viernes, 2 de septiembre de 2016

PESADILLA EN ELM STREET (1984), GRANDES MOMENTOS


     Uno de los grandes bombazos (tal vez el que más) de la carrera del maestro Wes Craven. La primera y mejor entrega de las correrías de Freddy Krueger, el "Cara de Pizza" de jersey a rayas y manopla con cuchillas que forma parte ya del imaginario colectivo y que dio lugar a un cansino goteo de nefastas secuelas. La acción transcurre en una pequeña localidad en la que unos jóvenes tienen habitualmente pesadillas en las que son perseguidos por un hombre deformado por el fuego y que usa un guante con cuchillas. Algunos de ellos son asesinados mientras duermen por ese terrorífico ser, que resulta que es un asesino al que los padres de los chicos mataron tras descubrir que había asesinado a varios niños. 


   Heredera de films como La matanza de Texas (1974), Craven convirtió en un clásico del terror un relato en el que juega a confundir ficción y realidad, armando así un film con una atmósfera inquietante y morbosa, a la que pone un ruido escalofriante el sonido chirriante de las cuchillas de Freddy Krueger, que siempre hace uso de un humor macabro. Una de las mejores películas de su director, que creó un mito del terror imperecedero al que tenemos mucho cariño.

jueves, 1 de septiembre de 2016

CRÍTICA: THE NEON DEMON (Nicolas Winding Refn, 2016)


Pintando de colores el vacío
"THE NEON DEMON

    
    Tengo claro que si Nicolas Winding Refn sigue por el camino que ha elegido últimamente lo va  a tener muy negro en esto del cine. Tal vez debería volver a sus orígenes cuando nos regaló películas tan interesantes como Pusher (1996) o intentar encontrar otro guión tan potente como Drive (2011) que supo plasmar con maestría. Tras aquella bobería supuestamente trascendente titulada Solo Dios perdona (2013), una paja mental en forma de autohomenaje engolado y carente de lógica interna, nos presenta ahora The Neon Demon, la historia de Jesse (Elle Fanning) una aspirante a modelo menor de edad que llega a Los Ángeles para triunfar y se ve atrapada en un mundo de belleza y muerte. De hecho, el film se vende como una historia de terror sobre los vicios de la belleza y su lema reza “Los malvados mueren jóvenes”.

    
     Supongo que Winding Refn no es consciente de la tontería que ha firmado y piensa que el sugerente look visual de la función será suficiente para que el espectador más cool quede hechizado con su inaccesible onanismo. Puede que sí, pero a estas alturas de la película yo no estoy para que me den gato por liebre y The Neon Demon es sólo un film pesado y vacío, un relato cargante y aburrido que en ningún momento logra alojar una reflexión seria, serena o profunda sobre los aspectos más crueles del mundo de la moda (encarnizada competencia, la dictadura de las dietas y la cirugía plástica, las envidias y los celos, el culto a la belleza y la delgadez) y se queda en la superficie desarrollando unas secuencias contemplativas y de tono onírico que no son sino un ridículo homenaje a David Lynch, Dario Argento y Jonathan Glazer, supuestos héroes del tipo.

    
    En The Neon Demon no hay una sola línea de diálogo que resulte relevante, pero es que además contiene secuencias que producen vergüenza ajena como esa en la que una maquilladora no ha podido follarse a la dulce, virginal y extasiante ninfa Jesse y decide ponerse al frente de una conjura para destruirla junto a las dos envidiosas compañeras de la jovencísima modelo (Argento se reirá de la chapucería). Winding Refn es dueño de un ego estratosférico, de un narcisismo tan sideral que con dos cojones firma los créditos como NWR, como si fuera un diseñador de moda. Sí, la cosa puede ser entendida como un guiño sarcástico a ese universo, pero también como una muestra de su inabarcable narcisismo.

      
     El director danés, para dar forma a un guión hueco, coge la paleta de colores y trata de hipnotizar al espectador con el hechizo de los espacios, la música de sintetizador y la suspensión aletargada del tiempo narrativo. Con Keanu Reeves en un papel irrelevante, se hace necesario subrayar esa escena en la que el diseñador de moda interpretado por Alessandro Nivola desprecia la belleza interior (se supone que para él en el interior de las personas sólo hay tripas y vísceras) para hacer una loa a la belleza exterior como la única que importa. Esa metáfora puede servir para definir esta película esteticista que no esconde nada en su interior, pues más allá de intentar epatar con una escena muy mal rodada de necrofilia lésbica y el vómito de un ojo, todo se reduce a un desfile de personajes turbios o evanescentes con quienes es imposible empatizar (tal vez con el amigo de Jesse), una galería de fantasmas absortos e impasibles que pululan por espacios de diseño bajo las luces de neón y con el martirio de su inane existencia. Un fiasco.


MAGICAL GIRL/LA NIÑA DE FUEGO, ÉXITO TOTAL EN FRANCIA


    La excelente película “Magical girl”, que en Francia se ha titulado “La niña de fuego”, lleva recaudado en este país sólo en un mes lo que el total de su recaudación en España. Como es una de las películas candidatas a representarnos en los Oscar en el apartado de Mejor Película de Habla no Inglesa junto a Loreak y Felices 40, es un buen momento para refrescar la crítica que escribí el día de su estreno. Se calcula que la recaudación en Francia ronda los 350.00 euros y aunque se estrenó en 45 salas van ya por 55 en todo el país galo. Todo un éxito del cual me alegro muchísimo.



Cine revolucionario, una obra maestra absoluta.
MAGICAL GIRL ★★★★
(LA NIÑA DE FUEGO)
DIRECTOR: Carlos Vermut.
INTÉRPRETES: Luis Bermejo, José Sacristán, Bárbara Lennie, Lucía Pollán, Isabel Elejalde.
GÉNERO: Drama /España / 2014  DURACIÓN: 127 Minutos.    
   
     
    Tras realizar los cortos Maquetas (2009) y Michiriones (2009), el ilustrador y cineasta Carlos Vermut debuta en el año 2011 con el largo Diamond Flash, un dramático relato en el que una mujer está dispuesta a lo que sea para encontrar a su hija desaparecida, y que al igual que las otras mujeres de la función, está relacionada con un personaje misterioso llamado Diamond Flash que cambiará sus vidas para siempre. El  film pasó desapercibido para gran parte del público pero no así para una selecta crítica especializada que la saludó como una de las películas más inclasificables, turbadoras y sorprendentes de la historia del cine español. Un film lanzado de manera independiente y estrenado on line tras ser su guión rechazado por varias productoras. Costeada por el mismo director, la película fue trendic-topic en España y la más vista en el portal on line Filmin durante dos semanas. Lo que verdaderamente duele es comprobar una vez más el olfato atrofiado de las productoras y la ceguera que demuestran a la hora de captar nuevos talentos, pero esto es España, tal vez el país occidental que más abomina de la cultura con mayúsculas y de los creadores genuinos.


      Tampoco es que Magical Girl, para este cronista junto a La Isla Mínima la mejor película española de 2014, haya supuesto un derroche de dinero (poco más de medio millón de euros), pero su exhibición en el Festival de Cine Internacional de Toronto, así como el exitazo obtenido en el reciente Festival de San Sebastián alzándose con la Concha de Oro a la Mejor Película y la Concha de Plata al Mejor Director, hará posible que por fin este talentoso director cuente con más medio para poner en marcha sus originales creaciones. El film nos narra la historia de Luis (Luis Bermejo), un profesor de literatura en paro que intentará hacer realidad el último deseo de Alicia (Lucía Pollán), su hija de 12 años que se encuentra enferma de un cáncer terminal: poseer el  vestido oficial de la serie de animación nipona “Magical Girl Yukiko”. El elevado precio del vestido hará que Luis se adentre en una insólita y oscura cadena de chantajes que involucra a Damián (José Sacristán), un profesor retirado con un tormentoso pasado y a Bárbara (Bárbara Lennie), una atractiva joven que sufre trastornos mentales. Los tres acabarán atrapados en una siniestra red en donde lo instintivo y la razón entrarán en conflicto.


      Si hay algo que define el poder hipnótico de esta segunda película de Carlos Vermut (pseudónimo castizo, por cierto) por encima de la sublime e inquietante utilización de los espacios, son las prodigiosas interpretaciones de sus cuatro principales protagonistas, con un soberbio Luis Bermejo que por fin obtiene un papel protagonista a la altura de sus enormes dotes interpretativas, un magistral José Sacristán en el mejor momento de su carrera, una Bárbara Lennie absolutamente turbadora y una sorprendente Lucía Pollán. No estamos ante una película fácil, pero sí ante un cine revolucionario e insólito, por lo que puede que al espectador dominguero que sólo busca un poco de evasión le cueste entrar en una historia en la que un padre sin recursos económicos hará lo imposible por tratar de hacer realidad el último deseo de su hija enferma terminal de Leucemia sin medir las consecuencias que se pueden derivar de su desesperada misión. Pero si uno logra sumergirse en la trama se dará el gustazo de saborear un excéntrico y delicioso cóctel de intriga, drama y comedia negra que en un sentido radial se clausura tal y como se abre, un modo de poner énfasis tonal a un mundo cruel, hermético, absorbente y desasosegante que se va izando como una de las señas de identidad de este indefinible autor. Un microcosmos rebosante de oscura imaginería, melancolía, realismo irritante, languidez, costumbrismo hiriente, violencia latente y moral desvencijada acorde con los sueños rotos y la pegajosa depravación de unos personajes al fin tan humanos en sus osadías, irracionalidad, penurias y patetismo que Vermut se siente animado para escudriñar su insufrible carga de fatalismo y miseria.


   Nadie abandona la sala indemne tras ver Magical Girl, que deja un poso indeleble en  la memoria como señal de su condición de obra de culto eterna, como ejemplo de la importancia de un guión de perfecta sintaxis y caligrafía en donde quedan excelentemente definidos cada personaje y situación. Como en su ópera prima, la trama se hilvana a través de la conversación de dos personajes, el uso de sinuosas elipsis, movimientos pausados de cámara y el plano fijo que desprende una sensación de perturbadora fisicidad para bucear por los peregrinos recodos, las incógnitas y la abstrusa psicología de unos personajes atrapados en una dimensión existencial caótica y en posesión de enigmas evanescentes, incorpóreos. El espectador más avispado sentirá los ecos del Buñuel más sórdido, sarcástico, delirante e indescifrable, o tal vez encuentre algún punto de unión en su base estructural con La noche de los girasoles (Jorge Sánchez-Cabezudo, 2006), pero la función tiene identidad propia, una peculiaridad rayana en la pureza artística que te hace desear una introspección más severa sobre esa galería de figurantes golpeados por el infortunio que desfilan por la pantalla. Dividida en tres capítulos (Mundo, Demonio y Carne) que vinculan, anudan, entrelazan a unos personajes que dejarán tras de sí un vació esperado víctimas de su egoísmo, innato en los seres humanos que en beneficio propio desprecian toda norma moral, ética, terrenal; el instinto animal imponiéndose sobre la lógica de la razón en un mundo que ya no admite más mártires, y al que uno se aboca como quien salta al vientre oscuro de un abismo a la espera de un sueño mejor. Obra maestra absoluta.