jueves, 4 de agosto de 2016

MIS CLASES DE SEXO CON LIZZY CAPLAN

     
   
    La actriz estadounidense Lizzy Caplan nació en Los Ángeles el 30 de junio de 1982. Fue criada en el seno de una familia judía y desde muy pequeña se interesó por la interpretación, por eso cuando ingresó en la Alexander Hamilton High School ya estaba decidida a convertirse en actriz, y al mismo tiempo que completaba su formación académica asistía a clases de arte dramático y comedia. A los quince años apareció en algunas obras de teatros de su escuela y de ámbito local. Cumplidos los diecisiete años inició su carrera participando en la serie “Fread and Geeks”, que se emitió desde septiembre de 1999 hasta junio del año 2000. Una serie en la que, por cierto, el protagonista era James Franco y contó con la presencia de Ben Stiller en un par de episodios.


     A partir de ahí, Lizzy apareció como invitada en otras series televisivas y en algún clip musical como el de “You and I both” de Jason Mraz. En 2001 formó parte del reparto de "Smallville", pero fue su papel en la película teen Chicas malas (Man Girl, Mark Waters, 2004) el que le sirvió de trampolín hacia la fama, aunque en el film el mayor protagonismo era para Lindsay Lohan y Rachel McAdams. Siguió trabajando en series como "The Pitts", "The Calling" y "Related", y en el año 2006 fue la protagonista femenina de Love is Drug (Elliott Lester) que versaba sobre un triángulo amorosos de jóvenes de institutos que tendrá consecuencias nefastas. También trabajó en la serie "The Class", que fue estrenada el 18 de septiembre de 2006 y que con una temporada de 19 episodios fue cancelada el 16 de mayo de 2007, pero que sirvió para que Lizzy conociera al actor  Matthew Perry, con quien mantuvo una relación hasta el año 2012. 


     En el año 2008 Lizzy participó en la monster movie Monstruoso (Cloverfield, Matt Reeves) en la que un monstruo del tamaño de un rascacielos llega a Nueva York y la historia se narra desde el punto de vista de una videocámara. En ese mismo año intervino en la comedia romántica Una novia para dos (Howard Deutch, 2008) junto a Kate Hudson. Por la misma época tuvo una participación regular en la serie "True Blood".


     Pero si hay un papel por el que Lizzy Caplan es conocida es por su interpretación de la psicóloga Virginia Johnson en la magnífica serie "Masters of Sex", en la que formando pareja con Michael Sheen en el papel del Doctor William Masters se basa en la biografía escrita por Thomas Maier. Una serie que se empezó a emitir en el año 2013 y que narra los estudios que llevaron a cabo la pareja de terapeutas sobre la sexualidad a mediados de la década de los 60 y que lograron cambiar el modo de ver las relaciones de pareja en la sociedad estadounidense de la época. "Masters of Sex" es una serie que se prolonga hasta la actualidad en su cuarta temporada, obteniendo un gran éxito de crítica y público. Pero a mí lo que más me gusta de la función es Lizzy Caplan

miércoles, 3 de agosto de 2016

CRÍTICA: "JASON BOURNE" (Paul Greengrass, 2016)

“JASON BOURNE” êêê 
Director: Paul Greengrass.
Intérpretes: Matt Damon, Tommy Lee Jones, Alicia Vikander, Vincent Cassel, Julia Stiles.
Género: Acción / EEUU / 2016 Duración: 123 minutos.   

  
     Que la primera película que vi de Paul Greengrass fuera la excelente Domingo sangriento (Bloody Sunday, 2002) se me antojó una buena manera de unir lazos de empatía con un director por el que hoy siento debilidad. Con un formato semidocumental, el director británico  nos narró de forma realista los trágicos sucesos que tuvieron lugar en Londonderry en 1972 cuando soldados británicos dispararon sobre civiles desarmados en una manifestación dejando un balance de catorce personas heridas y más de una treintena de heridos. El mismo año que se estrenó este magnífico docudrama llegó a las carteleras El caso Bourne (Doug Liman, 2002) potente primera entrega de la que se iba a convertir en una exitosa franquicia basada en el personaje creado por Robert Ludlum con Matt Damon de protagonista. Tuvieron que pasar sólo dos años para que Greengrass fuera requerido para que se pusiera detrás de las cámaras en las siguientes dos entregas: El mito de Bourne (2004) y El ultimátum de Bourne (2007) con gran éxito de crítica y público. Tras el digno spin-off El legado de Bourne (Tony Gilroy, 2012) con Jeremy Renner encarnando a Bourne, se ha querido reflotar la saga contando con el director y protagonista que más gloria han dado al personaje.

     
     En esta secuela titulada simplemente Jason Bourne nos encontramos nos encontramos a Jason Bourne (Matt Damon) con la memoria recuperada, pero eso no significa que el más letal de los agentes de los cuerpos de élite de la CIA lo sepa todo. Han pasado doce años desde la última vez que Bourne estuviera esperando en las sombras. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? Todavía quedan muchas preguntas en el aire. En medio de un mundo convulso, azotado por la crisis económica, el colapso financier, la guerra cibernética y en el que varias organizaciones secretas luchan por el poder, Jason Bourne surge de forma inesperada en un momento en el que el mundo se enfrenta a una inestabilidad sin precedentes. Desde un lugar oscuro y torturado, Bourne reanudará la búsqueda de respuestas sobre su pasado.


       Como bien se explica en la sinopsis, Jason Bourne ha recuperado la memoria y se mueve sorprendido por un mundo que ha cambiado y que desprende un agrio aroma apocalíptico. Pronto es consciente de que en una sociedad tan vigilada la mayor libertad consiste en no dejarse ver. Su situación tras abandonar la zona muerta de su memoria recuperando así episodios tenebrosos y determinantes de su pasado, le permite fijar objetivos concretos sobre quiénes están de su parte, lo que le otorga mayor ventaja para poner en marcha una venganza que quedó oculta en la nube de su memoria. Greengrass, como director y uno más del equipo de guionistas, diseña un relato anfetamínico en detrimento del halo trágico del héroe, planificando espídicas persecuciones por las calles de Atenas y dotando de un tratamiento seco y visceral a las escenas de violencia, sustentando así el aparataje de una trama que alterna la acción en tiempo real con flash backs que sacuden la mente del protagonista como si fueran descargas eléctricas.

     
    Con Jason Bourne le puede asaltar a uno una molesta sensación de déjà vu no sólo por la labor del director y el actor protagonista, sino porque se rige por las mismas coordenadas que las anteriores entregas con ambos como principales pilares. Pero también es posible ver la función desde un prisma diferente si tenemos en cuenta que Bourne ha dejado atrás la espesa niebla en la que estaba envuelta su memoria y la agencia que le persigue tiene ahora medios logísticos más rápidos y eficaces para operar. Jason Bourne arranca de forma adrenalínica y no baja el ritmo en ningún momento lanzando la acción a una velocidad supersónica por un entramado de trampas, traiciones y aliados inesperados que necesariamente nos abocan a un final consecuente donde quedarán atados todos los cabos.

      
    La sociedad que nos presenta Paul Greengrass se nos muestra más inhumana que nunca, y la personalidad de Bourne no es inmune a ese ambiente de desencanto, melancolía y amargura forjando en él una determinación suicida que abonada por las pérdidas y la sensación de fin de civilización que le rodea, le impulsa a jugar en la ruleta de la vida apostando por el todo o nada. Puede que Jason Bourne sea un film ideado con dos objetivos claros: el éxito en taquilla y al mismo tiempo volver a dotar a la saga de la esencia bourniana que se había diluido en el spin-off dirigido por Gilroy, pues dejando claro que la franquicia es una de las que más han influido en el cine de acción moderno, esta secuela aporta poco a un universo forjado por arquetipos muy férreos. No hay ningún problema porque el espectador se lo pasará en grande dejándose llevar por su vertiginosa dinámica de persecuciones endiabladas y encarnizadas peleas cuerpo a cuerpo que te clavan en la butaca. También con la frágil belleza de una Alicia Vikander cada vez más requerida y con la maquiavélica crueldad de Tommy Lee Jones y la locura asesina del implacable Vincent Cassel, dos villanos a la altura de un espectáculo que ofrece lo que esperas.

martes, 2 de agosto de 2016

UNA MIRADA LASCIVA SOBRE SALMA HAYEK


    Salma Hayek (Coatzacoalcos, Veracruz, México, 2-09-1966) puede que no se sienta demasiado afectada por una reciente encuesta que sitúa sus enormes glándulas mamarias entre las más deseadas de Hollywood, al fin y al cabo nuestra deliciosa diva latina tuvo en su adolescencia una estricta educación católica en la Academia del Sagrado Corazón de Jesús de Louisiana. Fue allí donde le diagnosticaron dislexia, trastorno que no le impidió aprender varios idiomas.


  Aunque comenzó estudios de Relaciones Internacionales, abandonó pronto la universidad para dedicarse a la actuación, dando sus primeros pasos artísticos para la pequeña pantalla en un género muy popular en su país, la telenovela, obteniendo unos impresionantes índices de audiencia con “Teresa”. No tarda en ampliar sus horizontes profesionales y se traslada a Los Ángeles para estudiar interpretación, consiguiendo pequeños papeles en films menores hasta que el director Tex-Mex Robert Rodríguez se cruza en su camino, reclamando sus servicios como partenaire de Antonio Banderas en “Desperado”, convirtiéndose a partir de entonces en actriz fetiche de este director que la elige como pareja del actor malagueño en “Four Rooms”, “Spy Kids” y la secuela de Desperado.


    Nacida en el seno de una familia rica e hija de un político y empresario de origen libanés y de una cantante de ópera de descendencia española, Salma (palabra que en árabe quiere decir paz) está casada con el multimillonario francés François-Henri Pinault, con quien tiene una niña de 2 años, si bien anteriormente había mantenido una relación sentimental con el actor Edward Norton. En la actualidad es la imagen para el mundo de la marca de cosméticos Avon, y de la cuarentena de títulos que se han visto recompensados con su presencia física –pocas veces de su talento interpretativo- recuerdo su mínima aportación al excelente fresco sobre el tráfico de drogas “Traffic”, su retrato de la carismática pintora mexicana Frida Kahlo en “Frida”, papel por el que estuvo nominada al Oscar. 

   
     La hemos visto en el irregular thriller de Oliver Stone Salvajes (2012), en la comedia El marido de mi hermana (Tom Vaughan, 2014), en el fallido thriller Everly (Joe Lynch, 2014), en el thriller basado en hechos reales Septembers of Shiraz (Wayne Blair, 2015), en la fantástica El cuento de los cuentos (Matteo Garrone, 2015), pero la única actuación que ha quedado marcada como una muesca indeleble en mi memoria es su bizarra encarnación de la bailarina Satanico Pandemónium en el film de su mentor Robert Rodríguez “Abierto hasta el amanecer”: Espectacular y lasciva función al compás de una música lujuriosa, ejecutando, con una serpiente en los hombros, una especie de danza vudú sobre el escenario de “La Teta Enroscada”, un cutre y sórdido local fronterizo de striptease donde ella es la estrella, la perdición, la pasión y el fuego.


    No sé qué clase de conjunción astral o telúrica se tuvo que dar para moldear tan voluptuoso equilibrio carnal en 1´56 m de estatura, pero me jode, Salma, no haber ocupado el lugar del baboso Tarantino, alias “Mandíbula Saliente”, para chuparte, mamarte con deleite los dedos de tus pies chorreando whisky desde la cascada sublime de tus  piernas. Ahora, me avergüenzo, parezco un entomólogo escrutando con zoom y lupa tus fotos. Oh, Salma, tus tetas, tus tetas...