jueves, 10 de noviembre de 2016

SERIE “SHAMELESS”, TAN DESVERGONZADA COMO INGENIOSA


     Serie emitida por la cadena Showtime desde 2011 que se mantiene con éxito en la actualidad y que nos narra la vida de la peculiar y disfuncional familia Gallagher, en la que el irresponsable Frank (William H. Macy) un desastre de padre soltero y alcohólico se esfuerza muy poco en educar a sus seis inteligentes, salvajes e independientes hijos. En realidad, la verdadera responsable de sacar adelante a la familia es la hija mayor, Fiona (Emmy Rossum), una joven llena de recursos que ha tenido que madurar antes de tiempo haciendo el papel de madre.

   
    Shameless es el sobresaliente remake norteamericano de la serie británica homónima de 2004 emitida por Channel 4, y que con 139 capítulos se emitió hasta el año 2013. Personalmente esta reinterpretación estadounidense me gusta más que la británica, es más irreverente y desprejuiciado, también el reparto me resulta más atractivo aunque, reconozcámoslo, es bastante fiel al original. Una delicia en todos los sentidos, tanto en cómo se las ingenia la disfuncional familia Gallagher (un clan abandonado de la mano de Dios) para sobrevivir a base de artimañas, humor y perspicacia en un barrio humilde de las afueras de Chicago como en las chispeantes relaciones de todos los miembros. Algo que no resulta fácil para la numerosa familia y mucho menos cuando el crápula del patriarca (el siempre magnífico William H. Macy) es un borracho que no da ni golpe.

    
     Lo mejor de Shameless es que sus responsables (con Paul Abbott a la cabeza como creador y director) no se cortan un pelo a la hora de transgredir las reglas de lo políticamente correcto, en mostrar de manera descarada lo que ninguna otra serie se ha atrevido antes: en el sexo (coitos, felaciones, tríos), la escatología (defecaciones, meadas, ventosidades), en adicciones (alcohol, drogas)  o cualquier actividad fisiológica o biológica que aun siendo normal entre los seres humanos, pocas veces han sido mostradas todas juntas en una misma serie.

        
    La familia, eso sí, se aleja del concepto estándar de familia corriente, pero que gracias al gran trabajo de todo el elenco cualquier situación se hace creíble. Shameless  es ante todo una serie digna, tan honrada como desvergonzada, con una línea de diálogos hilarante, cáustica y goza de una puesta en escena sucia, marginal, agresiva, como sus personajes, que luchan por sobrevivir en un mundo hostil, y aun así, con gran vitalismo, nos regalan su amor por la vida. Una serie brillante.

lunes, 7 de noviembre de 2016

VAMPYRES (Víctor Matellano, 2015)

     
       
     Remake de Las hijas de Drácula (José Ramón Larraz, 1974) olvidado film de culto rebosante de un erotismo morboso y con el encanto de las películas realizadas con muchas ganas, oficio y pocos medios. De aquella producción británica firmada por Larraz, especialista en cine softcore y terror serie B, Víctor Matellano nos ofrece esta reinterpretación que lleva el título de Vampyres (que en realidad era el título original de aquella). La trama nos presenta a dos vampiras (Marta Flich y Almudena León), que habitan en un oscuro caserón y atraen a los hombres para ofrecerles sexo que desembocan en baños de sangre. Hasta allí llegan unos jóvenes excursionistas con ganas de fiestas y un hombre joven que oculta un oscuro pasado.


       Vampyres se impone como un homenaje póstumo a José Ramón Larraz, ya que la muerte sorprendió al veterano director en 2013 cuando estaba preparando junto a Matellano este proyecto. Pero al mismo tiempo es una sentida reivindicación al género y a una forma de hacer cine a través de algunos de sus míticos intérpretes como Caroline Munro, Conrado San Martín y Antonio Mayans. La función intenta ser fiel a la premisa argumental del film seminal tomándose ciertas licencias, y aunque el escenario elegido por Matellano carece de la suntuosidad que presidía la mansión de Las hijas de Drácula, ni mucho menos está exenta de un cierto tono climático que imprime fascinación a la historia de esas dos vampiras bellísimas tan sedientas de sangre como de sexo.

       
     Ni el guión del propio Matellano ni la línea de diálogos tienen mucho que rascar en una película que desprovista de toda pretenciosidad y alejada de moderneces mira con nostalgia el retrovisor para buscar las esencias, el aroma y el eco de un cine perdido, de una memoria cinéfila latente en el imaginario del aficionado, que saboreará con frenesí el baño de sangre con resonancias a la condesa Bathory o la ingeniosa tortura de la lengua. Vampyres no inventa la rueda ni lo pretende, y a pesar de sus defectos, de su factura premiosa, de su lastimosa escasez de medios, se impone como un ejercicio de estilo chispeante, desprejuiciado y libérrimo, de fantasía onírica, fiebre carnal y terror lúbrico, de melancolía anclada en el tiempo como una flor muerta en el hielo.



domingo, 6 de noviembre de 2016

CRÍTICA: "SULLY" (Clint Eastwood, 2016)

Un relato plano, sin emoción, sin alma
SULLY êê
Director: Clint Eastwood.
Intérpretes: Tom Hanks, Aaron Eckart, Laura Linney, Autumn Reeser, Sam Huntington.
Género: Drama / EEUU / 2016  Duración: 96 MINUTOS.   

      
    Soy de los que piensan que Clint Eastwood debería haber guardado la batuta de director tras el estreno de la magnífica Gran Torino (2008), nada de lo que ha realizado posteriormente me ha interesado y hubiera sido un broche de oro para clausurar una carrera como director que, con sus altibajos (El principiante, Space Cowboys) es una de las más sólidas y atractivas de un director norteamericano en las cuatro últimas décadas. En su empeño por seguir activo para seguir vivo, el octogenario cineasta nos ha entregado a partir de aquel último clásico una serie de películas planas, aburridas y, para quien esto firma, absolutamente prescindibles: Invictus, Más allá de la vida, J. Edgar, Jersey Boys y El francotirador, que a pesar de ser la película que mejor ha funcionado de todas las dirigidas por el director californiano en la taquilla de los Estados Unidos, sólo es un alegato belicista y patriotero tan banal como aburrido.


     Con Sully mejora poco la cosa. Veamos: Chesley “Sully” Sullenberger (Tom Hanks) es un piloto de una aerolínea comercial que en el año 2009 se convirtió en un héroe cuando a los pocos minutos de despegar, su avión se averió al chocar con una bandada de pájaros destrozando los dos motores de su Airbus 320, y aun así logró realizar un amerizaje forzoso sobre el río Hudson de Nueva York sin que se produjeran víctimas. Algo que fue tildado de milagroso pues a bordo viajaban 155 pasajeros.


      Basada en hechos reales narrados en un libro por el mismo protagonista de la historia, la función nos sitúa en aquel 2009 cuando el majestuoso aparato pilotado por Sully acaba de despegar del aeropuerto de La Guardia de Nueva York teniendo como destino el de Charlotte en Carolina del Norte. Tras la hazaña de Sully, el suceso copó las portadas de todos los periódicos e informativos del planeta. De modo que el hecho, reconozcámoslo, contiene todos los ingredientes para captar el interés cinematográfico dentro de la épica de esos héroes anónimos que tanto gustan al pueblo estadounidense. El problema es que, a diferencia del logro conseguido por Robert Zemeckis con El vuelo (2012), magnífico film con el que guarda muchas similitudes pero en el que sí estaba muy conseguida la azarosa y desgarradora progresión dramática del héroe caído, Sully no logra emocionarme ni en el proceso de reconstrucción de la hazaña ni en la posterior investigación a la que tendrá que hacer frente Sully para dilucidar si su decisión fue la correcta o, como otros creen, fue un error que puso en peligro la vida de los pasajeros y la tripulación.

   
    Sully es un film excesivamente academicista, formulario y desprovisto de emoción, una narración lineal y sin garra que sólo mantiene un mínimo interés debido a la buena labor de los intérpretes, pues ni siquiera las conclusiones a las que llega la comisión de investigación del suceso suponen una sorpresa para nadie. Lo milagroso no es que Sully lograra aterrizar el avión sobre el río Hudson sin que se produjera ninguna víctima, lo realmente increíble es que Eastwood haya necesitado 95 minutos partiendo de una premisa tan limitada sobre un hecho que duró varios minutos, de ahí las escenas intrascendentes de relleno (Sully, haciendo running, conversando por teléfono con su mujer o confesándose con su copiloto, buen trabajo también de Eckart) y con el héroe enfrentado a la lupa de la administración y la terrible burocracia.

       
    Una vez más el cine hollywoodiense rinde tributo al buen americano, al hombre sensato, al valor decisivo del factor humano ante cualquier contingencia. Y para esto nadie mejor que Tom Hanks (en la línea de meta para conseguir otro Oscar), el hombre bueno contra el sistema que lo primero que hace es preocuparse por el estado de salud de los 155 pasajeros y al que los buitres de las aseguradoras y la aerolínea le quieren endosar las pérdidas económicas del desaguisado. Sully está muy lejos de las mejores películas del Clint Eastwood director, el guión es un encefalograma plano, ni los momentos de mayor tormento del protagonista están rodados con énfasis para que se haga latente su dolor, confusión y abatimiento. No sería justo comparar el clímax final de la citada y excelente El vuelo (con la confesión redentora y purificadora del piloto encarnado magistralmente por Denzel Washington), con la simpleza resolutiva de Sully, clausurada por Eastwood como quien finiquita de manera mecánica un expediente. Un film insustancial, y por lo tanto, fácilmente prescindible.