martes, 2 de agosto de 2016

UNA MIRADA LASCIVA SOBRE SALMA HAYEK


    Salma Hayek (Coatzacoalcos, Veracruz, México, 2-09-1966) puede que no se sienta demasiado afectada por una reciente encuesta que sitúa sus enormes glándulas mamarias entre las más deseadas de Hollywood, al fin y al cabo nuestra deliciosa diva latina tuvo en su adolescencia una estricta educación católica en la Academia del Sagrado Corazón de Jesús de Louisiana. Fue allí donde le diagnosticaron dislexia, trastorno que no le impidió aprender varios idiomas.


  Aunque comenzó estudios de Relaciones Internacionales, abandonó pronto la universidad para dedicarse a la actuación, dando sus primeros pasos artísticos para la pequeña pantalla en un género muy popular en su país, la telenovela, obteniendo unos impresionantes índices de audiencia con “Teresa”. No tarda en ampliar sus horizontes profesionales y se traslada a Los Ángeles para estudiar interpretación, consiguiendo pequeños papeles en films menores hasta que el director Tex-Mex Robert Rodríguez se cruza en su camino, reclamando sus servicios como partenaire de Antonio Banderas en “Desperado”, convirtiéndose a partir de entonces en actriz fetiche de este director que la elige como pareja del actor malagueño en “Four Rooms”, “Spy Kids” y la secuela de Desperado.


    Nacida en el seno de una familia rica e hija de un político y empresario de origen libanés y de una cantante de ópera de descendencia española, Salma (palabra que en árabe quiere decir paz) está casada con el multimillonario francés François-Henri Pinault, con quien tiene una niña de 2 años, si bien anteriormente había mantenido una relación sentimental con el actor Edward Norton. En la actualidad es la imagen para el mundo de la marca de cosméticos Avon, y de la cuarentena de títulos que se han visto recompensados con su presencia física –pocas veces de su talento interpretativo- recuerdo su mínima aportación al excelente fresco sobre el tráfico de drogas “Traffic”, su retrato de la carismática pintora mexicana Frida Kahlo en “Frida”, papel por el que estuvo nominada al Oscar. 

   
     La hemos visto en el irregular thriller de Oliver Stone Salvajes (2012), en la comedia El marido de mi hermana (Tom Vaughan, 2014), en el fallido thriller Everly (Joe Lynch, 2014), en el thriller basado en hechos reales Septembers of Shiraz (Wayne Blair, 2015), en la fantástica El cuento de los cuentos (Matteo Garrone, 2015), pero la única actuación que ha quedado marcada como una muesca indeleble en mi memoria es su bizarra encarnación de la bailarina Satanico Pandemónium en el film de su mentor Robert Rodríguez “Abierto hasta el amanecer”: Espectacular y lasciva función al compás de una música lujuriosa, ejecutando, con una serpiente en los hombros, una especie de danza vudú sobre el escenario de “La Teta Enroscada”, un cutre y sórdido local fronterizo de striptease donde ella es la estrella, la perdición, la pasión y el fuego.


    No sé qué clase de conjunción astral o telúrica se tuvo que dar para moldear tan voluptuoso equilibrio carnal en 1´56 m de estatura, pero me jode, Salma, no haber ocupado el lugar del baboso Tarantino, alias “Mandíbula Saliente”, para chuparte, mamarte con deleite los dedos de tus pies chorreando whisky desde la cascada sublime de tus  piernas. Ahora, me avergüenzo, parezco un entomólogo escrutando con zoom y lupa tus fotos. Oh, Salma, tus tetas, tus tetas...

ROONEY MARA, UNA MAGNÉTICA LISBETH SALANDER


    David Fincher logró un magnífico remake de la película sueca dirigida por Niels Arden Oplev titulada Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (2009) basada en la primera novela de la trilogía escrita por el fallecido Stieg Larsson. Con el título original de The Girl with the Dragon Tattoo (2011) el film sigue al periodista Mikael Blomkvist (Daniel Craig) en su traslado a una isla remota del norte de Suecia, a la espera de poder librarse de una acusación por difamación. Allí es contratado para arrojar luz sobre la muerte no esclarecida de una joven cuarenta años atrás que sigue atormentando a su tío. Sospechando que el asesino puede seguir aún en la isla, Blomkvist emprende una investigación que le lleva a descubrir los secretos y mentiras de una poderosa y rica familia. Para la investigación, el periodista contará con la ayuda de una extravagante aliada, la hacker punki Lisbeth Salander (Rooney Mara).
   
   
    Superior al muy digno film seminal, The Girl with the Dragon Tattoo dilata su metraje hasta las dos horas y media para presentarnos un relato interesantísimo que deja claro que Fincher es mucho mejor director que Arden Oplev (algo que no debe extrañar a nadie), y esto se nota en el fascinante equilibrio que logra entre el aspecto narrativo, visual, escénico y la perfecta dirección de actores para dar forma a una historia que como el film original fusiona los códigos del cine de detectives con una intrigante y corrosiva reflexión sobre las miserias y oscuros secretos de la burguesía nórdica, dentro de una hermética sociedad sobre la que se extiende el manto tétrico de la herencia del nazismo. Con una atmósfera de cine noir, Lisbeth Salander se impone como el personaje más magnético de la función interpretado de manera superlativa por Rooney Mara. Detengámonos en ella.


   Rooney Mara (Bedford, Nueva York, 17 de abril de 1985) que ya había colaborado con Fincher en La red social (2010) fue nominada al Oscar y al Globo de Oro por su papel de Salander, una heroína feminista solitaria, de estética y filosofía punk, hacker rebelde y antisistema, que con sus tatuajes, piercings y palidez cadavérica hace gala de una inteligencia superior y unas dotes brillantes para la investigación. Su actitud revolucionaria choca de lleno con el establishment y contrasta con la vida más o menos convencional del periodista encarnado por Daniel Craig. A ella va dedicado este post como reconocimiento a una de las protagonistas femeninas más hipnóticas y transgresoras que hemos visto desfilar por la pantalla grande en los últimos tiempos. Claro que la entrada es también una excusa para dar rienda suelta a mi condición de voyeur proyectando una mirada lasciva sobre una de las actrices que más morbo me provocan de todo el engolado universo cinematográfico. Nada me cuesta reconocerlo.

lunes, 1 de agosto de 2016

“13 CAMERAS” (Victor Zarcoff, 2015)


"13 cameras" êêê

    La ópera prima de Victor Zarcoff nos narra la historia de Claire y Ryan (Brianne Moncrief y PJ McCabe) un matrimonio joven que se muda a una nueva casa y esperan su primer hijo. Sus crecientes problemas conyugales se hacen patentes cuando Ryan engaña a Claire con su preciosa ayudante, Hannah (Sarah Baldwin), pero ésta será la menor de sus preocupaciones en su nuevo hogar. Sin que ellos lo sepan, su casero Gerald (Neville Archambault) un viejo desagradable, sucio y lascivo, les ha estado espiando desde el primer día a través de unas cámaras estratégicamente situadas en la casa.
         

    Reconozcamos que la premisa de la que parte esta historia escrita por el mismo director carece de originalidad, y que desde Sliver (Acosada) (Phillip Noyce, 1993) hasta La víctima perfecta (The Resident, Antti Jokinen, 2011) son muchas las películas que han contado historias regidas por los mismos códigos y surgidas de un guión lleno de trampas. El caso es que 13 cameras explota bien sus propios recursos a pesar de los clichés y ciertas incongruencias (la pareja oye los gritos de la chica secuestrada en el sótano de su propia casa unas veces sí y otras no) y algunas preguntas se quedan en el aire sin encontrar respuestas. Pero el film se merece tranquilamente la oportunidad de ser visionado aunque sólo sea por el trabajo desarrollado por Neville Archambault dando oxígeno a un esquinado casero voyeur y psicópata, tan grasiento y repulsivo que huele como un pañal lleno de mierda, logrando una interpretación creíble por encima de los tópicos.
   

    Sin olvidar a la bella Sarah Baldwin, una atractiva y eficaz actriz desconocida para el gran público y que hasta ahora ha tenido papeles insignificantes en las series y películas en las que ha intervenido. Hasta que Claire descubre un pequeño agujero con una lente, nadie, ni el matrimonio, ni la amante de Ryan, ni los amigos del matrimonio se dan cuenta de que la casa está atestada de cámaras que graban todo lo que sucede tanto dentro de sus paredes como en la zona de la entrada y la piscina. Pero esto es algo que podemos encontrar normal porque todos están imbuidos en sus problemas cotidianos y en sus respectivas relaciones. 


     La primera parte de 13 cameras discurre de manera pausada sin apenas sobresaltos, y será a raíz del descubrimiento de Claire de la infidelidad de Ryan cuando los acontecimientos se precipitan, el film toma cuerpo y la tensión eleva su nivel aunque sigamos preguntándonos por algunos errores que hacen que el relato pierda equilibrio. No me atreveré a señalar que el final es previsible precisamente porque Zarcoff se salta varias reglas para filmar el clímax apetecido. Película entretenida que no carece de alicientes y con la que no se debe ser demasiado quisquilloso.