lunes, 12 de septiembre de 2016

LAS CHICAS DE "GIRL HOUSE" (2015)

      
      
     Debut tras la cámara del director, productor y actor ocasional canadiense Trevor Matthews con un guión de Nick Gordon. Matthews es hijo del magnate de las telecomunicaciones Terence Matthews, por lo que creemos que no se habrá encontrado con muchas dificultades de financiación. La película tuvo una distribución muy limitada en Estados Unidos y rápidamente se estrenó en diferentes plataformas digitales. Por supuesto, Girl House no inventa la pólvora, de hecho, transita por los clichés más recurrentes del subgénero slasher abonando con fecundidad extrema todos los tópicos contenidos en el cine de cuchilladas estrenado en las últimas décadas, pero es que los parajes del splatter y el slasher se nos antojan a estas alturas muy trillados, y uno, tal vez debido al hastío de los miles de engendros rodados en los últimos años, se conforma con que la función esté medianamente filmada sin caer en el más absoluto de los ridículos.

   
    El film nos presenta a una joven universitaria, Kylie (Ali Cobrin) que al haberse quedado recientemente huérfana de padre, no tiene dinero para la matrícula universitaria, por lo que abandona la residencia de la universidad para mudarse a una casa en la que, en compañía de otras chicas ya instaladas, puede subir tranquilamente porno a un sitio web llamado Girl House y ganarse un buen sueldo. La casa, protegida por las más avanzadas medidas de seguridad tecnológicas e incluso con presencia física de vigilantes, parece una fortaleza inexpugnable para cualquier intruso. Sin embargo, un inquietante hacker que utiliza pseudónimo Loverboy (Slaine) y obsesionado con Kylie, determina la ubicación de la casa, y a partir de ese momento ella se encuentra en una aterradora lucha por salvar la vida.


     Queda apuntado, Girl House se mueve por el terreno del slasher clásico con el aditamento tecnológico que ya no supone una innovación ya que son muchos los films que han utilizado este recurso (My Little Eye, Open Windows, por poner dos ejemplos) sin que suponga un cambio sustancial de las constantes genéricas más allá de que, como aquí ocurre, una web porno puede servir de excusa para montar una orgía de sexo y sangre que suelen ser los ingredientes que mejor definen este tipo de artefactos. Trevor Matthews, aunque las imágenes que ilustran esta crítica parecen indicar otra cosa, lo de la explicitud sexual lo deja a medias, y la protagonista, Kylie (la guapa Ali Cobrin) muestra una gazmoñería trasnochada a la hora de desnudarse, lo que juega en detrimento de la credibilidad de la trama si somos conscientes que actúa para una web porno, consiguiendo con su actitud que el espectador tome una fría distancia. Sí, sus compañeras enseñan algo más, pero Cobrin es la protagonista y además, enseñó mucho más con una excusa muy forzada en American Pie: El reencuentro.

     
    Lo mejor del invento es, su magnífico y bestial prólogo y la historia de ese psicópata apodado Loverboy (acierto total contar con el concurso de Slaine), personaje inspirado en Leatherface, una mole humana con una mente trastornada por los traumas de la infancia que desde un sórdido y sucio sótano fantasea con las chicas de Girl House hasta que se obsesiona con Kylie y llega el día que se siente ofendido por ella… Es entonces cuando se ajusta su fantasmal y grotesca máscara dando forma a una nueva tabla de carnicero (amputaciones, degollamientos, cuchilladas) que pone en valor el slasher a la vieja usanza, dejando de lado el componente tecnológico y el sexual, que el director no acaba nunca de explotar tal vez debido al sistema de calificaciones. Girl House no pasa de ser un aseado Slasher rodado con un ritmo ágil y que desprende un tufo moralista tan insoportable como condenable, con esa cita inicial del serial killer Ted Bundy en la que relaciona pornografía y violencia en un binomio indisoluble. Por otra parte, chirría el romance de la protagonista con un olvidado paisano que, como era de esperar, llega tarde en su auxilio, una ayuda que nuestra heroína no necesitará para tomarse cumplida venganza en memoria de sus compañeras y del sufrimiento propio. Un clímax final que nos recuerda mucho al del extintor de Irreversible y que incide torpemente en esa moralina falsamente redentora.


sábado, 10 de septiembre de 2016

CRÍTICA: “THE NEIGHBOR” (Marcus Dunstan, 2016)


THE NEIGHBOR ★★★

  
    Marcus Dunstan, el director de The Collector y su secuela The Collection lo ha vuelto a hacer, y con un puñado de dólares consigue mucho más de lo que otros han conseguido con presupuestos mayores. The Neighbor nos sitúa en la ciudad de Cutter, en donde la mayoría de la gente se preocupa sólo de sus propios asuntos. Pero cuando John (Josh Stewart) regresa a casa se encuentra con que su novia, Rosie (Alex Essoe) ha desaparecido sin dejar rastro. Con la mosca detrás de la oreja, se cuela en casa de su inquietante vecino, Troy (Bill Engvall) y la encuentra a ella y a otros desconocidos atados y enjaulados en el sótano. Cuando su vecino regresa a casa, John se verá obligado a escapar de la casa para intentar salvar al grupo y llevarlo a un lugar seguro.


       En formato de thriller angustioso, Dunstan retoma la premisa de The Collector pero dotando a la acción de un tono más físico, cercano y realista que distancia la nueva propuesta de aquel digno slasher, algo que se puede intuir en los espléndidos títulos de crédito iniciales y en la atmósfera de tensión del prólogo cuando John visita a su tío. Con muy pocos medios, sin coartadas morales y sin apenas ornamentos, Dustan desarrolla un relato aseado aunque abusa del fundido en negro y de algunas secuencias de acción que parece que están rodadas con una cámara afectada de epilepsia, restando veracidad a la acción. Los mencionados recursos no penalizan en exceso a la función debido a las potentes interpretaciones del trío protagonista, que se toman su trabajo en serio a pesar de que nos encontramos con algún personaje ciertamente prescindible, como el de la oficial de policía.


       The Neighbor consigue lo más difícil: atrapar al espectador desde los primeros minutos gracias a un guión simple pero bien estructurado y a una dirección enérgica por parte de Dunstan que demuestra un gran dominio del tiempo narrativo, marcando las pautas del crescendo de la tensión, gracias también la oscura e incisiva banda sonora compuesta por Charlie Clouser. No estamos ante una historia original, pero es que en estos artefactos está casi todo inventado y el espectador puede adivinar el siniestro itinerario de una historia que te brinda la oportunidad de empatizar con la pareja protagonista, a los que veremos amarse y sufriremos con ellos durante todo el metraje. Al comienzo parece que The Neighbor tomará otros derroteros, pero el director no tarda mucho en poner las cartas sobre la mesa con gran sentido del suspense y la tensión y excelente pericia para jugar con los espacios (interiores y exteriores)  hasta provocar situaciones agobiantes creando un ambiente claustrofóbico realmente alarmante, un clima de violencia, desasosiego y desarraigo que cubre como un manto oscuro los sueños en la América profunda. 



jueves, 8 de septiembre de 2016

SERIE “HOUSE OF LIES”, UNA TÓRRIDA COMEDIA NEGRA

     
   
      No tiene la fama de otras grandes series, pero no por eso la serie de la cadena Showtime que se viene emitiendo desde 2012 hasta la actualidad, carece de alicientes. Miren bien este post si no me creen. En formato de comedia negra y protagonizada por Don Cheadle, se trata de una mirada ácida e irreverente sobre una consultoría cuyo encargado, el exitoso y agresivo Marty Kaan (Cheadle) es capaz de hacer cualquier cosa con tal de conseguir la información que demandan sus clientes. Su ayudante Jeannie (Kristen Bell) es una joven graduada que utiliza sabiamente sus encantos para obtener lo que desea.

    
    House of Lies es tan corrosiva e inmoral que se impone como un punzante retrato sobre la corrupción en las grandes empresas de los Estados Unidos… y seguramente de todo el mundo. Rodada con gran pericia y un humor incendiario, la serie cuenta con un gran diseño de producción, un potente look visual y eficaces interpretaciones, pero su tono transgresor no se limita a su humor gamberro y sus duras diatribas sobre el mundo de la banca y los negocios, pues del mismo modo nos regala múltiple escenas eróticas que oscilan entre la hipérbole y la caricatura. Sobre todo si somos conscientes de que la televisión se muestra últimamente más subversiva en este aspecto que el cine, y que seguro servirán para que se deleiten los lectores de este blog.

     
     House of Lies es una serie de humor inteligente que puede servir de guía oficiosa y un tanto histriónica de cómo es el trabajo que realiza un consultor de empresas a través de las andanzas de su descarado protagonista, un Don Cheadle nominado al Emmy como mejor actor de comedia que sobresale en secuencias verdaderamente hilarantes. A señalar la curiosa relación de amor y odio, de ni contigo ni sin ti, que mantiene con su exmujer, su más dura competidora. Totalmente recomendable por las razones expuestas y para quien tenga curiosidad por saber cómo se las apaña un avispado consultor profesional y  los subterfugios que utiliza para alcanzar el éxito y ser admirado por todos. Están avisados.