viernes, 24 de junio de 2016

PAOLA CAÑAS, UNA INGENUA MODELO EN UN MUNDO DE LOBOS


     La modelo colombiana Paola Cañas (Medellín, 22 de agosto de 1988) siempre tuvo claro que quería ser modelo, por eso a los 12 años realizó su primer desfile en Medellín. Ahora, que está a punto de cumplir 28 años, está divorciada, tiene un hijo de fruto de su matrimonio con Jorge Díez y se ha graduado en Diseño de Modas. La modelo también ha hecho sus pinitos como presentadora para Telemundo en el programa Fashion Tour y Cosmovisión. Del mismo modo, en un plano internacional las cosas marchan, viajando con frecuencia para realizar sesiones fotográficas y participar en ferias. Es una adicta al gimnasio y el resultado de su esfuerzo es más que evidente.


   Sin embargo, la conocida modelo colombiana pasó por un momento difícil el pasado verano cuando se filtró a través de Whatsapp un vídeo erótico muy explícito de ella acariciándose sus partes íntimas. Paola demandó entonces a Lucas Cadavid, con quien mantuvo una relación efímera, acusándole de la filtración, y confesó: “Jamás pensé que alguien que se dibujó como un hombre tan especial resultara siendo un patán irrespetuoso y cobarde”.


   Ella alude que el contacto entre ellos se dio a través de las redes sociales, especialmente por la citada anteriormente, y que las conversaciones comenzaron a subir de tono e incluyeron fotos y vídeos. No obstante, cuando ella no quiso continuar con el juego, él respondió con un mensaje desafiante. Paola le eliminó de sus contactos y el vídeo comenzó a circular rápidamente por Whatsapp. En el citado vídeo no se observa en ningún momento la cara de la antioqueña, pero aparece un tatuaje que revela sin lugar a dudas su identidad.


    El escándalo tuvo algunas consecuencias negativas en la carrera de la modelo criolla, que asistió impotente a la cancelación de algunos de sus contratos. Estamos ya acostumbrados a este tipo de historias, y aun así, modelos, actrices y demás fraranduleras caen una y otra vez como pardillas en las redes de abusadores sin ética ni moral que deben ser perseguidos por la justicia, por lo que la despampanante modelo es otra víctima más de un tipo sin escrúpulos pero también de su propia ingenuidad, pues debería saber que el hombre es un lobo para el hombre.

   
     Cambiando de tercio, Paola comenta que le hace la misma ilusión actuar de modelo y presentadora, que en lo que más se fija en un hombre es en la mirada y cree que el mejor lugar para tener sexo es la ducha. Su hombre ideal tiene que ser atento, romántico, buen amante, con sentido del humor, que bese bien y huela de manera deliciosa. Su ciudad favorita es París y su bebida, el mojito, su frase favorita “cree siempre en ti”. Les dejo una jugosa galería con la que me despido hasta la próxima semana, pero para quien esté interesado en ver el vídeo íntimo de la modelo, existen infinidad de páginas que lo ofrecen en la red. Hasta el lunes, buen fin de semana.

    


jueves, 23 de junio de 2016

LINDA FIORENTINO, LA PERFECTA FEMME FATALE

      

    Por encima de actrices como Sharon Stone, Kathleen Turner y Glenn Close, Linda Fiorentino (Filadelfia, Pensilvania, 9 de marzo de 1958) es una de las femme fatales más recordadas por los cinéfilos de mi generación, una actriz con un carácter endiablado en el trato con los directores, equipos técnicos y compañeros de reparto, pero con un indudable atractivo para el espectador, tanto por su sinuosa y magnética personalidad como por sex appeal de chica corriente o vecina de al lado. De ascendencia italiana, Linda sopesó estudiar derecho antes de convertirse en actriz, pero se graduó en Ciencias Políticas por la Universidad de Rosemont (Pensilvania). Debutó en la pantalla grande con la tonta comedia romántica Loco por ti (Harold Becker, 1985), y con ¡Jo, qué noche¡ (After Hours, Martin Scorsese, 1985) elevó la temperatura de la audiencia con su papel de esqueleto de apetecible estampa y predilección por los juegos sexuales perversos.

   
   Desde esta etapa, hasta que vuelve a situarse delante de la cámara en el drama ambientado en los años 20 Los Modernos (Alan Rudolph, 1988) pasaron tres años en los que no contó con la confianza de ningún director, debido en parte a la fama que adquirió su fuerte temperamento. En 1991 trabajó junto a John Travolta en la infumable comedia romántica y musical Grita (Jeffrey Hornaday). Termítocles López contó con su concurso  para la película independiente y de corte experimental Las cadenas del deseo (1992) y protagonizó junto a Charlie Sheen la nefasta película de acción Recuerdos que matan (Larry Ferguson, 1992).

     
   Seguidamente, protagonizó para la pequeña pantalla un par de telefilms, Amenaza peligrosa (Sam Irving, 1993) y el western Acuerdo desesperado (P. J. Pesce, 1994). Fue en 1994 cuando la carrera de Linda Fiorentino pegó  un salto cualitativo al protagonizar el excelente film neo-noir Falsa seducción, una película de bajo presupuesto dirigida por John Dahl con un potente guión de Steven Barancik que sirvió de trampolín definitivo para el estrellato de la actriz. The Last Seduction sentó las bases del personaje por el que se recordará siempre a Linda Fiorentino, el de Bridget Gregory, una femme fatale fría, calculadora, amoral y sin escrúpulos.

   
   De no haberse estrenado en la televisión por cable antes que en cines, Fiorentino hubiera sido una candidata firme por ese papel en las nominaciones a los Oscar, pero debido a ello no fue ni siquiera nominada. Aun así, el buen cinéfilo sabe que fue ella quien revitalizó el papel de viuda negra en el cine de mediados de los 90, consiguiendo el Independent Spirit Award, el BAFTA y el premio del Círculo de Críticos de Nueva York a la Mejor Actriz. Un papel que quedaría adosado a su piel para siempre, como se demostró con el fallido thriller dirigido por William Friedkin Jade (1995), en el que daba oxígeno a una seductora y enigmática psiquiatra. Poco a poco, la carrera de Linda fue languideciendo, y aunque todavía lograría un cierto reconocimiento por su papel como único descendiente de Jesucristo en el film Dogma (Kevin Smith, 1999), y encarnando a la atractiva forense que prefería la compañía de los muertos a los vivos en Men in Black (Barry Sonnenfeld, 1997), son pocos los espectadores que recuerdan títulos como Body Count (1998), ¿De qué planeta vienes? (2000) o Escondido en la memoria (1996) de nuevo a las órdenes de John Dahl.

    
      Tal vez, algunos aficionados la recuerden al lado de Paul Newman en la comedia de atracos Donde esté el dinero (Marek Kanievska, 2000), y algunos más en el thriller irlandés Criminal y Decente (Thaddeus O´Sullivan, 2000) en donde interpreta a una de las amantes de un criminal de Dublín encarnado por Kevin Spacey. Concluyo esta especie de homenaje a esta bella musa que me dejó huella recordando el último film que vi (no recuerdo si en cine o en otro formato) protagonizado por la actriz de Filadelfia, En el punto de mira (Kari Skogland, 2002) en el que daba vida a la mujer de un fabricante de armas que es secuestrada por un hombre (Wesley Snipes) para tratar de vengar así la muerte de su hijo durante un tiroteo en la escuela. Queda el mito, y recordaremos siempre su aura de mujer independiente, dura, sofisticada, hermosa, enigmática, fría y manipuladora que ha perseguido a la actriz hasta su retirada de los focos, el glamour y las bambalinas. ¡GLORIA A LINDA FIORENTINO!  



    

miércoles, 22 de junio de 2016

“DESDE ALLÁ” (Lorenzo Vigas, 2015)

    

    Tras el resultón corto rodado hace doce años Los elefantes nunca olvidan (2004), el director venezolano Lorenzo Vigas nos presenta su esplendoroso debut con el largometraje Desde allá, un potente relato que se alzó con el León de Oro en la pasada edición del Festival de Venecia, fue declarada Mejor Ópera Prima en el Festival de La Habana y Mejor Película Iberoamericana en el Festival Internacional de Panamá. Nada extraño, porque el film de Vigas es una pieza de cámara tan magnética como compleja.

      
    En medio de una Caracas convulsa, la película nos cuenta la historia de Armando (Alfredo Castro) un hombre de cincuenta años que trabaja en su propio laboratorio de prótesis dental. En su tiempo libre busca a hombres jóvenes en paradas de autobuses y les ofrece dinero a cambio de que les acompañen a casa. Sólo busca compañía y observarles desnudos mientras se masturba sin entrar en contacto con ellos. Pero Armando también tiene otra costumbre, la de espiar a un hombre de edad avanzada, al que le une un vínculo común en el pasado. Un día, Armando conoce a Elder (Luis Silva) un joven de dieciocho años líder de una pequeña banda de delincuentes juveniles. Se lo lleva a casa sin que ninguno de los dos intuya que de ese encuentro nacerá una relación entre ellos que los cambiará para siempre.


      Con un ajustado presupuesto, rodada de manera sencilla y sin concesiones, Desde allá, guionizada y producida por el mexicano Guillermo Arriaga, nos presenta una interpretación prodigiosa dotada de matices y un amplio abanico de recursos del actor chileno Alfredo Castro, dando oxígeno a Armando, un tipo al que, a pesar de gozar de un privilegiado estatus económico, no ha sido tratado bien por la vida. Porque la vida es mucho más que dinero, que puede volverse absurdo e inoperante en los dominios del silencio, la herida del tiempo y la soledad. Armando esconde su homosexualidad, estigma lacerante que parece lastrar su errante sociopatía y reprimida sexualidad. Un tipo solitario que no se encuentra a gusto en su piel, dueño de un alma castigada y de errático itinerario. Desde allá se impone como una severa introspección sobre los tormentos de la condición humana y sus tenebrosos senderos hacia páramos desolados por donde andan diseminados los amargos restos del naufragio.

     
    El encuentro de Armando con Elder (magnífico también Luis Silva en su papel de fanfarrón de frágil moral), que en su primer encuentro recibe una paliza del joven que, además, le roba todo lo que lleva encima, lo cambiará todo. En lugar de denunciar la agresión a la policía, se convierte en una figura auxiliadora del joven homófobo, iniciando un turbio romance pasional donde la ternura que flota en la superficie será barrida por la devastación de la inmediata marejada, por las aristas punzantes de un drama desgarrador que no nace sólo de las diferencias de clases o edad de los personajes protagonistas, también del vínculo de ambos con el padre ausente, heridas que supuran desde el peor de los crímenes. Evitando el morbo fácil y el obsceno amarillismo, Lorenzo Vigas explora el sometimiento de la miseria humana ante el poder (político, económico…), la alienación, las debilidades de una sociedad enferma, miedosa y esclava en tiempos de crisis y abyección moral, de vidas quemadas que apenas dejan cenizas. (êêêê)