de montaje para una función que parece fuera de tiempo y que debería hacer reflexionar a Cruise por el futuro de su alicaída carrera, pues el traje de action hero le queda ya muy ajustado.

BONO REGALO: COBIE SMULDERS MUY SEXY EN LA SERIE "CÓMO CONOCÍ A VUESTRA MADRE" (2005)


viernes, 11 de noviembre de 2016

CRÍTICA: “DER NACHTMAHR” (Achim Bornhak, 2015)


DER NACHTMAHR êêê
      
   
    Recuerdo haber visto una resultona película firmada por Achim Bornhak en 2007, Das Wilde Leben, basada en la autobiografía de Uschi Obermaier, famosa modelo de los años 60 y 70 que tuvo relaciones sexuales con muchos famosos, entre ellos Mick Jagger y Keith Richards, y que vivió intensamente esos años de convulsión social. La película, protagonizada de manera correcta por la bella Natalia Avelon, retrata con amargura y desencanto una vida en la que gozó de una amplia libertad que acabó convirtiéndose en una maldición y en un páramo de soledad.


¿Ha firmado AKIZ un nuevo film de culto?
         
    Con ese estimulante precedente me puse cómodo para ver su segundo largometraje Der Nachtmahr que, entre el cine fantástico y el drama psicológico nos narra la historia de Tina (Carolyn Genzkow) una chica de 17 años que tiene todo lo que se puede desear: forma parte de una familia adinerada, vive en un casoplón, es popular entre sus amigas y muy atractiva. Pero un día, tras una fiesta, sufre terribles pesadillas muy reales en las que se le aparece una extraña y horrible criatura. Ella está convencida de que lo que le sucede es verdad pero ni sus padres ni sus amigos la creen.

  
    Achim Bornhak aka AKIZ nos propone un interesante relato armado con múltiples referencias (E.T., Donnie Darko, Spring Breakers, It Follows) pero al que dota de aristas y un sello personal que sitúa la acción muy cerca de la experiencia pscotrópica visual y acústica. Der Nachtmahr, el título hace referencia al cuadro “La pesadilla” de Heinrich Füssli, comienza cuando Tina, acompañada de dos amigas se dirige en coche a una fiesta rave en la piscina de una propiedad. Una de las amigas hace una foto a Tina con la cámara del móvil que luego transforma en una criatura deforme. A ella la broma le hace poca gracia, y tras tomar un cóctel de alcohol y drogas sintéticas, se siente indispuesta. Tras abandonar la rave tiene una terrible visión en la que es atropellada por un coche a toda velocidad. Cuando llega a casa, escucha unos extraños ruidos que provienen de la cocina. Lo que allí descubre es el inicio de una pesadilla que va a marcar de forma definitiva su existencia.


    El comienzo, en el que aparecen unas adolescentes en bikini dirigiéndose a una rave ambientada con estruendosa música electrónica, flashes fluorescentes y en la que todo el mundo baila y toma drogas de diseño, parece tener una conexión fluida con la magnífica Spring Breakers de Harmony Korine. Todos pensamos en ello. Sin embargo, AKIZ desvía con ingenio la trama hacia el terror psicológico con la inclusión de una presencia monstruosa (nunca explica cómo ha llegado, de dónde o el porqué de su aparición) que la protagonista no sabe si es real o la consecuencia de las alucinaciones que padece. A partir de entonces, vivirá en un estado permanente de confusión y pesadilla que el director se niega a explicar racionalmente.

   
    Para AKIZ no importa la lógica o la verdad del misterio si con ello se consigue suspender eternamente en el tiempo el enigma. Hay quien puede imaginar que el film es una metáfora sobre la anorexia (atención a la voracidad de la criatura y la delgadez de la joven Tina), hay quien pensará que la joven está muerta y deambula por el magma de un peculiar purgatorio, o si todo es debido a un estado alterado del cerebro producido por las drogas y el alcohol, pero también cabe la posibilidad de que realmente exista tan amorfa y entrañable criatura y que esté ahí para dar sentido a la existencia de Tina, que poco a poco ha ido difuminando la percepción de la realidad. Der Nachtmahr puede hacerse un hueco entre esos films de culto que intentan romper la baraja a base de ingenio y creatividad tanto en el apartado visual como narrativo, y si hay algo que merece la pena subrayar es la actuación de Carolyn Genzkow dibujando un amplio arco dramático que fluctúa entre la confusión y el miedo hasta la conformidad con una realidad de la que no es posible huir ni negar. AKIZ resuelve de manera prodigiosa algunos momentos como la primera aparición de la criatura o la llegada de la policía a la casa de Tina, en un ejercicio de imaginación y síntesis que dice mucho de su talento. 


jueves, 10 de noviembre de 2016

SERIE “SHAMELESS”, TAN DESVERGONZADA COMO INGENIOSA


     Serie emitida por la cadena Showtime desde 2011 que se mantiene con éxito en la actualidad y que nos narra la vida de la peculiar y disfuncional familia Gallagher, en la que el irresponsable Frank (William H. Macy) un desastre de padre soltero y alcohólico se esfuerza muy poco en educar a sus seis inteligentes, salvajes e independientes hijos. En realidad, la verdadera responsable de sacar adelante a la familia es la hija mayor, Fiona (Emmy Rossum), una joven llena de recursos que ha tenido que madurar antes de tiempo haciendo el papel de madre.

   
    Shameless es el sobresaliente remake norteamericano de la serie británica homónima de 2004 emitida por Channel 4, y que con 139 capítulos se emitió hasta el año 2013. Personalmente esta reinterpretación estadounidense me gusta más que la británica, es más irreverente y desprejuiciado, también el reparto me resulta más atractivo aunque, reconozcámoslo, es bastante fiel al original. Una delicia en todos los sentidos, tanto en cómo se las ingenia la disfuncional familia Gallagher (un clan abandonado de la mano de Dios) para sobrevivir a base de artimañas, humor y perspicacia en un barrio humilde de las afueras de Chicago como en las chispeantes relaciones de todos los miembros. Algo que no resulta fácil para la numerosa familia y mucho menos cuando el crápula del patriarca (el siempre magnífico William H. Macy) es un borracho que no da ni golpe.

    
     Lo mejor de Shameless es que sus responsables (con Paul Abbott a la cabeza como creador y director) no se cortan un pelo a la hora de transgredir las reglas de lo políticamente correcto, en mostrar de manera descarada lo que ninguna otra serie se ha atrevido antes: en el sexo (coitos, felaciones, tríos), la escatología (defecaciones, meadas, ventosidades), en adicciones (alcohol, drogas)  o cualquier actividad fisiológica o biológica que aun siendo normal entre los seres humanos, pocas veces han sido mostradas todas juntas en una misma serie.

        
    La familia, eso sí, se aleja del concepto estándar de familia corriente, pero que gracias al gran trabajo de todo el elenco cualquier situación se hace creíble. Shameless  es ante todo una serie digna, tan honrada como desvergonzada, con una línea de diálogos hilarante, cáustica y goza de una puesta en escena sucia, marginal, agresiva, como sus personajes, que luchan por sobrevivir en un mundo hostil, y aun así, con gran vitalismo, nos regalan su amor por la vida. Una serie brillante.