miércoles, 15 de junio de 2016

NATALIA VÉLEZ, EL RIESGO DEL AMOR


   Aunque nació en Guayaquil (Ecuador) el 8 de agosto de 1985, la modelo Natalia Vélez se trasladó a Colombia con sus padres cuando era un bebé de sólo 8 meses de vida. Su carrera comenzó siendo una adolescente y desde entonces ha realizado múltiples campañas publicitarias para marcas como Avon, Coca-Cola, Pantene, Pepsi y Samsung. También realizó un anuncio de la Super Bowl en 2012. Una aparición suya en Sports Illustrated recogió tal número de demandas de los lectores que la revista se vio obligada a incorporar más fotos suyas.


      Según la revista corpoybelleza.com, llegó a estudiar ingeniería de diseño de productos y es modelo desde los 13 años. La hemos podido ver en unas fotos muy jugosas en la edición mexicana de Maxim y posar en lencería para la firma colombiana Bésame. Natalia, a la vista está, es una modelo deliciosa con su 1´77 m de estatura, sus perfectas medidas de 92-60-90, sus ojos de color café y su hermoso pelo castaño, atributos dentro de una personalidad muy femenina que enamora allá por donde va.


      La modelo se vio envuelta en una polémica sobre un vídeo íntimo en el que supuestamente aparece ella y que se hizo automáticamente viral. Los que han visto el vídeo (entre los que me cuento) comparan la manchita que tiene en el trasero la modelo con la mujer que aparece la grabación, así como la estrella tatuada en el pie izquierdo. Si tuviera que decantarme, diría que es ella.


      A Natalia le gustan los deportes de riesgo como el esquí acuático, el paracaidismo  y la lucha libre. Cuentan que la primera vez que se puso delante de una cámara fue para hacerle un favor a un amigo que andaba rodando un spot comercial. El resto, vino rodado. Con su tiempo dividido entre la ciudad colombiana de Medellín y Miami, al parecer mantiene una relación sentimental con el futbolista Radamel Falcao. Natalia es muy activa en Twitter, y recoge refranes inspirados en algunos tweets como “la gente rara vez tiene éxito a menos que se diviertan con lo que hacen”. Estamos seguros de que ella se divierte mucho con lo que hace. 



lunes, 13 de junio de 2016

CRÍTICA: "DOS BUENOS TIPOS" (Shane Black, 2016)

Nostálgica comedia neo-noir
DOS BUENOS TIPOS êêê
Director: Shane Black.
Intérpretes: Ryan Gosling, Russell Crowe, Angourie Rice, Kim Basinger, Matt Boomer, Margaret Qualley.
Género: Comedia / EEUU / 2016  Duración: 116 minutos.                               

      El reputado guionista de la saga Arma Letal, Shane Black, debutó en el año 2005 con aquella deliciosa mezcla de comedia, thriller y acción titulada Kiss Kiss Bang Bang, que contaba con el protagonismo de Robert Downey Jr., Val Kilmer y Michelle Monagan. El destino quiso que se cruzara de nuevo con Downey Jr. en la aceptable Iron Man 3 (2013), en lo que representó su segundo largometraje detrás de la cámara. Actualmente enredado en la secuela de Depredador (1987) que tiene previsto su estreno para el año 2018, nos presenta esta comedia de tono neo-noir que ha tenido una gran recepción crítica en los Estados Unidos.

     
    La acción nos sitúa en la ciudad de Los Ángeles en la segunda mitad de los años 70, con una trama que gira en torno al detective privado Holland March (Ryan Gosling) y al matón a sueldo Jackson Healy (Russell Crowe), los cuales se ven obligados a colaborar para resolver el caso de una joven desaparecida, Amelia Kuttner (Margaret Qualley) una activista ecologista con veleidades con el porno y que tiene mala relación con su madre, Judith Kuttner (Kim Basinger), jefa del departamento de justicia de la ciudad. La investigación se complicará con la muerte de una estrella del porno y una conspiración criminal que conduce hasta las altas esferas.

      
    He de reconocer que debido al sugerente tráiler y las expectativas creadas a raíz del éxito crítico en Cannes y los Estados Unidos, me esperaba más de Dos buenos tipos, pero encuentro justo señalar que la función, como homenaje camp y nostálgico a una época irrepetible, compensa con creces el precio que el espectador paga por la entrada. Película en formato buddy movie (película de colegas) elaborada con esa fusión entre la  comedia, la acción y cine negro que tanto le gusta a su director, y una fastuosa ambientación setentera tanto en los escenarios de la acción, los colores chirriantes de la tonalidad cromática (atención al opening con una panorámica de la ciudad y los créditos en neón) y la música funky que envuelve la atmósfera de la película, elementos que sirven para armar un argumento que, con sus giros y retruécanos surrealistas, adivinamos pronto sólo esconde un McGuffin, con la intención de desplegar una serie de gags más o menos afortunados. La temprana muerte de la actriz porno en un inicio impactante (de lo mejor del film), la desaparición de la activista y tal vez actriz porno y su vínculo con altas instancias del poder judicial, importan mucho menos que el encadenado de chistes que demuestran las dotes para el slapstick de Gosling y Crowe.


    Estoy seguro que Shane Black y todo el equipo se lo han pasado muy bien rodando esta desprejuiciada y psicodélica farsa policial, tan enrevesada en sus constantes narrativas como eficaz en su iconografía pop, y que se ve afectada por múltiples referencias que van desde los míticos, Abbot and Costello, pasando por Bud Spencer/Terence Hill y Starsky & Hutch, hasta clásicos como Chinatown, el  film de culto Boogie Nigths o la más reciente Inherent Vice, un cóctel con esencias proteínicas para dar encaje a dos tipos que se imponen como las caricaturas lisérgicas de Philip Marlowe, Sam Spade o Mike Hammer.


    La chispeante y hedonista Los Ángeles, ciudad del pecado y los excesos, con el submundo hollywoodiense, la emergente industria del porno, y la larga agonía del movimiento hippy y la contracultura, sirve de paisaje urbano para el retrato de una Norteamérica decadente y rebosante de traumas por donde asoma el espectro de Nixon, como símbolo de la pérdida de la inocencia y los jueguecitos pueriles de una nación en una época convulsa. Con menos gags ingeniosos de los que cabría esperar, con una pareja que funciona sorprendentemente bien y destilan buena química cada vez que aparecen juntos en la pantalla, Dos buenos tipos se ve beneficiada por la presencia de Angourie Rice dando vida a la hija de Ryan Gosling, que acompaña al dúo de sabuesos para ponerlos en evidencia y demostrarles que es más inteligente y madura que los dos juntos. Sería conveniente que el espectador no se preocupara en exceso de una trama alambicada que nos sumerge sin profundizar en la corrupción, el cine X y la pulsión socio-política de aquella década, pues lo recomendable es centrarse en unos personajes autoparódicos que se ríen de sí mismos en un nostálgico ejercicio de estilo rodado con buen ritmo, un puñado de gags gamberros y el alocado itinerario de dos buenos tipos que pueden arreglar a mamporros cualquier problema desde la barra de un bar.

Les dejo con un estimulante vídeo en slow motion de Murielle Telio, que es la chica que aparece desnuda en la impactante secuencia inicial del accidente. Espero que lo disfruten y sepan agradecermelo.



domingo, 12 de junio de 2016

"LE CONVOI" (Frédéric Schoendoerffer, 2016)

     
   
     El director francés Frédéric Schoendoerffer no puede presumir de una filmografía excelente, su película más conocida en nuestro país es Agentes Secretos (2004) un irregular thriller protagonizado por Vincent Cassel y Monica Bellucci sobre unos agentes elegidos para llevar a cabo una misión de sabotaje en Marruecos. Le Convoi sigue a siete hombres que, repartidos en cuatro coches, escoltan un alijo de 1.400 kilos de cannabis desde Málaga hasta Creil, en las afueras de París. Pero para Alex (Benoît Maginel), Yacine (Amir El Kacem), Majid (Foëd Amara) y el resto, lo que debería haber sido una misión ordinaria se convertirá en fatal. Por el camino secuestrarán a Nadia (Rem Kherici) una joven turista francesa que viaja hacia Marruecos. A lo largo de casi dos horas, nos sumergiremos en la tensión y el tráfico de drogas y los hombres que la llevan a cabo.


     Con reminiscencias a la irregular Go Fast (Olivier Van Hoofstadt, 2008), esta nueva apuesta del director galo en formato de road movie resulta sorprendente por lo poco que se ha esmerado el guionista en los diálogos, que generalmente carecen de interés y que en demasiados momentos resultan ridículos. Y eso qué, todo el trayecto desde España hasta Francia está salpicado por una intrascendente verborrea y escasos momentos de tensión derivados de los controles que la Guardia Civil tiene montados a lo largo de la red de autopistas españolas.

  
   Así, vamos conociendo las inquietudes y los distintos puntos de vista de los ocupantes de los automóviles que forman el convoy, y cómo la paranoia, derivada de una tensión que va in crescendo, se va apoderando de alguno de ellos. Schoendoerffer, que se postula como amante y especialista en cine policíaco polar, centra su interés en la resistencia psicológica de los miembros de la caravana, siempre dispuestos para hacer frente a cualquier incidente y al borde de un ataque de nervios. Salvo Alex, un taciturno y contenido Benoît Maginel que impone su carisma y presencia viajando solo en su vehículo.

     
     Con una iluminación que juega con el amarillo quemado del día y el tono azulado de la noche, en la acción no parece tener mucha importancia el personaje al que da vida Reem Kherici, absolutamente innecesario y que no aporta nada a la trama más allá de poder contar con una presencia femenina y que protagoniza algunas escenas prescindibles como esa en que obliga a Alex a hacer una parada con la excusa de evacuar su vejiga, aunque luego se le quiere dar más protagonismo en una secuencia que tiene lugar en túnel. Salvo esta escena y el tiroteo con la Guardia Civil de Tráfico, el itinerario transcurre sin demasiados sobresaltos.

    
      Desde los vehículos y través de los teléfonos móviles (varios por cada vehículo) los líderes al cargo de la misión calman la crisis nerviosa de algunos integrantes del convoy y controlan la ruta, con la ayuda también de los GPS por si, como consecuencia de alguna incidencia tienen que atravesar paisajes que desconocen. 1.800 km que deben completar en 12 horas con 1.400 kilos de resina de cannabis a bordo y siete kilos de coca no previstos. Una mercancía valiosa y peligrosa, sobre todo por lo que les espera a la vuelta si algo sale mal. Con el lastre de la poca acción y unos pobres diálogos, Schoendoerffer lo fía todos a la traca final, un brutal enfrentamiento con armas de fuego rodado con mucha energía y realismo, pero para entonces nos hemos desentendido ya de la trama y el destino final de sus personajes.  (êê).