lunes, 1 de agosto de 2016

MARIA SCHNEIDER FUE ENGAÑADA EN LA ESCENA DE LA MANTEQUILLA

  
     Tal vez el aficionado ignore que la actriz francesa Maria Schneider (París, 27 de marzo de 1952-París 3 de febrero de 2011), la mítica protagonista de El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972) fue engañada en la mítica secuencia de la película en la que Marlon Brando la sodomiza. En 2013, 41 años después de estrenarse la película y 2 años tras la muerte de la actriz víctima de un cáncer de pulmón, Bertolucci reconoció en una conferencia que su comportamiento durante el rodaje de El último tango en París fue despreciable, sobre todo porque no le explicó a la joven actriz que contaba entonces con solo 19 años, que había decidido incluir una escena que en el guión no estaba prevista: su propia violación sodomizada por parte de Marlon Brando con la ayuda como lubricante de una barra de mantequilla.
   
    
    Aunque a este cronista hay escenas que le gustan mucho más, lo innegable es que esta controvertida secuencia se ha convertido en la más recordada del film. Habla Bertolucci: “Son cosas graves, pero las películas se hacen así. Las provocaciones son a veces más importantes que las explicaciones”. Comentó Bertolucci que le vino la idea de la escena cuando se encontraba almorzando con Marlon Brando y el actor untó una rebanada de pan con mantequilla y ambos se miraron con complicidad.
    
     
     Decididos a no explicarle nada a la actriz para que su reacción fuera más auténtica y realista, el asunto le sentó muy mal a la actriz que denunció los hechos en 2007 en una entrevista para el Daily Mail: “Me enfadé mucho, pero no pude negarme. Debería haber llamado a mi abogado o a mi agente, porque no se puede obligar a un actor a hacer algo que no está especificado en el guión. Pero entonces yo era muy joven y no lo sabía”. Tras aquella experiencia, no volvió a aparecer desnuda en ninguna película y tuvo una vida difícil, se hizo adicta a las drogas e incluso intentó suicidarse en al menos una ocasión. (Fuente: Fotogramas).

jueves, 28 de julio de 2016

LA ANGELINA JOLIE QUE UN DÍA TODOS AMAMOS


    Hubo una época en que todos amamos a Angelina Jolie, un tiempo en que figuraba siempre en todas las listas como una de las mujeres más bellas del mundo. Ya no lo es. Lo siento, pero su aspecto anoréxico horroriza. Siempre he mantenido que las mujeres quieren estar delgadas para gustar a las demás mujeres, nunca para seducir a los hombres que nos tomamos eso como una enfermedad y que nos sentimos más atraídos por las curvas que lucen las mujeres macizas y vigorosas. Aquella tiparraca fea, enjuta y fina como un regaliz llamada Wallis Simpson dijo una vez: “Nunca la mujer es lo suficientemente rica ni está lo suficientemente delgada”. No la metieron en la cárcel y todo se fue al carajo. Pero ya es hora de que alguien diga que un ser humano no puede alimentarse sólo de lechugas y brócoli, que una mujer excesivamente delgada es para un hombre una visión horripilante que merma su apetito sexual y que a los hombres nos gusta tocar chicha porque para tocar huesos nos tocamos las rodillas. Pero Joder, Angelina, si te caes de la cama Brad Pitt pensará que se ha caído el crucifijo.  Es por eso que lo mejor será recordar la hermosa lozanía de la mujer que un día todos amamos. 


    Angelina Jolie (Los Ángeles, 4 de junio de 1975), es hija del actor John Voight (con el que guarda un gran parecido) y de la desconocida actriz canadiense la Marcheline Bertrand. Su debut cinematográfico oficial se produjo en 1993 en el subproducto de ciencia-ficción Cyborg 2 (Michael Schroeder), aunque se da a conocer internacionalmente con la película Hackers (Ian Soltley, 1995), un thriller informático rutinario protagonizado por un grupo de expertos alucinados con la tecnología.

    Film donde conoció a su primer marido, el actor británico Johnny Lee Miller, lo mismo que ocurrió con su segundo esposo, el actor Billy Bob Thorton, tras coincidir ambos en aquella mediocre película sobre controladores aéreos titulada Fuera de control (Mike Newell, 1999), y lo mismo que sucedió con su actual pareja, el deseado Brad Pitt, con el que protagonizó la insufrible Sr. Y Sra. Smith (Doug Liman, 2005), y que casado con la actriz Jennifer Aniston lo dejó todo para unirse a la diva de labios pulposos y convertirse en un todo que la prensa rosa chicle bautizo con el apelativo de “Brangelina”.
  

    Tras participar en el mediocre thriller El coleccionista de huesos (Phillip Noice, 1999), consigue el Globo de Oro y el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999), un drama protagonizado por Winona Ryder sobre una mujer que durante los años 60 vivió cerca de dos años en un hospital psiquiátrico porque a sus padres no les gustaba su peculiar personalidad. 

    
    Con la adaptación del vídeo-juego Lara Croft: Tom Raider (Simon West, 2001) y su secuela en 2003, se convierte en una de las actrices mejor pagadas de Hollywood. Recordemos que junto a nuestro Antonio Banderas protagonizó aquel bodrio titulado Pecado original (Michael Cristofer, 2001), remake del clásico La sirena del Mississippi y en el que la pareja aparecía en una secuencias muy tórridas que fueron muy comentadas. La mejor interpretación de su carrera la logra con El intercambio (Clint Eastwood, 2008), magistral y sombrío relato del maestro en el que Angelina hace de una madre soltera cuyo hijo desaparece sin dejar rastro. Actualmente,  Angelina es embajadora de buena voluntad de ACNUR USA.