sábado, 4 de junio de 2016

“HUEVOS DE ORO” (Bigas Luna, 1993)


Huevos de oro y falo de hormigón
   
  
     Huevos de oro es la historia de un braguetazo, un relato sobre la ambición desmedida en los años del ladrillo, la especulación inmobiliaria y el culto a la riqueza. Benito González (Javier Bardem) deja Melilla tras terminar la mili y sufrir un desengaño amoroso. Decidido a triunfar, nadie puede interponerse entre él y sus grandes sueños. Para conseguirlo, se casa con Marta (María de Medeiros) la hija de un rico banquero, que le servirá de trampolín para construir un gran rascacielos en Benidorm, que es lo que más desea, un símbolo, tan hortera como él, de la riqueza acumulada. Todo empieza a ir mal cuando los líos de falda le traicionan, pues además de seguir manteniendo una relación extramarital con su antigua novia, Claudia (Maribel Verdú) que se convertirá también en amante de su suegro, la obra del edificio será paralizada debido a la falta de permisos y la baja calidad de los materiales empleados. La avaricia de Benito y su filosofía de los doses: dos huevos, dos mujeres, dos casas, dos coches, dos Rolex… acabará pasándole factura y siendo arrastrado por una bailarina fogosa, Ana (Raquel Bianca) a Miami, donde vivirá una vida anodina y mísera.
    

     ¿Sabes por qué los españoles están siempre de mal humor? Por los garbanzos, lo garbanzos dan mala leche y a mí me encantan.

    
    En mi labor de seguir revisionando la obra del fallecido Bigas Luna, un director por el que siempre he sentido debilidad, una simpatía sin límites, le toca el turno a Huevos de oro, segunda entrega de la Trilogía Ibérica tras Jamón, jamón (1992), y de las tres, la película que contiene la crítica más enfática sobre cuestiones políticas y sociales, sobre una manera de prosperar y una época, los años del pelotazo inmobiliario en los que florecieron los constructores sin escrúpulos que, ayudados por políticos corruptos, se montaron en el dólar a través de una burbuja especulativa y una fiebre de expansión económica que escondía un gran timo, un lacerante espejismo. El último gran erotómano de nuestro cine, le sirve a Javier Bardem uno de los mejores papeles de su iniciática carrera para construir una fábula moral sobre el enriquecimiento rápido y el poder proyectando un paralelismo entre su sueño de construir el rascacielos más alto dela ciudad y la virilidad de un trepa grosero y hortera llamado Benito, un garrulo, zopenco machista que usa a las mujeres como objetos de los que presumir y lograr sus objetivos.

      “No sé cómo me he podido enamorar de alguien a quien le gusta Julio Iglesias y que se llama Benito”


       A Bigas Luna interesa muy poco tratar con sutilidad a unos personajes vomitivos que saben que van a despertar nula empatía en el público, de ahí que la caricatura sea la opción elegida con la convicción de que no puede haber nada exquisito ni sofisticado en una pléyade de individuos que sólo son meros instrumentos para el sorprendente ascenso de ese macho ibérico arribista, cateto, egocéntrico y palurdo al que le gusta oler los sobacos femeninos velludos. Tontos útiles que tienen que soportar sus horribles gustos, excentricidades, manías y sus hirientes humillaciones, un registro en el que se mueve como pez en el agua Javier Bardem.


“En lugar de depilarte tanto podías usar más el bidé”


      Desplegando su habitual simbolismo fálico, con una peculiar puesta en escena e incluyendo imágenes oníricas de un alucinado surrealismo daliniano, Huevos de oro es una cinta desmesurada, tan dolorosa como entrañable, una sátira lacerante, una tragicomedia grotesca y excesiva que a fuerza de exacerbar el mito del self-made-man ibérico, retratado desde una distancia premeditada, se impone como una mordaz denuncia que levanta acta sobre la más cruda realidad: los métodos mafiosos utilizados por los lobbies financieros, empresariales y políticos para hacer grandes fortunas en las últimas décadas, sin atender a ningún principio salvo sus propios intereses.


¿Por qué tienes dos Rolex? Si tengo dos huevos ¿por qué no puedo tener dos Rolex?

  
    El itinerario que sigue Benito (Melilla, Benidorm, Miami), desde lo más bajo hasta llegar a la cima para comprobar que más dura será la caída, rebosa caspa nacional y cutrerío, y a uno no le queda otro remedio que sonreír con la estampa de Bardem vestido con un batín de leopardo, en calzoncillos, con una barretina y sus dos Rolex… y, como fondo, ese escenario crepuscular del Benidorm de los 90, ciudad costera icónica de la construcción desaforada, la cultura del ladrillo y la corrupción endémica existente en aquella bella región mediterránea. Huevos de oro es, intencionadamente, una colección de tópicos hipervitaminados, de situaciones repelentes y chabacanas, con diálogos que rozan el ridículo y mediocres interpretaciones de un reparto que, salvo Bardem, no se toman la función en serio, pero que nos regalan una retahíla de generosos desnudos que ponen una nota picante a una ciénaga por donde sólo se mueve escoria humana y que acabará derivando en la moraleja de “cada cual tiene lo que se merece”, con esa patética escena final de Benito llorando mientras arranca el bidé. Papelito para Benicio del Toro que aparece acreditado como Benisio. En fin, edificación descontrolada, corrupción, sexo compulsivo, cutrerío, paella, mariscos y deportivos rojos. Un bonito belén, vaya.

  

viernes, 3 de junio de 2016

TRÁILER DE “BLOOD FATHER” (Jean-François Richet, 2016)

   
     
    Nacido en París en 1966, Jean-François Richet nos habló de sus experiencias en las banlieus en sus primeros largometrajes Ètat des lieux (1995), MA 6-T va crack er (1997) y De l´amour (2001). Fue con el remake carpenteriano Asalto a la comisaría del distrito 13 (2005) cuando llamó la atención de la industria, y fue justo después presentó su obra más ambiciosa, el díptico Mesrine (2008). Tras una larga travesía del desierto de siete años sin dirigir, ha firmado dos películas seguidas, Una semana en Córcega (2015) y Blood Father.


      Blood Father representa el regreso a la pantalla grande de Mel Gibson como protagonista cuando como director tiene ya listo para su estreno el próximo mes de noviembre el film bélico Hacksaw Ridge. La película de Richet narra cómo tras huir de la escandalosa vida que lleva su madre Úrsula (Elizabeth Röhm), hipnotizada por la vida que lleva el traficante de drogas Jonah (Diego Luna), la adolescente Lydia (Erin Moriarty) se tiene que enfrentar a la verdad del mundo en el que se ha sumergido cuando, tras un terrible tiroteo en el que tiene que asumir una responsabilidad para la que no está preparada, el que fuera su pareja la acusa de robar una fortuna perteneciente a los cárteles. Sin que nadie pueda ayudarla, perseguida y asustada, decide buscar la ayuda del padre que no ha visto en la última década, John Link (MelGibson), un antiguo Ángel del Infierno que lleva una vida desordenada y violenta que, sin embargo, ha logrado reformarse y abandonar su adicción al alcohol tras pasar una larga temporada en la cárcel condenado por homicidio. Instalado en una caravana y dedicado a realizar tatuajes, Link no duda en dejarlo todo para intentar proteger a su hija, pero pronto se dará cuenta de que la situación es más peligrosa de lo que se imaginaba, por lo que no dudará en solicitar la ayuda de algunos de los más peligrosos aliados de su época de motorista…


EL REGRESO DE MEL GIBSON


     Blood Father se estrena en España el 26 de agosto con un ajustadísimo metraje de 88 minutos y un guión escrito Peter Craig y Andrea Berloff según la novela del propio Craig. La música corre a cargo de Sven Faulconer y la fotografía es una labor de Robert Gantz. La recepción de la crítica ha sido muy dispar tras su proyección en Festival de Cannes, desde  la entusiasta de Nigel M. Smith de “The Guardian”: “Como proyecto de reaparición, Blood Father es excelente, Gibson se mete completamente en el papel de Link y Richet está a la altura, ofreciendo una potente y delirante película de serie B…”; hasta la menos rendida de Boyd van Hoeij, de The Hollywood Reporter: “El resultado es una obra de entretenimiento de serie B que cumple con su cometido sin pizca de originalidad ”. Esperaré a su estreno para verla, opinar y subir mi crítica… pero el artefacto tiene buena pinta. 


jueves, 2 de junio de 2016

"EL LOBO DE WALL STREET" (2013), IMÁGENES PARA EL RECUERDO

    
   
    El Lobo de Wall Street (2013) no es una película despreciable, tampoco, créanme, una cinta memorable. Típica historia de ascensión y caída de la que tantos ejemplos nos  ha regalado el cine estadounidense en esa manida búsqueda del sueño americano con su épica del triunfo y el proceso de redención final. Es ahí donde precisamente reside uno de sus mayores defectos: la sensación de déjà vu, de aportar muy pocos elementos novedosos más allá –como mayor aliciente- del talento de Scorsese para rodar películas y convertir historias mil veces vistas en experiencias frenéticas y espídicas que le dejan a uno sin aliento. Una radiografía estroboscópica que pone en escena a unos tipos, agentes de bolsa, con una carencia absoluta de moral y que salvo en la ausencia de derramamientos de sangre, poco se diferencian de los gánsgteres, y que igualmente roban el dinero a los pobres aprovechándose de su ignorancia.

     
     Asquea la petulancia y falta de escrúpulos de estos brokers, representantes genuinos del más voraz e insaciable capitalismo, sus fraudulentas técnicas de venta, que conscientemente les convierten en vendedores de humo inmunes a las tragedias de todos aquellos a los que estafan. Sólo les importa su avaricia que atiende a su interés personal, sus sucios tejemanejes que les procuran un insultante lujo asiático, saben que el dinero es poder, y nada mejor para celebrarlo que un explosivo cóctel de sexo y drogas. Si Scorsese pretendía un retrato fiel de las vivencias reales de Belfort, le traiciona su vena manierista e hiperbólica sin cambiar nunca de marcha, una montaña rusa que produce un efecto de incredulidad en el espectador y pone énfasis en los tics de autocomplacencia tan característicos del director en los últimos tiempos.

   
    Eso sin contar con la duración excesiva de un film que, para lo que cuenta, luciría mejor con la mitad de su metraje, pero claro, Scorsese contagiado por la retahíla de pantagruélicos excesos de los protagonistas se muestra muy reiterativo sin tener en cuenta lo que el padre de Belfort dice a su hijo “los excesos acaban pasando factura”. Tanto Leonardo DiCaprio como Jonah Hill cumple de manera delirante con las exigencias del director hasta producir en la platea un empacho importante, aunque es justo señalar esa secuencia en que las pastillas de Quaalude caducadas retardan el efecto que aparece justo cuando Belfort se encuentra en el Country Club hablando con su abogado, y se las tiene que apañar sin que se le entienda lo que dice ni le respondan las piernas para llegar hasta al coche y conducir hasta su casa. La mejor escena para mí del film y en la que se puede apreciar la maestría de Scorsese para la planificación, las florituras y recursos formales.

   
     El Lobo de Wall Street no descubre la pólvora, y hay quien ya teme la deriva del director hacia la orgia visual de Baz Luhrmann, ese barroquismo indigesto que te zarandea y te deja exhausto recabando muy poca sustancia. Se hablará del enfoque sexista que se da del modelo de mujer que nos presenta, que tiene que ser guapa como condición indispensable para tener éxito, a diferencia de esa galería de paletos que DiCaprio reúne, que les basta con tener un poco de ambición para medrar a su antojo. Claro que todo está milimétricamente calculado, y ahí reside la denuncia del film, de la abundancia de putas y cocaína como fulgurante trasfondo de Wall Street, que convierte la nueva apuesta del director en la más atrevida y desfasada de su ya larga carrera. También en la más grandilocuente, artificial e histriónica. Scorsese cae en su propia trampa, como el cazador al que devora el fuego que había iniciado para ahuyentar a los lobos.  



ESE GENIAL VIEJO VERDE LLAMADO MARTIN SCORSESE


       Está claro que al film le sobran elementos sugerentes y provocativos en un plano sensual y que algunas secuencias eróticas resultan graciosas e imaginativas, como esa escena inicial de Leo DiCaprio esnifando coca en el culo de una puta; las recomendaciones que el mismo DiCaprio recibe de su nuevo jefe cuando entra en Wall Street: masturbarse dos veces al día, un Martini cada quince minutos, cocaína, cocaína y cocaína (cocaína que era vitamina B en polvo, claro); la tremenda aparición de Margot Robbie desnuda y con el chichi rasurado o en lencería; el jueguecito del escandaloso matrimonio mientras están siendo observados por los vigilantes de la casa… y Margot con las piernas abiertas, Margot y la mamada en el coche...; el tórrido revolcón de Katarina Cas con el banquero suizo, las patinadoras strippers y esa orgía en la que vemos cómo una tía le está practicando una jugosa felación a un tipo; la masturbación pública de Jonah Hill mostrando un pene… falso, y toda una espiral compulsiva de excesos, sexo y drogas que se pudieron rodar gracias a que el film fue financiado de manera independiente después de ser rechazada por grandes estudios como Warner, y que debemos agradecer a ese viejo verde de Martin Scorsese, pues sabido es que cuanto más viejo, más libre, y cuanto más libre, más radical.

"THE WOLF OF WALL STREET", PRIMEROS MINUTOS